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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del sábado, 12 de agosto
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Ortega,
bien presentados, que dieron
buen juego en general.
Diestros:
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El Zotoluco, cinco pinchazos -aviso-,
pinchazo hondo caído ladeado (saludos
con división de opiniones); tres pinchazos, estocada caída (pitos).
-
Luguillano,
pinchazo, estocada casi entera
desprendida, descabello (aplausos con protesta); dos pinchazos, estocada (pitos).
-
Moreno, estocada caída (petición de oreja y dos vueltas al ruedo); pinchazo, descabello
(silencio).
Entrada: un tercio de entrada.
Tiempo: calor en tarde agradable.
Crónicas de la prensa:
El País, El
Mundo.
El País.
JUAN ORTEGA. Hubo toros
En Málaga, los días en que sopla el viento llamado Terral son
temibles, no sólo porque el calor aprieta, sino porque los sesos se ablandan y
la producción de tonterías sube alarmantemente. Viene esto a cuento de los
seculares problemas que traen los trofeos, su confesión y distribución: parece
ser éste el elemento que más preocupa al espectador, que no repara en su
conducta, un tanto errática, cuando no saca el pañuelo y después grita
airadamente al presidente. Tal vez la clave no está en la oreja, sino en
gritar, porque, luego, casi se olvidan del diestro.
A los toros les sentó muy bien el Terral, estaban todos bien presentados y
en punta, dieron buen juego en general y propusieron a los toreros los problemas
que deben los toros, hubo alguno algo más manso, otro que por algún pitón era
más difícil, otro que apretaba hacia los adentros, pero nada que la ciencia
torera no pudiera solucionar. Lo que ocurrió es que el Terral exprimió las
cabezas toreras y, sobre todo, que los toros tuvieron muy mala suerte en el
sorteo.
Sólo se libró del fracaso José Luis Moreno en el tercero, al que administró
dos verónicas y media buenas y un precioso quite por delantales. Empezó la
faena con cuatro pases por alto realmente buenos, bien rematados por bajo y con
el añadido del pase del desprecio. Las series con la derecha fueron buenas,
sometiendo la embestida por bajo, según necesitan estas reses. Por la izquierda
no hubo nada y, a la hora de matar, el estoque cayó regular. Dos vueltas al
ruedo están bien. Muy bien.
En el sexto las dudas no dejaron quietas las zapatillas de Moreno, a pesar de
que se le veían deseos de agradar, que nunca llegaron a cristalizar.
Lo del Zotoluco fue un viaje de turismo con fracaso. Dos buenas series con la
derecha en el cuarto nos recordaron al triunfador de otras ferias que no
reconocimos ayer, porque lo demás, más que malo, fue peor. Pudo ahorrarse el
desplazamiento y todos nos habíamos quedado con una mejor imagen del diestro
mexicano.
David
Luguillano volvía a Málaga después de una mala tarde cuatro o cinco años atrás.
La repitió. Con el capote estuvo aperreado y con la muleta se dejó todo lo que
el toro tenía, la verdad es que torear, lo que se dice torear, no lo hizo en su
primero, y en su segundo, lo que debía haber sido toreo, se convirtió en una
larga marcha huyendo del toro, que lo único que tenía era eso, que era un toro
y no un peluche.
El Mundo.
CARLOS CRIVELL. El
presidente se pone serio
La corrida apenas presentó argumentos notables. Acaso, la postura del
presidente, que negó una oreja a Moreno en el tercero y que pone el listón de
la Feria muy alto. Se equivocó, porque había petición mayoritaria. Acertó,
porque no era una faena para oreja. Se plantea un problema de futuro. Al margen
de lo que dice el Reglamento, había suficiente petición, habrá que verlo en
las corridas que vienen, cuando las figuras aparezcan por el ruedo de La
Malagueta y la plaza se llene de público menos experto en materia taurina. Es
bueno decir ahora, cuando este ciclo aún está en sus principios, que el
aficionado que acude a la plaza es entendido y adopta una postura muy sabia.
La corrida de José Ortega no fue buena, pero tuvo algunas virtudes, entre
ellas la movilidad de algunos toros, detalle que no es despreciable. A los toros
les faltó clase al embestir, muchos exhibieron genio y otros recortaron las
embestidas con peligro. De todos, el cuarto fue el más aparente, al menos acabó
embistiendo con largura y continuidad. Ese cuarto toro fue desaprovechado por el
mexicano Zotoluco, un torero muy vulgar, de menos entidad que los muchos españoles
que no pueden torear en las ferias. Estuvo mal con el capote, dio pases sin
sello a sus dos toros, siempre al hilo del pitón y fracasó con la espada. Los
pases sobre la derecha del mexicano fueron un conjunto vulgar y sin sentido. En
el primero, toro de menos clase, estuvo simplemente voluntarioso.
David Luguillano tropezó con un toro algo violento en primer lugar. El
espada de Valladolid toreó mucho sobre el pitón derecho en una labor
esforzada, tal vez ahogando en exceso al de Ortega, pero su labor tuvo el mérito
de estar por encima de un toro nada lucido. Con el quinto no estuvo afortunado.
David no se confió en ningún momento y lo mató de forma poco ortodoxa.
Lo único brillante de la tarde fue la faena de José Luis Moreno al tercero,
un animal que duró poco tiempo en la muleta, pero que permitió al cordobés
dar muletazos muy buenos, mejores algunos sobre la izquierda, pero con otros de
adorno de pura orfebrería. El comienzo de faena por bajo y los ayudados finales
fueron lo más logrado de una incompleta sinfonía, que no se remató porque el
toro se paró y dejó de embestir. La gente pidió la oreja y el presidente dijo
que no.
Ya veremos lo que pasa dentro de una fechas con las figuras. El sexto fue
otro toro poco apto para el toreo artista. Moreno, que había toreado de lujo al
tercero con el capote, volvió a lucirse de salida en este astado y dio pases
con voluntad, aunque el conjunto fue muy poco lucido.
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