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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del viernes, 11 de agosto
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guardiola,
(bien presentados, bravo el 2º,
mansurrones 4º y 5º).
Diestros:
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Esplá, dos pinchazos, dos descabellos
(silencio); estocada honda tendida atravesada, dos descabellos (ovación y
saludos).
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Ricardo Ortiz, cinco pinchazos - aviso-,
estocada (vuelta al ruedo).
-
El
Califa, pinchazo, descabello
(silencio); gran estocada (oreja).
Entrada: un tercio de entrada.
Tiempo: calor en tarde agradable.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
JUAN ORTEGA. La
llamada del sur
Cada tierra tiene su forma de entender la vida y los toros. El sur tiene su
color, también su calor, lo que ocurre es que sería cruel decirlo cuando las
sartenes multiplican los grados. Aquí se aprecia el compás y se pide que se
diga el toreo despacio, sin que ello sea óbice para respetar la personalidad de
cada diestro, ni mucho menos, pueda emplearse para falsear la llamada del toro,
que cuando lo es de verdad, transmite la emoción sincera y sin paliativos a los
graderíos, por muy del sur que sea.
Luis Francisco Esplá, aunque lleva unos años sin torear en Málaga, es un
torero al que se ve siempre con gusto, por su capacidad lidiadora y sus detalles
apreciables. El primer guardiola era grandullón de caja, algo
desproporcionado, pequeño de cabeza y nada fijo en su bravura, que tendía a
ser sosa y dispersa.
Esplá banderilleó sin apreturas, mejor el tercer par de dentro a fuera, y
comenzó tanteando la embestida con detalles y maneras personales que
evidenciaban un deseo de hacer el toreo de manera distinta. Siempre molestado
por el viento, que llegaba a tender los trastos horizontalmente, cobró dos
buenas series con la derecha, mientras que por el pitón izquierdo, su oponente
entraba siempre con la cabeza alta. La faena fue de las de pase y paso, con
cierto sabor y mucho saber.
Ricardo Ortiz vino decidido; el toro era bravo, de bonita estampa, serio.
Entró el caballo con fijeza y Ricardo Ortiz puso tres pares, haciendo la suerte
con mucha verdad y gran pureza. Con la muleta, el pitón era el derecho, y por
allí se empleó el malagueño que tuvo sitio y se mantuvo en él, ligó y
demostró estar más puesto que lo que cantan los números. Falló con los
aceros.
En el quinto volvió a ponerse a porta gayola: si el segundo salió despacio
y Ricardo lo despachó con mérito, el quinto le hizo cambiar de lado en el último
instante. La báscula señalaba 681 kilos y el toro se confortaba con cierta
mansedumbre, que se puso de manifiesto en el caballo. No fue el de banderillas
un tercio brillante, pero sí hay que reconocer que, al cuarto intento, reunió
con valor y pureza, que fue la mejor nota exhibida en el segundo tercio por
Ricardo Ortiz. La labor de muleta se desarrolló bajo el signo del mérito: le
plantó cara desde el primer momento y le robó una serie de pases valerosos y
vibrantes, en suma, auténticos. Volvió a fallar a espadas.
La labor de El Califa en el tercero fue decepcionante: comenzó con muy
buenas maneras por el pitón derecho, que era el bueno, llevándolo muy bien
toreado por bajo. Con la izquierda no iba, y por alguna razón de índole
desconocida, El Califa se empeñó en hacerle por ese pitón la faena que no tenía.
Las
tornas se volvieron en el sexto. El Califa toreó con la difícil facilidad que
da el arrojo y la valentía y sus series, tanto por la derecha como por la
izquierda, fueron jaleadas por una plaza del sur que gusta de la autenticidad en
el ruedo, del toreo que puede parecer simple, pero que es el que no guarda
artificio, sino el que se emplea por bajo, siempre por bajo, con quietud y
valor. La estocada fue de libro.
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