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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del domingo, 24 de agosto 2003
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Partido de
Resina, (antes Pablo Romero) (de
buena presentación y juego desigual: 1º manejable, 2º noble, 3º y 4º
complicados y peligrosos, 5º manso y 6º deslucido).
Diestros:
-
Dámaso González:
estocada trasera, atravesada y tendida, un descabello, estocada
defectuosa y otro descabello (pitos); cinco pinchazos, media trasera
y tendida y once descabellos (pitos tras aviso).
-
Rivera Ordóñez:
dos pinchazos y estocada tendida (división de opiniones); cuatro
pinchazos y estocada caída y trasera (saludos desde el tercio tras
aviso).
-
El
Juli: bajonazo (saludos desde el tercio); tres pinchazos,
estocada y un descabello (saludos desde el tercio).
Incidencias:
presenció la corrida desde un burladero el matador de toros retirado Ángel
Luis Bienvenida. Los toros de Pablo Romero volvían a la Malagueta después
de 17 años y Dámaso González después de 15.
Entrada: casi
lleno en tarde calurosa.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, El País.
PortalTaurino.
ANTONIO MONTILLA. Fin
de feria gris
La
Feria de Málaga 2003 ha echado su cierre en un tono gris, como casi
toda ella, a pesar de las numerosas orejas y salidas a hombros. Había
expectación por la vuelta a la capital de la Costa del Sol de los míticos
Pablo Romero, ahora anunciados como Partido de Resina. Y la verdad es
que no defraudaron. Con una presentación irreprochable, en su interior,
como en botica, había de todo.
Se
vio desde un primer toro manejable, hasta los peligrosos tercero y
cuarto, pasando por un noble y excelente toro, el segundo.
También
había expectación por el cartel. Las figuras, tan poco dadas a matar
este tipo de corridas, se apuntaron. Dámaso González fue, en sus
primeros años, un experto matador de toros de Pablo Romero. Francisco
Rivera Ordóñez mataba por primera vez una corrida de este hierro y se
apuntó para recordar a su abuelo y a su padre, que la estoquearon
tantas y tantas tardes. También era la primera vez para El Juli, aunque
éste ya había matado un toro en su encerrona de Madrid. Pero nada
pudieron hacer; unas veces por culpa de los toros y otras de los
toreros.
Dámaso
González ha decidido, tras unos años retirados, volver a torear en
esta temporada. Se le vio con el sitio perdido en sus dos toros, si bien
es cierto, que su segundo era un burel peligroso. Su primero salió,
como toda la corrida, suelto de los primeros lances. Tomó dos varas y
galopó con buen tranco en banderillas. Su único defecto es que llevaba
la cara muy alta. No lo sometió el albaceteño, que se mostró muy
desconfiado con un toro noble al que no terminó de ver. Mató mal.
Menos
aún hizo en el cuarto. Un animal peligroso y complicado, que a pesar de
dos largos puyazos llegó con mucho poderío y fuerza a la muleta. González
le intentó hacer una faena a la antigua con macheteos, pero ni aún así
logró someterlo. Pasó un quinario para matarlo, entre las protestas,
algo injustificadas, del público.
Rivera
Ordóñez cumplía su segunda tarde en Málaga y dejó escapar sin
torear un gran toro. Su primero –segundo de la tarde- fue un animal
noble, que humillaba y que tenía buen tranco. Sin embargo, el diestro
lo llevó a media altura y
le ofreció la pañosa muy retrasada. Poco a poco se puso más encimista
y acabó por ahogar a un gran toro, que fue aplaudido en el arrastre.
En
su segundo, salió más animoso. Lo recibió con cuatro largas cambiadas
de rodillas y un ramillete de verónicas sin muchas apreturas. El animal
estuvo muy distraído y salía suelto de los lances. Este defecto no se
lo corrigió Rivera en el inicio de faena y el animal anduvo toda ella a
su aire, marcando los terrenos y rehuyendo la pelea. El diestro aprovechó
sus viajes para dar pases de cara a la galería. Mucha voluntad, pero
poco mando.
El
Juli banderilleó de manera vulgar a sus dos toros clavando a cabeza
pasada, salvándose de la mediocridad el tercer par a su primer
oponente. Fue éste un burel que presentó sus dificultades y ante el
que el madrileño sólo estuvo voluntarioso. En el sexto, el último de
la feria, el Juli salió a por todas, pero se encontró sin material. El
toro llevaba la cara alta, y aunque lo intentó por ambos pitones no
pudo sacar nada en limpio.
Fin
a una feria más triunfalista que triunfal, en la que el tedio y la
falta de presencia de muchos toros han sido de las características más
acusadas.
El
País. JUAN ORTEGA.
Mansos de lujo
Cárdenos, acapachados de pitones, bien proporcionados, armónicos, hasta guapos de cara, un auténtico lujo de presentación, los toros del Partido de Resina... Otra cosa es el caudal de bravura, menos espectacular que su estampa.
A Rivera, salvando las distancias, le ocurre algo parecido. Por hechuras y por reata entra por los ojos y se hace con el favor popular, a cuyo calor, mientras pasa y repasa, obtiene ganancias, sin que se piense demasiado en cómo lo consigue. A la hora de matar, cero. Recibió al quinto con cuatro largas cambiadas de rodillas, toda una declaración de buena voluntad, que no pudo rematar de pie al tropezar y casi caer. El toro parecía tener motor y Rivera no lo sujetó en un muleteo por la izquierda, que no evitó la huida a tablas. Le costó dar dos vueltas al ruedo a base pases sueltos y pinchazos varios antes de oír un aviso presidencial.
El primero de El Juli era distraído y reservón. Los pares a toro pasado recibieron una ovación cerrada que no continuó en la faena, llena de un afanoso muleteo sin relieve, hasta que el animal terminó de rajarse. El sexto volvió a ser de escaparate; la puya, solamente testimonial. Apretó hacia dentro en las banderillas que el maestro puso con regular fortuna y se guardó gas para la muleta, con la que El Juli consiguió momento aislado en vez de una labor continua.
El regreso de Dámaso parece responder a un calentón invernal que la razón no enfrió suficientemente. No está porque no puede. Una pena.
A pesar de la mansedumbre y del diverso grado de genio, la corrida tuvo emoción y los toros fueron tales.
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