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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del martes, 19
de agosto 2003
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Zalduendo
(muy justos de presentación,
alguno anovillado, flojos todos y descastados. El sexto fue devuelto y
en su lugar salió un sobrero de El Torero,
terciado y de poco juego).
Diestros:.
-
Enrique
Ponce: pinchazo sin soltar y
estocada trasera (saludos desde el tercio); estocada caída y
trasera (silencio).
-
Jesulín de Ubrique:
casi entera, trasera y algo
desprendida y un descabello (saludos desde el tercio); estocada
trasera y atravesada (silencio).
-
Antonio
Ferrera: metisaca,
pinchazo sin soltar y bajonazo (saludos desde el tercio); pinchazo,
pinchazo y media atravesada (saludos desde el tercio).
Incidencias: tras
el paseíllo, el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre, hizo
entrega del Capote de Paseo -premio con el que el Ayuntamiento de la
capital galardona la mejor faena de la Feria- a Enrique Ponce como máximo
triunfador de la temporada 2001, y que el pasado año no pudo recoger al
estar convaleciente de una cogida, y a Antonio Ferrera como triunfador
de 2002. Asistió al festejo, desde una barrera, el ministro de
Administraciones Públicas, Javier Arenas.
Entrada: tres
cuartos de entrada en tarde calurosa
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino,
El País.
PortalTaurino.
ANTONIO MONTILLA. Tarde
de resaca
Dice
un refrán popular y una
canción que después de la tormenta siempre viene la calma. Y eso es lo
que sucedió en la décima del abono malagueño en la que no se dio ni
una vuelta al ruedo después de que la tarde anterior se cortasen ocho
orejas, la mayoría regaladas por un público bonancible. La resaca de
la tarde triunfalista dejó al público con pocas ganas de sacar el pañuelo.
A ello tampoco colaboró un mal encierro, en presentación y juego, de
Zalduendo.
Abría
cartel Enrique Ponce, que se encontró con un primer toro que ya desde
los primeros tercios mostró su flojedad. Tras tres puyazos, en los que
el animal sangró mucho al picársele muy bajo, el burel se convirtió
en un auténtico marmolillo. En estas circunstancias, ningún torero
podría tirar de un toro así. Ninguno, menos Enrique Ponce, quien a
base de una faena muy en su tipo y de mucha técnica logró robarle
algunos muletazos. Eso sí, siempre a media altura y sin muchas
apreturas. Faena de mucha técnica.
El
cuarto también tenía pocas fuerzas y se paró al llegar a la muleta
del valenciano. Éste intentó sacarle partido, pero el animal cabeceaba
y se defendía por lo que el diestro desistió y se fue a por la espada.
Jesulín
de Ubrique no estuvo a gusto con ninguno de sus oponentes. A su primero
lo recibió con templadas verónicas. También fue templado el inicio de
faena a un toro noble, pero muy blando. Consiguió algún muletazo
suelto, pero a la faena le faltó emoción, continuidad y emoción. Si
con éste no se confió, menos aún con el quinto, un toro al que no
terminó de ver y con el que abrevió. Se va de la feria Jesulín con más
pena que gloria.
Cerraba
la terna, el triunfador del pasado año, Antonio Ferrera, quien se mostró
muy voluntarioso toda la tarde. Le tocó el lote que más se dejó,
aunque sin muchas posibilidades.
A
su primero le puso tres banderillas, destacando la última por los
adentros. En la faena de muleta no se acopló con el toro que le tropezó
en muchas ocasiones los engaños y no terminó de calar en los tendidos.
En el epílogo de la misma, el toro le volteó de mala manera, aunque
sin consecuencias.
El sexto fue un toro con más genio y un poco más de fuerza, pero que
siempre llevó la cabeza muy alta y con el que el extremeño no se
terminó de confiar.
El
País. JUAN ORTEGA.
Dos toros sin suerte
El primer toro se declaró no beligerante, pasando de capotes y caballos, a pesar de que se insistió en el castigo que tomó a regañadientes. Lo que no estaba escrito fue que Ponce decidió hacerle embestir y lo exprimió, sacándole lo que tenía y lo que no. Se cruzó y cargó la suerte con ambas manos, seguro de lo que hacía y haciéndolo con valor sereno. Una lección de saber y sabor, tal vez no apta para todos los públicos. El cuarto estaba lejos de ser un ejemplo de fiereza y, para más inri, blandeaba, se defendía y se convirtió en un marmolillo. No hubo manera.
El segundo se tiró al cuello del caballo, cabeceaba, escarbaba y se reservaba; el quinto, con menos trapío y más mansedumbre, llegó a la muleta con genio y sin claridad. Jesulín estuvo por encima de sus dos enemigos hasta que se hartó. Ferrera toreó de capa con exceso de voltios, quebró magníficamente y toreó con la izquierda: precisamente por donde mejor iba, toreó menos y el resultado vino de suyo. Lo de poner banderillas a toro pasado no es nuevo; en cambio, lo del salto es, cuando menos, estrambótico. Lo de dejarse comer el terreno por un toro, inexcusable. Los dos toros de Ferrera no tuvieron fortuna en el sorteo.
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