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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del domingo, 17
de agosto 2003
Corrida de rejones
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros reglamentariamente
despuntados para rejones de la viuda de Flores
Tassara (bien presentados,
flojos y de juego variado).
Diestros:
-
Luis Domecq:
pinchazo sin soltar, pinchazo
hondo, dos más sin soltar y rejón trasero y bajo (silencio); dos
rejones bajos traseros y el toro se cae al relance de un
banderillero (silencio).
-
Pablo Hermoso:
rejón casi entero trasero (oreja con petición de la segunda); pinchazo sin soltar y rejón
trasero (oreja).
-
Diego
Ventura: rejón trasero,
pinchazo sin soltar, pinchazo hondo y dos descabellos (saludos desde
el tercio); pinchazo hondo trasero (vuelta tras dos avisos)
Entrada: tres cuartos en tarde calurosa.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino,
El País.
PortalTaurino.
ANTONIO MONTILLA.
Hermoso de Mendoza abre la puerta
grande
El
rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza ha abierto la puerta grande de la
plaza de toros de Málaga tras cortar dos orejas en la octava de abono
en un festejo en el que Luis Domecq ha pasado con más pena que gloria y
en el que el joven Diego Ventura ha estado muy voluntarioso y pudo haber
cortado algún apéndice si hubiera matado mejor y sus toros hubieran
doblado antes.
Pablo
Hermoso de Mendoza realizó dos faenas muy distintas. Su primero fue un
animal que salió con muchos pies y al que logró parar muy bien a lomos
de Campogrande y encelar al animal, al que sólo le colocó un solo rejón
de castigo. Abrió el tercio de banderillas con Nativo y colocó dos
banderillas de buena ejecución y colocación dejando llegar mucho al
toro. Continuó con Danubio, sobre el que consiguió los momentos más
lucidos de la tarde dando auténticos muletazos con la grupa del caballo
y colocando banderillas muy ajustadas, que hicieron levantar al público
de sus asientos. Concluyó sobre Nativo colocando tres banderillas
cortas en las que destacó la última por los adentros, ante un toro que
terminó muy apagado.
En
el quinto, a punto estuvo de producirse un altercado de orden público,
después de que el presidente denegara la oreja que había sido pedida
mayoritariamente. En ese momento los gritos de ¡fuera, fuera! Inundaron
el aire de La Malagueta y las almohadillas y las latas de refresco el
albero. Entonces sí, actuando por segunda vez de manera
antirreglamentaria, el presidente concedió el trofeo, que un subalterno
tuvo que ir a buscar al desolladero.
De
menor calidad artística fue la faena que desarrolló el navarro ante el
quinto toro, un animal que ayudó menos y que se paró antes. Las dos
primeras banderillas, sobre Gayarre, tuvieron buena colocación pero una
mala ejecución, ajustándose muy poco. Más ajustadas fueron las que
puso sobre Chicuelo, para concluir con tres rosas sobre Nativo, ya en
terrenos de tablas y junto a la querencia del burel. Consiguió una
oreja que costó Dios y ayuda que el presidente concediera.
Desdibujado
y sin ganas se le vio a Luis Domecq en Málaga. Su primer toro salió
distraído y con poca codicia, buscando pronto las tablas. El rejoneador
jerezano hizo una faena aseada y fría que no caló en los tendidos por
la sosería del toro. No se ajustó en las banderillas. Tampoco hubo
ajuste y banderilleó a toro pasado en el cuarto, dejando los
palitroques muy desiguales.
Bullicioso
y voluntarioso estuvo el joven Diego Ventura, quien perdió los trofeos
por su mal uso de los aceros y porque sus toros, como consecuencia de
ello, tardaron mucho en morir.
Su
primero fue un toro sin fijeza y distraído de salida, al que poco a
poco le costaba más arrancarse. Colocó tres banderillas a lomos de
Bambi de distinta ejecución y colocación destacando la primera y acabó
con otras tantas cortas sobre México. Enardeció al público con sus
carreras, pero como el toro tardó en morir perdió los trofeos. Lo
mismo le sucedió en el sexto, una faena que brindó a los hermanos
Peralta que se encontraban en el callejón, donde se encontró con un
animal que apretaba mucho para los adentros, por lo que el joven
rejoneador se ajustó más. Tuvo más emoción esta lidia, en la que
destacó la actuación sobre Guadalquivir, y en la que se dejó llegar más
los toros.
El
País. JUAN ORTEGA.
Hermoso y compañía Hermoso de Mendoza ha logrado que se le espere, a él y a sus caballos, que todo lo que hace cobre una dimensión propia. Lo nunca visto fue la petición de oreja en el quinto, que duró varios minutos, hasta que se logró arrancarla materialmente de las manos de la presidencia.
Se llegó a la cota más alta en banderillas, con Danubio, que se cruzaba y desengañaba cabalgando de costado; el mismo nivel y por idéntico camino alcanzó Diego Ventura, que consiguió quiebros tan buenos como los del estellés marrando a la hora de la muerte.
Volvió a lucir Hermoso de Mendoza con Chicuelo en banderillas y completó actuación con Cervantes. Diego Ventura revalidó su actuación: toreó desde el inicio y formó el alboroto en banderillas, fallando al final.
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