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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA

MÁLAGA
Tarde del miércoles, 13 de agosto 2003
Novillada
 Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Cayetano Muñoz, de buena presentación y blandos, destacando por su nobleza el tercero y el cuarto, a este último se le aplaudió en el arrastre

Diestros:

  • Joselito Ortega, casi entera atravesada y cuatro descabellos (saludos desde el tercio); estocada atravesada y dos descabellos (saludos desde el tercio tras escuchar un aviso); en el que mató por Manuel Escribano, estocada trasera (vuelta por su cuenta).

  • David Galán, bajonazo (saludos desde el tercio); pinchazo y casi entera (vuelta tras petición minoritaria). 

  • Manuel Escribano, estocada y descabella Joselito Ortega tras ser cogido (1 oreja que la cuadrilla le lleva a la enfermería).

Incidencias: parte médico de Manuel Escribano: "herida contusa en cara posterointerna del tercio inferior del muslo izquierdo, de tres centímetros y medio que interesa piel, tejido celular subcutáneo, fiscaia de músculos flexores, con una trayectoria de seis centímetros hacia abajo y hacia adentro, que contunde musculatura y secciona fibras del sememembronoso. Pronóstico menos grave".

Entrada: un cuarto de entrada.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País.


PortalTaurino. ANTONIO MONTILLA.  Cogida menos grave y oreja para Manuel Escribano en Málaga

El novillero sevillano Manuel Escribano ha vivido en sus carnes la cara y la cruz de la fiesta en el festejo celebrado en Málaga. El diestro fue cogido por el primero de su lote –tercero de la tarde- al entrar a matar y quedarse en la suerte sin hacer la cruz. En ese momento el toro tiró un derrote que le prendió en el muslo interno, lo que le impidió continuar la lidia. En la enfermería fue atendido de una cornada de pronóstico menos grave.

 

Esta fue la cruz de una actuación en la que la cara la representó la buena faena, que fue de más a menos, que le enjaretó al novillo. Éste salió sin fijeza, pero Escribano logró meterlo en el capote y endosarle un templado ramillete de verónicas de buen trazo y gusto. Tras un tercio de banderillas en el que el público le tributó una gran ovación al matador tras un par al quiebro al hilo de las tablas,  el sevillano comenzó su faena. Sacó al toro al tercio con unos toreros y templados pases, para una vez en el anillo, echarse la muleta a la izquierda sin más preámbulos. Con la zurda logró embarcar muy bien la noble embestida del toro y templar los muletazos. En la segunda tanda, el toro hincó los pitones en el ruedo y se pegó un costalazo que acusaría a lo largo de la lidia. Lograría  sacarle algunos buenos muletazos, pero ya sin ligazón, aunque de muy buen trazo.

 

Por la cogida de su compañero, el malagueño Joselito Ortega tuvo que matar tres astados, de la blanda corrida de Cayetano Muñoz. Su primero, fue el que más blandura demostró. En la faena de muleta, el burel llevaba la cara a media altura, con lo que poco pudo hacer el diestro para  alcanzar el triunfo. Sí logro mayor lucimiento en el cuarto. A éste, Ortega logró someterlo, llevándolo siempre muy templado, y ligarle unas tandas de derechazo, aunque eso sí la figura no la mantenía derecha y metía mucho la cadera. Perdió los trofeos por su fallo con los aceros. En el sexto de la tarde, no terminó de acoplarse con el animal y sólo estuvo voluntarioso.

 

Debutaba con caballos en La Malagueta David Galán, hijo del desaparecido torero Antonio José Galán. Al igual que su padre atesora una gran valentía, pero nada de ella pudo desplegar ante su primer oponente, un novillo que se rajó tras el puyazo, quedándose muy parado, aquerenciado en tablas y  defendiéndose. En el quinto, no terminó de acoplarse con un novillo de buen tranco, y lo que le realizó no caló en los tendidos.


El País. JUAN ORTEGA. Cogida de Manuel Escribano

La carrera de torero no figura en los catálogos de estudios universitarios ni profesionales, de tal modo que lo que en principio es un alivio, luego se vuelve dificultoso, porque la licenciatura es más cara que si se cursara en Yale, no bajando del medio millón de euros.

Lo que ocurre es que no todo el mundo paga lo mismo, porque ser de estirpe puede rebajar costes y facilitar la colocación. Tampoco se paga de la misma forma: Joselito Ortega es de estirpe taurina, de familia media, y ha pagado por el sitio que ocupa un precio abusivo en sangre: cornadas duras de difícil recuperación, de las que dejan secuelas ante el toro y la duda acerca de si se torea poco por falta de continuidad o si falta continuidad por torear poco. El primer novillo no se había definido durante los dos primeros tercios y llegó a la muleta sin estridencias; no hubo salidas de nota en ningún pasaje de la faena, que se desarrolló sin obligar, en un acuerdo de no agresión signado por las dos partes.

El cuarto tuvo temperamento de bravo y Joselito quiso fajarse con él, lo que consiguió cuando sopló el temple, a base de muletazos largos de mano baja para mayor sometimiento y eso que el novillo no siempre entraba por uvas.

El sexto se fue viniendo abajo sin que el matador pudiera prolongar la embestida.

En el caso de David Galán fue su padre, director de su carrera, el que pagó un trágico peaje. Desaparecido el maestro, a punto estuvo de darse de baja el alumno, que hoy se ve como único responsable de un timón que precisa de mano decidida. En el último tercio la cobardía rajada de la res impidió cualquier intento de toreo.

El quinto volvió a sacar bravura y genio y Galán le administró la misma medicina que su compañero, faltándole constancia para redondear la faena, en la que brillaron momentos aislados de casta y emoción por parte del diestro.

Manuel Escribano no es de reata torera, pero sí taurina, y ha elegido los cursos más completos y caros, con profesores particulares, representantes, parientes y amigos. Lleva mucho toreado y también ha pagado su tributo de sangre, del que en la tarde de ayer entregó el último plazo. Exhibió maneras con el capote, puso banderillas con facilidad y rapidez en la reunión, efecto en un buen quiebro en tablas. Con la muleta se acopló a la bobalicona embestida del novillo; a la hora de matar, más que entrar, salió, con la mala suerte de dejar la pierna atrás y que ésta fuera rebañada por el novillo.

 

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