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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del martes, 12 de agosto 2003
Novillada
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de José
Escobar, complicados y blandos, el quinto fue sustituido por un
sobrero de Gabriel Rojas, noble.
Diestros:
-
Juan Andrés González, –que sustituía a Antonio
Chacón-: estocada trasera (saludos desde el tercio); tres pinchazos
y estocada caída (silencio).
-
Luis Bolívar, dos pinchazos y seis descabellos
(saludos desde el tercio tras dos avisos); pinchazo y estocada (1
oreja)
-
Jorge
Contreras: dos pinchazos, media estocada y cinco descabellos
(silencio); pinchazo, estocada caída y un descabello (silencio)
Entrada: un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino,
El País.
PortalTaurino.
ANTONIO MONTILLA. Luis Bolívar corta una
oreja en Málaga y pierde la puerta grande por el fallo a espadas
El novillero Luis Bolívar
ratificó en Málaga el buen momento por el que atraviesa. El
colombiano, que entró en los carteles de la Feria como triunfador del
ciclo de novilladas celebrado en julio, cortó una oreja a su segundo
toro y pudo haber salido por la puerta grande si no falla con los aceros
en el primero de su lote, al que realizó una poderosa y dominadora
faena.
Muy bien con la capa
recibió Bolívar a este su primer novillo, que fue protestado por una
parte del público por su blandura. En el quite por chicuelinas el
novillo le propinó una voltereta sin consecuencias. Tras un tercio de
banderillas en el que los dos subalternos se tuvieron que desmonterar y
en el que el toro se vino arriba, el colombiano comenzó la faena con
unos buenos y mandones doblones por bajo, para apaciguar el genio del
toro, que se le había colado en varias ocasiones. Le siguieron dos
tandas de muletazos por el pitón derecho, con el toro cada vez más
entregado a la poderosa muleta de Bolívar. Aunque tardó en percatarse,
los muletazos más hondos y templados los consiguió por el pitón
izquierdo. Consiguió una faena de menos a más en la que el toro terminó
entregado. Pero cuando tenía el triunfo en sus manos falló con los
aceros.
Muy valiente, torero y
dominador se encontró también ante el segundo de su lote, un sobrero
de Gabriel Rojas, noble, que sustituyó al titular tras partirse el pitón.
El de Rojas hizo una buena pelea en varas arrancándose de lejos y
empujando. Bolívar comenzó también con muletazos por bajo con la
pierna de salida genuflexa que fueron auténticos carteles de toros.
Realizó una faena muy conseguida, basada principalmente por el pitón
derecho ya que por el izquierdo se quedaba más corto, con la planta muy
quieta y demostrando una gran técnica y conocimiento de los terrenos.
Cuatro manoletinas fueron el epílogo de una buena faena.
Por la vía de la
sustitución llegó a la Feria el salmantino Juan Andrés González, que
pasó por ella sin pena ni gloria. Tuvo como primer oponente a un
novillo soso y blando, que en la faena de muleta siempre llevó la cara
a media altura y pegando tornillazos. El novillo se fue poco a poco
parando y entre las dificultades del toro y las carencias del torero
nada se pudo ver. El cuarto fue un toro que sacó algunas complicaciones
y con el que González no terminó de acoplarse.
Con más pena que gloria
cumplió su comparecencia ante sus paisanos el local Jorge Contreras. El
novillero se mostró muy desconfiado toda la tarde ante sus dos
oponentes y se le notaron
carencias técnicas y de colocación. A su primero no lo quiso ni ver y
tras los muletazos de tanteo y viendo las dificultades del burel se
dirigió por la espada tirando por la calle del medio. Aunque se le notó
más voluntarioso en el último de la tarde, no terminó de colocarse en
el sitio, sufriendo varias coladas, y le faltó más mando para entender
a un novillo que ofrecía posibilidades.
El
País. JUAN ORTEGA.
La liturgia taurina
La fiesta taurina es una liturgia normalizada de color y emoción,
que da culto al toro bravo, horrenda reencarnación de los colectivos
temores telúricos. Derribado el tótem ¿a quién rinde culto la
fiesta? ¿a santo de qué esta liturgia?
Rompió plaza un novillo colorado ojo de perdiz, reservón y
asustado, que corrió el anillo tanteando la salida. Sobre la carrera,
Juan Andrés González le tiró una larga, y al cabo, varios lances
discretitos, tanto como el comportamiento de la res en varas, meramente
simbólico, lo suficiente para claudicar dos veces.
Semejantes augurios disponían todo para la celebración de la
liturgia gris, carente de fuerza, emoción y sentido: el novillo, en vez
de embestir, trotaba a su aire, terminando unas veces de pie y otras no,
acortando el viaje a cuyo remate el novillero corría apresurado. Palmas
frías y vuelta a empezar en nombre de no se sabe qué, pues lidia y
tauromaquia eran palabras huecas.
La mansedumbre del cuarto se tradujo en salir suelto del caballo,
tardear en la arrancada y acortar las embestidas, todo en un grado de máxima
sosería que se agravaba al rebañar por ambos lados. Había demasiada
tela por cortar, desengañar y someter para unas tijeras manejadas por
manos tan voluntariosas como inexpertas, lo que motivó una premia por vía
de urgencia.
Luis Bolívar abrió los pétalos de su capote, pero su buena intención
se vio frenada por las fuerzas podridas de un novillo que no se tenía,
condición que lo dispuso a defenserse y acortar el viaje, propinando
sendas volteretas a matador y banderillero. Cada manso tiene su lidia,
pero no se especifica nada acerca de los cojos, cuestión que Bolívar
intentó resolver administrando el tragantón, prolongando la embestida
y tomando mucho aire. Pagó con sudores, posiblemente fríos, una labor
técnica y valiente, que alcanzó la mejor nota en una enjundiosa serie
de naturales bien rematados por bajo. Ofició la liturgia del valor y la
pringó con el acero.
Volvió a tomarse en serio y de manera solvente la lidia del sobrero,
hilvanando las series en presencia del valor y la seguridad, que el arte
puede esperar. La faena es continuidad y a ella se consagró el
novillero que, tras un pinchazo, entró a matar o morir consiguiendo una
espectacular estocada. Es de los pocos de su escalafón que ha retomado
el abecedario, tiene condiciones para recitarlo y tiempo para ser el
segundo Bolívar a quien levanten estatua. Sólo es cuestión suya y de
la suerte el anhelado final feliz.
Hace un año que debutó con picadores Jorge Contreras sin que todavía
se sepa para qué. Total, ni siquiera sabe colocarse a la cabeza del
caballo en el tercio de varas, nombre antiguo y pretencioso con el que
se designa el alanceamiento de semovientes sin fuerza ni bravura. El
ayuno de sabiduría y habilidad le impidió resolver las arrancadas
cortas y vigorosas de su enemigo, dando la impresión de estar a su
merced, con las fuerzas justas para el toque de retirada. Es complicado
oficiar sin conocer el oficio y sin tener gana ni cualidades para
aprenderlo, lo que lleva a la liturgia de la nada y del vacío.
En el sexto confirmó expectativas: con un giro de 180 grados puede
ser un buen torero. No se vea en estas palabras una especial acidez,
pero la verdad sólo tiene un camino y no sirve de nada llamarse a engaño.
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