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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA

MÁLAGA
Tarde del domingo, 10 de agosto 2003
Corrida de toros
 
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Ana María Bohórquez, el quinto devuelto tras lesionarse la mano derecha y sustituido por otro de la misma ganadería. Corrida pareja y bien presentada, aunque descastada y blanda, destacando el sexto por su nobleza. Se aplaudió al segundo en el arrastre.

Diestros:

  • Ricardo Ortiz, pinchazo hondo y estocada (saludos desde el tercio); pinchazo hondo y tres descabellos (vuelta con ligeras protestas).

  • Dávila Miura, estocada caída (1 oreja); metisaca y dos pinchazos (saludos desde el tercio tras aviso).

  • Miguel Abellán, estocada trasera y tendida (vuelta tras minoritaria petición); estocada trasera (1 oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas).

Entrada: menos de media entrada.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País.


PortalTaurino. ANTONIO MONTILLA. Dos tandas de naturales

En medio de una tarde de aburrimiento, un oasis apareció en el segundo toro. 

Fue en ese momento cuando Dávila Miura le enjaretó dos largas y templadas tandas de naturales de mano
baja, aprovechando el buen recorrido del toro por el pitón izquierdo. Ahí acabó lo más torero y hondo que se pudo ver en La Malagueta en esta segunda de abono.

A este toro, que cada vez se fue parando más, el sevillano logró exprimirle lo que tenía dentro. El regusto de los buenos naturales hicieron que el público pidiera para él la oreja. Se segundo tuvo que ser devuelto por una lesión en la mano derecha, que provocó las protestas del público tras salir de chiqueros.

Más basto de presencia, por eso figuraba como sobrero, fue el que salió en su lugar. Toro blando de salida, derribó al caballo en el primer puyazo. Con la izquierda, como queriendo rememorar aquellas dos tandas de su primero, empezó su trasteo Dávila Miura, pero al toro le costaba ir por allí. Lo intentó por la derecha y aunque el burel iba mejor, se fue parando y cada vez le costaba más arrancarse. Su sosa embestida no ayudaba al torero. Tan aburrido estaba en ese momento el público que un espectador estalló: "esto es lo que nos vas a traer para la feria", en referencia la empresario y al pobre juego del ganado.

Variado con el capote y con mucha predisposición y voluntad de agradar se mostró toda la tarde Miguel Abellán. Tuvo ante sí un primer toro de poca raza y fuerza, que acusó mucho un largo puyazo. En la muleta el toro siempre llevó la cara a media altura y cabeceando, además embestía trotando unas veces y andando otras. Sosería esta que el torero intentó suplir con buenas dosis de técnica y de pases circulares. Aunque el público la pidió, el presidente denegó la oreja.

Al último de la tarde, lo recibió el madrileño con una larga cambiada, para llevarlo hasta el centro del ruedo con verónicas y chicuelinas, aunque el toro salía distraído. Lo dejó muy crudo en varas y empezó la faena de muleta con un pase cambiado por la espalda y tres derechazos de rodillas que hicieron despertar a un público adormecido que deseaba que acabara pronto el festejo tras más de dos horas de espectáculo. Aprovechó Abellán, mientras pudo, la nobleza del toro, pero este seguía sin fijeza y se fue parando. Estuvo por encima del de Bohórquez y le sacó todo lo que tenía. Aunque la gente pidió con insistencia la segunda oreja, el presidente, que estuvo en su sitio,  sólo le concedió un sólo festejo.

Mala suerte ha tenido en su reaparición tras la grave cogida de Barcelona Ricardo Ortiz. Al malagueño le ha tocado el peor lote de la tarde. Su primero ha sido un toro que ha salido distraído y muy aquerenciado en tablas. En el tercio de banderillas se defendió y aunque Ortiz lo intentó todo con ambas manos, al toro cada vez le costaba más arrancarse y cuando lo hacía se quedaba muy corto.

También distraído salió el cuarto de la tarde, que perdió las manos en varias ocasiones, lo que provocó las protestas del público. A este como a su primero no lo banderilleó el matador por las molestias que aún arrastra. Lo poco que pudo sacarle en la faena de muleta fue siempre a media altura y arrimándose mucho al toro. Acabó la faena con cinco ajustadas manoletinas.


El País. JUAN ORTEGA.  Debió ser el tiempo

Del calor inmisericorde que hará célebre este verano al nublado bochornoso despejado por un airecillo fresco que se agradecía, aunque no viniese a cuento. Por ahí pasó la tarde y tal transición debió afectar al nivel perceptivo, porque ocurrieron cosas, es cierto, pero también lo es que quedaron emplastadas, metidas a presión en el lienzo de la memoria, carentes del aguafuerte de la individualidad. Sólo el sexto se salvó de la quema.

Ricardo Ortiz lanceó con buen tono al cuarto, ganándole terreno con reposo, con un estilo que delataba madurez torera. Fue bueno el inicio de esa faena, sobre la derecha, así como los primeros naturales que prometían: de pronto, se vino a bajo el tinglado cuando la res decidió no pasar, quedándose en el centro de la suerte. Seguro que fue el tiempo. Sólo quedó toro para breve manoletina.

El primero salió ajeno a los capotes, tardó en fijarse y, cuando lo hizo, no puso especial interés. Derribó en el primer topetazo, tomó la segunda vara al revés, de dentro afuera, con fijeza y en banderillas, Juan Manuel Ortiz aguantó el apretón que pretendía asegurar la cornada. Empezó Ricardo por alto, para desahogar la embestida, y hete aquí que el toro va y se sienta. El tiempo, claro, que estaba revenido. Después, la labor se centró en torear reposadamente a una res que parecía llevar dentro dos estocadas. Lo menos.

Eduardo Dávida Miura dudaba al lancear de capa al segundo, lo que se reflejaba en un tímido paso atrás. El toro se arrancó inopinadamente sobre el reserva, y tomó dos varas, luciéndose en banderillas Joselito Rus. Brindó Dávila a su compañero Ricardo Ortiz y, sin más trámite, se puso a torear sobre la derecha, tratando de acompasar la embestida, a veces descompuesta, lo que posiblemente motivó que tomara precauciones y distancia. La desconfianza se manifestó en los naturales, administrado de uno en uno y, mira por dónde, resultó que el toro se los tragaba, por lo que se constituyeron en dos series que le valieron la oreja. Tal vez demasiado análisis para tan poco pollo.

En el quinto, Dávila no terminó en decidirse entre abrir casa o ponerse a servir, porque mostró ese toreo recio que le caracteriza, a la vez que abusó del pico, en una labor que, como la tarde, no terminaba de sobresalir del lienzo.

Miguel Abellán se dio cierto aire al recibir al tercero y, cuando parecía que la faena iba a coger vuelo, se fue viniendo abajo, hasta terminar toreando por circulares a una res mortecina. No obstante, como había un cierto atisbo de petición de oreja, el pleno de la cuadrilla se constituyó entre el toro muerto y las mulillas, a ver si así arreciaba la demanda. El tiempo descompone las cabezas.

El sexto toro, ya entre dos luces, se descolgó de la tarde y su lidia tuvo sentido de principio a fin. Lo mejor de la tarde fue la variedad que exhibió Miguel Abellán con el capote, que si bien no llegó a tener entidad sinfónica, sí se agradece dada la escasez habitual. Larga cambiada de rodillas, verónicas, chicuelinas, rogerinas y altaneras compusieron una brillante labor. Con la muleta empezó con un pase cambiado y siguió con redondos de rodillas. Ya de pie toda la faena tuvo ritmo y buen sentido, gustando muchísimo desde lo fundamental hasta lo accesorio.

 

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