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Festejo mixto
MÁLAGA
Tarde del miércoles, 15 de agosto de 2001
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Sancho
Dávila. Bien presentados, complicados.
Diestros:
Incidencias: Ricardo Ortiz, fue corneado en el
tercer par de banderillas del 1º, con desgarro la parte interna del
muslo derecho. Pronóstico, menos grave.
Entrada: media.
Crónicas de la prensa:
El País
El País. JUAN
ORTEGA. Cogidas de El Califa y Ricardo Ortiz
la corrida de Criado se tapó con los dos carretones y el toro
simplón. Del resto, lo mejor es olvidarlo. A las primeras de cambio, la
tarde se vistió de cenizo. Ricardo Ortiz había recibido al primero a
porta gayola y lo había lanceado con parsimonia; el toro, alto de
agujas, recibió un puyazo y Ortiz quitó pausadamente por chicuelinas.
Aguantó en dos pares, apuró exageradamente el tercero y fue prendido
por el muslo derecho; corbatín a guisa de torniquete en la ingle y la
taleguilla, blanca, que se va tiñendo de rojo oscuro.
Todos le piden que abandone, pero el matador se niega, dedica el
brindis a Galán y se dobla por bajo para cobrar después una serie de
derechazos en los que aguantó una embestida bronca y desabrida. Nueva
voltereta por el pitón izquierdo, intento de serie por la derecha y,
finalmente, acaba con el toro sobrándole arrestos para saludar. Ya
tiene compañero El Juli, de sanatorio, de valor y de hombría.
El segundo era manso de los de cocear caballos; sólo se le pudo
picar tapándole la salida en chiqueros. El toro hacía guiños
extraños y, al primer pase por bajo, se pegó una costalada de la que
no llegó a recuperarse. En resumen, carne para incineración.
El cuarto se rajó al final de la faena, pero hubo tiempo para que,
esta vez, Rivera torease bien de capa y lograra buenos momentos con la
muleta, hasta que el toro fue a menos y emprendió viaje a chiqueros.
Rivera recibió al sexto con buenas verónicas, primero rodilla en
tierra y después abriendo el compás; falsa alarma, porque tras una
vara larga y dos pares, el toro llegó a la muleta sin fuerzas,
recorrido, ni nada. Cuando Rivera acabó con él, disminuyó el censo de
mulas.
Lo del tercero supo a lidia antigua, porque antigua debía ser la
malísima idea que el toro había mamado. Al tercer lance, empitonó al
Califa y, ya en el suelo, lo tiró contra las tablas, donde se llevó un
gran golpe en la cara; menos mal que la cosa quedó en susto y dolor.
Tras una larga puya y un tercio de banderillas complicado, llegó a
la muleta con un pitón derecho realmente difícil, pero lo que no se
podía esperar era que disparase con el izquierdo. El Califa lo
macheteó por bajo, mientras el toro hacía por él, y dio buena cuenta
del marrajo que no mereció más que una estocada inmisericorde. El
quinto toro era blando de despatarrarse y, cuando estaba de pie, tiraba
la cabeza arriba. Todo ello fue consecuencia de su poca fuerza y de una
manifiesta invalidez que no debió ser admitida, de ningún modo, por la
autoridad.
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