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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del lunes, 13 de agosto de 2001
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: toros de El
Torero. Bien presentados, justos de fuerza y faltos de trapío.
Diestros:
Incidencias: El Juli ingresó en la enfermería,
tras la muerte del 6º toro, con una cornada de dos trayectorias, de 8 y
10 cms, respectivamente, en el gemelo izquierdo, de pronóstico grave.
El parte médico dice:
-
"El diestro Julián López, El
Juli, sufre una herida contusa en la cara posterior de la pierna
izquierda que interesa piel, tejido celular subcutáneo y
aponeurosis, con una trayectoria de ocho centímetros hacia arriba,
que rompe fibras del gemelo externo, y otra de diez centímetros
hacia delante y abajo, que dislacera fibras musculares, contusiona
hueso tibial y llega a la zona anterointerna de la pierna. Pronóstico
grave. Es trasladado a la Clínica Gálvez"
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
Diario Sur, El
País.
Diario
Sur. Pacurrón.
Finito sale
a hombros y El Juli no pudo acompañarle al ser cogido
LA MALAGUETA fue ayer escenario de las dos cualidades toreras que
engrandecen la fiesta: el arte de Finito de Córdoba y la honradez
profesional de El Juli. Por ambos motivos, los espectadores que llenaban
la plaza vibraron de entusiasmo y salieron de la plaza haciendo
comentarios elogiosos
LA Malagueta
fue ayer escenario de las dos cualidades toreras que engrandecen la
fiesta: el arte de Finito de Córdoba y la honradez profesional de El
Juli. Por uno y otro motivo, los espectadores que llenaban la plaza
vibraron de entusiasmo y salieron de la plaza haciendo comentarios
elogiosos de una y otra gesta.
La
extraordinaria faena de Finito de Córdoba estuvimos a punto de perdérnosla
por las protestas de los intransigentes, que quieren mostrarse tan
protestones como los de Madrid. Menos mal que el presidente hizo caso
omiso de esas protestas y mantuvo al toro en el ruedo, que tenía enorme
calidad, de lo que también se percató Finito que planteó la faena de
forma que el toro, poco a poco, fuera afianzándose. Además de torearlo
de forma templada, entre serie y serie le concedió el espacio
suficiente para que el animal se recuperara y de los dos pases y el el
de pecho, pasó a los tres para terminar con series largas. Surgió
entonces el milagro de la gran faena, con la longitud de sus muletazos,
el temple y la ligazón habituales en Finito cuado está inspirado. La
faena fue a más, y a los buenos derechazos iniciales siguieron unos
naturales pletóricos, con la muleta por los suelos y llevando pegado al
engaño. Una faena, en resumen, que va a ser difícil de superar en la
feria.
En su primero
Finito tuvo un toro de poca fuerza y el cordobés lo toreó de abajo
hacia arriba, sin forzarlo, para evitar las caídas y su labor resultó
intrascendente.
Nos hemos
saltado el orden de lidia, porque las circunstancias obligan a ello, así
que continuaremos por el final para decir que El Juli entusiasmó a
todos con su primer toro. El secreto de El Juli es que castiga muy poco
a los toros y que en el tercio de banderillas, como todo lo hace él y
cualquier sitio es bueno para efectuar el embroque, pues los capotazos
que dan los peones se quedan piara muletazos del matador y así, claro,
se aprecia menos la falta de fuerzas. Además, posee una especial
clarividencia para saber lo que cada toro necesita y en el primero de su
lote, lo sometió unas veces, lo dejó ir a su aire en otras y así
dispuso en todo momento de un toro que que le obedeció en todo momento
porque El Juli se pone en el sitio en el que embisten los toros, que es
también en el que puede coger. Una exhibición de poderío y de bien
torear.
Pero ese afán
suyo de dejar a los toros muy crudos, le lleva a veces el error y en el
toreo, cuando uno se equivoca, lo paga. Nosotros pensamos que el toro
que cerró plaza necesitaba un mayor castigo en varas y El Juli, que
salió dispuesto a que la puerta grande no fuera exclusiva para Finito,
lo recibió con una larga afarolada, luego se la jugó en dos pares por
los adentros y al iniciar unos pases de rodilla, el toro, muy violentó,
hizo por él y lo zarandeó de forma aparatosa, luego hizo por él en el
suelo y cuando sus compañeros lo levantaron, pudo apreciarse que
sangraba abundantemente a causa de una cornada en el gemelo de a pierna
izquierda. Sin aspavientos, El Juli se dejó hacer un torniquete, para
reducir la hemorragia, volvió al toro entre la emoción del público,
consciente de que El Juli estaba dando toda una lección de valor, torería
y amor propio. Se le jalearon sus intervenciones y el único que no dio
valor a lo que sucedía en el ruedo fue el director de la banda de música,
que permaneció en silencio. ¿Hasta cuando tendremos que soportar esta
especie de dictadura musical?
Joselito, que
era el primer espada, no pudo participar en el éxito de sus compañeros
porque los toros le dieron escasas posibilidades. La corrida, dicho
queda, tuvo poca fuerza pero es que, además el primero del madrileño
era soso y aunque su labor fue correcta, no tuvo la debida repercusión
en los tendidos. El cuarto de la tarde admitió los muletazos iniciales
de Joselito, sentado en el estribo, pero luego se rebrincó en sus
embestidas, defendiéndose de su manifiesta flojedad por lo que Joselito
solo pudo conseguir algún que otro muletazo, demostrando querer, pero
sin poder porque le falta enemigo.
Se puso el
cartel de «no hay billetes» y este fue el primer gran éxito obtenido
ayer por El Juli, lo que también viene siendo habitual.
El
País. Juan Ortega.
Cogida
grave de El Juli.
El Juli viene a
cambiarlo todo, casi es mágico, única explicación que se me ocurre
para lo del tercer toro: una revolución en juliana sin más valor
declarado que la persona del líder; si nos atenemos a lo ocurrido en el
ruedo, no había razón para tanto ruido: variedad con el capote y las
banderillas que precedieron a unas docenas de pases en línea, ligados
algunos derechazos y desligados y hacia afuera los naturales. Efecto de
magia, puesto que el público casi aulló los olés de tan sentidos.
En el sexto cambió
la decoración: El Juli, escocido con el triunfo de Finito, se la jugó
de veras, instrumentando los mejores lances a la verónica de la tarde,
con los pies atornillados. Se dejó el toro sin picar y lo aguantó en
banderillas; empezó la faena de muleta de rodillas y en esa postura fue
alcanzado por la res, que le propinó una gran paliza. Se levantó El
Juli con la pantorrilla izquierda cada vez más ensangrentada, a pesar
del torniquete que se le practicó, y siguió toreando según perdía el
color. Remató de un volapié y se fue andando a la enfermería. Los
toros hieren de veras y los toreros también responden de verdad,
evocando cuadros de sabor añejo que entroncan con lo más emocionante
de la fiesta.
Don José Arroyo,
en cambio, se dedicó a cuidar un magnífico ejemplar de mírame y no me
toques, como un jarrón chino. ¡Qué bien lo cuidó! ¡Qué gusto, qué
manos las suyas! La faena fue por tropezones desligados propinados desde
lejos, todo con inmaculada elegancia, suavidad y maneras, que don José
tiene muy buen gusto. Otro día, igual torea; pero eso, otro día,
porque le volvió a tocar otro jarrón chino en suerte, que toda la
cuadrilla mimó por si se caía.
Lo de Finito de Córdoba
es diferente. Casi se inhibió en el segundo y triunfó rotundamente en
el quinto. Tumbado sobre la izquierda, se quitó al toro de cerca en una
imitación de naturales que gustó muchísimo. El acabóse fueron los
ayudados por bajo que pusieron fin a una faena en la que vació los engaños,
destoreó lo que quiso y alcanzó las más altas cotas de la nada,
premiada con dos orejas de un animal que pasó por toro y nunca debía
haber pasado.
Suerte que, a
veces, puede parecer que fuera de programa lo auténtico se aparece en
las plazas de toros y no se debe creer nunca que está totalmente fuera
porque el carácter de los toreros, aunque parezca lo contrario, puede
reverdecer cada generación.
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