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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del domingo, 12 de agosto 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Osborne.
Diferente presentación y juego. Flojos en general. 1º y 2º
aplaudidos en el arrastre, 4º y 5º, pitados.
Diestros:
Incidencias: minuto de silencio por el
fallecimiento del matador de Fuengirola Antonio
José Galán.
Entrada: casi media.
Crónicas de la prensa:
Diario Sur
Diario Sur.
Pacurrón. Miguel Abellán
cortó la única oreja a la floja corrida de Osborne
Nunca hemos asistido a una
corrida ni hemos hecho el comentario de la misma, con la tristeza de la
de ayer. Antes de empezar el festejo nos dieron la triste noticia de la
muerte en accidente de tráfico de Antonio José Galán y de Curro
Losada «El Pión», banderillero en la cuadrilla de su hija. Y fuimos
muchos los que, por obligación soportamos todo el festejo casi sin ver
lo que ocurría en el ruedo porque las lágrimas enturbiaban la visión.
Pero había que cumplir con la obligación y aquí estamos, sobrecogidos
por la emoción.
Hay que empezar por decir que
los toros de Osborne tuvieron una más que deficiente presentación,
aunque se tapaban por los pitones y esto es suficiente para que se hable
de trapío. Además tuvieron poca fuerza y no anduvieron sobrados de
bravura, más bien todo lo contrario, por lo que el festejo transcurrió
sin otra emoción que no fuera la de la luctosa noticia del óbito de
Galán.
En el primer toro, Javier Conde
no pasó de las probaturas con el capote y en la faena de muleta sus
intentos, porque no pasó de eso, fueron con la mano izquierda, pero en
ningún momento se le vio entregado. El animal era de embestida sosa,
sin emplearse, pero no dio sensación de peligro por lo que la labor del
malagueño resultó anodina.
El segundo de su lote tenía
poca fuerza y se cayó varias veces en los primeros compases de a faena.
De nuevo lo intentó con la mano izquierda, con la muleta alta al final
del pase, para ir todo a menos porque el animal, que ya en los tercios
anteriores había tenido un extraño comportamiento, acabara queriéndolo
coger a lo que, naturalmente, no se mostró muy dispuesto Conde. Los
pitos en su primer toro estuvieron plenamente justificados, pero los que
también sonaron en éste no tenía mucho sentido.
Miguel Abellán le cortó a su
primero la única oreja concedida en la tarde. Se trataba de un toro
esmirriado de carnes y con dos pitones de imperfecto desarrollo y con el
que consiguió una excelente tanda de naturales, pero luego la faena
decayó porque el animalito fue apagándose poco a poco.
El quinto fue un manso sin
paliativos que tras los pases iniciales de Abellán sentado en el
estribo, salió huyendo buscando el refugio de las tablas para su cobardía.
Abellán anduvo por allí, dando pases sueltos, pero sin poder sacar
partido a su incuestionable buena voluntad.
Rafael de Julia debutaba en La
Malagueta después de sus triunfales actuaciones en Madrid, durante San
Isidro, y en la feria de julio de Valencia, pero solo dejó constancia
de su presunta buena clase en algunos muletazos. Su primer toro, quizá
poco picado, repetía las embestidas de forma atosigante y el torero se
vio desbordado en muchas ocasiones, ya que el toro demandaba que se le
bajara la mano y el madrileño no lo hizo, ignoramos sin porque pensó
que el toro podía caerse o fue porque le faltó decisión para
someterlo, habida cuenta de que metía la cabeza con cierta violencia.
En ningún momento le cogió la velocidad al toro y hubo enganchones y
excesiva rapidez en los muletazos. En definitiva, que no se acopló al
toro.
En el que cerró plaza, Rafael
de Julia ligó una buena serie con la mano derecha, pero el animal
decidió que ya había embestido bastante y el madrileño se puso cerca,
intentando dar sensación de arrojo pero a sabiendas de que el pobre
toro no tenía ni fuerzas ni ganas de desplazarse. Lo mató pronto e,
ignoramos porqué, se desbordó el entusiasmo de parte del público
solicitando, sin venir a cuento, una oreja, aunque de forma minoritaria
y si el presidente en la corrida del viernes mostró una escasa
sensibilidad al no permitir la salida a hombros del modesto Curro Vivas
al no atender una petición mayoritaria, en esta hizo muy bien en no
otorgar lo que hubiera sido un trofeo absurdo.
En este aspecto conviene
resaltar la benevolencia del público, poco público, que acude a La
Malagueta, que muestra un entusiasmo desaforado por acciones de menor
cuantía y hay que decir que la categoría a una plaza no se la da, en
ningún caso, los presidentes, sino los conocimientos y las reacciones
de los espectadores, que en muchas ocasiones no pasan de eso, de simples
espectadores y en muy pocos casos aficionados.
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