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Festejo
PLAZA DE TOROS DE LA MALAGUETA
MÁLAGA
Tarde del viernes, 10 de agosto 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: tres
toros de Cebada
Gago (de diferente
juego) y tres de Astolfi
(manejables).
Diestros:
-
Miguel Rodríguez.
Silencio, petición de oreja y vuelta.
-
Juan José Trujillo. Ovación y saludos.
-
Curro
Vivas. Oreja, petición de oreja y dos vueltas al ruedo.
Incidencias: el matador de toros Juan José
Trujillo se cortó la coleta. El
triste adiós de un torero
Entrada: más de un cuarto.
Crónicas de la prensa:
El País, Diario Sur.
Diario Sur.
PACURRÓN.
Curro Vivas consiguió una oreja y
el presidente le quitó la puerta grande
La corrida de ayer
en La Malagueta tuvo dos incidencias dignas de resaltar, una originada
por las circunstancias y otra, por una íncreíble actitud presidencial
que, cualquier día, puede ser motivo de un conflicto de orden público.
La retirada de Juan José Trujillo, con el corte simbólico de la
coleta, se justifica en las dificultades que siempre ha encontrado para
abrirse camino en esta difícil profesión, como le ha ocurrido a miles
de toreros, pero la negativa de una oreja al modesto Curro Vivas vino a
poner de manifiesto, una vez más, lo inadmisible de la dictadura
presidencial, sus escasos conocimientos y, sobre todo, una falta total
de sensibilidad. Al modesto Curro Vivas le privó de salir por la puerta
grande, cuando la petición era mayoritaria, aunque más a voces que con
pañuelos, porque esta prenda ha caído en desuso. No tiene el menor
sentido esta intransigencia.
Pero antes de
entrar en detalles, conviene dedicarle un párrafo a la ganadería de
Cebada Gago, reclamada por los 'toristas' por ser una de las 'duras' y
que ayer hizo el ridículo antes y durante el festejo. Para empezar,
trajo inicialmente siete toros, de los que fueron rechazados cinco y
luego otros dos, de los que sólo pasó uno y, viendo los que salieron
al ruedo, nos imaginamos cómo serían los que volvieron al campo. Hubo
que echar mano de tres toros de Astolfi, los dos primeros con poca
fuerza, pero los tres buenos y nobles. Podrían haber echado a los nueve
de Cebada...
El primero de
Miguel Rodríguez demostró ya su mansedumbre en el caballo, luego empezó
a dar cabezazos y al final, ni tan siquiera eso. Y el segundo de su
lote, de Astolfi, no se empleó mucho, pero tampoco creó problemas.
Miguel Rodríguez lo banderilleó con soltura y lo toreó aceptablemente
por el pitón derecho, ya que por el otro desarrollaba violencia.
El primer toro de
Juan José Trujillo fue muy protestado por su falta de fuerzas y el
presidente, en una de sus imprevisibles decisiones, lo mantuvo en el
ruedo. Aunque dobló las manos un par de veces, luego se mantuvo, entre
otras cosas porque Trujillo lo toreó muy despacio y muy bien y el
animal, sacando fuerzas de su flaqueza, siguió la muleta con nobleza.
Fue una faena templada y tan meritoria como la de Ponce días atrás,
pero el fallo a espada le privó de cortar una oreja. Bueno, esto en Málaga
nunca se sabe, pero la hubiera merecido.
Su segundo topaba
más que embestía. Ya en el tercio de banderillas creó problemas y en
la muleta se mostró reservón y sin el recorrido necesario para que
Trujillo pudiera hacer algo más que lograr algunos pases sueltos.
Estuvo digno, con el mérito añadido de que era visible su precariedad
física, como consecuencia del percance sufrido hace pocos días en
Marbella. Su decisión de cortarse la muleta resultó sorprendentemente
y el público lo ovacionó largamente.
El triunfador fue
Curro Vivas, que entró en la feria de forma sorprendente y que se ganó
al público con su entrega. Al primero lo recibió con dos largas
afaroladas, lo banderilleó acertadamente, lo toreó muy bien con la
mano izquierda y aprovechó en todo momento la bondad del animal. Si algún
reparo hay que poner a la faena, es que la prolongó excesivamente, por
lo que bajó en calidad en los últimos compases.
El que cerró
plaza no ofreció tantas facilidades y el almeriense se mostró muy
decidido, de forma que cuando bajó la mano, para someter al toro, logró
momentos muy lucidos que gustaron a todos menos, como después quedaría
de manifiesto, al señor presidente. Curro Vivas, además, mató muy
bien a sus dos enemigos. Dio dos vueltas al ruedo y se fue de la plaza
visiblemente decepcionado por no salir por la puerta grande, como quería
el público, al que en La Malagueta no se le hace caso.
El
triste adiós de un torero
Trujillo se retira por sorpresa del toreo. La inesperada emoción de la
tarde casi termina en escándalo. A Curro Vivas le impiden salir por la
puerta grande
Sorprendente, sin duda, ha sido
el triste adiós de un torero siempre honesto como Juan José Trujillo.
Cuando se echó el quinto de la tarde, también lo hizo una carrera de
un joven malagueño de Huelin que, como otros muchos, había soñado con
ser figura. Nadie esperaba la escena que se iba a vivir tan sólo unos
instantes después. Trujillo se despojó de su añadido y, con emoción,
lo enterró en el albero de la plaza que ha conocido sus mayores éxitos.
Sin ir más lejos, el año pasado cortó dos orejas en esta misma feria
a cambio de un baño de sangre.
El honrado diestro y su entorno
han considerado que la empresa no les ha dispensado un trato justo en
esta ocasión. Una pancarta, posiblemente pintada en el barrio de su
alma, lo recuerda en uno de los balcones de sol. Trujillo no merece un
adiós tan triste. Con lágrimas en los ojos, se había desfondado en lo
más profundo del callejón. No existen palabras para expresar unas
sensaciones tan íntimas y, con buen criterio, el torero (porque siempre
seguirá siéndolo) prefirió callar. Lo suyo es tremendo.
En el mundo del toro se suele
recurrir a manidos tópicos. Uno frecuente es aquel que dice que «los
toreros están hechos de una pasta especial». La clave está en el
poder de la mente. Hay que tener narices para vestirse de luces tan sólo
doce días después de una grave cornada en Marbella (allí también
hieren los toros, nunca lo olvide) y tres días después de quitarse un
sinfín de puntos. Pero sobre todo hacerlo cuando te ronda por la mente
que puede ser la última tarde de tu vida como matador de toros. «Soy
torero y vengo a La Malagueta con dignidad... Espero ser torero toda mi
vida», comentó al asomarse por el patio de cuadrillas. ¿Tal vez una
premonición?. «Si tuviera cuarenta o cincuenta corridas firmadas,
seguro que no vendría porque no estoy ni al cincuenta por ciento. Eso sí,
si me quedo en casa me hubiese tirado por el balcón. Eso es lo único
que tengo y, como siempre, hay que ir a por todas... Ahora, ¡que los
toros embistan!». Para colmo de males, el malagueño pinchó a un
primer toro al que no pudo banderillear como delataba su ostensible
cojera. «¿Que qué ha pasado? dice, pues que lo he pinchado. Me he
tirado con todo mi corazón, pero los toros tienen huesos». Después
vendría el consabido episodio y ya no hubo palabras. Toda La Malagueta
en pie le tributó una calurosa y cariñosa ovación que recogió desde
los medios. Es el adiós de un torero habitual en la última década en
nuestra plaza y a todos nos invadió una profunda sensación de
nostalgia... Algo se muere en el alma de un aficionado cuando un torero
cercano se va. Que sea para bien. Enhorabuena y suerte, ¡torero!.
Esta inesperada circunstancia
ensombrenció la otra noticia de la tarde-noche. El escándalo que se
originó en el coso ante la negativa del presidente de otorgar una oreja
para el debutante Curro Vivas. En el día del adiós de Trujillo, a este
torero almeriense le han impedido llegar con un triunfo de puerta
grande. Afligido, golpeó las tablas y se dejó caer sobre ellas. «Esto
es una injusticia», pudimos adivinar en sus labios. Otra decisión polémica
que puede dañar seriamente la carrera de un joven aspirante. Los gritos
de «¡¡fuera, fuera!!» resonaban casi más que los cohetes de feria
en su noche de gala.
Antes del paseíllo explicó
que «es mi tercera corrida del año y vengo con ilusión. Quiero
corresponder a esta apuesta personal del empresario por mí». Brindó
al jugador de baloncesto Alberto Herreros su primer toro. Cuando éste
le entregó la montera le dijo «Curro, eres un monstruo». Después,
gritó como si el propio Herreros hubiese anotado una canasta de tres
que bien vale un título. Vivas se quedó con la miel en los labios y se
marchó desencantado pero con el apoyo moral del público.
Miguel Rodríguez, veterano y
debutante, dice que en Málaga «se saltan el habitual sota, caballo y
rey de las grandes ferias. Aquí hay oportunidades y, ahora, hay que
aprovecharlas». Al final se justificó el torero y hasta tuvo tiempo
para consolar a sus compañeros y a sí mismo.
El
País. JUAN ORTEGA.
Trujillo
enterró la coleta
El sistema se sostiene y regenera con vocación de perpetuidad,
mediante la mentira falsamente sesuda y universalmente admitida, que
acalla contradicciones y asimila críticas. Una de las mentiras más
extendidas, disfrazada de verdad, es la que reza aquello de 'que el toro
pone siempre a cada cual en su sitio'. Y se quedan tan panchos. Si fuera
verdad, ése que usted y yo sabemos no hubiera toreado más de
ochocientos festejos, ¿a qué no?
Continuando el juego, ninguno de los tres actuantes que se vistieron
de torero en Málaga habría de continuar una vida de penuria, no porque
reencarnen a Gallito, sino porque no son en nada inferiores a muchas
figuras con quienes comparten defectos y, correlativamente, virtudes,
que lo uno no va sin lo otro.
Así, Juan José Trujillo toreó a la verónica a sus dos toros, si
bien el segundo se inutilizó después de una airosa trecha. Con la
muleta estuvo reposado, serio y sereno, adelantando el engaño y
embarcando despaciosamente, ligando en lo posible, dada la poca fuerza
del astado, citando cruzados de lejos y rematando. O sea, hecho un
torero. El quinto se estropeó tras un desastroso tercio de banderillas,
y llegó a la muleta sin emplazarse, sembrando la natural desconfianza.
Tal bagaje no satisfizo al torero, que enterró el añadido en el
albero. Había actuado con las heridas físicas abiertas, después de
una reciente cogida y con las morales más abiertas todavía después de
toda una carrera acompañada de una mala suerte disfrazada de sin igual
cenizo. Las mentiras situarán a este torero en la historia en un lugar
que no le corresponde. Con menos mentiras, ni Platón ni Prozac.
Miguel Rodríguez planteó una batalla a la defensiva en el primero y
estuvo honrado en banderillas, valiente, voluntarioso y algo acelerado
en el cuerto.
Curro Vivas banderilleó con solvencia a sus dos toros, y en el
tercero realizó una faena de más a menos, premiada con una oreja tras
bajonazo, como si de figura se tratara. Se la jugó en el texto, con
toda su voluntad, su falta de oficio y más arrestos que muchos. Aquí,
le negaron la oreja, como si fuera figura.
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