Fernando Cámara estuvo en torero en el que abrió plaza, al que
saludó brillantemente por verónicas. Tuvo que hacer al toro, dándole
sitio para desahogo de las pocas fuerzas que tenía y poderle prolongar
la embestida, lo que consiguió por ambos pitones; destacó
especialmente una gran tanda de naturales bien ligados y rematados con
el de pecho, en los que obligó a la res a realizar un viaje
semicircular, ocupando el torero, para citar, el terreno frente a los
pitones. En el cuarto acortó distancias y tal vez ahogó la embestida,
pero lo importante es que vimos una persona recuperada, toreando con
buen gusto, temple y ganas, que demostró sobradamente al irse tras el
estoque al ejecutar a ley una estocada que quedó trasera.
David Fandila es un torero joven, en gran forma física y seguro que
con mucha afición, que va mejorando cada día. Largadas cambiadas, verónicas
de rodillas y lopecinas constituyeron el repertorio que exhibió en el
primero, mientras que en el segundo vinieron nuevas largas, verónicas y
rogerinas. Banderilleó al primero de manera espectacular, comprometiéndose
en la reunión de dos últimos pares. En el sexto hizo un alarde de
facultades y de aguante, que casi lo obligan a dar la vuelta al ruedo
tras el segundo tercio. Sin embargo, tras estos dos brillantes prólogos,
las faenas de muleta bajaron muchos enteros de manera inexplicable, con
el diestro descolocado y fueracacho.
El segundo toro fue un enano con genio, que se vino arriba en el último
tercio y entraba a la muleta derrotando. El Califa eligió los terrenos
de fuera y, naturalmente, no pudo resolver la papeleta. Peor fue en el
quinto, pues si bien empezó voluntarioso, logrando algún natural de
buen trazo y mano baja, se empeñó en torear hacia arriba sin templar y
permitiendo que el toro rematara en la tela cuantas veces como quiso.
Además, se perdió en un machaqueo sin sentido que llegó a términos
de pesadez y, para colmo, con la espada recetó un bajonazo chalequero
que en nada nos recordó al torero honrado que triunfó en Madrid.
Diario Sur.
PACURRÓN. Fernando
Cámara abre la puerta grande de La Malagueta
El Fandi corta una oreja mientras que El Califa
pasa desapercibido
Suele ocurrir que las corridas
que ofrecen menos expectativas son las más divertidas y eso ocurrió
ayer en La Malagueta gracias a las dos versiones del toreo que
interpretaron Fernando Cámara y El Fandi, ya que El Califa fue una
especie de convidado de piedra que no hizo absolutamente nada para
compartir el éxito con sus compañeros.
También ocurre que una
ganadería que ofrece pocas garantías, echa unos toros superiores, como
igualmente sucedió ayer. No todos fueron completos y en la
presentación hubo mucha diferencia de peso, pero por lo demás el
comportamiento de las reses fue bueno en general y dio margen al
lucimiento de los toreros.
Fernando Cámara tuvo un
magnífico lote y lo aprovechó al máximo. Después de tantas
desagradables vicisitudes como ha vivido, resulta evidente que al
fuengiroleño no se le ha olvidado torear y que lo sigue haciendo muy
bien. Mejor la faena a su primero, porque el toro repetía las
embestidas con muy buena clase y Cámara le hizo un toreo perfecto en
todos los sentidos, ya que siempre acertó en la distancia y meció sus
embestidas con temple y ligazón. Fue uno de esos toros que pueden dejar
en evidencia a quien no lo toree bien y el mérito de Cámara es que en
ningún momento su comportamiento fue inferior al del toro.
En el segundo la faena fue de
más a menos, porque el toro fue apagándose y se pensaba mucho la
embestida, pero cuando metía la cabeza se entregaba y, Cámara volvió
a torearlo muy bien aunque, lógicamente, a la faena le faltó la
ligazón de la primera. Una completísima actuación, que debe servirle
para tener más oportunidades.
El Fandi dio el espectáculo y
cumplió perfectamente su obligación de divertir al público. Variado
con el capote en el tercero de la tarde, dio largas afaroladas, lanceó
con ambas rodillas en tierra, hizo un quite por 'lopecinas'... Y con las
banderillas, formó un autentico lío con un par de poder a poder, otro
corriendo hacia atrás, o sea, la 'moviola' en versión taurina y un
tercero de dentro hacia afuera. Y en el segundo de su lote puso cuatro
pares e incorporó al repertorio el par del 'violín'. Con la muleta,
claro, baja el granadino, pero puso enorme voluntad en un primer toro
que embistió con la cara alta como consecuencia lógica de sus
hechuras, ya que era un animal alto de agujas que humilló muy poco,
pero su quehacer gustó al público.
El que cerró plaza fue un toro
complicado en la muleta, muy parado y que las pocas veces que embistió
lo hizo con feo estilo. Fue el peor de la tarde y El Fandi, valiente y
voluntarioso, no alcanzó mayor lucimiento artístico.
El Califa tuvo una actuación
decepcionante. En el comienzo de faena a su primer toro, se dejó
enganchar la muleta y el toro aprendió a cabecear. Ya antes la lidia
había sido desastrosa, con exceso de capotazos y, entre todos,
descompusieron al animal al que, posiblemente, no le hubiera ido nada
mal más castigo en el tercio de varas. El cuarto de la tarde cogió de
mala manera a su banderillero Kaito, afortunadamente sin consecuencias.
El toro tenía una embestida clara y el valenciano anduvo por allí,
dando pases en la mayoría de los cuales volvió a dejarse coger la
muleta y terminó por aburrir al toro y, lo que es peor, al público. Y
a la hora de matar se echó descaradamente fuera en los dos toros. Unas
precauciones injustificadas que pueden tener su origen en un bache del
torero a causa de los últimos percances sufridos. A ver si tiene más
suerte en su segunda corrida.
En definitiva, que la poca
gente que acudió a la plaza, salió de ella contenta.