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Festejo
PLAZA DE VISTA ALEGRE,
Tarde del domingo, 28 de enero de 2001
Novillada con picadores
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Los
Guateles, desigualmente presentados, cómodos de cabeza, de juego
irregular; 5º, sobrero, en sustitución de un inválido, pobre de pitones y
noble.
Diestros:
- Ángel Romero, Pinchazo y bajonazo (silencio); estocada (vuelta).
- José
Luis Triviño, ajonazo -aviso- y seis descabellos y (ovación);
media estocada desprendida (oreja).
- Jesús Carrasco, -primer aviso-, cinco pinchazos-2º
aviso-, dos pinchazos y descabello (silencio); dos pinchazos,
estocada -aviso- y descabello (vuelta).
Entrada: cerca de media entrada.
Crónicas de la prensa: El País,
ABC
El País.
MIGUEL Á. CUADRADO.
Espectáculo suficiente y extraño Primer festejo taurino del
milenio en Madrid capital. Ha comenzado el siglo XXI y estamos inmersos
en la película de las vacas locas. Hace frío; por las calles
corre un viento gélido que invita a estar junto a la lumbre hogareña o
en un cine confortable. En el coso cubierto de Vistalegre, una novillada
picada de juego desigual, pero con momentos interesantes, ofrece un
espectáculo suficiente y extraño. Se está a cubierto y ninguna brisa
mueve los engaños toreros, los olés resuenan y tienen un eco lejano.
Habrá que seguir sabiendo si esto es el futuro.
En primer lugar toreaba Ángel Romero, que en los lances a su primero
dejó muestras de sus finas maneras en las verónicas por el pitón
derecho. En la faena de muleta llegó a dibujar muletazos de buen trazo
y dejó constancia de que tiene en sus muñecas el misterio del temple.
El novillo estaba falto de fuerzas y Romero se acopló a medias. En su
segundo, que llegó al último tercio en plan marmolillo, derrochó
voluntad y remató su labor con un excelente volapié que le procuró
una fuerte petición de oreja. Manejó el capote en quites con
originalidad y evidenció buen juego de brazos en los lances a la verónica.
José Luis Triviño gustó al respetable por su entrega y valor, las
zapatillas fijas en la arena y ningún aspaviento en el cuerpo ni en las
formas. Su primera faena transcurrió casi toda por el pitón derecho
ante un novillo algo brusco en su embestida, que por el izquierdo echaba
la cara arriba y se vencía. Corrió la mano largo y tendido en algún
muletazo suelto. Se demoró con la espada y todo se quedó en una fuerte
ovación. Su segundo se pegó dos fuertes volteretas de salida al
humillar en demasía sobre la arena, salió renqueante del primer
encuentro con el picador y fue devuelto. En su lugar soltaron un sobrero
del hierro titular y resultó el bombón del festejo. Triviño le dio
distancia en el último tercio, se paró, templó y mandó en dos series
sobre el pitón derecho, ligadas y bien dichas. En el epílogo de la
faena interpretó dos roblesinas, homenaje callado y sentido al diestro
recientemente fallecido, tan querido por la afición, que el respetable
celebró.
Jesús Carrasco apuntó clase en las verónicas de saludo a su
primero y en los muletazos que le pudo robar, así como en la construcción
de su faena. Le dieron un aviso antes de entrar a matar, se puso
nervioso y a poco le devuelven al corral a tan soso y flojo oponente,
entre pinchazo y pinchazo, dudas y desaciertos. Pero se desquitó en su
segundo burel, noble y también de fuerzas correctas, al que se acopló
en un trasteo que fue a mejor. Faena en la que hubo empaque y gusto,
limpio el surco sobre el albero, en el toreo al natural. Los muletazos a
dos manos para cerrar su obra torera fueron exquisitos. Qué pena el mal
uso de la espada.
Fin del espectáculo. El desolladero de la plaza está cerrado a cal
y canto. El último novillo del festejo es izado por un camión grúa y
embaulado. Va camino de una incineradora.
ABC.
ROSARIO PÉREZ. La disposición de José Luis
Triviño y la elegancia de Jesús Carrasco
Jesús Carrasco se quedó en el umbral del triunfo por su fallo a
espadas en el primer festejo del I Ciclo de Novilladas con picadores que
se celebra en el Palacio de Vistalegre. El moderno y cómodo coso
carabanchelero ha querido inaugurar el nuevo milenio con un serial
dedicado al escalafón inferior —tan falto de apoyos—, del que, en
gran parte, depende el futuro de la Fiesta.
Una terna de jóvenes toreros hizo ayer el paseíllo y en los tres,
ayudados por una manejable corrida de Litri, se vislumbraron detalles:
Ángel Romero, por su temple; José Luis Triviño, por su disposición,
y Jesús Carrasco, por su elegancia. Eso sí, los tres deben practicar
mucho con los aceros.
Altibajos
Jugó los brazos con garbo Ángel Romero en el saludo veroniqueador
al primero. Sobre la diestra sacó al astado a los medios para realizar
una labor con altibajos, en la que destacaron algunos derechazos largos.
Con el noble cuarto su faena no llegó a calar en los tendidos.
A José Luis Triviño se le vio el más hecho del cartel. El diestro
toledano anduvo muy decidido toda la mañana. Con un pase pendular
prologó la faena al segundo astado, el más complicado. El novel
Triviño anduvo bien a la res y cerró el trasteo con ajustadas
manoletinas, sin embargo emborronó todo por culpa de la espada.
En el quinto, que desarrolló un sensacional pitón derecho, de nuevo
dio muestras de su disposición nada más comenzar de hinojos la faena.
Como mató de una estocada, los pañuelos blancos colmaron los tendidos
y le concedieron el trofeo, el único de la corrida. Porque de momento
la normativa europea no impide seguir cortando las orejas a los toros,
«laureles» que dicen serán de plástico en el futuro cercano.
Ráfagas de toreo excelso
Jesús Carrasco dejó ya aromas de su buen corte en el tercero, pero
fue con el último novillo con el que vendría lo mejor. Con una
elegancia que recordaba a José María Manzanares, el torero gaditano
cuajó tandas cadentes y templadas sobre ambas manos. Muletazos de largo
trazo, en un trasteo de alto nivel, cuyo premio se quedó en una vuelta
al ruedo por su desacierto con los aceros. Pero las ráfagas de toreo
excelso ahí quedaron en una fría mañana, que no lo fue tanto gracias
a la cúpula que cubre la antigua Chata. |