GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Antonio
PLAZA DE VISTA ALEGRE,

Tarde del miércoles, 13 de junio de 2001
Corrida de Toros

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Jandilla y dos de Las Ramblas, segundo y tercero, desiguales de presentación; en general mansos y escasos de trapío, aunque algunos tuvieran romana. Varios de ellos afeitados o, al menos, con indicios de manipulación en las astas. Manejables. Más serios cuarto y sexto

Diestros: 

Entrada: lleno de no hay billetes.

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC, El País


El Mundo. JAVIER VILLAN. Morante inútil con la espada

Si la Comunidad de Madrid hubiera comprado toros para la Beneficencia como los que están saliendo en Vistalegre, en vez de victorinos, en el despacho de Pío García Escudero o de Gómez Ballesteros habrían hecho cola todas las figuras: astiblandos, blanditontos y en general babosillas y patidifusos. Pero así está la Fiesta y, después de que figuras, triunfadores y asimilados, les hayan dado puerta a los victorinos, ha habido que componer un cartel de modestos; que, a lo mejor, da la campanada. Y las figuras, a Vistalegre: el medio toro.

A la espera de las corridas que restan, con el paréntesis venteño y beneficiario de hoy, me temo cuál va a ser la personalidad que quieren darle a la Plaza de Vistalegre: corridas de toros sin toros, como la célebre metáfora política de la tortilla de patatas sin patatas; o sea, aquella deseada continuidad del franquismo sin Franco. Sería un gesto loable que no se cumpliese esa posibilidad degenerativa y que saliesen toros con trapío y fuerzas aceptables. Gestos hubo toda la tarde: unos para recordar y otros para olvidar; feroz encontronazo de toro y de caballo, en el primero. Se arrancó el bicho y, enhebrado en el pespunte que le hizo el piquero, se fue al suelo en franciscana concordia con el caballo. No fue precisamente un choque de trenes, porque el jandilla era, en vez de tren, locomotora de juguete. Anduvo Espartaco con más confianza que de costumbre en los últimos tiempos; con algún apuro en el capote que resolvió a base de corazón. Gestos de puro espartaquismo, tanto en este primero como en el cuarto; toreo templado, aunque periférico. Se cruzó más en el último. La eterna duda que atormenta al aficionado: en los terrenos de la verdad, enganchones; por las afueras, temple. Que venga alguien y arregle este contradiós. Otro gesto malo: el durísimo puyazo al primero de Joselito. Pese a todo, llegó alegre a la muleta: muletazos largos, mano baja como en las verónicas iniciales. El toro pidió la paz, se rajó, se marchó descaradamente y con desprecio a chiqueros. Y allí, pegado a las tablas, Joselito le dio los mejores muletazos; un volapié de marca, volcándose y arriba.

El tercero se dejó parte de la cornamenta en el caballo. Era huidizo. Lo cual no preocupó a Morante de la Puebla, que se fue a dar pases allí donde el toro quería; varios redondos y una trincherilla de torerísima estirpe. De fugitivo, el de Las Ramblas se transmutó en ensimismado y gazapón. Y Morante también se puso andarín hasta que sonó un aviso antes de entrar a matar.

Además de inválido, el quinto era un toro oscuro de temperamento y topón y cabezón de embestida. Y, como Joselito no está por llevarle la contraria a los toros, estuvo también opaco y oscuro. Y opaco y áspero empezó el sexto, que organizó el caos en banderillas. Lo apaciguó la muleta de Morante, que lo llevó a la raya con toques firmes por alto y por bajo. Dibujó Morante el redondo y el pase de pecho, y fue creciendo la faena hasta que se disolvió, definitivamente, en la punta del estoque. Morante tiene la maldición en Madrid, y supongo que en otras plazas: lo que el capote y la muleta dibujan, lo desdibuja la espada.


ABC. SUAREZ GUANES. Joselito recupera la esperanza

El Palacio de Vistalegre va sembrando poco a poco. El año pasado vimos una histórica faena de Ponce y una gran tarde de José Tomás. La Feria de San Antonio que ahora nos concierne enjuiciar ya ha dejado para el recuerdo la torerísima tarde de Enrique Ponce, de la cual se seguía hablando cuando llegamos a los aledaños de la plaza. La gente no olvidó tampoco el hacer de Abellán. Todavía no acude el público que debiera, pero si se sigue programando con toreros interesantes y ganado digno, el futuro está asegurado.

SEGUIR SEMBRANDO

Lo que hace falta es seguir sembrando, como se está haciendo en este mes de junio, un mes de junio que nos trae el recuerdo de Cagancho, Gitanillo de Triana y El Albaicín hace 54 años; de Luis Miguel en 1951 y 1959 y en su última reaparición, cuando Curro Romero soñó el toreo en la vieja Chata carabanchelera.

La primera parte de la corrida de ayer estuvo marcada por el triunfo de Joselito. El torero de la calle Montesa perdió el capote de salida para, después, recetar unas espléndidas verónicas e intervenir en el quite, que remató con un torero recorte. La faena de muleta presentó intermitencias, pero los momentos logrados resultaron bellísimos, como una serie con la derecha y el final de adornos con hieráticas manoletinas y precioso abaniqueo. Bajó con la zurda y volvió a subir con la derecha antes de los óptimos momentos postreros y la estocada al hilo de las tablas.

Joselito, en este toro, volvió a ser en algunos instantes el Joselito alegre, no el apático; el Joselito esperanzador, el Joselito que encandiló a los Madriles y que le ha esperado tantas veces para verle repetir unos muletazos como esos pases con la derecha de su reencuentro.

En primer lugar, Espartaco había derrochado voluntad. Incluso se vieron sus buenos modos pasados, aunque en versión discontinua, sobre todo en dos tandas con la derecha, pero falló a espadas.

Después, Morante empezó con bien su primera faena de muleta en una serie de derechazos acabados. Luego, el bovino pasó por diferentes mutaciones, se fue para arriba, se quedó corto y terminó gazapón, por lo que se diluyeron sus buenos inicios y prevalecieron los zapatillazos.

SEGUNDA PARTE

La segunda parte del espectáculo se inició con una ardua labor de Espartaco, excedida en metraje, en la que toreó mayoritariamente al natural, algunas veces con buenos resultados, pero sin continuidad.

Joselito se desprendió con rapidez del quinto cuando vio que no había nada que hacer. El turno segundo de Morante se consumió con una faena que apuntó a su marca, en la que bajó la mano, sometió y ligó sobre la derecha. En algunos instantes dibujó verdaderamente el toreo. Al igual que en Las Ventas, echó todo a perder con la espada, diluyéndose lo conseguido.


El País.  JOAQUÍN VIDAL. La chota

El Palacio Vistalegre se acreditó como palacio de las cabras y ahora va a por la chota, que es una nueva marca. Palacio de la Chota: suena bien.

La verdad es que suena bien palacio de la chota. Y, sobre todo, que lo principal para la buena marcha del negocio es acreditarse con algo. Por ejemplo, aquello de "el toro de Bilbao" ha quedado como marca de la casa, da igual si es mentira.

A Las Ventas le colgaron el sambenito de "plaza de los elefantes con cuernos". Era otra mentira, por supuesto, mas hay gente que se lo cree y hasta algunos aficionados se apresuran a manifestar que, por ellos, los toros pesarían 100 kilos menos de lo habitual, para que no los tomen por elefantistas.

El origen de la vaina -aquello de que en Madrid exigen elefantes con cuernos- es antiguo. Fue una tarde que soltaron para Palomo Linares en Las Ventas un toro de Atanasio Fernández que rebasaba los 600 kilos y los aficionados lo protestaron indignados.

Acabada la corrida, los apoderados del torero -los hermanos Lozano, a la sazón- y la corte que gravita en torno a los coletudos, se manifestaron escandalizados de que en Madrid se hubiese protestado un toro de más de 600 kilos. Varios de ellos soltaron estas declaraciones en TVE, donde ejercían influencias. Y ya que les brindaban la oportunidad, aprovecharon para insultar a determinados periodistas. Sin embargo la verdad tenía distinto fundamento: lo que protestó la afición no fue el tamaño del Atanasio sino sus astas, que parecían afeitadas hasta las orejas.

El Atanasio, Palomo, los que insultaban, la vesanía de los cargos de la TVE de entonces, provocaron tal escándalo, que el propio ente intentó repararlo dando satisfacción a los periodistas agraviados, aunque éstos (exactamente dos) no aceptaron. Pero esa es otra historia...

El sambenito de los "elefantes con cuernos" siguió y ha llegado a nuestros días, pues ya se encargan de ello los gacetilleros áulicos.

Claro que hablar de elefantismo cuando la realidad exigiría referirse al raquitismo queda un poco surrealista. Lo que soltaron en el Palacio Vistalegre constituyó la apoteosis del fraude; la total aniquilación del toro, su estampa, su casta y su fortaleza. Y en su lugar salió el borrego.

Seis borregos de ínfima presencia les soltaron a tres que van por la vida de matadores de toros -¡y figuras!-, si bien se quedaron en anodinos e incompetentes matadores de borregos.

A Joselito le dieron una oreja. Y ni él ni ninguno de la terna consiguieron cortar más orejas pese a que había en los tendidos un público orejero, festivalero y triunfalista, que se comportaba como si le hubiesen regalado la entrada. No se descarta que fuera así, desde luego. Lo que explicaría el raro fenómeno, habitual del Palacio Vistalegre, donde al empezar la función había menos de un cuarto de entrada y, mediada, aparecía triplicado el aforo.

Joselito, aparte perder el capote y luego enmendar el desaire mediante unas verónicas lentas, le hizo al toro de la oreja la ficción del toreo desmayado, que consiste en que uno da un pase y va y se desmaya. No exactamente sino que hunde los riñones, descuelga la anatomía, baja la mano cual si se desmayara, y semejante porte le vale para dar medio pase con el pico de la muleta como si se tratara de algo grandioso. Eso por la derecha pues por la izquierda el toreo no le salió. Mató Joselito de fulminante estoconazo, con el toro pegado a tablas, y le valió la oreja.

Al quinto, especie de becerro harto de porros, Joselito lo muleteó desde la mediocridad supina. Lo que no llamó la atención pues sus colegas, no le iban a la zaga. Espartaco hizo el voluntarioso toreo de su especialidad, fuera de cacho. Y Morante de la Puebla se empleó en pinturerías, figuras flamencas, aires de duendes y pellizcos, mientras a la hora de la verdad ni mandaba ni ligaba. Y, encima, oyó tres avisos. Dos de ellos, en su segunda chota, con la que no pudo.

Chotas, borregos, mediocridades, avisos... La virgen, cómo está el patio.