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Festejo
PLAZA DE VISTA ALEGRE,
Tarde del martes, 23 de mayo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de
Sánchez Arjona de presencia y juego desigual. 5º, manso. 6º, inválido.
Primero, de El Torreón,
manejable; 4º, de Victoriano
del Río, manso, ambos despuntados para rejoneo.
Diestros:
- Antoñete,
pinchazo, media y estocada corta (ovación y salida al tercio);
pinchazo, media, rueda insistente de peones, tres pinchazos -primer aviso-,
pinchazo, estocada corta, rueda de peones -segundo aviso- y
descabello (aplausos).
- Curro Romero,
bajonazo y cinco descabellos (silencio); pinchazo y bajonazo infame (silencio).
- Pablo
Hermoso de Mendoza, rejón trasero y atravesado (ovación y
salida al tercio; rejón trasero y caído (oreja).
Entrada: Un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa: El País,
El País.
JOAQUÍN VIDAL. Madrid. Nubes y
claros
Si el resultado de las corridas pudiera darse con los términos de un parte
meteorológico, diríamos que el festejo fue de nubes y claros. Nubes grises y
plomizas, con algún claro, en el toreo de capa de Curro Romero. Claros, con sol
esplendoroso, en el toreo de muleta de Antoñete a su primer toro. Y nubes
amenazadoras, con algunos negros nubarrones, en el manejo de la espada para
matar a su segundo.
Luminosos y llenos de esplendor fueron los claros en el primer toro de Chenel.
Con decisión y soltura salió a recibirlo de capa y nos dejó a todos admirados
con tres verónicas y media marca de la casa. El segundo lance, por el pitón
derecho, fue un prodigio de mando, temple, ajuste y seguridad.
En la faena de muleta, Antoñete se dobló por bajo con esa torería que le
caracteriza. Allí olía a ese toreo de antes, que ya hemos dejado de ver,
porque los diestros de ahora desconocen cómo se hace. Remató con un torerísimo
trincherazo que arrancó de los tendidos un olé auténtico, también de los de
antes.
La faena a este toro fue breve, pero ajustada a las condiciones de la res.
Empezó con un derechazo y un desarme y luego se centró en dos tandas más con
la derecha, abrochadas con pectorales. Los tres naturales y el molinete
invertido con que remató aquella pequeña obra de arte fueron lo mejor de su
tarea.
Su segundo enemigo fue un manso violento, al que costó colocarle los puyazos
que necesitaba. Lo castigó muy bien Antonio por bajo, y al intentar el toreo
con la derecha, el toro se revolvió y lo desarmó. Los nuevos intentos
demostraron a quien quiso verlo el peligro de un animal que iba en busca del
torero a la salida de cada muletazo. Para matarlo, un calvario. Y para más
trago, se lesionó la muñeca.
Curro Romero tuvo sus claros en las verónicas de saludo al tercero de la
tarde. Y sus nubes, en las dos faenas de muleta. Un pase por alto, un desarme,
una espantá y un macheteo por la cara a ese tercero, bronco y violento.
Unos derechazos a media altura, sin quedarse quieto, y un bajonazo en la tripa
cuando advirtió que el toro no pasaba, en el sexto.
Hermoso de Mendoza toreó a caballo como él sabe hacerlo. Se lució, como es
de costumbre, en el trance de las banderillas con su caballo Cagancho,
con el que jugó con el toro por dentro, por fuera, de frente, de costado o a la
grupa, y siempre llevando toreado al manso cuarto. Y clavó rejones y
banderillas por todos los rincones del lomo de sus toros, como también es
costumbre.
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