GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE VISTA ALEGRE,
MADRID
Tarde del sabado, 15 de abril del 2000
Corrida de Rejones 
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros desmochados para rejoneo de Sánchez Cobaleda, que dieron juego.

Diestros: 

Entrada: Un cuarto de entrada.


Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC


El País. JOAQUÍN VIDAL. La lluvia no es óbice

Madrid
Llovió y no nos mojamos. ¡Qué maravilla!

Dicen que lo dijo el sabio Salomón:

"Si la plaza está cubierta, no te mojas".

Afortunadamente siempre hay alguien que te descubre la verdad de la vida:

-¿Sabe qué es lo bueno de las plazas de toros cubiertas?

-Usted dirá.

-Que si llueve no te mojas.

-¡Oh, qué sublime revelación!

Luego la lluvia no es óbice para que se celebre una corrida de toros, contodo enjuto, desde el redondel abajo hasta la afición conspicua arriba. Y, en consecuencia, pudo darse la mal llamada corrida de rejones en el flamante Palacio Vistalegre de Carabanchel (Madrid).

Se celebró, y transcurrió según estaba previsto: el público aclamó las cabalgadas e intentó dar todas las orejas posibles a los caballeros.

Realmente no son caballeros en sentido estricto sino caballistas, pero sus revisteros áulicos prefieren llamarlos caballeros. Mejor aún caballeros en plaza pues queda más señorial. De donde -siguiendo la lógica de la escala social- los toreros a pie serían siervos de la gleba. Y los peones, lacayos.

Menudas broncas les pegan a sus peones algunos caballeros en plaza por un quítame allá esas farpas. Y el público también. El público de las mal llamadas corridas de rejones, parece como si, el que menos, tuviera un cortijo en Linares. Y les mete a los peones lacayos unas broncas tremendas cuando, retirado el caballero para cambiar el caballo, sale a la palestra y brega.

El público terrateniente se cree que es un abuso de confianza, soterrado intento de lucirse a costa del amo o un arranque de malauva, para estropearle el toro. Pero la verdad es que el peón no tiene gana alguna de bregar sino que se lo manda el caballero, para que mantenga el celo del toro y lo tenga fijado mientras cambia montura y sale a cabalgar de nuevo.

Reaparecido, alguien se chiva y sigue entre aclamaciones la función. Cómo toree, da lo mismo. El caso es que galope, evolucione, clave, salga de las reuniones agitando triunfador el sombrero.

Los cuatro rejoneadores cumplieron las reglas. Cabría señalar que Leonardo Hernández rejoneó sobrio; Fermín Bohórquez sin demasiado brillo; González Porras espectacular, realzando su actuación mediante dos soberbios quiebros en el platillo; Andy Cartagena prodigando giros de la cabalgadura tras consumar las suertes, y asombrando a la concurrencia con sus banderillas de violín.

Y, transcurridas sus actuaciones individuales, perpetraron colleras. Cierto que en esta intolerable modalidad estuvieron menos afortunados los caballistas. El espectáculo de rejoneo decayó por sus desaciertos, principalmente en el manejo de los rejones toricidas.

En ese momento más de un conspicuo echó de menos la lluvia. De no estar cubierta la plaza habrían suspendido la función y no se hubiese producido el vidrioso asunto de las colleras.

-¿Sabe qué tienen de malo las plazas cubiertas?

-Usted dirá.

-Que si sale el sol no te enteras. Y las mal llamadas corridas de rejones no se suspenden jamás.


El Mundo. JAVIER VILLAN, Vulgaridades ecuestres bajo la cúpula

MADRID.- El lleno no era hasta la bandera, ni mucho menos. Por cierto, ¿dónde se pone la bandera en las plazas cubiertas? Pero el vacío tampoco era desolador. Algo así como un cuarto de plaza que, poco a poco, pareció convertirse en un tercio o acaso más. Insólito. En todas las ferias la corrida de rejones es un lleno garantizado y un éxito seguro. Podría decirse que el público de rejones no es un público cabalmente taurino y que su mayor o menorasistencia no afecta al equilibrio ecológico de la Fiesta. Según y cómo. Una corrida del arte del rejoneo medio llena, o medio vacía, es un síntoma: unavoz de alarma. Máxime teniendo en cuenta que los días anteriores el público asistente fue, más o menos, igual de poco numeroso.

La tarde era lluviosa, mas ello no hace al caso, pues las inclemencias del tiempo en los toros han quedado abolidas. Con la hermosa tecnología de las cúpulasretráctiles ya no podrá culparse al mal tiempo del absentismo de los espectadores; ni al viento de una faena frustrada o de un percancedesafortunado.

Leonardo Hernández clavó bien sin gestos inútiles ni alardes superferolíticos. Buscó el eje de simetría del estribo sin alivios y casi siempre lo consiguió. Galopó con elegancia natural y campera, sin carreras estridentes y sin sometera las caballerías a abruptos topetazos. Justo todo lo contrario de lo que hacen González Porras y Andy Cartagena. Mas todo esto importa poco; importan más las galopadas violentas y los rejonazos traseros o las banderillas en el suelo con tal de que el caballo salga flechado y el caballero a! lce los brazos al cielo invocando no sé qué.

Toreo templado

Fermín Bohórquez toreó muy bien con la grupa, galopó armoniosamente y ensayó el recorte a la manera de Cagancho, de dentro afuera, este muletazotemplado y torerísimo con el anca. La espuela de Hermoso de Mendoza y de Moura empieza a tener seguidores. Luego, Fermín Bohórquez clavó a trasmano y a destiempo, lo cual, de no haber pinchado tantas veces y tan mal con el rejón de muerte, no le habría privado de la oreja por decisión del público.

Doble quiebro espectacular de González Porras, que clavó en lo alto. Tanespectacular que el de Sánchez Cobaleda, asombrado de tanta audacia y del ciclón que posteriormente se le iba a venir encima, salió acobardado hacia tablas. A partir de ahí, el toro se rajó y el rejoneador empezó a dar caballazos y aclavar como Dios le dio a entender. A veces, ni clavó. Mató a la primera y el señor Lamarca aguantó impertérrito la presión de un público vociferante que pedía la segunda oreja; con un par el señor Lamarca y en su sitio.

La presión del público y la parsimonia del subalterno desorejador que, envez de rebanar una oreja, parecía que estaba estazando al toro para llevárselo,hecho cuartos, a la carnicería.

Desde que acertó con precisión en el par al violín, Andy Cartagena se llevó la tarde por delante. Además, un doble quiebro parecido al de González Porrasy citando muy de frente, «rostro a rostro» que se decía en tiempos, le salió matemático y exacto. Un bajonazo atravesado no valió del todo y tuvo quedescabellar. Y consiguió otra oreja.

Vinieron luego las colleras infames; los focos se reflejaban en la parte móvil de la cúpula sombría y gris, estrellados como pequeñas constelaciones que, a su vez, se reproducían en el espejo de los cristales que circundan el remate delos tendidos. Aumentaba el calor y el humo creaba una atmósfera espesa y pesada; y los caballeros rejoneadores, de dos en dos, perpetraban atrocidades y tonterías. Fuera, estaba lloviendo, diluviando casi; y dentro, sin enterarnos. Se! cos y calentitos, pero asfixiados.

Cierre de feria.- Una novillada matinal pondrá hoy el broche a la primeraferia celebrada en Vistalegre. Víctor de la Serna, Sebastián Castella y Javier Castaño harán el paseíllo para lidiar astados de José Miguel Arroyo.

 


ABC. José Luis SUÁREZ-GUANES. Leonardo Hernández puso la clase y González Porras y Cartagena el entusiasmo

Leonardo Hernández tuvo ante sí a un patasblancas al que toreó muy bien con la banderola, antes y después de colocar el primer hierro en el centro del ruedo. El segundo cayó más trasero, pero lo puso con idéntica ortodoxia, y con el tercero subió el tono de las ovaciones por un hacer clásico y torero. Las palmas echaron humo con las banderillas, en las que siempre fue a más y clavó de dentro a fuera. Continuó la buena labor al ejecutar a dos manos y con una banderilla corta. La oreja fue de ley.

MUY PARADO

El segundo salió muy parado y con tendencia a la huida. Fermín Bohórquez, a base de enseñarle a embestir —toreando con el sombrero y la montura—, colocó los pares en todo lo alto de buena nota, después de un primero de simple trámite. Supo preparar muy bien a su rival —al correr de costado— para clavar banderillas y lo hizo con espectacularidad, eficacia, brillantez y buena monta, aunque la preparación y ejecución estuvieran por encima de la colocación. Lidió muy bien Fermín. Un par a dos manos le salió bordado. La colocación de la rosa en el mismo morrillo. Una pena que el fallo con el rejón mortal disipara el merecido trofeo. No hubo pronunciamiento.

Martín González Porras clavó el primer rejón a la grupa. Por contra, en la salida de la suerte, toreó bien con la bandera. Un segundo hierro resultó más ortodoxo. Con el toro emplazado lo sacó a los terrenos deafuera y le clavó un espectacular par al quiebro, después de una pasada en falso. Con un segundo, de la misma índole, elevó al máximo el clamor popular. Clamor que continuó con un tercer embroque, a pesar de volver a hacerlo a lagrupa. Más clásico el cuarto, dio paso a una rosa en lo alto y dos en una tras un intento fallido. Clavó el hierro postrero en los bajos. Cortó una oreja,pero se mostró más caballista que torero. Se pidió la segunda. Acertadamente, el presidente Lamarca no hizo caso al requerimiento.

Andy Cartagena puso un rejón trasero y bajo. Tras ardua preparación y buen toreo a caballo colocó otro en buen sitio. Rehilete en manovolvió a mostrar sus dotes de jinete con dos pares al violín conseguidísimos, especialmente el segundo de ellos. Uno al quiebro tuvo también gran calidad. Unpalo corto vino antes que la muerte final que necesitó pie a tierra. Leotorgaron una oreja.

LAS COLLERAS

La primera collera la formaron Leonardo y Andy Cartagena. Ambos mostraron lo buenos jinetes que son y la espectacularidad en una especialidad, este toreo a dúo que, ahora, gusta menos. Hay que ir a las corridas de terna o de seis rejoneadores. Dieron la vuelta al ruedo.

También en el mismo tono espectacular resultó la lidia a dúode Bohórquez y de González Porras. Vistosidad, espectáculo y variedad, pero en un quehacer que, repito, ahora llena menos —la gente está más por el toreo solitario— y que fue de más a menos. Además, la tardanza a la hora de matar enfrió los ánimos.

 

 


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