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Festejo
PLAZA DE VISTA ALEGRE,
Tarde del viernes, 14 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Los
Guateles, sin presencia y anovillados, inválidos; 4º de
Los
Guateles, sin presencia y anovillados, inválidos; 4º de Miguel Báez, con trapío, flojo, manso; 5º de Charro de Llen, devuelto por inválido, y sobrero del mismo hierro, impresentable, flojo. Todos sospechosos de pitones. Manejables, sin más problemas que los propios de su agotamiento o invalidez. .
Diestros:
Incidencias: Enfermeria
asistido
Mora de fracturas costales de la quinta y sexta vértebras, pronóstico menos
grave.
Entrada: Un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, La
Razon
El País. JOAQUÍN VIDAL.
Juan Mora, lesionado menos grave
Juan Mora resultó lesionado nada más saltar a la arena el primer toro. Lo saludó Mora a la verónica con modos pintureros, abrochó la media y, al retirarse corriendo hacia atrás, tropezó con el capote y cayó. Nada más verlo en el suelo el toro se le arrancó rápido, tiró la cabezada con intención de coger, y aunque el derrote no caló, al pasarle por encima le pisó el pecho. Juan Mora quedó fuera de combate. El pezuñazo le dejó conmocionado y las asistencias lo trasladaron a la enfermería, de donde no volvió a salir.
Y esta -se dice pronto- fue la historia de la corrida. Tanto cuanto habría que contar se quedó ahí, y si el resto de la función no se hubiese producido, tampoco habría pasado nada. El balance, sí, registra una oreja que le concedieron a Finito de Córdoba y se reseña el dato según es debido. Mas la proyección de esa oreja es dudoso que traspase la avenida del General Ricardos, aledaña al palacio y a Hipercor.
Corrida con toros que parecen novillos, y les canta la romez del pitón, y no tienen fuerza, no es corrida ni nada. Toreros que, con eso a su merced, la emprenden a derechazos o naturales sin cruzamiento ni reunión, carecen de importancia.
Una corrida de toros ha de tener toros, aunque parezca mentira. Y, con toros, lidia; y en los tercios, emoción; y llegado el de muerte, los diestros deben torear empleando las suertes que requieren las condiciones de los toros y ejecutarlas de acuerdo con las reglas del arte.
Bien o mal, que ese es distinto asunto. Se puede o no se puede; pero, por lo menos, intentarlo. No colocarse fuera cacho, recurrir al pico sin disimulo, tirar el muletazo allá penas si templa o desbarata la embestida, tumbarse sobre el costillar para el de pecho e irse contoneando el cuerpo con aires de bizarro gladiador.
Lo del costillar abunda en las faenas modernas pues produce positivos efectos. Los toreros actuales le tienen mucha ley al costillar. No ya en ocasión de exagerar los pases de pecho sino, principalmente, en lo que llaman circulares. Viene el toro, se meten en su costillar obligándole a girar sobre sí mismo, se agarran al lomo para aferrar la conjunción del hombre y la bestia -y, de paso, no caer-, y el público lo toma por descomunal alarde de valentía; quizá una repentina tentativa de suicidio.
Al circular y al abrigo del costillar recurrieron Finito de Córdoba y Miguel Abellán en varias de sus faenas. Y ambos se aunaron en el toreo fuera cacho de temple aleatorio, característico de la moderna tauromaquia pegapasista. Y si alguna diferencia hubo entre ellos se debió a las condiciones de los toros. Aquí, la cuestión es de suerte. A Finito de Córdoba le correspondieron los pastueños, a Miguel Abellán los renuentes, por agotamiento, por falta de bravura, o porque con esa forma desligada de torear perdían el celo.
La faena orejeada transcurrió desigual. Finito de Córdoba instrumentó unos pocos derechazos y naturales que recordaban los que le dieron fama de artista consumado en su etapa novilleril, entre una abundante producción seriada de lo mismo que carecía de gusto, de ajuste y de fuste. Le musicaron y le olearon la faena, claro, porque a tres días de su inauguración, Vista Alegre ha adquirido bien ganado crédito de plaza musiquera y orejera, y los aficionados de Madrid, la han dejado de la mano. Se les oyó chistar a los aficionados de Madrid en la función inaugural, pese al llenazo, y en la tercera corrida de feria ni se les vio por allí.
Hubo un toro protestado por su invalidez, que se devolvió al corral, y los restantes, que estaban igual de inválidos, no se protestaron en absoluto. Se nota que, sin afición en los tendidos, a la gente eso del toro, su edad, su presencia y su potencia le trae sin cuidado. Y otro tanto si el toreo se produce puro o se trata de un sucedáneo. Lo único que a la gente (no aficionada) le interesa y exige con pasión es la oreja. A pesar de lo cual sólo pudo pedir una entre las 12 posibles. Los toreros, bien se ve, no estaban por la labor.
Y eso fue la corrida. A salvo el percance de Juan Mora, un erial.
El Mundo. JAVIER VILLAN, Tedio.
Y oreja para Finito
MADRID.- El inconveniente, entre otros, de estos polideportivos taurinos futuristas, es que no dejan ver el cielo ni las musarañas. Son una construcción global cuya celebrada belleza es inseparable de la cúpula. La cúpula tiene, eso sí, distintas gradaciones de luces y de sombras, según caigan los rayos del sol. Mas para apreciar eso hay que ser un experto en el fenómeno visual y plástico llamado interacción de los colores. En las plazas tradicionales, cuando llega el tedio inmisericorde e irreparable, uno puede contemplar el paso de las nubes, el vuelo de un vencejo, la evanescencia irreal de las musarañas... Pero ¿qué hacer en tardes de aburrimiento como la de ayer en Vista Alegre? Andábamos buscando imposibles nubes y musarañas, cuando vino Finito y nos consoló de tanta pesadumbre. No del todo, mas nos consoló. Toros como almas errabundas y en pena. Y, consecuentemente, toreros como fantasmas, sombras de toreros. Se cansó Finito de Córdoba de hacer el fantasma y dejó unos cuantos gestos y signos de buen torero que, tal como iba la tarde, nos salvaron de la catástrofe absoluta. Las pocas fuerzas que tenía el primero las empleó en dañar a Juan Mora, al que mandó a la enfermería quebrado, encogido y sin respiración, a base de hocicazos y pisotones. Tras unos lances primorosos, flexionando la pierna, Mora se enredó en el capote y quedó en el suelo a merced del bicho. El toro, quieto parao. Y Finito de Córdoba, tieso. Como un palo. Pero salieron tercero y quinto y Finito reverdeció.! Cabalmente, sólo fueron dos series de derechazos en el tercero y otras dos tandas de naturales en el quinto. Pero tal como venía la tarde parecieron monumentos de belleza. A Finito se le veía satisfecho, contento y encantado de haberse conocido, sobre todo después de la estocada al quinto. Y es que el hombre debe de pensar que es mejor ponerse en paz consigo mismo que andar exigiéndose demasiado. Y conste que soy de los que cree que a Finito de Córdoba se le puede y se le debe exigir mucho. Sus toros, tanto el de Los Guateles como el sobrero de Charro de Llen, fueron lo más potable de una corrida insulsa, descastada y por los suelos. Hay que constatar, pese a todo, un estado de ánimo distinto del de otras temporadas en el diestro catalán-cordobés. El nombre artístico de Finito es una marca acreditada que debe ir al alza. De momento, un torero ruso ya se la ha apropiado sin obligaciones de copyright. Pero eso no quiere decir nada. Mulos con cuernos tuvo que lidiar Miguel Abellán. Sufrió Abellán lo indecible con unos adefesios, que sólo valían para carne. Ni un pase tenían, salvo las verónicas de saludo que dibujó como pudo. Ni un pase, salvo dos o tres naturales al desmochado sexto que fueron estruendosamente jaleados. Una peripecia que añadió riesgo, aunque no emoción, al asunto en su primero: al segundo pinchazo, el estoque hizo ballesta y salió flechado amenazando las cabezas de los banderilleros. Nunca se sabe dónde se va a encontrar uno con un estoque perdido y al albur.
La Razon. Laura TENORIO.
Oreja para Finito y percance de Juan Mora en Vistalegre.
Apenas pisó el albero el primer toro de la tarde, un negroacapachadito de pitones y cornicorto de Los Guateles, la tercera de la Feria de
Primavera de Vistalegre se quedó en un mano a mano. El toro se llevó pordelante a Juan Mora en el saludo de capa que el de Plasencia realizó por lancesgenuflexos. Mora, arrollado en el remate, quedó maltrecho sobre el piso y con síntomas
de asfixia. El burel le había fracturado tres costillas.
Finito de Córdoba tuvo que hacerse cargo de la muerte de este toro. Un animal
que sólo recibió un puyazo por su manifiesta flojedad. Si bien Finito comenzó
con ciertas dudas el trasteo, fue ganando confianza a medida que avanzaba su
actuación. Una labor sin apenas brillo. El toro, soso, entraba a la tela con
mucha pereza, en tanto que el torero le hurtaba algún que otro pase tanmeritorio como discreto. Finito lo probó por el izquierdo, pero la pereza del
burel por ese pitón fue aún más manifiesta. Dos pinchazos y una entera prec!
isó para hacerlo doblar. Algunas palmas, tibias, se oyeron.
Discreto, por los enganchones, fue el recibo de capote de Miguel Abellán alsegundo de los lidiados -Los Guateles-. Con facilidad y acierto lo dejó frente
al peto, el toro cumplió en ese primer encuentro, pero salió perdiendo lasmanos. Abellán quitó por chicuelinas, ejecutadas de una en una por la
desganada embestida del burel que blandeó nuevamente en banderillas. Sinbrindis inició el trasteo por alto. Pero el toro era del todo un inválido; ibaa arreones cuando lo hacía. Sólo la disposición de Abellán, firme y asido al
suelo, se justificaron. El madrileño pinchó antes de dejar una entera que hizo
doblar al toro tras escuchar un aviso.
Rebrincado llegó al capote de Finito el tercero de los que pisó plaza. Comosus hermanos anteriores, andaba listo de fuerzas. Y de pitones. En el peto hizotambién una sola entrada; en la muleta acudió sin poder con el rabo. Tampocohubo brindis. Finito quiso dar reposo a la fatigada embestida del burel. Entretanda y tanda, el diestro se distanciaba del animal. En dos de las series cosióen su muleta la cansina movilidad del toro. Meritoria y estética fue el trazode estas series. El toro, más apagado si cabe, apenas avanzaba a su paso cuando
el torero cogió la tela en la zurda. Una estocada entera -caída-, de rápidoefecto, rubricó el trasteo.
Expectación en el saludo
Entusiasta fue el saludo de capote de Abellán al cuarto: doslargas de rodillas y otros tantos lances abrochados con ! una media a pies
juntos. El saludo levantó expectación, pero sólo eso. El animal se repuchó
en el peto y en banderillas apretó a tablas pregonando su mansedumbre. Miguel,ajeno al desánimo, se dispuso a torearlo cerrado en tablas, en los terrenos queel toro buscaba. Pero su empeño fue un imposible. El burel no se tragaba uno yla insistencia del diestro sólo sirvió para sembrar de aburrimiento el ánimodel respetable.
El quinto, marcado con el hierro de Charro de Llen, fue devuelto por inválido ysustituido por otro del mismo hierro. El toro, blandito también de remos,
recibió asimismo el monopuyazo habitual.
Sin ser faena pura, ni tampoco de altos vuelos, sí lo fue meritoria. Finito deCórdoba, muy asentado, le hizo las cosas bien sacándole lo poquito que el
burel llevaba dentro. Del trasteo sobresalió una tanda de toreo sobre la zurda,en la que enhebró varios naturales aseados. La música sonó pero resultó mera
anécdota. En el epílogo del trasteo cayó una trincherilla, bella, de las deFinito. La entrega del torero quedó reflejada en la estocada final -un puntodesprendida-. Tal rúbrica ayudó a que el diestro cortara la que sería, a lapostre, la única oreja de la tarde.
Frente al descastado sexto, Abellán vio estrellarse nuevamente su
voluntad. El madrileño insistió en torear por el pitón izquierdo, pero el
toro, parado y sin querer pasar, se negaba a todo amago de lidia. Una buena
estocada, cobrada al segundo viaje, cerró su actuación una vez más
silenciada. Ayer, Abellán, no tuvo suerte.
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