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Festejo
VISTA ALEGRE
FERIA DE LA PRIMAVERA
Tarde del jueves, 13 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Sánchez Arjona (resto de la corrida rechazada en el reconocimiento); 2º, 4º y 6º de
Hermanos García Jiménez , y 3º de Los
Guateles : en general
aceptables de presencia, con trapío el último, justos de fuerza, casi todos de
una vara, nobles.
Diestros:
Entrada: Media entrada.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC,
La Razon
El País. JOAQUÍN VIDAL.
Llegó un aroma
Había una vulgaridad, una espesa concepción de la tauromaquia, un menosprecio del arte. Mucho correr y bullir; mucho alarde para la galería; mucho tirón y mucho truco. Y, de repente, sobrevino un aroma...
Los cálidos efluvios del arte invadieron el moderno coso. Y con ellos llegó una brisa de frescura sin necesidad de levantar la cubierta ni nada. Se hizo presente Curro Vázquez ante el cuarto toro marcándole el ritmo de la verónica, y se trasmutaron el toreo, la fiesta, la plaza entera.
Como cosa de magia...
El arte de torear tiene estas metamorfosis cuando hay un torero en la arena. Curro Vázquez, tocado por la inspiración, pletórico de arte, ciñó chicuelinas, bregó con gracia e instrumentó una faena de muleta de altos vuelos.
Apenas había tanteado al toro sacándolo a los medios ya tomaba con la izquierda la pañosa para recrear el toreo al natural en su versión más pura. Lo recreó mediante tres tandas de categoría excelsa, en un palmo de terreno. No necesitaba perderlo a cada remate como es usual en la neotauromaquia utilitaria que se lleva. Ni quería. Porque el toreo no se hace así. Se hace en base a los cánones de parar, templar y mandar, cargando la suerte.
Tres tandas, mágicas, desde la naturalidad, ejecutó Curro Vázquez, abrochadas con los pases de pecho de cabeza a rabo. Y, sin solución de continuidad, desgranó una deslumbrante teoría de trincherillas, trayéndose al toro embebido en el percal.
El toreo en la cumbre...
Curro Vázquez puso el toreo en la cumbre, al público en pie, y dejó al toro dominado, pidiendo ya la muerte. La estocada debió producirse en aquel momento crucial. Prefirió seguir, sin embargo, y aún trazó unos redondos, pero aquello ya sobraba. Al toro le sobraba también y se puso a gazapear. No obstante cobró Curro Vázquez el espadazo y pudo obtener las dos orejas que había ganado. Aunque daban igual las dos orejas. Con la satisfacción de la obra bien hecha y el regusto que había dejado en los paladares, el maestro y la afición iban sobrados.
Toreo veloz, efectista, desligado, interminable, practicó Enrique Ponce en sus dos faenas, más vibrante la primera, premiosa la segunda, ambas aceptadas y aún aclamadas por un público que estaba a su favor y todo lo daba por bueno: lo mismo los pases templados que los frenéticos; los de reunidos que los despegados. Y consiguió sendas orejas, tanto del toro que mató de bajonazo tras oír un aviso, como al que abatió de una estocada.
El triunfalismo daba por épica cualquier acción. Incluso los medios pases tirados desde la mediocridad por El Cordobés, muletero populista y alborotón.
Vista Alegre parecía una plaza de pueblo. Quizá lo sea. Menos mal que, a diferencia del día de la inauguración, no soltaron cabras sino toros decorosos, alguno exhibiendo buen trapío; y aunque flojos -la suerte de varas se simuló en casi todos- no padecían invalidez. Es buen camino. Los cosos miden su importancia por el toro y el rigor de la afición, no por el desbocado triunfalismo. He aquí un dato: en la inauguración, Ponce salió a hombros, volvió al día siguiente, y no llenó ni media plaza.
Los toreros dan también la medida de su categoría no por muletear a destajo sino por su sentido del arte. He aquí otro dato: Curro Vázquez, que ya había ofrecido destellos de torería en un primer toro querencioso y huidizo, la derramó en el cuarto y embriagó de aromas a la afición. No huele igual cuando se torea que cuando se pegan pases.
El Mundo. JAVIER
VILLAN, Curro Vázquez: de aquí a la eternidad
MADRID.- Una ovación tardía saludó la vuelta de Curro Vázquez a la plaza que le dio el ser. De aquella Chata sólo queda el sitio, el espacio sacro por el que revuelan verónicas y naturales de la mejor estirpe; andan por ahí, esperando la mano de nieve que sepa resucitarlos. Muchos de esos lances los recogió ayer Curro Vázquez. Pureza suprema del toreo de capa, geometría lírica, vuelo de la celebración que hubiera dicho el inolvidable poeta Claudio Rodríguez. A la segunda verónica, las manos descendieron y el capote se desplegó con toda solemnidad. El de Sánchez Arjona empezó colándose y acabó rajado. Entre medias, la pintura clásica de una tanda de naturales. Siguió Curro Vázquez aferrado a los sueños y a los recuerdos, y saludó al cuarto con tres verónicas y una media que valen, por sí mismas, una tarde, una feria y un potosí. Se sintió torero, atornilló las zapatillas, y una, dos y tres: tres verónicas como tres sueños. Tres milagros. Y luego un quite por chicuelinas con la lentitud, el ajuste y la armonía de las obras acabadas y perfectas. Ayudados por alto, naturales como soplos. Y trincheras. Más naturales que se creaban y recreaban a sí mismos como emergiendo de una iluminación. Mandó callar Curro Vázquez la música porque, a esas alturas, tras la majestad de unos redondos de ensueño y adornos que redondeaban una faena perfecta, Curro Vázquez iba camino de la eternidad. Cuando entró a matar, estocada corta, ya no quedaban sueños de verónicas o naturales; de redondos, trincheras o ayudados. Todos se los había quedado Curro Vázquez: !era la materialización de muchos sueños imposibles. Posteriormente, pareció que todo volvía a la tierra y a la grosera materialidad. Y Ponce estuvo bien en el quinto. Y en el segundo estuvo muy bien: seguro, técnico, elegante. Un Ponce distinto al de anteayer. Protestaba el toro de García Jiménez hasta que tuvo que tragarse un pase de pecho que le descubrió a Ponce el pitón izquierdo; dos tandas de naturales, un molinete con ritmo y con tiempo. Volvió a la derecha, supongo que para reafirmar su poder, y el toro siguió protestando, pero sometido. Dos faenas de parecido corte, dos faenas ajustando mucho los terrenos y entendiendo muy bien tanto lo incierto del segundo como la casta más clara del quinto. Se pasó de faena en el de García Jiménez, pinchó y le llegó un aviso. La Fiesta, la grandeza y el arte eternos se llamaron sin duda Curro Vázquez; el poder, Enrique Ponce; y el valor y, también, el poderío, tuvieron el nombre de El Cordobés. Incómodo y calamocheando el de Los Guateles, nunca se rindió a El Cordobés. Y, en varias ocasiones, le puso los cuernos en el corbatín, al igual que el peligroso sexto de García Jiménez. Por el procedimiento cabal de jugarse la cornada, taparles mucho con la muleta a los toros y echársela abajo, El Cordobés dio una lección de mando, de valor entre los pitones, sobre todo por la derecha; y de conocimiento exacto del poder sometedor de una muleta. Las astas de sus dos toros trazaban sombríos remolinos en torno a la pechera y la cabeza de El Cordobés; pero él no se daba por aludido. El bajonazo al tercero, mortal de necesidad. Y, visto lo visto, la oreja inapelable. De no pinchar, también hubiera sido inapelable la del sexto. Tres triunfos distintos. Y una tarde de gloria. «Me he vuelto a identificar con mi afición», dice Curro Vázquez L. CAJITAN MADRID.- Curro Vázquez no va a olvidar a ese toro burraquito que hizo ayer segundo en su lote en el coso de Vistalegre. A ése astado al que le cortó las dos orejas con la tersura del arte de verdad, que! es la única licencia que cabe en el mundo de los toros. El diestro de Sevilla, aunque crecido en Linares, estaba pletórico. No es para menos, en Vistalegre tomó la alternativa hace 31 años, y esa misma plaza le ha visto, tantos tiempo después, salir a hombros. Triunfar. «Lo de hoy -por ayer- ha sido algo mágico. Al primero le hice una faena de presentación para cumplir con mi afición. Pero lo grande llegó con el último. Salí entregado y muy a gusto. Le vi buenas formas y enseguida me gusté con la capa. Entre el toro y yo había magia», manifestó el diestro a este periódico. La misma magia que se contagió en los tendidos y levantó una ceremonia pagana ante la música callada de su toreo. «Luego llegaron los naturales, lentitos, templados, con la mano abajo... No sé, imagínate ahora mi satisfacción, y la de mi familia. Una vez más me he identificado con mi público, y lo han sabido apreciar, y además en una plaza que significa tanto para mí», comentó Curro Vázquez. No se acordaba del nombre del animal «pero mañana -por hoy- en frío, se me acumularán todos los detalles, lo veré mucho más claro, y guardaré su nombre», dijo.
ABC. José Luis SUÁREZ-GUANES. Curro
Vázquez soñó el toreo y escribió una página para la Historia
Al llegar a la plaza nos enteramos de que de los seis toros
que Javier Sánchez-Arjona había preparado para la ocasión se habían tenido
que desechar cuatro al lesionarse las pezuñas, debido a que el piso de los
corrales es de asfalto, según nos comunicó el propio ganadero.
Curro Vázquez fue recibido con una ovación por el recuerdo
de su triunfal pasado en la vieja plaza, preludio de este estupendo coso
multiuso en que se juntan la comodidad y la funcionalidad. El rubio torero deLinares veroniqueó con ganas y rapidez a su primero, y remató con una bonita
media. Su oponente se coló en uno de los primeros muletazos de Curro, que,
luego, dibujó tres o cuatro naturales. Se rajó el bovino y Vázquez continuó,
con la misma mano, con denuedo e intentó corregir la tendencia a la huida.
Después de la buena lidia, falló con la tizona.
Al cuarto lo toreó admirablemente de capa. Hizo bueno aquello
de «quien tuvo, retuvo». Si estupendas resultaron las verónicas, las dos
medias de cierre fueron preciosas, así como las chicuelinas del quite, llenas
de arte y sabor, rematadas con una media de ensueño, tan de ensueño como otra
nueva media, en un quite posterior. La faena tuvo autenticidad y verdad; estética y belleza enlos naturales, acariciadores y semi de frente; en los pases de pecho acabadísimos.En la naturalidad, en la prestancia, en la gracia y en la majeza de toda la
faena, tanto en los pases fundamentales como en los ayudados por bajo de ensueño.
La gente rugió con la práctica de unos derechazos de muleta
planchada y la estocada final fue preludio de dos orejas legítimas, que soncomo un grito de rebeldía de un torero que debe estar en los carteles de todas
las grandes ferias. Seguramente ha realizado unas de las mejores faenas de su
vida: ¡Vistalegre ya tiene historia!
MESURA Y TIENTO
Enrique Ponce fue ovacionado al recibir al segundo con unoslances a pies juntos. Llevó bien a su rival al caballo y, simplemente, cumplió
en un quite. El diestro de Chiva tanteó con mesura y tiento a la res. Fácil enuna serie con la derecha y con mayor hondura al torear al natural, aunque sin
estrecharse en exceso. Prosiguió con su habitual profesionalidad, pero siempre
con más técnica que sentimiento. El final del trasteo ofreció un mayor ritmo,aunque los muletazos no pudieron ser ligados al aplomarse la res. Un festón de
pases de pecho continuados elevó el valor del público, así como algúnayudado y adorno de vitola. Se pasó de faena y no acertó, por esacircunstancia, con la espada y, de este modo, no pudo rematar con bien la
discontinua, intermitente y, a ratos, entonada faena. Cortó una generosa oreja.
Nada de particular hizo Ponce con el capote en el quinto. Conla muleta puso oficio, técnica, voluntad y, en algunos momentos, calidad. Suhacer fue de más a menos y terminó de modo mecánico, aunque con su reconocida
y tantas veces dicha profesionalidad. Se le concedió una oreja por su decisión. El Cordobés reaparecía de su reciente percance en Puente
Genil. Manolo Díaz no realizó, en el tercero, nada de particular con el
percal. Con la flámula se peleó con un contrincante que tuvo buen son de
principio, pero que acabó distraído y con ligero cabeceo. El Cordobés chico
toreó con suavidad en el primer tramo y aguantó y mucho en dos series de
naturales y, sobre todo, en tres tandas con la derecha. Hubo valor y seriedad,
que suplieron ciertas tosquedades. Lo que pasa es que mató de una estocada bajísimaque debió invalidar la concesión del trofeo.
PASADO LEGENDARIO
En el sexto tampoco se lució con el capotillo. Con la muleta
hizo una faena de su línea, valiente y entregada, pero sin clase. Falló con laespada.
Terminado el festejo con Curro Vázquez y Enrique Ponce a
hombros, el público aplaudió con fuerza. Pero la inmensa mayoría de los
espectadores salían hablando del excelso hacer de Curro Vázquez, un torero con
un pasado legendario en este barrio de Carabanchel y que hoy ha escrito una
maravillosa página del presente que tendrá un recuerdo imperecedero en el
futuro.
La Razon, Laura
TENORIO. Curro Vázquez y Enrique Ponce, en hombros, tras
una tarde triunfalista
La corrida de Sánchez Arjona anunciada inicialmente por laempresa, quedó remendada con tres astados de Hermanos García Jiménez
-procedencia Jandilla- y uno de Los Guateles, propiedad de Litri, que estaba
reseñado para la corrida de esta tarde. Este cambio de toros a última horahizo pensar a algunos aficionados que la terna podría quedar modificada, que
alguno de los diestros anunciados podría caerse del cartel. «Curro Vázquez,
mismamente», se le escuchó decir a un aficionado a la puerta del recinto.
Pero no fue así. A las seis y media en punto Curro Vázquez salió calado al
albero, pero hizo el paseíllo desmonterado. Treinta y un año hacía que en ese
mismo solar Curro Vázquez se doctoraba en tauromaquia. El público se lo recordó
ayer y le hizo salir a saludar desde el tercio, tras concluir el paseo. Bello y
emotivo gesto.
Después, Curro enjaretó un ramillete de bellísimas verónicas al primero de
su lote, el toro que abrió plaza con el hierro de Sánchez Arjona. El animal,terciado en todo, cumplió en el caballo. Curro no lo brindó. Desde el primer
muletazo el burel buscó con descaro las tablas y al torero le costó fijarlo enla tela. Se mantuvo el diestro en los terrenos de fuera, allí insistió entorear e hilvanó uno a uno naturales intermitentes: bellos los unos y
deslavazados los otros. El manso animal impidió mayores logros al torero deLinares, quien con la espada anduvo hecho un pinchaúvas. Su actuación fue
silenciada.
Al cuarto, por contra, sí lo mató. Curro le recetó una estoca casi
entera -defectuosa- , que hizo doblar raudo y sin puntilla al de García Jiménez.A este segundo de su lote, Curro Vázquez lo toreó de capa a ralentí, concadenciosos lances a la verónica, premiados con una cerrada ovación. Pero el
diestro quiso seguir haciéndose presente en el ruedo manejando el percal: quitópor chicuelinas, antes de colocar al animal en el peto, y también lo hizo tras
cambiar el tercio. Fue el de Curro, ayer, un capote de seda. Sin duda, lo mejorde una tarde triunfalista premiada, a la postre, con orejas a granel.
Pero Curro también manejó con clasicismo la muleta, lo hizo toreando al
natural en una larga faena que acabó haciéndose corta. Toreo de paladar, debuen paladar, premiado con dos orejas, justas tal y como se cotizaban los apéndices
auriculares ayer tarde en Vistalegre.
Curro Vázquez, que ayer hacía su primer paseíllo de la temporada, abandonó
el coso en hombros y lo hizo acompañado de Enrique Ponce. El valenciano
cosechaba así su segunda puerta grande en Vistalegre, tras convertirse la víspera
en el primer matador de toros en abrir la puerta grande de la plazacarabanchelera.
Enrique Ponce, vestido esta vez de azul cielo y oro, saludó por delantales, a
pies juntos, al primero de su lote, marcado con el hierro de García Jiménez.Con su particular estética colocó el burel en el caballo. El animal recibióun sólo puyazo. Ponce lo quiso cuidar. Sin brindis se metió en faena. Entre elmolesto calamocheo del toro se salpicaron una trincherilla, unos cuantos pasesen redondos, otro de pecho y algunos naturales ligados y de buen trazo quedescubrieron que era ése el pitón bueno del astado. El valenciano cosió un
par de series sobre esa mano, consiguiendo corregir el incómodo cabeceo del
toro.
Faena larga
La faena, larga, como es habitual en él, rebosó técnica y
un oficio bien aprendido. El animal no dejaba de escarbar y a Ponce le costó unmundo cuadrar al toro. Al tiempo que sonaba un aviso y tras un primer viajefallido, el diestro hundió el acero. Aún precisó de un golpe de verduguillopara hacer doblar al burel. El público, muy popular, le pidió la oreja, y elpalco asomó el moquero.
El segundo toro de Enrique Ponce fue un negro salpicado de 550 kilos -SánchezArjona-. Enrique lo brindó al respetable. Justificó su faena por los dospitones. Hubo tandas en redondo desmayándose, con su estética repetida. También
toreó al natural citando casi de frente. Pero apenas hubo emoción por la sosaembestida del burel, que fue aplaudido en el arrastre de forma gratuita. La
estocada, de impecable ejecución, aunque de defectuosa colocación, resultó lo
mejor de todo el trasteo. Una actuación premiada, también, con el corte de una
oreja. Un oreja en Madrid, pero no de Madrid.
Manuel Díaz «El Cordobés» bregó con el de Los Guateles que hizo tres, manso
en el peto y rebrincado en la muleta.Voluntarioso, dispuesto, queriendo siempre,sumó tandas luciendo todo un repertorio de toreo de reparto. Una estocada caíday una nueva oreja. De circo.
Frente al sexto, un regalito de García Jiménez que se defendía sin querer
pasary que acabó aculado en tablas, El Cordobés le tragó lo suyo. Valiente ypundonoroso no quería quedarse a la zaga. Su objetivo, sumar una oreja más yacompañar a sus compañeros en la salida en hombros de la plaza. Pero marró
con la espada y su gozo quedó en un pozo.
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