GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE VALDEMORILLO,


Tarde del lunes, 5 de febrero de 2001
Corrida de toros

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de El Cubo, bravos y encastados, en líneas generales.

Diestros: 

  • Javier Valverde, silencio en ambos.
  • José Luis Triviño, oreja y oreja.
  • Curro Sánchez, silencio en ambos.

Entrada: cerca de media entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. JOAQUÍN VILDAL. Una novillada de casta sorprendente

Debutó en Valdemorillo El Cubo (que ya es debutar) y dejó sorprendida a la afición. Por su casta, lo que son las cosas.

Propalan algunos voceros de la fiesta que los toros han perdido casta, de ahí que se caigan. Como si la casta tuviese que ver con la fortaleza. Una bucólica vaca lechera, si sana, no se cae nunca. Ni un perrito faldero. Ni tampoco la totalidad de los animales de la Creación, incluido el humano, salvo que esté chungo o se haya pasado de copas.

Puestos a precisar, es justo añadir que en la sorprendente novillada los dos primeros funos de la tarde, chicos y desmedrados ambos, padecían invalidez; de donde cabe deducir que, según las versiones aludidas, carecerían de casta. Son cuestiones opinables, naturalmente, aunque carece de objeto discutirlas pues esos dos inválidos y los cuatros fortachones que salieron después, acabaron en la hoguera por decisión política. Y se acabó la presente historia.

A los inválidos les hicieron toreo de distinto corte sus presuntos lidiadores. Reuniendo los pases a lo clásico el ya veterano Curro Sánchez, con el ejemplar que abrió plaza; pegapasista y pinturero el joven José Luis Triviño con el que saltó segundo al redondel.

La verdad es que cuando no hay toro en la arena, si el toreo se hace con excesiva teatralidad resulta ridículo. Intentaba Curro Sánchez ejecutar las suertes con las de parar, templar y mandar, y no conseguía motivar a la afición conspícua, precisamente por la falta de enemigo. Se ponía farruco José Luis Triviño frente al novillo claudicante y convulso, le amagaba bravatas, pegaba tripazos, tiraba al aire puñadas y, verlo, daba vergüenza ajena.

Le regalaron a Triviño la oreja del novillo, de todos modos. No por petición mayoritaria sino por capricho del inútil que presidiera, pues la pidieron dos docenas de espectadores, en medio de la total indiferencia de la plaza.

También le regalaron a Triviño la oreja del quinto novillo, que ya era distinto asunto: un cuajado ejemplar, colorao albardado bociblanco, con su fortaleza y su casta, y una nobleza brava apta para recrear las más exquisitas suertes de la tauromaquia. Triviño no llegó a tanto si bien voluntad no le faltó; lució en los derechazos más que en los naturales, recurrió a tirarse de rodillas, no le faltaron ayudados y aunque hubo menos petición que la vez anterior la oreja llegó otra vez a sus manos. Finalmente le sacaron a hombros por la puerta grande. Entiéndase: por la única puerta de la plaza.

El cuarto novillo causó sensación por su trapío y su bravura, y desarrolló además una boyantía de gran clase, que sirvió a Curro Sánchez para interpretar el mejor toreo de la función, principalmente en la modalidad del derechazo. Después lo estropeó alargando innecesariamente la faena, reiterando pases, intercalando molinetes o manoletinas, lo que se le ocurriera. Y además mató bastante mal.

La casta de la novillada se hizo especialmente recrecida para el lote de Javier Valverde, que sufrió numerosos achuchones, coladas y topetazos, pese a lo cual mantuvo siempre la cabeza serena y no renunció a dar la cara y el paso al frente. El sexto ejemplar, un llamativo jabonero chorreao, hondo y serio, añadió a los problemas de la casta la complicación de la mansedumbre y Javier Valverde derrochó voluntad intentando sacarle partido. No lució, claro, mas dejó patentes su vocación y sus cualidades toreras.

La tarde, que se presentaba fea, resultó gratificante. Bajó la niebla, hacía frío, llovió sin parar lo que llaman calabobos (o sea que nos calamos como bobos), y no es que a la gente le sentara como un veraneo en Mallorca, pero le compensó estar allí, al pie del cañón, disfrutando de las inesperadas emociones que trajeron unos novillos con trapío, casta y lo que hay que tener.


ABC. JL SUAREZ GUANES.  José Luis Triviño, una oreja en cada novillo, fue el triunfador de la tarde

El primer espada era el murciano Curro Sánchez, que toreó francamente bien a la verónica al primero, con un estilo muy puro y muy trianero. Luego, la res no tenía mucha fuerza y aunque hubo muletazos de buen trazo y cierta hondura, no encontró una colaboración continuada del novillo.

El cuarto tuvo buen son, se enceló con el caballo y llegó a la muleta con recorrido. Curro Sánchez dejó ver su buen estilo con la derecha, al poner la muleta siempre en la cara para empalmar un muletazo con el siguiente. Bajó algo con la izquierda y tardó en encontrar la muerte.

PEDRESINA DE RODILLAS

José Luis Triviño demostró su madurez y oficio. Cortó una oreja a su primero —que andaba justo de fuerzas— por una labor iniciada con una pedresina de rodillas y en la que dejó ver su técnica y sentido del toreo al manejar la derecha. Con la zurda no estuvo a la misma altura.

Volvió a cortar otra oreja, esta vez generosa, en el quinto. Bien con el percal —hubo una verónica y una media de gran temple—, para dar paso a una faena excesivamente larga en la que volvió a estar mejor con la diestra que con la mano de los naturales. Como se entregó en la estocada final, llegó el apéndice auricular, por cierto, muy disminuido en su tamaño.

Javier Valverde tuvo un novillo más entero que los dos primeros. Su labor resultó entusiasta. Correcto en los derechazos, dio más largura a los naturales y terminó embarullado. Más barullo hubo al lancear al sexto, que salió con mucho gas y que manseó de lo lindo. Los picadores fueron abucheados y el matador, algo verde, no pasó de esforzado.


El Mundo. VICENTE RUIZ. Esperanzador ganado

Ni la lluvia ni las bajas temperaturas evitaron que la gente se acercase una vez más a la plaza de Valdemorillo, pero sí logró helar su estado de ánimo, convirtiéndose en tarea difícil seccionar apéndice alguno. Y es que la tarde tuvo muchos ingredientes.

Hubo ganado, elemento esencial para esto del toreo, y hubo diferentes estilos entre los de luces: Curro Sánchez apuntó maneras, José Luis Triviño, condiciones y técnica, y Javier Valverde, valor y oficio.

Curro Sánchez fue el encargado de dar muerte al que abría plaza. Toreó el murciano con entusiasmo y en algunas fases con buena ejecución del toreo fundamental, mas ese entusiasmo no terminó de alcanzar al tendido, yéndose el noble burel con todos sus apéndices bien prendidos. Ante el cuarto, otro gran astado, intentó de nuevo estar a su altura, no pasando de discreta su actuación.

José Luis Triviño sí que tocó pelo y en dos ocasiones, logrando salir a hombros. Se encontró con dos novillos de gran nobleza, ante lo cual se mostró sobrado de técnica y conocimiento. Elementos que complementó al valor y las ganas que demostró desde abrirse de capa ante su primero con una larga cambiada de rodillas, sin ser ésta la última vez en la que se echara de rodillas en el ruedo. Labor la suya ante los buenos astados de El Cubo, que llegara al tendido, logrando sendas orejas.

Fue el salmantino Javier Valverde quien tuvo que capear con los únicos garbanzos negros del festejo. No se amilanó ante los tornillazos de su primero ni ante el genio y el peligro del que cerraba plaza, mostrándose valiente y resolutivo ante situaciones complicadas como la de ayer. Habrá que verle también cuando su enemigo meta la cabeza y embista con nobleza.