GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE VALDEMORILLO,


Tarde del domingo, 4 de febrero de 2001
Corrida de toros

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Germán Gervás, terciados, algunos sin trapío, sospechosos de pitones; flojos, varios inválidos absolutos.

Diestros: 

  • Miguel Martín, estocada atravesada que asoma (silencio); estocada ladeada tirando la muleta (palmas). 
  • José Ignacio Ramos, pinchazo, estocada ladeada y dos descabellos (silencio); pinchazo y estocada corta (oreja con escasa petición, protestada). 
  • Antonio Ferrera, estocada baja y rueda de peones (sale a saludar y le dan palmas); pinchazo bajo, espadazo enhebrado, estocada baja y dos descabellos; se lo perdonó un aviso (silencio).

Entrada: cerca de media entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. JOAQUÍN VILDAL. ¿EEB quizás?

Los toros estaban inválidos y, como una vez muertos los iban a quemar, nunca se sabrá por qué. Aparecieron medio mochos, sospechosamente astigordos, y lo mismo. Hubo algunos que trastabillaban y caían desfondados a la manera de las vacas locas, y la preocupante anomalía quedó sumida en el arcano. ¿La encefalopatía espongiforme bovina (EEB) quizá? Pues tampoco se podrá averiguar jamás por qué las cenizas del toro no sirven para análisis de afeitados, enfermedad o drogadicción. La verdad es que lo de la incineración, en ciertos aspectos va a ser jauja.

Los diestros de la terna no les sacaron partido a los toros, ni podían en realidad. Los toros (en el caso de que fueran toros, que ésa es otra), si están podridos, no admiten faena. Claro que los toreros actuales, acostumbrados al toro podrido, en este aspecto no tienen problema: si no hay faena, la fingen.

Y como un solo hombre la fingieron los tres, daba igual el tercio, pero principalmente durante el de banderillas -que protagonizaron-, en la primera mitad de la corrida cediéndose los palos, en la segunda ejercitando en solitario la tarea. Ninguna de sus intervenciones pasarán a la historia, incluso será mejor olvidarlas, mas debe quedar constancia de que corrieron, trabajaron, clavaron donde podían y gritaron "¡toro, je!".

En lugar de "¡toro, je!" pudo ser "¡je, toro!", pues utilizaban indistintamente ambas versiones de la castiza exclamación, por supuesto con mucho apretar de puños y aire retador. Es la moda. Los toreros de hoy, eso de contonearse jacarandosos y luego tirar puñetazos al aire amenazando al orbe es que lo bordan. A veces resultaba un cuadro, ya que sacar semejantes ínfulas con un animal que se desploma queda un poco estrafalario, francamente, y devalúa cualquier pretensión artística.

Convendrá decir de José Ignacio Ramos y Miguel Martín estuvieron voluntariosos intentando pegar pases a los conatos de cadáver que tuvieron delante, y Antonio Ferrera lo mismo, con la diferencia de que gritaba a pleno pulmón, y en sus denodadas porfías consiguió ligar algunas tandas de derechazos a base de mando y temple. En cambio, en sus baladronadas con los toros yacentes llegó a excederse.

Hubo toro que se derrumbaba y le entraban convulsiones como si padeciera la EEB. Lo hubo que le tiraban del rabo para levantarlo y ni se inmutaba. Y como ni la ciencia ni el sentido común pueden creer que sea normal que los toros se caigan y les dé igual si les tiran del rabo, aquí pasa algo. Y hay interesados en que no se sepa, a quienes lo de la incineración les viene de cine. En cuanto la Junta de Andalucía ha anunciado que en esta comunidad se incinerarán todos los toros, han corrido a apuntarse a la Feria de Sevilla hasta los que no querían ir, y no sería de extrañar que volvieran Lagartijo y Frascuelo, Joselito y Belmonte. Y Curro, pues cuando se marchó nadie había hablado de incineración, que es, si bien se mira, el truco del almendruco.


ABC. JL SUAREZ GUANES. Generoso trofeo para José Ignacio Ramos

José Ignacio Ramos es viejo conocido para los que vemos toros de Burgos para arriba. No se paró de salida, en las verónicas iniciales al primero, pero luego lanceó más reposado, mientras ganaba terreno en cada verónica hasta terminar en el centro del anillo. El toro, que entraba andando y distraído tras la primera vara, pareció arreglarse en el tercio de banderillas, cuando el burgalés cumplimentó tres buenos pases por bajo. Después, el astado empezó a colarse y los muletazos diestros los remataba para afuera y en los zurdos no terminaba de acoplarse. Recetó un pinchazo con su buen estilo de estoqueador, para «hacer guardia» en un segundo envite antes de pasar al descabello.

Salió del paso en el cuarto con el capote, destacó en un par al quiebro y, a continuación, realizó una faena de muleta tan esforzada como monótona. Del conjunto destacó un pase de pecho y la forma de acabar con el bovino. Por esta circunstancia se llevó una generosa oreja, que fue protestada por un importante sector.

Miguel Martín vio como su primero salía dolorido y sangriento de un anca, debido, seguramente, a un golpe que se daría a la salida del chiquero. El toro fue protestado por su flojera y, después, cometió el error de ofrecer banderillas a sus compañeros, cuando las condiciones de la res no estaban por la labor. Tuvieron arduo trabajo los tres espadas. Con la muleta, Miguel Martín, intercaló momentos mecánicos con otros más conseguidos, aunque sólo sumaron un conjunto total rutinario.

Entusiasta en el quinto, desde que le recibió con una larga cambiada. Los malos resultados de los dos primeros pares de rehiletes los palió con un final al quiebro bastante logrado. Su rival llegó a la muleta buscador y con problemas. Miguel anduvo voluntarioso, pero sin encontrar el norte ni el sitio, pues era empresa harto difícil.

FERRERA, CLARO GANADOR

Sí se logró acoplar Antonio Ferrera con el tercero tras pasar inadvertido con la capa. Su faena muleteril fue de menos a más. A base de porfiar y en un tono peleón y batallador, logró sacar muletazos interesantes y meritorios con ambas manos. La única pega es que le faltó la ligazón. Tardó en doblar la res y se disipó el esfuerzo del extremeño.

En el sexto, Ferrera salió a demostrar que era el claro ganador de la terna. Lo entendieron los buenos aficionados, aunque no recogiera los frutos. Tropezó con una res que huía de su sombra: le enseñó a embestir y hasta trazó varios pases de muy buen porte y siempre valerosos. Todo lo echó a perder por la espada.