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TOROS EN
SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES |
Temporada
1999 Temporada 2000
Temporada 2001 Temporada 2002 Temporada
2003 Temporada 2004 Temporada
2005 Temporada 2006 Temporada
2007
TEMPORADA
2008
Sábado, 24 de mayo. Festejo mixto. Dos
toros y cuatro novillos de El Torreón, para
Álvaro Justo
(oreja y oreja) y los novilleros José Germán (oreja y dos orejas) y Sergio Pulido (silencio y oreja). Un cuarto de plaza.
TEMPORADA
2007
Feria de los Remedios
Domingo, 26 de agosto. Toros de Antonio
San Román (de comportamiento desigual), para Curro
Díaz (oreja y oreja), Juan
Bautista (oreja y oreja) y Salvador
Cortés (silencio y silencio). Un cuarto de plaza.
Incidencias: Salvador Cortés ha toreado con los
puntos y fuertes dolores en la zona abdominal pasando por enfermería
después de matar a sus dos toros. Además también ha tenido que ser
atendido por un derrame en su ojo derecho a causa de una banderilla.
Lunes, 27 de agosto. Concurso de Recortes.
Martes, 28 de agosto. Toros de
Daniel Ruiz (nobles y buen juego salvo el 2º, destacando 3º y 4º ovacionados en el
arrastre), para
César Jiménez (oreja y dos
orejas), Sergio
Aguilar (silencio y dos orejas) y José María Manzanares
(dos orejas y silencio). Un tercio de plaza.
Miércoles, 29 de agosto. Novillos Del Tajo (correctos de presencia y manejables), para
Javier
Benjumea (saludos tras aviso y oreja), José
Ramón García "Chechu" (dos orejas y oreja) y Ángel Teruel
(dos orejas y oreja). Menos de media plaza.
Jueves, 30 de agosto. Rejones. Toros de Rosa Rodríguez (de buena presentación y juego destacando el 6º), para Fermín Bohórquez (pitos y dos
orejas),
Pablo Hermoso de
Mendoza (silencio y dos orejas) y Sergio Galán (oreja y dos orejas). Dos tercios de plaza.
Viernes, 31 de agosto. Cinco toros de Las Ramblas
(de distinta presentación y descastados) y uno (6º) de
Victoriano del
Río (peligroso), para
César Rincón (silencio y ovación), Julián López 'El
Juli' (oreja y oreja con petición) y Sebastián
Palomo Linares (silencio y silencio tras aviso). Más de media plaza.
Sábado, 1 de septiembre. Festejo mixto. Un toro para rejones de
Daniel Ruiz
y toros de Victoriano del
Río, el 3º con el hierro de Toros de Cortés (de distinta presentación y
juego), para el rejoneador Raúl Martín
Burgos (vuelta al ruedo), Sebastián Castella
(oreja tras aviso y ovación tras petición),
Alejandro
Talavante (oreja tras aviso y ovación) y Gabriel
Picazo (ovación tras aviso y oreja). Más de tres cuartos de plaza.
Domingo, 2 de septiembre. Toros de José Luis Marca, para Jesulín de Ubrique
(silencio y dos orejas), Juan Serrano "Finito de
Córdoba" (oreja y silencio) y Javier Conde (silencio y silencio tras aviso).
Más de media plaza.
TEMPORADA
2006
Feria de los Remedios
Sábado, 26 de agosto. Toros de Nazario Ibáñez
(flojos), para Matías Tejela
(silencio y dos orejas), Álvaro Justo
(silencio y ovación) y Alejandro
Talavante (ovación tras aviso y oreja). Media plaza.
Domingo, 27 de agosto. Toros de Victoriano del
Río (juego desigual, destacando el 2º premiado con la vuelta al ruedo), para
Sebastián Castella (dos orejas tras aviso y ovación),
Manuel Jesús " El Cid" (dos orejas y ovación tras aviso) y
Cesar Jiménez (dos orejas y ovación). Dos tercios de plaza.
Lunes, 28 de agosto. Novillos de Daniel Ruiz
(bien presentados y desigual juego), para Julio Benítez "El
Cordobés" (silencio y oreja), Cayetano
(oreja tras aviso y dos orejas) y José Ramón García Chechu, (oreja tras aviso y oreja). Tres cuartos de plaza.
Martes, 29 de agosto. Rejones. Toros de José Rosa Rodrígues (bien presentados y escaso juego, salvo el 2º y 6º), para
Antonio Ribeiro Telles
(silencio y silencio), Pablo Hermoso de
Mendoza (dos orejas y ovación) y Javier San José (silencio y dos orejas). Media plaza.
Miércoles, 30 de agosto. Cinco toros de Vellosino y uno (4º) de
Victoriano del
Río (bien presentados y juego desigual, destacando el 5º ovacionado en el arrastre), para César Rincón (oreja y
silencio), Julián López 'El
Juli' (silencio y dos orejas) y Gabriel
Picazo, que tomó la alternativa (dos orejas y oreja). Dos tercios de plaza.
Jueves, 31 de agosto. Cinco toros de
Carmen Segovia y uno (4º) de
El
Pilar (de distinta presentación y escaso juego), para David Fandila "El
Fandi" (silencio y saludos tras aviso), José María Manzanares
(silencio y dos orejas) y Eduardo Gallo
(silencio y silencio tras aviso). Un tercio de plaza.
Festejo celebrado
Domingo, 2 de julio. III Festival organizado por la Nueva Asociación de Matadores. Astados de Torrenueva, Manolo
González, Daniel Ruiz, José Luis Marca, Fuente Ymbro, Los Bayones, Victoriano del Río, y Torrenueva (premiado con la vuelta al ruedo), para
José
Pedro Prados "El Fundi" (ovación y dos oreja en el que regaló),
Morante de la Puebla (oreja), Julián López 'El
Juli' (dos orejas), Matías Tejela
(oreja), Miguel Ángel Perera
(dos orejas), Alejandro
Talavante (oreja) y Gabriel
Picazo (ovación). Casi media plaza.
TEMPORADA
2005
Feria de Agosto
Viernes, 26 de
agosto. Toros de Mercedes Pérez
Tabernero (bien presentados y descastados), para Iván Vicente (silencio y dos orejas, herido en el 4º, pronóstico menos
grave),
José María Manzanares
hijo (silencio y silencio) y Eduardo Gallo
(oreja y silencio). Un tercio de entrada.
Parte Médico de Iván Vicente, emitido por el doctor
Gálvez: "Herida por asta de toro en el tercio superior de la cara interna del muslo derecho con una trayectoria ascendente de 12 cm. que llega al arco prural rompiendo el músculo sartorio. Pronóstico menos grave salvo complicaciones".
Sábado, 27 de agosto. Novillos de Las Ramblas (bien presentados, nobles y buen juego),
para
Gabriel
Picazo (dos orejas y saludos tras aviso), Julio Benítez "El
Cordobés" (oreja y oreja) y Cayetano
(dos orejas y dos orejas). Dos tercios de entrada.
Domingo, 28 de agosto. Toros de El
Pilar (con juego), para César Rincón
(silencio, silencio y oreja, resultó herido en el 5º al entrar a matar,
pronóstico menos grave) y Manuel Jesús " El Cid", mano a
mano, (ovación, oreja y dos orejas). Más de tres cuartos de entrada.
Parte médico de Cesar Rincón emitido por el Doctor
Gálvez: "Politraumatismo con erosiones múltiples en cara y cráneo y herida por asta de toro en la mejilla derecha entrante en cavidad bucal. En la exploración se encuentran destrozos vasculares, varias contusiones y glándula partido saturado. Se procede a limpieza y sutura en cara interna y externa. Pronóstico menos grave. Sin complicaciones.
Lunes, 29 de agosto. Rejones.
Cinco toros de Francisco Galache
(buen juego) y un sobrero (4º) de Manuel Santos Alcalde, para
Antonio Domecq
(dos orejas y oreja), Javier San José (oreja y oreja) y
Sergio Galán (dos orejas y
palmas). Media entrada.
Martes, 30 de agosto.
Toros de Victoriano del
Río, 4º y 6º con el hierro
de Toros de Cortés (mal presentada y juego desigual), para David Fandila "El
Fandi" (oreja y oreja), Sebastián Castella
(silencio tras aviso, y dos orejas) y Cesar Jiménez
(silencio y silencio tras aviso). Más de media plaza. Se guardó un minuto de silencio por la muerte hace 20 años de
El Yiyo.
Miércoles, 31 de agosto.
Cinco toros de Las Ramblas
y uno (3º) de Victoriano del
Río (descastado y deslucido), para
José
Mari Manzanares (oreja y oreja), Morante de la Puebla
(silencio y silencio) y Álvaro Justo, que
tomó la alternativa, (oreja y dos orejas, resultó herido en su 1º). Tres cuartos de plaza.
XV aniversario de la Peña "Los
Olivares"
Sábado, 16 de abril: Erales de Herederas de
Julián Sanz Colmenarejo (desiguales) y un sobrero de Sonia González
(bueno) para José Ferrer (oreja y oreja), José Romero (oreja en el
1º, resultó cogido por su 2º ) y José Ramón García "Chechu"
(silencio, dos orejas y dos orejas en el de regalo).
Domingo, 17 de abril: Novillos de Herederas de Julián Sanz
Colmenarejo (desiguales) para Antonio Jaén (oreja, vuelta al ruedo y
ovación) Ginés López (palmas y oreja) y Juan Ortega (palmas en el
único que mató, resultó cogido siendo dañado en la rodilla).
Domingo 24 de abril: Mañana. Concurso de recortadores.
TEMPORADA
2004
Jueves, 26 de agosto. Dos toros para rejones de Felipe
Navas (correctos) y seis de Hernando Gallego (desiguales) para el
rejoneador Javier San José (oreja y saludos tras aviso), Eduardo
Flores (silencio tras aviso y silencio), Gómez
Escorial (saludos tras aviso y oreja) y Sebastián Pereira (silencio
tras aviso y silencio).
Viernes, 27 de agosto.
Toros de Araúz
de Robles (desiguales de presentación y juego) para Uceda
Leal (oreja y oreja), El
Cid (oreja y oreja) y Sebastián
Castella (silencio tras aviso y silencio tras aviso).
Domingo, 29 de agosto. Toros de Carlos
Núñez (de diferente presentación y juego) para Miguel
Ángel Perera (dos orejas, silencio en el que mató por Gallo y
silencio), El
Capea (oreja, oreja y oreja) y Eduardo
Gallo (cogido por su primer toro, hubo de pasar a enfermería.
Pronóstico reservado).
Martes, 31 de agosto. Novillos de El
Torreón (de diferente presentación y juego, el primero dio la
vuelta al ruedo) para Gabriel Picazo (dos orejas en el único que mató,
fue cogido por su primer novillo sufriendo una cornada en el muslo
derecho. Pronóstico reservado), Ambel
Posada (oreja, vuelta al ruedo y oreja) y Álvaro
Justo (oreja y oreja).
Sábado 4 de septiembre.
Festival homenaje al fallecido crítico Paulino Perdiguero. Novillos
de Hermanos
Sampedro (correctos, el 6º dio la vuelta al ruedo) para los matadores Ruiz
Miguel (vuelta al ruedo), Ortega
Cano (oreja), Juan
Antonio Ruiz "Espartaco" (dos orejas), Víctor
Mendes (dos orejas) y Julio
Aparicio (vuelta al ruedo) y el novillero Paquito Ortega (oreja).
TEMPORADA
2003
Coso de La Tercera
Sabado, 30 de
agosto. Toros Victoriano del Río
(muy buenos), para Javier Conde
(dos orejas tras aviso y oreja tras aviso), El
Juli (oreja y dos orejas y tras aviso), y César Jiménez
(oreja y oreja). Lleno.
Viernes, 29 de
agosto. Toros de Alcurrucén
(bien presentados y con juego, el 6° vuelta al ruedo)correctos de presencia. Resultaron reservones los tres
primer, para César Rincón
(silencio y oreja), Joselito (palmas tras aviso y oreja)
y Morante de la Puebla (silencio y dos
orejas). Tres cuartos de entrada.
Jueves, 28 de
agosto. Toros de El
Ventorrillo (encastados), para Luis
Miguel Encabo (silencio tras aviso y palmas), Serafín
Marín (silencio y ovación) y Sebastián Pereira, que tomaba la
alternativa (saludos tras avisos y oreja). Poca entrada.
Miércoles, 27
de agosto. Toros de Arauz
de Robles (salvo el 1º, correctamente presentados, manejables,
dieron buen juego), para Manuel
Caballero (oreja y oreja), Antonio
Ferrera (oreja y oreja tras aviso), y Juan
Diego (dos orejas y vuelta tras petición). Media entrada.
Martes, 26 de
agosto. Toros de Jandilla
(desiguales, manejables en general), para Jesulín
de Ubrique (saludos y oreja), Rivera
Ordóñez (palmas y oreja) y José
María Manzanares (oreja y ovación). Media entrada
Lunes,
25 de agosto. Novillos de Montealto (desigualmente
presentados, mansos, de juego irregular; 3º, noble y 5º, manejable), para Luis
Bolívar (palmas y silencio), Roberto
Galán (silencio y oreja) y Gabriel Picazo (oreja y saludos).
Un tercio de entrada
Sábado, 5 de abril. Toros y novillos de José Vázquez
Fernández y Ángel Luis Peña Sánchez (buenos), para Eduardo Flores (oreja y
ovación), Sebastián Pereira (oreja y oreja) y Gabriel Picazo (ovación
y dos orejas tras aviso). Un tercio de plaza.
TEMPORADA
2002
Lunes, 26 de agosto. Toros de Carriquiri
(de juego desigual), para
Luis Miguel Encabo (ovación y
ovación), Fernando
Robleño (dos orejas y ovación tras aviso) y Eduardo Flores
(oreja y silencio).
Martes, 27 de agosto.
Toros de Zalduendo
(de escasa presentación y diferente juego), para
Curro Vázquez (silencio
y saludos), José Tomás
(saludos y dos orejas) y Morante de la
Puebla (saludos y silencio).
Menos de tres cuartos.
Miércoles, 28 de agosto. Toros de Alcurrucén
(buenos, el 5º indultado), para El
Fundi (palmas, oreja y oreja), Antonio Ferrera
(oreja y dos orejas y rabo simbólicos) e Iván
Vicente (palmas en el único que mató). Iván Vicente sufrió una
posible fractura del maleolo del tobillo derecho tras ser pisado por el
tercero. Media entrada.
Jueves, 29 de agosto. Toros de Carlos Núñez, para
Finito de Córdoba (silencio
y pitos), Rivera Ordóñez
(saludos tras petición y saludos)
y Gómez Escorial (oreja
y silencio). Media entrada.
Viernes, 30 de agosto. Toros de Victoriano del Río Cortés
(buenos), para
Manuel Caballero (oreja y
dos orejas), Eugenio de Mora
(oreja y ovación) y
El Juli (dos orejas y ovación).
lleno.
Sábado, 31 de
agosto. Novillos de Toros de Cortés (buenos), para Matías
Tejela (aplausos y dos orejas), Reyes Ramón (oreja y dos orejas) y Gabriel
Picazo (dos orejas y oreja). Menos de media entrada.
Domingo, 1 de septiembre. Toros de Javier
Guardiola, para Leonardo
Hernández (una oreja y una oreja), Pablo
Hermoso de Mendoza (dos orejas y una oreja) y Javier Sanjosé (una
oreja y una oreja). Tres cuartos de entrada.
El Mundo. Lunes, 1 de
noviembre´2002. Crean una red de ciudades para fomentar los encierrros
La localidad segoviana de Cuéllar y la madrileña de San Sebastián de los Reyes han aprobado el documento definitivo para constituir la red de ciudades del proyecto Minotauro, para fomentar los encierros de toros y cuyas actividades serán financiadas con fondos europeos.
Los alcaldes de San Sebastián de los Reyes, Angel Requena, y de Cuéllar, Octavio Cantalejo, firmaron hoy este documento que servirá para poner en marcha el proyecto Minotauro entre aquellas ciudades que tengan como nexo común los encierros.
Cuéllar, Rion des Landes (Francia), Santarem (Portugal) y San Sebastián de los Reyes son inicialmente las ciudades que forman esta red, a la que, según indicaron a Efe fuentes municipales, se espera se unan otras 26 de distintos países de la Unión Europea.
Las actividades que se desarrollen con Minotauro serán financiadas con los fondos europeos del programa INTERREG.
TEMPORADA
2001
Triunfador de la feria: Julián López "El
Juli"
Trofeo a la mejor faena: José Pacheco
"El Califa"
Mejor estocada: Luis Francisco
Esplá
Mejor ganadería: Carlos
Núñez
Mejor toro: Carlos
Núñez
Lunes, 27 de agosto. Novillos de Victoriano
del Río (flojos y sosos, aunque manejables) y uno de "Toros de Cortés"
(flojo y manejable),
para Sebastián Pereira (oreja y oreja), Reyes Ramón -que debuta con picadores en
España- (oreja y dos orejas) y Gabriel Picazo (dos orejas y silencio
tras aviso).
Martes, 28 de agosto. Toros de Núñez
del Cuvillo (anovillados, sospechosos de pitones, flojos y
descastados), para Luis Francisco
Esplá (oreja y ovación), José Miguel Arroyo
"Joselito" (oreja y silencio) y Enrique
Ponce (oreja y silencio). Tres cuartos de entrada. Se guardó un
minuto de silencio en recuerdo de Manolete en el LIV aniversario de su
muerte.
Miércoles, 29 de agosto. Toros de Carlos
Núñez (desiguales aunque correctos de presentación y de cabezas), para Manuel
Caballero (silencio y oreja), José Pacheco
"El Califa" (oreja y oreja) y Javier
Conde (oreja y ovación con saludos). Un cuarto de plaza en tarde
agradable.
Jueves, 30 de agosto. Toros de Victoriano
del Río (desiguales de presentación), para Alberto
Elvira (ovación con saludos en ambos), José Tomás
(oreja y oreja) y Miguel
Abellán (oreja y vuelta tras aviso). Más de tres cuartos de plaza.
Viernes, 31 de agosto. Toros de "Bañuelos"
(correctos de presentación, muy cómodos de cabeza y de juego desigual),
para Finito de Córdoba (silencio
en ambos), Eugenio
de Mora (oreja y oreja) y Julián López "El
Juli" (que reaparecía, silencio y dos orejas). Lleno.
Sábado, 1 de septiembre. Toros de "Partido
de Resina" (bien presentados y de juego desigual), para Juan José
Padilla (silencio y pitos), Eduardo Flores
(oreja y silencio) y Jesús Millán
(oreja y oreja). Un cuarto de plaza.
Domingo, 2 de septiembre. Toros de Flores
Tassara (reglamentariamente despuntados para rejones), para los rejoneadores Leonardo
Hernández (oreja y silencio tras aviso), Pablo Hermoso de
Mendoza (oreja en ambos) y Javier San José (oreja y dos orejas).
Dos tercios de plaza cubiertos.
Festejos celebrados
Sábado, 31 de marzo. Festival homenaje a
Pedrín
Benjumea. Reses de distintas ganaderías, para José Manuel Inchausti Tinín
(oreja),
Ortega Cano (pitos), Andrés
Caballero (dos orejas), Manuel Díaz El Cordobés
(dos orejas y rabo), Rivera
Ordóñez (ovación con saludos),
Miguel Abellán (dos orejas), el novillero
Francisco Ortega (oreja) y el becerrista hijo de Pedrín Benjumea, Javier
Benjumea (vuelta). Casi lleno. Ortega Cano regaló el
sobrero (dos orejas), cuya lidia compartió con Paco Alcalde.
TEMPORADA
2000
Temporada 1999
Feria del Cristo de los Remedios
Sábado, 26 de agosto. Novillos
de María Palmas, para Sebastián Pereira (oreja y oreja), Jorge León (silencio
y silencio tras dos avisos) y Luis
Vilches (oreja y oreja).
Domingo, 27 de agosto. Toros de Julio
Puerta, para El Renco (oreja y vuelta tras petición), Eduardo
Flores (oreja y silencio), y para el rejoneador Javier Sanjosé (dos orejas
y palmas).
Lunes, 28 de agosto. Toros de El
Torreón (cuarto bis muy mal presentado, sin trapío e inválido; unos
regordíos y otros anovillados. Con indicios de manipulación en las astas y muy
pobres de cabeza; bizcos unos y playeros otros; abrochado el sexto. De juego
desigual, destacaron quinto y sexto, éste con más movilidad), para David
Luguillano (oreja con petición de la segunda y palmas), Eugenio de Mora
(oreja con fuerte petición y dos orejas) y "El
Juli" (aplausos y dos orejas y rabo). Crónica
de El Mundo.
Martes, 29 de agosto. Toros de El
Torreón (uno devuelto
al inutilizarse), desiguales, flojísimos. 3º y 6º, inválidos. Algunos
mansearon. 2º, sobrero del mismo hierro, cornalón y muy flojo), para Manuel
Caballero (media tendida
(silencio); tres pinchazos y se echa el toro (aplausos y también pitos cuando
saluda), Dávila Miura (dos
pinchazos y estocada (silencio); media y descabello (oreja) y Miguel Abellán
(estocada trasera perdiendo
la muleta (silencio); estocada delantera (aplausos y saludos). Menos
de media entrada. Crónicas
de El País y El
Mundo. Miércoles, 30 de agosto. Toros
de Jandilla (uno desmochado para
rejones; terciados, correctos de presentación y fuerzas; cómodos de cabeza y
astifinos en general. Astigordo el cuarto. Anovillado y muy flojo el primero.
Salvo éste, noble, encastados, mansos y con peligro, en especial segundo,
tercero y sexto. Con más trapío cuarto, quinto y sexto), para Finito
de Córdoba (aplausos, silencio y oreja), Rivera Ordóñez
(pitos, vuelta tras leve petición y oreja), y "El
Califa" (herido al muletear a su primero) y de Carmen
Lorenzo, (despuntado para rejoneo, mansurrón, que dio juego) para Pablo Hermoso de Mendoza (dos
orejas). Crónicas de El País y El
Mundo. Jueves, 31 de agosto. Toros
Victoriano de Río (de presencia
desigual, alguno sospechoso de pitones, justos de fuerza, mansotes en general. 2º,
anovillado. 6º, boyante), para Luis
Francisco Esplá (pinchazo y estocada desprendida (aplausos y saludos);
cuatro pinchazos y cuatro descabellos (silencio), Joselito
(bajonazo (algunas palmas); estocada (dos orejas) y Juan Bautista
(estocada ladeada, rueda de peones y dobla el toro (aplausos y saludos);
estocada corta (dos orejas). Lleno. Crónica
de El País.
TEMPORADA
1999
José Tomás, triunfador de la feria.
Morante de la Puebla, trofeo a la mejor faena
Feria del Cristo de los Remedios
Miércoles, 25 de agosto. Novillos de Hermanos Montes y dos de Pedro
Herrero, para Sebastián Pereira, Jorge León, Iván Sanz y David Sanz
Jueves, 26 de agosto. Toros de La Ermita (bien presentados, de juego
irregular, 5º y 6º encastados), para José
Luis Bote (estocada baja y descabello -vuelta-; tres pinchazos, media tendida y dos
descabellos -ovación-), Eduardo Flores (pinchazo, dos medias desprendidas, media y ocho
descabellos -silencio-; estocada tendida, descabello -aviso- y tres
descabellos -silencio-) y Ángel Gómez
Escorial (dos pinchazos y estocada delantera -oreja-). Crónica
de El País. Crónica
de El Mundo.
Viernes, 27 de agosto. Toros de Manuel San Román (absolutamente
indecorosos: anovillados, sospechosos de pitones, varios mochos como para rejoneo; muy
flojos, sólo soportaron un leve puyazo; docilones), para El Cordobés (estocada corta tirando la
muleta y rueda de peones -oreja con exigua petición-; estocada caída -oreja-), Vicente Barrera (estocada trasera y
rueda insistente de peones -oreja con exigua petición-; estocada baja y rueda insistente
de peones -dos orejas-, la segunda con escasa petición) y Uceda Leal (estocada perdiendo
la muleta -dos orejas, la segunda con escasa petición-; estocada trasera, rueda de peones
y dos descabellos -oreja-). Crónica de El
País. Crónica
de El Mundo.
Sábado, 28 de agosto. Cinco toros de Miura (-uno devuelto por impresentable-, de
bochornosa presencia, escandalosamente desmochados, flojos. 2º -sobrero- y el 6º de
José Vazquez (de discreta presencia, sospechosos de pitones, manejables), para El Fundi (media atravesada y media -palmas y
saluda-; estocada corta perpendicular trasera -silencio-), Oscar Higares (dos pinchazos, estocada
desprendida y rueda de peones -algunas palmas y saluda-; estocada delantera -oreja con
exigua petición y protestas-) y El Califa
(media atravesada y descabello -silencio-; pinchazo a un tiempo perdiendo la muleta,
pinchazo y estocada trasera caída -oreja con escasa petición-). Crónica
de El País. Crónica
de El Mundo.
Domingo, 29 de agosto. Toros de Zalduendo
(de escasa presencia, sospechosos de pitones, algunos escandalosamente romos, muy flojos;
al 2º, tipo cabra y mutilado, se le simuló la suerte de varas; todos pastueños), para Manzanares (estocada corta caída y
rueda insistente de peones -silencio-; estocada corta -dos orejas-, la
segunda sin apenas petición), José Tomás
(estocada corta caída y rueda insistente de peones -silencio-; estocada corta -dos orejas-,
la segunda sin apenas petición) y Miguel
Abellán (estocada corta y rueda de peones -dos orejas- con escasa petición;
en la suerte de recibir, pinchazo y estocada -dos orejas- y petición de rabo). Crónica de El
País.
Lunes, 30 de agosto. Toros de El
Torreón (-uno devuelto por desmochado-, 3º sobrero de Julio de la Puerta y 5º de Zalduendo, sin trapío alguno, todos sospechosos de
pitones, inválidos, borregos y varios adormilados también), para César Rincón (estocada tendida tirando
la muleta -silencio-; estocada tendida ladeada, rueda insistente de peones y
dos descabellos -silencio-), Enrique
Ponce (pinchazo hondo, rueda de peones y dos descabellos -ovación y salida al
tercio-; pinchazo bajísimo y bajonazo escandaloso -silencio-) y Manuel Caballero (dos pinchazos y estocada
-silencio-; pinchazo hondo, rueda de peones, descabello -aviso con retraso- y dos
descabellos -silencio-). Crónica de El
País. Crónica
de El Mundo.
Martes, 31 de agosto. Toros de Victoriano del Río (impresentables, sin
ningún trapío, anovillados y algunos con pinta de eralotes; 6º con presencia algo más
decorosa; 1º mocho, resto discretos de cabeza; inválidos, se les simuló la suerte de
varas; pastueños, 2º de excepcional nobleza), para Rivera Ordóñez (tres pinchazos, estocada
atravesada trasera y descabello -silencio-; estocada caída y rueda de peones -dos orejas
con fuertes protestas-), José Tomás
(pinchazo y estocada -dos orejas-; media trasera y rueda insistente de peones -dos
orejas y rabo-) y Morante de
la Puebla (dos pinchazos, estocada, rueda de peones y descabello -vuelta-; dos
pinchazos y estocada recibiendo -dos orejas-). Crónica de El
País. Crónica
de El Mundo.
Miércoles, 1 de septiembre. Erales de Julián Sanz Colmenarejo, para
Javier de la Concha, José Antonio Ortiz, Antonio Bernal, Raúl Bernal y Juan Vián, El
Palentino.
Crónicas de la prensa
El
País.
Viernes, 1 de septiembre '2000. LUIS M. MORCILLO. Demasiadas
orejas
Esta simpática plaza, aledaña de los madriles, a la que llaman por eso La
Tercera, es el paraíso de los orejistas. Basta con que el torero dé muchos
pases y que mate el toro de una estocada para que, sin parar mientes en la
calidad de aquellos y de ésta, se exija la concesión de la segunda oreja.
Muy pocos de esos orejistas saben que el segundo trofeo es de exclusiva
competencia del presidente y que, para otorgarlo, el Reglamento Taurino exige
que tenga en cuenta las condiciones de la res, la dirección de la lidia, la
faena con capote y muleta y la estocada. Los que sí lo saben son los
presidentes, pero no se atreven a negar una segunda oreja, porque temen que los
orejistas, llevados por esa "cólera del español sentado", que dijo
el clásico, asalten el palco para lincharlos. Por eso, seguramente, en esta
plaza se dan tantas segundas orejas y, a veces, hasta un rabo fantasma.
Dos segundas orejas se llevaron ayer Joselito y Juan Bautista y, ambas, si
cogemos la lupa del rigor, que es la que debe coger siempre un buen aficionado,
sea o no sea presidente, deberían haberse quedado en su sitio, allí, junto a
la raíz del pitón.
Si vamos a la primera exigencia, la de las condiciones de la res, digamos que
el quinto toro no fue tan bueno como creyó el público. Se quitó el palo en la
primera vara que tomó y salió suelto. Buscó después al otro picador,
colocado cerca de toriles y no fue hacia él por bravura sino porque le tapaba
el camino de la fuga. A pesar de la brega de Pirri, que se esforzó en evitar el
encuentro, el toro tomó allí otra vara, con la salida tapada.
En la muleta, tardeó y buscó tablas. No se confió Joselito, al principio.
Cuando lo hizo, le metió el piquito y se dejó arrebatar el terreno. Un
espectador le pidió el empleo de la mano izquierda y José dio algunos
naturales, muy pocos limpios y todos sin ligar. El toro se le iba y el torero lo
persiguió por todos los terrenos, mal colocado siempre. Lo mató de un gran
volapié, entrando muy despacio. Aunque la estocada fue perfecta, ni hubo
dirección de lidia, ni la faena fue redonda. No a la segunda oreja.
El toro que desorejó Juan Bautista fue excelente. El mejor de la corrida. La
faena del diestro francés fue rutinaria y pegapasista. Le echó variedad al
asunto, con una capetillina, molinetes de pie y de rodillas y un abaniqueo. Pero
siempre con la muleta retrasada, para aprovechar los viajes. Dirección de
lidia, cero. Y con el capote se hizo un lío al intentar, en un quite, emular
las fantasías de El Juli.
El primer toro de Joselito fue soso, se quedaba corto y se paró en seguida.
Lo toreó sin ligar y con carreritas. El de Juan Bautista, un inválido gazapón.
Esplá, que suplió al ausente José Tomás, no vino a cortar orejas. Dio
muchos derechazos, todos cortitos y algunos sin rematar, a su primer toro. A la
faena le faltó hondura, a fuerza de buscar lo superficial. Cuando, agotado el
burel y, ante la insistencia del público, se echó la muleta a la izquierda, le
pegó tres naturales con enganchones.
El cuarto fue un toro mansote, que se quedaba corto, hasta el punto de que se
le paró una vez bajo el sobaco y le atizó un derrote. Esplá anduvo con él más
animoso y sabiendo resolver los problemas que la res le iba planteando.
Estuvo fácil en banderillas y más lidiador que artista con el capote, sobre
todo en el modo de sujetar, de salida, a su segundo toro. Daba gusto ver la
manera de salirse con él a los medios a la vez que iba corrigiendo con el
percal la tendencia escapatoria de aquel morlaco.
El País, jueves, 31 de agosto
'2000. LUIS M. MORCILLO. Cogida grave de El Califa
Los toreros que han escogido el camino del valor pecan, casi siempre, de
exceso de confianza. En su afán de despreciar el peligro torean al marrajo con
la misma displicencia que al pastueño. Por torear así, El Califa sufrió una
cogida al inicio de la faena a su primer toro. Se llamaba Rebueno, pero
no hizo gala de su nombre. Ya había mostrado sus malas condiciones durante el
segundo tercio. Se entableró, escarbó, se dolió al arpón de los rehiletes y
comprometió a los subalternos. Ninguna de esas arteras mañas preocupó a El
Califa. Ya le había hecho, de salida, un buen toreo a la verónica y abrió la
faena con una tanda por el pitón derecho, en la que, muy quieto, templó y ligó
los muletazos. Se dispuso a rematar la serie y, al citar, el toro se fue hacia
el diestro y le pegó una cornada instantánea en la pierna izquierda.
Se quedaron solos Rivera y Finito con el resto de la corrida. Unos toros de
Jandilla, entre los que hubo de todo. Un bichejo de corto recorrido -el quinto,
que hizo cuarto al cambiarse los turnos, por la cogida- al que Rivera toreó muy
desganado y apático y que, por no dominarlo, le puso en algún aprieto. Al ver
que le jaleaban los trapazos por alto, le recetó una generosa dosis. Un segundo
toro, que tuvo presencia y cuajo, pero que resultó un marrajo de cuidado, con
peligro por el pitón izquierdo: Rivera le hizo una faena de aliño por la cara.
Un sexto, el de más trapío y presencia del encierro, pero algo flojete. Con él
salió Rivera Ordóñez a por todas. Larga cambiada genuflexa en el tercio y verónicas
con una rodilla en tierra, al estilo del abuelo materno. También empezó de
rodillas la faena de muleta, que le resultó valentona.
Finito consiguió una serie de derechazos, perfecta y ligada, en el primero.
Dominó el genio del quinto, con un eficaz toreo de mano baja y acabó con el
tercero de cinco pinchazos y un descabello.
Hermoso de Mendoza toreó a caballo con soltura y pellizcos de arte. Aunque
paseó dos orejas, parece ser que el presidente también le había concedido el
rabo, pero el público no protestó porque no se cortara ese trofeo.
El
Mundo,
jueves, 31 de agosoto '2000. JAVIER VILLAN. El Califa,
herido otra vez
Una puñalada seca y en corto. No tienen compasión de El Califa los toros;
cada vez que le tocan lo hieren. Y lo hieren a conciencia. Es como si no le
perdonaran que los someta, que ejerza su poderío sin trampa ni cartón, que les
pise el terreno. Y que asiente las zapatillas en la arena y no rectifique; que
baje la mano, que se pase las astas muy de cerca sin escurrir el bulto. Tres
redondos en los medios, desgarrado y torero. Y una leve duda, entre consumar el
cuarto o un cambio de manos, y el jandilla cornicorto y astifino, y con precisión
homicida, le tiró el navajazo. Fueron tres redondos de la misma estirpe de las
verónicas con las que El Califa, torero cabal, carne de cornada y castigadísimo
por los toros, lo había recibido. Sensación de gravedad inmediata y la corrida
quedó en un mano a mano entre Finito de Córdoba y Rivera Ordóñez.
Cagancho es un lujo; Chicuelo es otro lujo; la cuadra entera es un lujo. Y
Pablo Hermoso de Mendoza es un lujo superlativo. De tan perfecto y artístico,
el arte ecuestre de Hermoso de Mendoza corre el riesgo de convertirse en una
belleza muerta: la belleza fría y estática ante el espejo; pero en el espejo
no se refleja un toro. Recortó Cagancho con primores y sensibilidad exquisitos.
Y Chicuelo hizo cabriolas como el más exquisito artista circense. ¿Pero? Pero
nada. Seguía sin haber toro.
Muy frío el público con Finito de Córdoba, aunque se entibió al final.
Finito no estuvo arrebatador, pero tampoco se mereció la gélida indiferencia
de los tendidos en su primero; sobre todo después de dos series de redondos y
los pases de pecho. Aliñó para darle el pasaporte al que cogió a El Califa. Y
volvió a lucirse con la derecha y algunos cites de frente al natural. Faena de
altos y de bajos, de dientes de sierra, a veces cálida y a veces atropellada y
corretona, que culminó con una estocada.
Anochecía cuando Rivera Ordóñez saludaba al toro de El Califa con una
larga afarolada de rodillas y remataba unas verónicas vigorosas, con media
también de hinojos. Rivera Ordóñez había pegado el cante y la estampida de
forma indecorosa en su primero; se redimió a medias en el segundo y se pegó el
arrimón en el que cerraba plaza. Rivera Ordóñez no tuvo bastante con
enfrentarse a las dificultades del manso jandilla, y se enfrentó a una peña
que andaba de jarana. Autoritario, el hijo de Paquirri, nieto de Ordóñez y
duque consorte, les mandó callar llevándose el dedo a los labios. Mejor
hubiese sido callarlos con la muleta; mas el silencio sobrevino al hilo de un
percance que también pudo ser trágico. A los pocos momentos de su despectivo
gesto, Rivera andaba por los aires tras un arreón del jandilla. Salió con la
taleguilla agujereada y con la voluntad del público a su favor, menos la de la
peña, que seguía a su bola. Con toda su arrogancia, Rivera Ordóñez fue más
benévolo con los juerguistas que algunas espectadoras histéricas que pedían
que los llevaran a la cárcel. Vale el arrimón; vale la decisión de tirarse al
suelo y pasarse el toro por las femorales. Lo que no vale, desde ningún
supuesto, es la incompetencia y la inhibición que derrochó Rivera Ordóñez en
su primero. Dejó que el picador lo machacara en un puyazo sangriento; sus
razones tenía Rivera, pues el jandilla sacó una casta incómoda, un genio que
lo trajo por la calle de la amargura. Aquel toro, como algunas personas, estaba
en permanente estado de cabreo e irritación. Tanto que alteró la placidez
contemplativa de Rivera Ordóñez, que pegó la cantada: una cantada clamorosa,
épica y homérica. Con fortuna, la voltereta y las penitencias en el sexto
lavaron esa mancha y le restituyeron el honor.
El
País.
Miércoles, 30 de agosto´2000. LUIS M. MORCILLO. Bochorno
y aburrimiento
Tarde de
bochorno climático, con un calor forastero, que parecía recién llegado de la
plaza de la Maestranza. Tarde también del otro bochorno, del de ponerse
colorado de vergüenza. El primero se puede combatir a tragos de cerveza helada
y golpes de abanico. El otro, el del sonrojo, ya es más difícil de eliminar y
acaba por desembocar en el aburrimiento.
Con ese bochorno de
mejillas coloradas nos aburrimos, por supuesto. La culpa fue de los inadmisibles
toros de El Torreón, que apenas podían tenerse en pie y a los que les costaba
un ciclópeo esfuerzo seguir los engaños. No se pudo castigar en varas a
ninguno y, en el caso del tercero, ni siquiera se le metió la puya. El piquero
sólo le dio un toquecito, que no le hizo sangrar, y a otra cosa.
Como ocurre siempre que
los toros se mueren a chorros, ninguno de los tres espadas pudo hacer el toreo
de verdad. El de triquiñuela sí lo hicieron algunos, como en la faena de
Caballero al cuarto. Tampoco pudo ser picado y el de Albacete lo llevó y lo
trajo sin pizca de emoción. Hubo encimismo, pico y toreo para la galería. El
numerito del torero grandullón contra el toro tullidito. Un abuso,
naturalmente. Al final del simulacro de toreo, estuvo más tiempo en el rabo que
en los pitones.
En su primero, que era un
esmirriado novillejo, anduvo más entonado. Sacó mucho partido de él a base de
acertar sabiamente en la colocación y meter a tiempo el pico, pese a lo cual
aburrió al toro, que escapó a la querencia de toriles y al público, que ya
empezaba a amodorrarse.
Vino Dávila Miura en
sustitución del anunciado Morante de la Puebla y debió creer que estaba ante
poderosos enemigos. Quiso hacer al quinto un toreo de dominio, que resultaba ridículo.
Aprovechó el poco gas del segundo para sacar tandas largas y mandonas, esta vez
con más fundamento.
Miguel Abellán tuvo la pésima
suerte de tener que cargar con dos toros inútiles. Sólo pudo lucirse con el
capote, que manejó con arte y torería en el saludo a sus oponentes y en los
quites.
En la labor de las
cuadrillas destacó el peón Juan Montiel, espléndido en la brega y con las
banderillas. También saludó El Jaro, tras un par arriesgado al renqueante
sexto.
El
Mundo. Miércoles, 30 de agosto´2000. JAVIER VILLÁN.
Mejoró el trapío de los toros
Ayer, no sé por qué razones, mejoró la presentación de los toros. Y eso
me crea un problema de conciencia, pues atribuí los de anteayer a un hierro
equivocado. A ver si me aclaro. Ayer, y no anteayer, como salió aquí, tocaron
los de El Torreón. Anteayer tocaron los de Zalduendo remendados con tres de
Bañuelos, que les dieron mucha gloria a los toreros, y quién soy yo para
privarles a Bañuelos y a Zalduendo, de tan legítimo honor. Que cada palo se
aguante su vela y yo he de aguantarme esta vez palo y vela, y hasta una condena
a galeras que siempre será más piadosa de la que merezco. Lenguas viperinas de
la Villa y Corte difunden la especie de que me equivoco adrede, porque luego las
rectificaciones me quedan muy bonitas. No es verdad. Me equivoco porque, aunque
me duela reconocerlo y no quiera aceptarlo, soy humano. Yo también soy humano.
Humanísimo, diría yo. Qué se le va a hacer. El hecho es que la corrida de
ayer de El Torreón salió más aparente, aunque también floja y tontorrona.
Manuel Caballero, al igual que su toro, fue una nulidad en el que abrió plaza.
En cambio, el cuarto fue uno de los pocos que se mantuvo con cierta gallardía;
con la precaria prestancia que los cojos están acostumbrados a sacar en los
momentos de apuro: «No corráis que es peor».
Y Caballero se atuvo al refrán, se centró cabalmente con el noble toro de
El Torreón, se lo lió a la cintura y, sin rectificar, ligó circulares,
redondos y pases de pecho en un palmo de terreno. Lo mejor, dos tandas de
naturales pulseando con delicadeza, midiendo las fuerzas del animal. Pudo
resarcirse Caballero de la nulidad que fue en el primero. Mas aplicó a la
espada la misma delicadeza que había usado con la muleta y parecía que, en vez
de matar, entraba a curar: como los supositorios de la guerra de Gila.
Se quebró la pata del segundo y ya se sabe que el toro, como dice de la
mujer la malignidad machista, la pata quebrada y en corrales. Salió un hermoso
sobrero con trapío, serio de cara y con dos agujas.
Por desgracia remataba los largos muletazos de Dávila Miura descuajeringado
en el suelo. Humillaba, pero con todo el cuerpo. O sea que se pegaba el batacazo
sin remisión. En un momento se quedó despatarrado y pareció que tanta
hermosura iba a seguir el camino del anterior. La faena de Dávila en el quinto,
basada casi toda sobre la mano derecha, tuvo ritmo y en algunos momentos
profundidad. Fue el toro más entero de la corrida. Y, como no hizo ningún
gesto que amenazara la integridad del matador, éste se mostró sereno y seguro.
Acertó con media estocada y un descabello; y el público, encantado de pedirle
la oreja y el presidente encantadísimo de dársela.
Miguel Abellán toreó muy bien con el capote al tercero: verónicas a pies
juntos y un quite por chicuelinas que remató con media preciosista y exacta.
Abrió faena de muleta con dos estatuarios en los medios y, al echarle la muleta
abajo en una hermosa trincherilla, el toro claudicó. De ahí a la suerte de
matar, nada.
En el embroque el torillo perdió la vida y Miguel Abellán la muleta. Más
perdió el toro, sin duda; en definitiva perder la muleta es un hecho frecuente.
La muleta se encuentra enseguida y sanseacabó. Además, hay toreros que pierden
muleta, capote y hasta un poquito de su vergüenza torera, y les dan la oreja.
Mató muy bien ayer Miguel Abellán: una estocada por toro, lo cual es de
celebrar. A ver si este muchacho es capaz de matar bien cuando tiene las orejas
en la mano.
Saludó, y con toda justicia, El Jaro por un buen par en el sexto. El toro le
echó la cara arriba y este buen banderillero no perdió la compostura. No
saludó, pero acreditó su buen momento la cuadrilla de Dávila Miura. En
especial Montiel, cada día más fino en la brega.
El
Mundo.
Martes, 29 de agosto´2000. JAVIER VILLÁN. Un rabo
que tapa otros méritos
Hay, evidentemente, dos Fiestas cada cual con su derecho propio
a la existencia; una que conserva todavía cosas que la hicieron célebre, el
toro por ejemplo y otra que no conserva casi nada, salvo la jarana popular que
no hay que desdeñar. Ayer, en San Sebastián de los Reyes, hubo poco de toro y
mucho de jolgorio y algarabía. Bienvenida sea ésta, aunque yo no sé por qué
tiene que estar reñido lo uno con lo otro.
Ayer cayó un rabo que servirá para decir que esto marcha como nunca. El
beneficiario fue El Juli cuando ya entraba la noche y habíamos sido premiados
con cuatro orejas anteriores. Vino El Juli, que no se había jalado todavía una
rosca, y se jaló el rabo. Enganchó al bravo torillo en dos tandas de redondos
y en una de naturales. La estocada desató el entusiasmo. En el anterior había
tenido tres detalles que acreditan la despejada cabeza del chaval: un afarolado
para enmendar el descrédito de un derrumbamiento, un pase por detrás cuando el
toro se le desfondó a pocos centímetros; tres manoletinas de rodillas para
subir la temperatura. Gestos parecidos los tuvo también en el del rabo. Cada
vez que el toro le tropezaba la muleta, resolvía con un trincherazo, un
afarolado o un pase mirando al tendido. Por cierto, ayer hubo ocasión
pintiparada para ver clavar a El Juli por la izquierda, en el tercer inválido,
bizco además del pitón izquierdo, Julián López prefirió pasar el descarado
puñal de la derecha.
Bordó la verónica, las de saludo y las del quite, David Luguillano, y tuvo
en los redondos el temple ligado y hondo de sus mejores tardes: las tardes del
bueno, solemne y misterioso Luguillano. Naturales largos forzando demasiado la
figura y tratando de alargar la embestida. Aguantó el torillo mucho mejor los
muletazos a pies juntos, la suave limpieza de éstos más acorde con la
fragilidad de sus remos. A nada que se le forzara, el de El Torreón se marchaba
al suelo con todo el alma. Y eso que Luguillano lo cuidó con mimo. Un ángel
fue Luguillano no sólo toreando, sino, y sobre todo, por su actitud compasiva.
Le perdonó al torillo la suerte de varas y permitió sólo un picotazo.
El presidente devolvió el cuarto. Unos decían que por burriciego y otros
que por cojo. Un poco adefesio sí que resultaba el de El Torreón, pues era
regordío y acapachado. Luguillano se disgustó por la devolución, pues había
advertido cierto tranco en el feo animal. El sobrero salió sin divisa, y era un
bonito castaño recortadito y muy cómodo de cabeza, pero con más movilidad que
los anteriores. Sólo en algunos naturales y en los pases de pecho recordó
Luguillano el buen son de su anterior labor.
Apenas se picó y Eugenio de Mora no iba a ser una excepción. Ciñó la verónica,
sobre todo la media, y al dar una gaonera el animal se venció por la izquierda
y se lo echó a los lomos. Fue el supremo esfuerzo del inválido bizco. No le
guardó rencor Eugenio de Mora y lo trató con caridad y mimo. Caridad y mimo
que se transmutaron, por momentos, en auténtica torería. Naturales, redondos y
pases de pecho surgieron con nitidez y largura; muy relajado el torero y
llevando al animalillo entre algodones y seda, trayéndolo largo, trazando un
semicírculo eterno en torno a su cadera. De Mora no dio un tirón ni un toque
de más. Aguantó frío y sin moverse dos parones a centímetros más por
debilidad del bicho que por malas intenciones. Y mató muy bien, de media
lagartijera igual que Luguillano había matado de estocada corta.
Largas afaroladas de rodillas y una apertura de hinojos que encendió los ánimos.
La raza del animal se sobrepuso a su perniciosa invalidez. Y aunque a veces se
desplomaba tenía voluntad firme de seguir la muleta. Bien Eugenio de Mora por
la derecha y por la izquierda, cuando el toro no le punteaba la muleta, cosa que
consiguió casi siempre. Se le fue la mano en la estocada, tardó en doblar el
animal, sonó un aviso pero cayeron las dos orejas, que son menos que un rabo,
aunque valen tanto o más.
Temporada 1999
Crónicas de la prensa
El
País, JOAQUÍN VIDAL. Madrid, edición del 1 de septiembre '99
De salón
Cortar ocho orejas y un rabo es posible toreando de salón. La prueba: plaza de San
Sebastiáin de los Reyes; Rivera Ordóñez, José Tomás y Morante de la Puebla al
aparato.
Habría que añadir los toros pero eso sería una ordinariez. ¿A quien importan los
toros? Como gritó un espectador en una Feria de San Isidro dando respuesta a los
aficionados del 7 que exigían toros, el que quiera ver toros que se vaya al zoo.
Así que sin toros. Rivera, Tomás y Morante: ellos solos se bastan y sobran para
cortar ocho orejas y un rabo. A quién, eso ya sería mucho preguntar.
Anunciaron toros, por supuesto, pero sólo porque no anunciarlos quedaría feo. Seis
hermosos y bravos toros, seis, decía el cartel. Bueno, siempre se exagera. La gente en
general y los españoles en particular sabemos que una cosa es predicar y otra dar trigo;
y cuando a la hora de la verdad aparecieron por el portón de chiqueros una sarta de
novillos -algunos parecían becerrotes-, que no tenían resuello y obedecían a los
toreros con una sumisión infinita, al público en general y los aficionados en particular
les pareció lo más natural del mundo. ¿No figura en la carta de muchos restaurantes
"merluza del pincho" y lo que te sirven es pescadilla gorda? Pues eso.
Lo importante era comprobar quién sabía torear de salón. No se crea que torear de
salón es tan fácil. Unos torean de salón y da gusto verlos, otros da la impresión de
que se ponen a fregar. Y, tal cual, sucedió en San Sebastián de los Reyes con el toreo
de salón que les hicieron los espadas de la terna a los novillotes sin resuello más
buenos que la mar.
Destacó José Tomás en la parte excelsa del toreo de salón;Rivera Ordóñez, en la
contraria.
José Tomás le hizo a su primero un faenón de altos vuelos. Finísimo en los lances a
la verónica, quieto como un húsar en las chicuelinas, solemne en los estatuarios,
sobrado en los derechazos, cuando se echó la muleta a la izquierda y embarcó los
naturales aquello, tan raro de ver en la tauromaquia de los pegapases contemporáneos,
conmovía los sentidos, se daba por venido de la infinitud astral.
Al público le llegaban las mismas sensaciones: "Es de otra galaxia",
exclamaban unos al observar la hierática apostura del artista; "Nunca se ha visto
nada igual", ponderaban otros al producirse la exacta, pulcra, suave ligazón de los
pases. El rabo que tenía ganado el torero acabó en el desolladero pues pinchó antes de
conseguir la estocada que despenó al ente embestidor.
Pero sin rabo no se había de ir José Tomás y lo recibió, símbolo del premio
máximo, tras su siguiente intervención, que transcurrió en medio del delirio y
continuas aclamaciones de "¡torero!". Puede que esa segunda faena no la creara
tan emotiva como la primera. A los sentidos, regalados por los sabores y los aromas, nos
hemos de referir. La segunda, abundosa en muletazos con ambas manos, magnífica al tirar
de pases de pecho, trincherillas, molinetes y demás avíos ejecutados con armónica
belleza, no fue ligada de verdad (o sea: lo que se dice ligada-ligada) hasta que cuajó la
última tanda de derechazos. Y puso la plaza en pie. Y cayó el rabo.
¿Quién sería capaz de torear mejor?
Los otros dos espadas se aprestaron a emularle. De tener que hacerlo con toros, a lo
mejor no iban con tantas ganas. Mas tratándose de toreo de salón, estaba hecho. Y, sin
embargo, ni resultaba tan claro ni era tan fácil. A Rivera Ordóñez, que sufrió una
voltereta por su afán, que capoteó y muleteó de rodilllas, el toreo de salón le salió
como quien friega. Morante de la Puebla, que hizo a su primer inválido una faena
superficial y deslavazada, hubo de emplearse a fondo con el sexto. Y ahora sí.
Con el sexto, único en la tarde que se parecía algo a un toro verdadero, Morante de
la Puebla tocó con los dedos las cumbres del arte de torear. Demasiadas veces cortó la
faena y no se explica su empeño en meter de matute los derechazos siendo el pitón bueno
del toro el izquierdo, su mano buena la izquierda también, y cada vez que la empleaba
para los naturales recreaba un toreo excelso y ponía la plaza boca abajo. No sólo por lo
de parar, templar y mandar, o lo de cargar la suerte y ligar los pases, que hizo con
ajuste y hondura; sino por la torería. "¡Hay un torero en la plaza!", voceó
alguien. Y era una gran verdad. Por pinchar no le dieron el rabo y estuvo mal pues luego
cobró una estocada recibiendo que lo justificaría, y entonces en vez de un rabo se
habrían cortado dos para mayor gloria del toreo de salón.
El toreo de salón tiene su busilis. La próxima vez baja un servidor, que lo borda.
El
Mundo, FERNANDO BERMEJO. S.S. de los Reyes, edición del 1 de septiembre '99
Otra tarde para el recuerdo
José Tomás y Morante firmaron una tarde para el recuerdo. Otra más en esta feria
inolvidable de San Sebastián de los Reyes. Inolvidable en lo bueno -ha habido faenas de
temporada- y en lo malo, o sea, en la presentación intolerable de algunos toros, como el
primero de ayer.
Lo mejor, que al toreo mayestático de José Tomás le hayan respondido en cada una de
sus dos tardes las muñecas de dos artistas singulares: Manzanares y Morante. Ayer, el de
La Puebla, en el sexto, tocó el cielo. Faenón de gracia y arrestos: por su torería y
porque enfrente tenía al toro-toro del encierro, cuajado y de emocionantes viajes.
El de Galapagar, con independencia de las dos orejas y rabo, estuvo espectacular con su
primero. Siete, ocho, nueve naturales dentro de una serie. La locura. Y sin moverse, en un
ladrillo. Llegó a abusar del toro, a jugar con él, flexionando la cintura y abrochando
con diabluras en un final de faena apoteósico. Todo ello, bajo la premisa de dar mucha
distancia al toro. Pinchó una vez, no así al cuarto, al que mató a la primera y como
colofón a su feria -dos tardes: ocho orejas y un rabo- se le concedieron los máximos
trofeos. Aquí, brilló más con la derecha, engarzando rítmicamente los viajes del toro.
Su lote, por cierto, fue muy aplaudido en el arrastre. El saludo con el capote y el quite
a pies juntos tuvieron, además, enorme calidad.
Se lamentó el público de que Morante no rematara bien con la espada su primera faena
a un toro que se rajó pronto. Técnica y gusto sobre el manso. Pero, en el sexto,
irrumpió el gran toreo: al natural, puso al público en pie, con un muletazo eterno,
principalmente. Alternó después ambas manos. Aguante, firmeza y mucho salero. Quien
dijera de él que es un torerito de Sevilla tendrá que rectificar, como ya demostró en
Málaga en un faenón a un toro de Rojas. Se empeñó en matar a recibir y lo logró
jubilosamente a la cuarta.
Por delante, Rivera, que se esforzó por torear despacio, y lo consiguió, al obediente
cuarto, mientras que con el primero anduvo como el toro: irrelevante.
El
País, JOAQUÍN VIDAL. Madrid, edición del 31 de agosto '99 Ninguna
oreja
No se cortó ninguna oreja en la corrida de San Sebastián de los Reyes. Por estas, que
son cruces. No se cortó ninguna oreja y eso que había figuras en el cartel, con Ponce de
amo y señor. Aunque cueste creerlo: ¿Orejas? Cero.
Salíamos, la gente de fuera preguntaba cuántas orejas se habían cortado, y cuando
decíamos que ninguna se creía que estábamos de broma.
San Sebastián de los Reyes -a la cuestión taurina nos referimos, por supuesto- se ha
consolidado como el coladero mayor del reino, gracias no tanto al público triunfalista
que a ella acude como a un presidente chusco cuyo descarado favoritismo con los taurinos
unido a su escandalosa actitud contraria a la fiesta, al reglamento que la regula y a los
derechos del público han sumido en total desprestigio la plaza.
La bautizaron "La Tercera", pues en el área de Madrid seguía a las de Las
Ventas y Vista Alegre; por el cierre de esta última pasó a ser la segunda, y cuando
anunciaba feria los aficionados acudían ilusionados a ver lidia y toreo bueno, sabiendo
que la exigencia del toro disminuía en este coso, mas sin rebasar nunca los límites de
un mínimo decoro. Pero desde que entraron en el palco los presidentes irresponsables,
cuando se les habla a los aficionados de la plaza de San Sebastián de los Reyes tocan
madera. Y mejor no van. Un dato: en esta corrida, con Ponce de amo y señor en el cartel,
hubo media entrada.
Es además San Sebastián de los Reyes, últimamente, la plaza de los toros mochos y
borrachos. No ya chicos -que así lo fueron toda la vida- sino chicos, mochos y borrachos.
Los seis de la función donde no hubo orejas salieron tal cual se acaba de decir.
Aparecían exhibiendo su cuerpo menudo, su cornamenta desbaratada y su azaroso caminar,
caían al cabo, y estos estrafalarios componentes, tan ajenos a cuanto caracteriza al
reino animal -siempre íntegro, fuerte y saludable- suscitaban inquietantes sospechas. Y
la afición hacía cábalas sobre el afeitado, sobre el drogado y sobre sus nefastos
efectos.
A Enrique Ponce le sacaron en primer lugar un supuesto toro que parecía un churro. No
un churro en la acepción de aragonés, sino en la de carnero y de oveja, que se llaman
así también. Una tercera acepción de churro, la famosa fruta de sartén, que tiene
forma de garabato y si no fuera por lo rica que está daría risa, tampoco le habría
venido mal.
Enrique Ponce le dio a ese toro muchos pases a derecha e izquierda, y le hizo
desplantes marchosos en la conclusión de las tandas, con unas ínfulas que se diría
acababa de someter a sus pies al mismísimo King-Kong. Mas no se trataba de King-Kong y la
gente contemplaba aquello con indiferencia.
Al quinto toro, igual de inválido y ovejuno, y que toda la corrida, le hizo una faena
superficial y monótona, rematada de horrenda manera. Primero pinchó en los bajos, luego
le metió al inocente sucedáneo de toro un sablazo en el bife angosto.
Y de semejante guisa la tarde entera: los toros chicos, mutilados, desplomándose en la
arena; los toreros pegándoles trapazos; el público durmiendo la siesta. Ni César
Rincón ni Manuel Caballero ofrecieron motivo alguno que pudiera sacudir la somnolencia
generalizada de la afición. César Rincón, voluntarioso, crispado, espeso en la
resolución de los esporádicos problemas que le podían plantear sus inválidos,
desarrolló sus dos faenas pegando gritos.
Manuel Caballero se empeñó en pegar pases hasta a su sombra y pues no lo consiguió
con el tercer borrego la tomó con el sexto, un tronado ejemplar de capa castaña que unas
veces se iba de ala, otras de vareta.
Caballero recorrió el redondel pegándole pases. Se los pegó en todas partes; hasta
en el carné de identidad. Y al pobre castaño, que soportaba trastabillante y obnubilado
aquel palizón, no se le podía entender lo que mugía (nos habíamos dejado olvidado el
Diccionario de Mugidos en la guantera) aunque por sus congojas y por sus suspiros se
adivinaba que sólo quería que lo dejaran morir en paz.
Murió al fin. Tarde y tras larga agonía, pero murió. Y no le cortaron la oreja ni
nada, con lo cual se produjo la sorprendente novedad de que en la plaza de San Sebastián
de los Reyes, donde los dos días anteriores se habían cortado 18 orejas, en esta
ocasión no se cortara ninguna.
Este dato lo recogerá el Cossío
El
Mundo, FERNANDO BERMEJO. S.S. de los Reyes, edición del 31 de agosto '99 Tarde
fantasmal
Como si no hubiera pasado nada. La plaza, semivacía; los toros, una birria: sin fondo
ni fuerzas; los toreros, navegando con técnica y recursos para intentar arreglar el
desastre. Lo mejor, olvidarse cuanto antes.
Rincón se templó con el capote en sus dos toros, abierto el compás o a pies juntos.
Su primero se apagó muy pronto y carecía del fuelle necesario para seguir la muleta en
tres o cuatro viajes.
Más cuajo tuvo el cuarto y más complicaciones. Rincón se lo llevó al platillo para
fajarse con oficio. Tuvo que esquivar alguna colada mientras el público seguía con la
frialdad por bandera. Dejó, como en el anterior, la espada tendida.
Ponce logró que el flojo segundo no se cayera prácticamente durante la faena.
Reconocido ese logro, el resto fue un trasteo técnico, templado y sólo iluminado con
algún remate sabroso como un cambio de mano o un ayudado por bajo. En su afanosa línea
habitual, exprimió hasta el último centímetro de recorrido de su oponente, que, por
cierto, fue una babosa.
El quinto, un remiendo de Zalduendo con más volumen que los anteriores, prácticamente
no se tenía en pie y no dejó hacer a Ponce más que otra muestra de su técnica. Un
aburrimiento.
Así lo fue también la faena de Manuel Caballero al sobrero de Julio de la Puerta, que
perdió varias veces las manos.
Este toro sustituyó a uno de El Torreón que regresó a los corrales ante las
protestas por sus pitones escobillados.
Al segundo muletazo, el castaño sexto se derrumbó patas arriba. La corrida estaba ya
plenamente vencida, agotada. Caballero intentó alegrar el cotarro y logró sacar -cosa
rara esta tarde- alguna ovación a su favor
El
País, JOAQUÍN VIDAL. Madrid, edición del 30 de agosto '99
Diez orejas
Se cortaron diez orejas, diez, y que no cayera también el rabo resultó absolutamente
inexplicable. ¡El público lo pedía! Lo pedía para Miguel Abellán, que le hizo al
sexto toro la faena de la tarde y, sin embargo, el presidente, que se pasó la corrida
sacando el pañuelo para regalar orejas aunque no las pidiera casi nadie, a la exigencia
ruidosa y apasionada del rabo no accedió. Los presidentes en general y éste de San
Sebastián de los Reyes en particular son un caso freudiano.
Diez orejas se cortaron y, francamente, sería difícil explicar a quién. Comentaban
por allí que era a los toros pero toros no salió ni uno. Masas amorfas, negras, peludas
y acornes, sí. Ahora bien: género amorfo, peludo y acorne se ve cada día en cualquier
parte -no hay más que mirar alrededor- y eso no significa que se trate de toros.
Algunos de los ejemplares peludos que salieron por los chiqueros de la plaza de San
Sebastián de los Reyes lucía más agresivas las orejas que los cuernos. A tales efectos
destacó el corrido en segundo lugar, que tenía tipo cabra. Apareció y algunos
espectadores, expertos en idiomas, le saludaron con un "Beee". Al toro tipo
cabra ni se le pudo picar. El picador se limitó a apoyar la puya en el lomo y con sólo
ese toque el pobre animalillo se desplomó. José Tomás lo citó de largo con mucha
prosopopeya para darle las chicuelinas, y al recortar la segunda la asendereada cabra
rodó patas arriba.
Mucha gente se puso a protestar. Hasta que José Tomás ciñó los estatuarios,
enjaretó tres redondos y al tercero resultó volteado. Pasó entonces a la izquierda y
toreó al natural con la calidad propia de su sello: la muleta presentada tersa, el
embarque suave, el recorrido largo, las suertes ligadas a la perfección. Clamores
provocó aquello. "¡Es único!", "Pertenece a otra galaxia!", se oía
exclamar, y la gente lo aprobaba con movimientos afirmativos de cabeza o rubricando:
"Sí señor, totalmente de acuerdo". Se unió otra voz: "Cuando torea José
Tomás las entradas deberían valer 50.000 pesetas". Esta moción, en cambio, no fue
aceptada ni por los tomasistas más convencidos, y le respondieron que "Amos
anda", que las 50.000 pesetas las iba a pagar su tía.
Entró en liza después Miguel Abellán y, efectivamente, se pudo comprobar que ya no
era lo mismo. Abellán no ejecutaba las suertes ni con gusto ni con armonía. Y no las
ligaba; por el contrario, en cada pase rectificaba terrenos. Se pasó la faena corriendo.
Ahora bien, según pone en la Biblia -que es sabia al tratar las miserias de este mundo
y los prodigios del otro-, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Y
ocurrió que cuando José Tomás se hizo presente en el quinto toro mientras los
partidarios le gritaban "¡A por el rabo!", quien no ligaba los pases era él.
Unos derechazos los dio corriendo. Ejecutó cinco tandas de naturales y entre que me voy o
que me dedico al unipase, no ligó ninguno. Se desquitó en las postrimerías del largo
trasteo mediante unos ayudados de izquierda, pierna arqueada, a la manera de Ponce, que
-por cierto-, es el genuino especialista en la materia.
Los ayudados entusiasmaron al público mas pagó el precio de pasar de faena a la
menudencia negra y peluda, que no se le cuadraba. Mató al fin y le dieron dos orejas.
Iban ya ocho.
Las paradojas de la vida: Abellán, que en su anterior intervención no había ligado,
en la postrera ligó. La realidad es que Abellán armó un auténtico alboroto; primero
con un inverosímil cambio por la espalda, después con unos ceñidos ayudados, en la
parte fundamental de la faena templando los redondos y los naturales y salpicando las
tandas de remates variados y bellos. Y, por si fuera poco, mató en la suerte de
recibir... "¡El-ra-bo, el-rabo", demandaba el público, enfervorizado.
Cuatro orejas Tomás, cuatro Abellán. ¿Y las otras dos, que hacen diez? Pues esas dos
se las llevó Manzanares, que tras pajarearle dubitativo al primer negro peludo, en el
cuarto dijo aquí estoy yo. E instrumentó tres tandas de redondos y una de naturales con
el aroma propio de los toreros buenos.
La exquisitez también parecía venir de distinta galaxia. Con lo cual la tarde
transcurría batiendo records, como en los Mundiales de Sevilla: ya eran tres las
galaxias, diez orejas, seis masas negras peludas con más orejas que cuernos, uno que
quería subir las entradas a diez mil duros y arriba, en el palco, el guiñol.
El
País, JOAQUÍN VIDAL. Madrid, edición del 29 de agosto '99 El escándalo de los miuras
mochos
Miuras mochos, miuras escachifollados, miuras con tipo de becerros; así soltaron los
miuras en la corrida de feria de San Sebastián de los Reyes. Un escándalo. Aparecían
los miuras y los aficionados, que habían acudido a ver el trapío y el juego de las reses
de la afamada divisa, saltaban de sus asientos, sorprendidos, indignados, señalando con
el dedo el cuerpo del delito. "¡Esto es un atraco; manos arriba!", gritaban
algunos.
Un aficionado se llegó junto al palco para protestar y enseñarle al presidente el
boleto, que le había costado un dinero. No se sabe cuánto, mas el precio de la entrada
en la fila anterior a la suya ascendía a 12.000 pesetas, que ya son.
Doce mil pesetas por una becerrada indecente. El aficionado le protestaba al presidente
y acudieron raudos los guardias para llevárselo. Se confundieron los guardias: a quien se
debieron llevar era al presidente, que tenía una responsabilidad.
Tenía el presidente la máxima responsabilidad. Es el presidente, reglamento en mano,
quien aprueba los toros en el reconocimiento, y la miseria de aquel género no le pudo
pasar desapercibida, ni harto de vino. Tampoco a los veterinarios a quienes correspondía
examinar el trapío de las reses, la integridad de sus astas. En este país da la
sensación de que se ha perdido la vergüenza. A las altas esferas se quiere uno referir.
Si quedara un mínimo de vergüenza, ya les habrían abierto expediente al individuo que
presidió la corrida y a los veterinarios de servicio, por su clamorosa incompetencia, por
su injustificable lenidad y -de paso- por si se hubiese producido un caso de connivencia,
que todo podría suceder.
Al ente autonómico madrileño, que nombra estos equipos, gubernativos y periciales, le
corresponde la responsabilidad mayor en ese escándalo de los miuras escachifollados y
mochos.
Salían, y al verlos con los cuernos rotos o con evidentes síntomas de manipulación
fraudulenta, resultaba difícil concebir que se hubiera podido llegar a tanta desfachatez.
Claro que no viene de primeras. El candoroso triunfalismo de los públicos unido a la
descarada dejación de funciones por parte de la Administración han dejado a los taurinos
campo abierto para toda clase de tropelías. Y les da lo mismo perpetrarlas en plaza de
tercera, así la de San Sebastián de los Reyes, como en el otro San Sebastián -llamado
la Bella Easo- en cuya plaza de primera soltaron recientemente un toro sangrando por los
cuernos y aquello quedó impune.
Los cuernos mochos, los cuernos convertidos en astillas, los cuernos tronzados, los
cuernos de un tamaño casi similar al de las orejas. De esta forma presentaron los miuras.
Miuras anovillados, o abecerrados, flojuchos, medio inválidos también, a pesar de lo
cual sacaron un resto de genio que incomodaba a los toreros. Los toreros quisieron
hacerles faena, indiferentes a las protestas. Quisieron hacerles faena y se ponían a
pegar pases, hasta que comprobaban el nervio embestidor de los miuras y entonces hacían
como que se resignaban a complacer a la afición. Se les veía el plumero, francamente.
Fundi banderilleó, con música y todo. La música fue pitada y hasta abroncada. El
sobrero, que hizo segundo y ya no era Miura, desarrolló casta noble y a ese le hizo
Óscar Higares una larga, poco templada y menos aún ligada faena. El quinto Miura
resultó pastueño y aprovechó Higares para darle pases de todas las marcas, de pie y de
rodillas, con muchos desplantes y gestos altaneros dirigidos al público, seguramente en
demanda de unos aplausos que llegaban sin ningún calor. A la exigua petición de oreja
que provocó aquello el presidente correspondió concediéndola. Para los regalos sí
estaba dispuesto el presidente y se apresuró a concederle otra oreja a El Califa.
A El Califa no le habían tolerado los aficionados que diera pases a la ruina de Miura
que salió en tercer lugar. En cambio aceptó su actuación en el sexto, ya no Miura sino
Vázquez (don José) al que le hizo una faena bullidora sin temple ni ligazón, iniciada
con un cambio por la espalda y concluída malamente con el estoque. Y cayó la oreja.
Cayó la oreja como si allí no hubiera pasado nada. Pero sí pasó: hubo una estafa y
los estafadores se marcharon de rositas.
El
Mundo, FERNANDO BERMEJO. S.S. de los Reyes, edición del 29 de agosto '99
Pudo acabar en motín.
Cinco policías nacionales, dos locales y un acomodador se apresuraron a llevarse a un
indignado espectador que enseñaba la entrada al presidente antes de que saliera el sexto.
Fue la llama de un motín que no prendió y quedó simplemente en la cerrada ovación que
recibió el enojado muchachote, símbolo de las mil y una protestas que desataron los
pitones de los miuras. La divisa triunfadora en las más recientes ediciones de esta feria
echó un borrón que, seguramente, le costará la posibilidad de repetir el próximo año.
Los insultos al presidente, a los veterinarios, al empresario y a toda autoridad fueron
variadísimos. Detenerse en calificar las defensas de los miuras es perder el tiempo. Ni
en la Pamplona grande ni en esta Pamplona chica: nunca debieron lidiarse. El enojado
espectador, arropado por los gritos del gentío y por un amiguete que subió las escaleras
hacia el palco, fue obligado a regresar a su localidad de sol mientras arengaba a las
masas localidad en mano.
Una crónica, pues, muy poco taurina. A un paso de ser de sucesos, si no media
finalmente un ejemplar seriote y voluminoso de José Vázquez. Tras su primer encuentro
con el caballo, lleno de ímpetu, la vara se quebró. En el segundo, empujó con raza, la
misma que le llevó a repetir en la férrea muleta de El Califa. Había pasado ya el
vendaval, y el torero, seguro e inteligente, sabía que, a poco que hiciera, salía a
hombros. No lo consiguió porque pinchó a un toro muy montado que le esperaba siempre
engallado. La faena fue, esencialmente, un alarde de quietud. Con esa técnica tan
utilizada por tantos y tantos toreros de dejar pasar el toro por los muslos sin solución
de continuidad, El Califa se ganó a la gente, que por fin rompía a aplaudir con ganas.
De la miurada propiamente dicha, dos virtudes en el quinto: la nobleza del ejemplar de
Zahariche y la soberbia estocada con que lo tumbó Higares. Su actuación fue la clásica
de un torero que quiere salir del anonimato profesional en que cayó: sobraron gestos y
faltó quietud.
El aguante de El Fundi con sus dos toros -rajado el primero, peligroso el cuarto, al
que mató bien- y el drástico corte de faena de El Califa con el tercero, ante el rugir
de indignación popular, completaron una tarde impropia de esta feria.
El
País, JOAQUÍN VIDAL. Madrid, edición del 28 de agosto '99 Todos a hombros por la puerta grande
Los tres matadores salieron a hombros por la puerta grande. Sí señor: como debe ser.
El día que los tres matadores no salen a hombros por la puerta grande parece como si a
uno le faltara algo; como si no se hubiese divertido ni nada. Ver salir a los tres
matadores andando por la puerta chica da depresión.
Menos mal que los tres matadores a hombros por la puerta grande es acontecimiento
diario allá donde haya función. Vienen las noticias y, salvo raras excepciones, titulan
que los tres matadores salieron a hombros por la puerta grande. A veces se añade el
mayoral: "Los tres matadores y el mayoral, a hombros por la puerta grande", dice
la noticia, y el lector se siente harto reconfortado.
No salió a hombros el mayoral en la corrida de San Sebastián de los Reyes pero sí un
espectador. Se trataba de un mozo de las peñas, a juzgar por su vestimenta al estilo
pamplonés: pantalón y camisa blancos, pañuelico rojo anudado al cuello. La salida a
hombros por la puerta grande de este mozo en representación del público estaba más
justificada que ninguna de las otras, pues gracias al público se alcanzó en el coso de
San Sebastián de los Reyes el balance óptimo de ocho orejas y, luego, la salida a
hombros de los tres matadores por la puerta grande.
Los tres matadores, sin embargo, no hicieron mérito para tanto. Los toros (o su
representante el mayoral) tampoco. Dice uno toros y le entra un no-se-qué, un qué-se-yo.
Hay que andarse con cuidado cuando los juicios afectan a la conciencia pues pueden entrar
remordimientos y sobrevenir el yuyu.
Los toros tienen su trapío, sus cuernos, su carné de identidad bamboleante por los
bajos, y su dignidad también. Y a un toro no se le puede confundir -sin ofenderlo- con lo
que soltaron en el arenizo redondel. Porque lo que soltaron, sobre diminuto y anovillado,
de cuernos andaba falto, por puntas lucía muñón, y lo que le bamboleaba en el bajío,
francamente, no era para enamorar vacas ni para lanzar cohetes.
Fuerza la tenían perdida, hasta el punto de que la suerte de varas hubieron de
simulársela -si llegan a pegarles según la regla seguro que se mueren-, de temperamento
iban ayunos y se comportaban con absoluta sumisión a las pretensiones de los toreros.
Tampoco es que los toreros tuvieran excesivas pretensiones. Venían a salir a hombros
por la puerta grande, eso es todo. Y para ello se conformaban con dar algún remoto motivo
que permitiera al público pedir la oreja y al presidente concederla, preferentemente por
partida doble. Los motivos que dio El Cordobés se tradujeron en armarse un lío con su
primer novillo después de lograr par de tandas de derechazos de aceptable composición, y
moler a trapazos al cuarto, con un glorioso final de faena consistente en pegar unos pases
de rodillas, tres saltos de la rana y un cabezazo en el testuz de su pobre víctima.
Los de Vicente Barrera se cifraban en la verticalidad de su estilo, en su impecable
compostura, en explayar ciertas suavidades muleteras; mas como se colocaba fuera cacho y
no había emoción, la suplió el diestro poniéndose legionario y tremebundo. Y a estos
efectos, tras unas porfías encimistas, ejecutó circulares citando de espaldas con
reiteración digna de mejor causa. No es que le salieran exquisitos. Llapisera, que en el
circular de espaldas alcanzó una de sus más graciosas creaciones -otra fue la
manoletina- los daba con mayor fuste a unos becerros que al lado de los corridos en San
Sebastián de los Reyes eran auténticas fieras corrupias.
Los de San Sebastián de los Reyes tomaban sin rechistar los derechazos (muchos), los
naturales (pocos), los circulares de espaldas, los saltos de la rana y lo que hiciera
falta. ¿Un muslo, por ejemplo? Pues también. Esa oferta la hizo Uceda Leal. Después de
haber toreado por lo fino, con temple, baja la mano, largo el pase, le entraron los
arrebatos tremendistas, explayados mediante muletazos de rodillas, alardes temerarios, y
en una de esas, se arrimó y golpeó repetidas veces con un muslo el pitón. Quiere
decirse el muñón. Y el abatido novillo, que debía creer que estaba viendo visiones, no
dijo ni mu.
La puerta grande se quedó chica para dar franquía a tan gloriosas muestras del arte
del toreo.
El
Mundo, FERNANDO BERMEJO. S.S. de los Reyes, edición del 28 de agosto '99
Barrera, el mejor en la verbena
En una verbena de orejas, de dádivas en el palco, de astas romas, de estocadas
certeras pero caídas, en medio de todo eso que caracteriza a la fiesta por la fiesta,
emergió la soberana entidad del toreo de Vicente Barrera.
Ocurrió en el quinto, uno de los dos toros más que dignamente presentados en un
conjunto en el que los pitones deshilachados fueron mayoría. Barrera cuajó a ese quinto
y pidió que le cortaran la cabeza para el recuerdo en la pared hogareña, aplaudió a su
noble colaborador en el arrastre e, incluso, no dudó en solicitar él mismo la concesión
del rabo mientras se aseaba junto a las tablas. Y tenía razón el valenciano: comparando
con las otras faenas, ésta era de rabo. No hay que omitir que la espada cayó
deliberadamente en los blandos.
Curiosamente, el volapié más certero y bien colocado fue el de Uceda Leal al sexto, y
en esta ocasión precisó del verduguillo. Los dos espadazos con los que El Cordobés
liquidó a su lote resultaron caídos. Pero los toros rodaron y las peticiones de trofeo
fueron inmediatas, de un segundo incluso en el cuarto. Muy bien su cuadrilla en la lidia
del primero, bien presentado y bondadoso. Tras un pulcro comienzo, El Cordobés se
extendió en un trasteo repleto de cosas: varios pases de pecho monumentales, varios
trapazos de reciedumbre sin igual, pases y más pases sin ton nin son a un animal que
respondía obediente pero sin chispa.
El cuarto -con un pitón derecho intolerable- iba siempre al reclamo de las tablas, tal
era su mansedumbre. Sin embargo, por el pitón derecho acometió con cierta clase en los
inicios de la faena. La meta de El Cordobés era la Puerta Grande y no fue cicatero en los
gestos a la galería hasta que vio la oreja en el esportón.
Muy suelto de salida -casi toda la corrida pecó de distraída- el cómodo segundo.
Barrera ligó los estatuarios como un poste, pero no levantó ni un solo olé. Así son
las modas y los gustos. El toro visitaba casi todos los rincones del ruedo en su continua
huida y, allí donde se paraba, Barrera le hacía frente, empeñado con especial ilusión
en las secuencias de circulares, que eran abandonadas descastadamente por el de San
Román. Faena, pues, larga, fatigosa, trabajada. El remate, una estocada trasera y
tendida.
La obra mayor llegó luego, con ese quinto más serio; más toro, en suma. Sin un punto
de duda, Barrera cuajó dos tandas con la derecha como si cualquier cosa. Ligando,
cosiendo el burel al vuelo de su muleta sin un solo tropezón. Como si eso fuera lo más
fácil del mundo. Con la izquierda, al principio, no surgía la ligazón deseada, que
finalmente llegó en tres naturales de seda. Cambio de mano y tres derechazos más
despaciosos, limpios. Afortunadamente, la propina populachera no se alargó demasiado y, a
la hora de matar, dejó un espadazo caído y atravesado que venció la resistencia del
animal. Barrera había hecho una gran faena merecedora de las dos orejas, aunque el propio
torero -gentil en la ovación al de Manuel San Román- consideró que era de rabo.
El tercero fue blando y eso deslució el trabajo de Uceda Leal, que también ejecutó
una tanda en redondo plena de suavidad. Sucede con este torero que parece querer dar
siempre el muletazo del siglo. Con la mano izquierda desmadejada, el torero se suelta en
el derechazo relajado... pero no siempre templado ni limpio. En cambio, y eso fue lo que
hizo en varios pasajes de la faena al último, es un torero de gusto y poder que somete
bajando mucho la mano y llevando con largura a los toros. Varios muletazos de este
magnífico corte se tragó el sexto, un toro que se apagó.
El
País, MIGUEL ÁNGEL CUADRADO. Madrid, edición del 27 de agosto '99.
Fiestas en distintas dosis
La primera corrida de toros, y segundo festejo de feria de la popular tercera, como
así se la denomina, resultó a la postre entretenida y variada, con toros bien
presentados, serios y de juego irregular, que desarrollaron alguna casta, mansedumbre,
buenas y malas ideas, mejores y peores embestidas. Y hubo toreros con entereza y torería
que acertaron a darles fiesta en distintas dosis.
Les plantaron cara y salieron, en algunos casos, con la taleguilla rota. No faltó la
emoción porque los espadas pisaron la arena sintiéndose toreros, y porque los toros
tuvieron dificultades en distintos momentos de la lidia, y en otros lucieron encastado
recorrido y cierta nobleza sI se les hacían las cosas bien.
Quien al final se llevó el mejor lote fue Ángel Gómez Escorial, que le faltó muy
poco para salir a hombros, algo que no logró por su manejo de la espada en el sexto,
principalmente, y porque la faena a ese toro terminó por perder el buen rumbo que al
principio apuntó.
El primero de Gómez Escorial dio un recital de mansedumbre en el tercio de varas.
Recorrió el ruedo detrás del picador, o el picador detrás de él; más bien lo segundo.
Salía escupido del peto en cuanto sentía la puya. Y costó un tiempo el sangrarle de
forma adecuada. A este burel le puso un primer par de banderillas meritorio José Luis de
los Reyes, y le bregó con buen conocimiento el subalterno Víctor Hugo.
Gómez Escorial comenzó el trasteo de muleta por bajo, doblones poderosos, que
barrieron la arena. El manso no estaba falto de casta, y ante la pañosa de Gómez
Escorial respondió. Hubo más pases por la derecha que por la izquierda, que fue algo
más cicatera. Buen corte muleteril y gusto en algunos pasajes de la faena. Que concluyó
en un remate final, ayudado por bajo, para abrochar una serie de derechazos templados.
En su segundo Gómez Escorial toreó de capa en el saludo ajustado a los cánones. Buen
juego de brazos, se fue a los medios ganando terreno y se embraguetó con el burel.
Verónicas templadas, el capote cogido por la esclavina, y una media para terminar de
manos bajas que gustó mucho al respetable, quien aplaudió a placer.
Ese toro sería el que mejor pelea hizo en el caballo. Aunque tomó una sola vara fue a
ley. Empujó por debajo del estribo, metió los riñones. El picador de turno se agarró
bien arriba, y se llevó una ovación merecida.
Gómez Escorial empezó la faena de muleta con unos preciosos ayudados por alto. Se
echó la muleta después a la mano izquierda y nos obsequió una serie al natural de altos
vuelos, que no volvería a repetirse. El toro poco a poco perdió gas y la faena justa
medida. En redondo Escorial toreó con majeza, y terminó rodillas en tierra, molinetes
sobre la mano derecha que alegraron un tanto al público. Y como está dicho, no estuvo
fino con la espada y no logró el objetivo de la puerta grande.
José Luis Bote no tuvo la suerte de cara en el sorteo. Le tocó uno primero que acabó
un tanto noblón en la muleta, pero que estaba muy flojo, y un segundo burel que por los
dos pitones se quedaba corto y tuvo sentido, era de pases de castigo, macheteo adecuado y
buenas tardes. Le propinó un pitonazo cuando toreaba de muleta por el lado derecho y le
partió la taleguilla.
Pero en su primero Bote pudo dejarnos apuntes de la clase que nadie puede discutirle.
Ese natural limpio, aquel derechazo ajustado, y el toreo a dos manos para cerrar al toro
en el tercio antes de coger la espada de verdad. Gramos de torería cara.
Eduardo Flores sufrió una seria voltereta al saludar de capote a su primer toro.
Apretaba hacia tablas el manso y el torero se ciñó en el toreo a la verónica. No tardó
en meterle el pitón y echárselo a los lomos. Le buscó a continuación en la arena, en
donde lo prendió por la hombrera derecha, que desgarró, y lo tuvo unos segundos
angustiosos ensartado por la chaquetilla. Llegó el quite de las cuadrillas, y luego un
tercio de muleta complicado, en donde volvió a darle una voltereta, sin consecuencias. En
su segundo Eduardo Flores aprovechó la nobleza del toro de la Ermita, que tenía casta,
para dibujar derechazos de buen hacer. Dos series en especial, no carentes de enjundia,
que llegaron cuando bajó la mano y remató el muletazo por bajo. De no haber fallado con
la espada es muy probable que hubiera conseguido algún trofeo. Su subalterno Briceño,
muy bien con las banderillas
El
Mundo, FERNANDO BERMEJO. S.S. de los Reyes, edición del 27 de agosto '99.
La ley de una seria corrida de La Ermita
La corrida de La Ermita impuso su ley. De boca en boca, antes del festejo, se cantó la
seriedad de una corrida cárdena y astifina que permitió ver la exposición de Gómez
Escorial y los fogonazos de Bote.
El hierro que antaño fue de Chopera pertenece ahora a Angel Fernández. Para abrir
feria, en corridas de toros, fue una apuesta por el espectáculo en toda su extensión.
Ningún toro resultó completo, pero la tarde mantuvo candente el interés.
Bote le enseñó a embestir con el capote a su primero. Alumbró la faena con un cambio
de mano inmenso y dos redondos ya hacia el final. El toro, que no terminó de entregarse,
tocó mucho el engaño y, además, perdió varias veces las manos. Bote hundió el estoque
en los blandos y descabelló una vez. El cuarto fue más feo de hechuras y, además, se
avisó enseguida por los dos pitones. La faena de Bote se vivió en un continuo ¡ay!. No
fue óbice, en cambio, para que le dedicaran una ovación, muestra del cariño que toda la
tarde le dispensó el público.
La exposición y la decisión con que Gómez Escorial se enfrentó al tercero tuvo
mérito. El toro, cuajado y astifino, era un tío; el torero, valiente, lo enganchó y
tiró de él con la sobriedad que le caracteriza, sin especial encanto pero con agallas.
El de La Ermita había salido de estampida de los caballos, pero tuvo el suficiente fondo
de casta para repetir las embestidas en la vibrante labor del madrileño.
Faena a menos al cuajado sexto: espléndido comienzo, hermoso par de naturales ligados
y, luego, dos respingos y la faena en picado. El toro, al que había lanceado bien,
periió pronto recorrido.
El local Eduardo Flores se libró de una seria cornada cuando recibía al segundo de la
tarde. El toro le derribó e hizo por él, destrozándole la hombrera, con el torero
tumbado de espaldas y a plena disposición del animal. En la faena también hubo otro
susto y Flores bastante hizo con estoquear como pudo a su enemigo. Como dato curioso,
brindó sus dos toros al respetable. Se entonó más con el quinto, en el que volvió a
marrar reiteradamente con los aceros.
Toros
en Madrid
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