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EDITORIAL
DE
PEDRO
JAVIER
CÁCERES |
Especial
San Isidro´2001
Por
Pedro Javier Cáceres. Ha sido esta mañana muy
temprano, quizá demasiado, cuando al ojear la prensa taurina, uno prácticamente
se ha sonrojado. Digo que ha sido muy temprano, quizás excesivo, porque
en las labores propias del sexo de uno y de su soledad, he tenido que
poner dos lavadoras, tender una colada, quitar el polvo de los rincones,
pasar la aspiradora y dar cera a la madera porque hoy es viernes, hay
que salir de pesca y a lo mejor por la noche hay visita.
Me he entretenido en
leer la prensa y, la verdad, qué poco porvenir tienen los enterradores
taurinos. Eso sí, algunos tienen la poca vergüenza todavía de seguir
ignorando el daño que han hecho durante muchísimo tiempo; otros han
tenido al menos la decencia de confesar sus errores anteriores cuando un
torero, cuyo principal activo, por encima de torear mejor o peor, son
sus 21 años, prácticamente lo habían enterrado en vida. Dicen que los
rabitos de pasa son esas cosas con las que se recupera la memoria, pero,
cual rabito de pasa, ahí están las hemerotecas y la fonoteca.
No solamente ya fue la
Feria de Murcia, donde incluso esta casa reivindicó la mejor faena de
la Feria para Morante de la Puebla –claro, como en aquella ocasión
alternaba con Dios, la faena se la dieron a Dios-. No solamente fue
aquello, sino que fue una Feria de Sevilla en la que, de puntillas, sin
ser ya el heredero de Curro Romero, hizo una excelente Feria, con
tremenda dignidad, pero también los francotiradores aprovecharon para
cebarse.
Y luego llegó Madrid.
Y en una tarde muy difícil –porque, toreando con Dios, los demás son
el demonio-, también la crítica no fue nada halagüeña en una de las
tardes más prometedoras, más toreras y más grandiosas que a retazos
se ha visto con el capote, y es verdad que con altibajos, con la muleta.
Así lo dijimos el domingo pasado. Y mira tú por dónde, quizás porque
ésta es la casa de la Iglesia, que no la del Dios taurino, Dios echa
una mano, a veces escribe recto con los renglones torcidos, y ayer se
partió la Feria, y la partió Morante de la Puebla.
La torería fue
inmensa, aprovechó y exprimió al máximo a sus dos enemigos y luego el
detalle de figura del toreo, de quien quiere no solamente sumar corridas
sino que quiere romper en esto y ser un torero de época. Podía haber
tenido la puerta grande asegurando la estocada en el segundo toro de su
lote, pero él no quería salir de favor, o que se le contestara, o dar
pábulo a los medios de comunicación sobre el caché o la cotización
que tuviera una puerta grande de una oreja y una oreja. Y se fue a por
las dos. Para salir rotundo con tres orejas incontestables. Entró por
tres veces, citó a recibir, citó puramente a recibir, pinchó arriba,
pinchó en hueso, y al final la gloria, que también se obtiene sin
orejas.
Al fin y al cabo, en
tardes como ayer, las orejas son, nunca mejor dicho, despojos. Y sí,
cortó un despojo, pero rompió total y absolutamente la Feria. |
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