EDITORIAL
DE
PEDRO
JAVIER
CÁCERES |
Especial
San Isidro´2001
Por
Pedro Javier Cáceres. Otro de los toreros esperados ya ha pasado por San
Isidro y, como los anteriores, ni fu ni fa. Nos estamos refiriendo a
Joselito. Incluso la alternativa que parecía que podría ofrecer El
Cid, tras sus éxitos en el verano y su comparecencia en Sevilla,
tampoco supuso ninguna cosa del otro mundo. Eso sí. La vistosidad, lo
que algunos llaman torería, en el zascandilear de Esplá, siempre bien
colocado para algunos y dando por saco para los más de la torería que
andaban por allí.
Y lo de Pablo Romero o
Partido de Resina, que me da igual que se llame Pablo Romero que Partido
de Resina. Parecían los de Notre Dame de París, es decir, inválido
va, inválido viene, con el señor Lamarca en el palco haciendo juegos
malabares para ver cómo y de qué manera podía mantener una corrida en
el ruedo que, evidentemente, desde el punto de vista clínico-científico
no daba para tenerse en pie.
Con estos postulados,
resulta que luego pasó lo del Valencia y, la verdad, yo no sé si Cañizares
en sus últimas imágenes, esa imagen patética que ofreció Cañizares,
era por el resultado del partido o porque había visto la corrida de
Madrid. Pero cualquier cosa podría haber tenido esa similitud.
Sí lo hizo Eugenio de
Mora que se entregó rotundamente al entrar a matar y es verdad
que en esa entrega radicara la segunda oreja, luego hartamente
protestada, pero si una ya la tenía con la faena que hizo, la entrega,
la sangre y la emoción cuentan. En la historia del toreo hay casos de
lo que ha ocurrido y, por lo tanto, un hombre que va a asegurar la
segunda dejándose matar es, pues, dignísimo destinatario de ese
trofeo.
Tanto Reyes Mendoza
como Sergio Aguilar, cada uno dentro de sus características y sus
propias circunstancias, son toreros que, sin haber triunfado ayer, son
claras apuestas de futuro. Y creo que no me equivoco. |