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EDITORIAL
DE
PEDRO
JAVIER
CÁCERES |
Especial
San Isidro´2001
Por
Pedro Javier Cáceres. Se ha puesto en duda que, aun con las
incorporaciones de Vistalegre y San Sebastián, estuviéramos frente a
un vivero de toreros. Fue uno de los comentarios que teníamos ayer, y,
afortunadamente, como el día 1 de abril ya aventurábamos, nuestras
tesis han triunfado. Son tesis basadas simplemente en el análisis, en
el rigor y en la observación.
Decíamos en aquel
comentario editorial que esta jovencísima hornada -porque ni siquiera
vale la hornada anterior, en la que hay toreros promesas destacadísimos,
como demostró Castaño en Sevilla, pero que corresponden a otra tipología,
hornada que tendrá que reciclar su forma de entender la tauromaquia-,
esta hornada que viene con Javier Valverde, con César Jiménez, con
Reyes Mendoza, Salvador Vega… ha entendido el mensaje de la
tauromaquia de siempre, que empieza otra vez a refulgir en pleno siglo
XXI. La tauromaquia que marcan José Tomás, El Juli, Abellán, etc.; de
cercanías, de estrecheces, del valor por encima de la estética, y, a
partir de ahí, la creación de arte.
Se
ha acabado perder pasos entre muletazos, ha vuelto la ligazón y han
vuelto otra serie de circunstancias en las que Madrid, felizmente, nos
sigue dando la razón porque uno del ramillete de cinco o seis que
aventurábamos que están llamados a cambiar esto y sumarse al carro de
los José Tomás, Juli o Abellán, ha triunfado rotundamente abriendo la
puerta grande. Su nombre: Javier Valverde, de Salamanca |
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