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EDITORIAL
DE
PEDRO
JAVIER
CÁCERES |
Especial
San Isidro´2001
Por
Pedro Javier Cáceres. Comenzó ayer la Feria de San Isidro.
Este largo serial que nos va a tener ocupados durante casi un mes. Sin
novedad en el frente. Misión cumplida. Yo creo que el toro y la propia
Feria ayer pusieron a cada uno en su sitio, bien entendido cuál es el
sitio de cada uno. En primer lugar, la empresa, cuanto antes, y para ser
prontito, cumplió con el pacto de Estella, ese pacto secreto que tienen
la empresa y la Comunidad de Madrid con algunos sectores de la plaza de
toros, y ya admitió una corrida que, de otra forma, no hubiera nunca
tenido que estar en una Feria de San Isidro.
De momento ya se la ha
quitado de en medio y, con todo y con eso, incluso con satisfacción,
porque la corrida a algunos les gustó, a otros no les disgustó y a la
mayoría, evidentemente, que hacen juicios críticos y analíticos,
equilibrados y ponderados, la corrida fue lo que tenía que ser, con dos
toros que engañaron, al menos uno, que fue el cuarto, en el
sentido en que el toro no fue bravo en el caballo y no tuvo calidad en
la muleta, pero que, eso sí, se movió, siempre con la cara arriba;
otra cosa muy distinta es la falta de entendimiento en quien tuvo
delante, que es verdad que tuvo toro para estar más brillante de lo
gris y oscuro que estuvo, y un sexto toro que solamente se vio en el
caballo.
Pero, de la misma manera que reivindicamos que el tercio de
varas es necesario y además apostamos porque no se elimine, también
hay que decir que la corrida de toros se compone de tres tercios,
entonces, no deja de ser una videncia lo que fue una evidencia en el
caballo, y es una videncia lo que pudo pasar en la faena de muleta.
Por
lo tanto, aquí paz y después gloria. Un toro que estará en muchos
jurados, de esos nostálgicos, que además concomitan con estos sectores
que propugnan estos Pactos de Estella, pero resulta que pasó lo que tenía
que pasar en cuanto a la corrida de toros. En cuanto a los toreros poco
se puede decir. Que Óscar Higares dudó, y ante la duda no le dejaron
seguir, y el público le abocó a un fracaso total y absoluto en lo que
fue su caída de ánimo, cuando el hombre intentaba saber si era por un
lado o por el otro. Aquí las dudas, y más con algunas ganaderías, no
se perdonan; dudó y en la duda es donde tuvo su quid de la cuestión.
A
Alberto Elvira prácticamente se le ha ido la última oportunidad en que
algún político de la Comunidad tenga que justificar por qué está en
algunos carteles y por qué otros toreros no.
Y Javier Vázquez ha
demostrado que salió por la Puerta Grande hace ya algunos años y que
si ahora no es el momento de repetir aquella circunstancia, sí es un
torero que representa a la Escuela de Madrid y a la torería madrileña
que está en condiciones de reeditar, si no aquellos laureles, sí ser
un torero al que Madrid, o esta plaza, o esta empresa, le tiene que
tratar mejor.
Ayer, con lo poco que tuvo, hizo lo más brillante, lo más
lucido y lo más torero que se hizo en toda la tarde, además de un par
excelente de Pirri, ganándole la acción a ese toro cuarto que se vino
como un tren, y que tuvo los redaños, y no se arredró, para poder
cuajar un tercio de banderillas brillante. ¿Y el público?
Alguien se
ha quejado. El público de Madrid es así, viene picado, alentado,
espoleado e incentivado por todo lo que ha sucedido en Sevilla, y ya se
sabe que cuando Sevilla flaquea, Madrid se crece.
Ha comenzado la Feria,
están fuertes, robustos, ese sector ha colocado su corrida, ha tenido
la oportunidad de cortar dos cabezas de toreros, aunque eso es muy rápido
de decirlo porque a Higares le queda otra y tiene cualidades de no
dudar. Por lo tanto, mi general, sin novedad en el frente. Primera de
Feria, misión cumplida, cada uno estuvo en su sitio, cada palo aguante
su vela, y, a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. |
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