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EDITORIAL
DE
PEDRO
JAVIER
CÁCERES |
Especial
San Isidro´2001
Por
Pedro Javier Cáceres. Julián
López ‘El Juli’ ha terminado su Feria de San Isidro como siempre lo
hicieron las grandes figuras del toreo: de menos a más, sumando de los
que más actuaciones en esta Feria y yendo in
crescendo en lo que es el favor del público y en la maduración de
su toreo y de sus actuaciones. Como también muchas figuras del toreo en
ferias importantes, y San Isidro lo es, matando una corrida
aparentemente dura, que luego resultó también serlo, y, además, sin
terminar la obra de forma completa como se había previsto sobre el
papel, es decir, siendo cogido, en este caso por el primer toro de su
lote.
Está
claro que lo de Julián López ‘El Juli’ ayer en la plaza de toros
de Las Ventas es un paso más en la entronización del torero madrileño
como, no solamente la opción de futuro más saludable en el mundo del
toro, sino la consolidación de una gran figura con sólo 18 años y con
un gran porvenir y un futuro por delante.
La
propia cogida de ayer tarde en Las Ventas no es culpa de nadie. Ni
siquiera del toro que lidió. Es, simplemente, como consecuencia de esa
condición de responsabilidad que lleva demostrando desde que tomara la
alternativa, y antes de novillero, de un chaval de apenas 18 años, pero
que, como los grandes genios o las grandes figuras de todos los tiempos,
ha comenzado desde el principio, sin dar sorpresas al final.
El
torero está herido y eso no es nuevo cuando se está delante de la cara
del toro y se está ejerciendo esta profesión. Pero quizás la grandeza
de ese torero es precisamente que en estos momentos ha capitalizado y
puesto de acuerdo a todos. Luego, habrá quien le discuta alguna
circunstancia, pero no dejarán de ser matices o flecos, como ahora se
dice. Lo que está claro es que todos saben y tienen conciencia de que
después de este San Isidro de 2001, ‘El Juli’ se ha entronizado
definitivamente en la cúpula de las figuras del toreo.
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