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Especial
San Isidro´2001
Domingo, 27 de mayo´2001. JOSÉ MIGUEL MARTÍN DE
BLAS. El temple y la suavidad de Alberto Ramírez
Tarde de confirmación en Las Ventas. Confirmación
de Alberto Ramírez, que dejó su sello, y la suavidad de su toreo como
tarjeta de presentación de matador de toros. La corrida fue de Arauz de
Robles, mansona, noble, y sosa. Y muy floja.
David Luguillano poco pudo hacer con el inválido primer toro que le
correspondió. Con el cuarto, Luguillano se estiró con fibra a la verónica,
de salida, y fue casi lo único que pudo lucir, con decisión, pero en
la faena de muleta no hubo caso. El toro se fue al suelo varias veces y
David cortó faena.
Juan Bautista mató en el primer turno de su lote un rebrincado y
deslucido sobrero de Javier Guardiola, y el francés se mostró como
resignado, sin despeinarse. Y en el otro, un parado toro de Arauz de
Robles, acapachado y deslucido, Bautista cumplió el trámite, pero en
eso quedó: de trámite. Lo mató de un espado perpendicular y dos
descabellos.
Alberto Ramírez fue el mejor parado de la terna, sin entrar en mucha
batalla con su primero, de fuerzas justísimas, el de la confirmación;
y con temple y suavidad con el otro. Un toro que de puro noble y flojo
necesitaba todo el temple del mundo. Se creció Alberto Ramírez en esa
lidia, que había comenzado con dos emocionantes largas cambiadas de
rodillas. El toro manseó en el caballo, y Alberto entró en un quite
por chicuelinas. El comienzo de faena le marcó al torero de Castellón
la pauta exacta para torear ese toro: al más mínimo tirón, toro al
suelo. Y en ello se embarcó Alberto Ramírez para componer un hermoso
trasteo, suave, templado, con empaque, y con valor para aguantarle al
toro. Ramírez mató mal y perdió el posible trofeo. Fue el oasis de la
tarde. Lo más destacable de una corrida de sosería contagiosa.
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