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Especial
San Isidro´2001
Jueves, 24 de mayo´2001. JOSÉ MIGUEL MARTÍN DE
BLAS. ...Y Madrid vió torear a Morante
El toreo de cante grande de Morante de la Puebla apareció por fin en Madrid, en una feria de San Isidro. Morante pudo salir por la puerta grande con tres orejas cortadas, pero su empeño, y sus tres pinchazos, en la suerte de recibir en el sexto toro le cerraron ese triunfo de clamor. Lo que no se pudo borrar fue el toreo de Morante, el ritmo, la cadencia, el arte de un torero que disfrutó toreando en Las Ventas.
Los toros llevaron el hierro de Javier Pérez Tabernero, el sexto fue un sobrero de la misma ganadería, pero de la rama “santacoloma”. El resto, del encaste “atanasio”. Una corrida muy noble, muy justa de fuerzas y de bella lámina. Bravo fue el sexto, el que no era “atanasio”.
Curro Vázquez tuvo un lote desigual, y deslucido a la par. Rebrincado el primero, al que Curro lanceó de capa, pero en la muleta no se dio mucha coba ante un toro brusco y sin clase. Con el cuarto fue misión imposible. Un toro tan noble como inválido con el que no hubo ni simulacro de faena. Con ese toro estuvo pletórico el subalterno Joselito Rus con el capote, haciendo de la sencillez virtud. Ni un capotazo de más.
Vicente Barrera tuvo dos toros de idénticas condiciones. Nobleza suma, casi de dulce, pero con el gas justito. Dos toros con calidad y temple, pero en ambos toros, Barrera estuvo frío, sin ideas, y algo escondido en los cites.
Morante de la Puebla lidió en primer lugar un nobilísimo toro. Un toro que de puro noble, se abría en los remates de cada pase, y de puro mansito, buscó tablas a la mínima. Morante acarició esas embestidas tan dulces, y el arte de su toreo apareció a golpes de inspiración, con los redondos rematados por debajo de la pala del pitón, con las trincheras hondas, templadas. Una belleza de faena coronada con un formidable volapié. Cortó la oreja. Inapelable.
En el sexto, la plaza entera, y el torero también, estaba deseando la puerta grande, empujando para volver a ver torear al de la Puebla. Y salió el sobrero de la línea “santacoloma” de la casa. Bajito, agresivo, y repetidor en el capote de un Morante que le dio fiesta de salida, muy motivado. Muy pendiente de la lidia, como en el quite de peligro a Eustaquio. Morante abrió faena con doblones torerísimos, y se fue a los medios, y se embraguetó con ese plasticidad tan personal de Morante de la Puebla. La primera tanda con la mano derecha tuvo empaque, pero no terminó de coger el ritmo al toro. Y se echó la muleta a la mano izquierda. Y por ahí Morante empezó a crecer en su faena, con pureza, a compás, el buen toreo se vivía en el ruedo, y en los tendidos. Y se veía a Morante feliz. Estaba a gusto, y en Madrid le estaban viendo torear. Una faena de clamor adornada con remates variados en cada tanda, por abajo, con el de pecho, el de la firma. Y los ayudados finales antes de cambiar la espada. Una orfebrería plena de imaginación y garbo. Morante había hecho sentir el toreo a la afición de Madrid. Sólo faltaba matar el toro, y el de la Puebla se perfiló de largo, y citó a recibir. Pinchó tres veces, volaron las orejas, la puerta grande, pero Morante había apostado a ganador. Sonaron dos avisos. Puede que a Morante le importe, y le duela, no haber rematado con la espada esa faena, pero a mí, después de ver torear así, que me quiten lo bailado.
Morante hizo el toreo de cante grande. El que se espera de él. Morante fue Morante en estado puro en Madrid. Un placer, torero.
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