GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del Lunes, 30 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

Sergio Serrano. Foto El País.

FICHA TÉCNICA
Novillada con caballos

GanaderíaNovillos de El Ventorrillo. Desigualmente presentados, deslucidos y de distinto juego, destacando 2º, 4º y 6º. 

Diestros: 

  • Ambel Posada. Estocada baja y atravesada (silencio); estocada perpendicular (silencio).
  • Álvaro JustoEstocada caída (oreja); bajonazo y estocada (algunos pitos).
  • Sergio Serrano. Estocada (ovación); tres pinchazos, media, un descabello, aviso y un descabello (aplausos tras aviso).

Incidencias: En su primer toro, Sergio Serrano sufrió una espectacular voltereta, sin consecuencias.

Presidente: M. Muñoz Infante.

Entrada: más de tres cuartos de plaza.

Tiempo: tarde ventosa.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. ANTONIO LORCA. Pequeño, suave, de algodón... 

Uno de los enemigos declarados de esta fiesta es ese grupo de ganaderos empeñados en echar agua a la bravura, dulcificar la casta, disminuir el riesgo y potenciar la nobleza, a fin de convertir el toro en una caricatura de sí mismo para goce y disfrute de figuras de papel cuché. En la búsqueda constante del toro artista, que embiste con cariño, sin molestar ni asustar, han encontrado a un sucedáneo de Platero, pequeño, suave, de algodón de azúcar para paladearlo y comerlo.

Viene todo esto a colación de los dos primeros novillos de la tarde, impresentables para plaza de esta categoría y motivo de vergüenza para la autoridad que los aceptó. Becerritos, blanditos, de corazón almibarado, que iban y venían pidiendo permiso al señor de luces que por aquí andaba, cual bailarín, en un intento baldío de estar a la altura cursi de animalito tan suave.

Ambel Posada dio muchos pases, pero no lució nada porque lo que tenía delante era una sumisa ovejita a la que nadie concedió la más mínima importancia. Después, llegó Álvaro Justo, torero de espejo, que compone mucho la figura y maneja los engaños con empaque y hondura, y toreó con cierta gracia por naturales, en tandas muy cortas, a un animalito mimoso. Faltaba novillo, sin duda, para que los pases resultaran vibrantes, pero el público aceptó de buen grado la situación y le otorgó una benévola oreja.

Después de esta cursilada, salieron novillos mejor presentados, de casta mansa y algunas gotas de agresividad. El mismo Posada no fue capaz de domeñar las dificultades que le planteó el cuarto, y toreó acelerado, sin reposo, sin recursos, y siempre al hilo del pitón. Pasó desapercibido el novillero con el novillo artista y con el deslucido. No es buen balance para quien debe aspirar a tanto.

Decepcionó, asimismo, Álvaro Justo, que echó por tierra las posibilidades de confirmar el corto triunfo que alcanzó en el segundo. No era bobo ni artista el quinto, sino con sentido y genio, que requería los servicios de una muleta con mando en plaza. Parece muy frágil este torero y se afligió pronto. Comenzó por bajo con torería, pero fue incapaz de mantenerse quieto cuando la ocasión lo exigió. La muleta quedaba enganchada, se veía obligado a rectificar el terreno, no encontró la colocación y, poco a poco, fue desbordado por el novillo.

El triunfo de Serrano en su primero fue que resultó ileso de una espeluznante voltereta que recibió al citar con la zurda. El novillo, manso y deslucido, lo lanzó a una altura considerable, y el torero recibió un testarazo morrocotudo al caer en la arena. No obstante, se levantó como si tal cosa, con sólo un varetazo en la pierna izquierda. Antes y después de la cogida no dijo nada porque pretendió torear con la muleta retrasada y muchas prisas. De rodillas, ganando terreno, comenzó la faena al también manso sexto. Envalentonado aceptó el reto de su dificultoso oponente y consiguió tandas de escasa limpieza, pero de enorme vibración. Se quedó muy quieto y suplió su inexperiencia con un extraordinario pundonor. Falló a espadas y la oreja voló en la tarde ventosa y muy desangelada para los tres novilleros.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. El Ventorrillo y lo que Dios quiera.

Dios quiso hace cinco años robarnos a Juanito Bienvenida. Cómo pasa la vida. Juan, de bueno, al único que se hizo daño alguna vez fue a sí mismo. Recuerdo su último día como si fuese ayer. Nunca salió de su boca una palabra agria contra un torero. Nunca le he perdonado a Dios semejante hurto. Pero está descompensando el mundo de personas. Desde aquella madrugada azul mortal comprendí que en la vida todo queda en manos de Dios. Igual sucede en lo taurino. El planeta de los toros se halla a su completa disposición, y no parece más compensado que el humano. El campo bravo le está ganando la batalla a la torería andante, y ahí no hay quien intervenga. Se crían novilladas como la de El Ventorrillo o como la de Yerbabuena o como la de Fuente Ymbro, las tres lidiadas en San Isidro, y no levanta el vuelo un solo novillero con aura de mesías. La redención es ya una moneda al aire que cae siempre en cruz.

Los ventorrillos de Paco Medina superaron con nota la prueba de Madrid. En novillada no es igual que en corrida de toros, pero algo es. Tres puntuaron al alza con nota dentro de una enorme movilidad. El jabonero segundo por el pitón izquierdo; el bravo cuarto; y el sexto, rebosante de calidad.

Ambel Posada cuenta con un abuelo torero que será quien mejor le explique por qué ayer no triunfó. No seré yo quien le quite un mínimo de autoridad a la palabra del maestro Posada, que si bien vio que el primero fue manejable sin humillar y sin chispa, también observaría la bravura cargada de nobleza del que completó el lote del nieto. La manida frase de qué Dios te libre de un toro bravo se manifestó con aplastante contundencia. Sobran las palabras y faltan los motivos. O la motivación.

Álvaro Justo no sé si tiene abuelo, pero seguro que consejeros o algún padrino sí. Palmeros también. Aquí, el primero, que le ha cantado su clase en más de una ocasión. Clase que brotó con la mano izquierda a un tacazo de utrero indómito a derechas. Pero al natural Justo toreó con gusto, suavidad, intermitencias y fragilidad. Una bella fragilidad. Pura «delicatessen». Finas copas de buen toreo que se materializaron en una oreja de igual finura. Todo se quebró con el quinto, que se movió mucho, con brusquedad, en la muleta movida por el viento del torero movido por las circunstancias del corazón.

Sergio Serrano se presentó en Madrid con reciedumbre, el arrojo de los novilleros de antaño, para enfrentarse a un novillo que no quiso caballo ni castigo y que atacó en el tercio de muerte con dos velocidades, con la cara por arriba, muy rebrincado a izquierdas, por donde le voló a Serrano los pies del suelo en una voltereta que subió y subió y subió... La dura caída, con la taleguilla partida, no afligió al duro albaceteño, que siguió en la batalla hasta despacharse con una estocada cabal y auténtica. No cuajó la petición, o si cuajó no la consideró la presidencia, y el debutante se enfurruñó sin querer dar una merecida vuelta al ruedo. La fuerza bruta de su toreo no bastó para exprimir las calidades del sexto, rebotado del peto, pero con son incansable en la muleta, muy humillado, alguna vez metiéndose por dentro como Eolo. Fue lo que Dios quiso, como siempre.

 

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