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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del Martes, 24 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada
Ganadería: Cinco novillos de Yerbabuena,
bien presentados, nobles y de distinto juego, destacando el 5º ovacionado en el arrastre.
Un sobrero (el 3º) de El
Cahoso, descastado.
Diestros:
- Israel Lancho. Seis pinchazos,
aviso y media (silencio tras aviso); estocada (ovación).
- David Mora. Estocada (ovación tras aviso)
; estocada, aviso, descabello y el novillo se echa (oreja tras aviso).
-
Andrés González. 3 pinchazos, estocada,
aviso (silencio tras aviso); 2 pinchazos y estocada casi entera (silencio).
Presidente: M. Muñoz Infante.
Banderillero que saludó: Félix Jesús Rodríguez, en el 5º,
de la cuadrilla David Mora.
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa: El País, ABC.
El País.
ANTONIO
LORCA. El espejo de los jóvenes.
Con la desvergüenza torera de las figuras actuales y la tristísima
estampa de la nueva hornada de novilleros. Serán necesarias muchas
plataformas para defender una fiesta que, a veces, da toda la impresión de estar bajo mínimos. Ayer fue uno de esos días en los que la
desolación prende en los aficionados cuando comprueban que la novillería andante parece ausente, no sabe, no contesta, y surge la
inquietante reflexión: con estos chavales, las figuras que a todos nos tienen hoy engañados pueden durar una eternidad. No hay renovación, no
hay savia nueva que revitalice una fiesta amuermada por la mala fe de muchos de los que de ella viven, y viven muy bien.
Quizá el problema resida en que la chavalería no tiene otro espejo que el de las mentirosas figuras, y así les luce el pelo. Es una pena tener
que admitirlo, pero torean muy mal, desprenden una tristeza que parece congénita, y son muy aburridos; ni una pizca de creatividad, ni de
sentimiento, ni de gusto torero. Y lo más grave es que algunos de los novillos de Ortega Cano -buen debú del ganadero- fueron de puro
almíbar, muy blandos, pero muy nobles; otro, como el 5º, una auténtica joya de encastada nobleza. Pero este tipo de novillos exige toreros de
aroma y sabor, de dominio, hondura y sentimiento, y de todo ello hubo ayer poquitas dosis en Las Ventas.
Israel Lancho consiguió una magnífica estocada en el cuarto de la tarde, y fue lo único destacado de su actuación. No le beneficia nada
su gran altura y, por lo visto, el compromiso le vino grande. Ha toreado poco, pero quizá su problema reside en que ofrece una imagen
poco atrayente, sin salero alguno; parece estar inhibido durante la lidia y no concede importancia a lo que hace, sobrado de monotonía. No
demostró que le adornen muchas cualidades y la faena a su primero transcurrió entre la ignorancia general. Muy valiente ante el cuarto,
no aprovechó sus buenas condiciones y dejó pasar una buena oportunidad.
Mención aparte merece el tercero de su cuadrilla, Jesús Carvajal, torerísimo en un par de banderillas.
Tiene madera David Mora. Al menos, así pudo atisbarse en una preciosa media verónica con la que cerró un quite en el cuarto, y en las hondas
verónicas con las que recibió al quinto, gustándose mucho y bajando las manos. Se llevó el lote de la tarde, especialmente el bravo y encastado
quinto, un novillo de lío, pero el único que lució fue el novillo, codicioso y largo en todos los tercios. Mora se colocó siempre
perfilero y se olvidó de que el toreo es cargar la suerte. Algunos
pases fueron estimables, pero quedó la pobre impresión de que había perdido una ocasión de triunfo grande. También dio muchos pases y toreó
poco al noble segundo.
Andrés González también dijo pertenecer a la cuadrilla de la modernidad. Torea hacia fuera y con la muleta retrasada. Y así no es
posible la emoción. Como no cambien de espejos, estos chavales no se harán millonarios vestidos de luces, y cualquiera sabe el futuro que le
espera a la fiesta.
ABC.
ZABALA
DE LA SERNA. Un «Jardín» de Yerbabuena.
La novillada de Rocío Jurado y Ortega Cano fue un jardín de buenas yerbas para no faltar al nombre de su ganadería,
«Yerbabuena». Todas sus cualidades se concentraron en un utrero con cuajo de toro,
con más cuerpo que algunos de los que anteayer se despacharon Ponce y El Juli, bautizado como «Jardín». Hierbas como ésta curan todo, Rocío.
Y también restañan las heridas del alma de la afición que clama por la bravura. De hechuras cuasi perfectas, colocado, con su cara de futuro
toro, respondió en todos los tercios con prontitud y alegría, encelado en el caballo como si la vida le fuera en ello, sin dolerse en el castigo, como los campeones, con una fijeza en la embestida francamente
sobresaliente. El único pero es que por el pitón izquierdo se le vencía un tanto a David Mora, aunque quizá el problema fuera de bisoñez. Queda
la duda; duda menor.
Mora, que había toreado prodigiosamente a la verónica, con la pata p´alante y ganando terreno en el saludo, despacísimo y sereno en un
quite abrochado con media superior, como otra que revoloteó con aromas de Chenel el aire, debió crujir la plaza. Su concepto, ojo con él, es
bueno y su mañana más claro que el de sus compañeros, con las incertidumbres del mañana, que nunca se sabe si llegará. Puestos a ser
severos habría que decirle que se le escapó una oportunidad de oro; puestos a abrazar la esperanza cabe esperar que pula
defectos y vaya a
más. Cuenta con la virtud del temple. Y con un codilleo que si bien le da un toque muy personal, también le quita recorrido al muletazo, un
último tramo imprescindible para haber reventado por abajo a «Jardín» hasta allí detrás, donde duele la cintura. Ese mismo codilleo le hace
expulsar las embestidas antes de tiempo y luego le acarrea problemas de colocación, como sucedió. La faena fue larga, con altibajos e
intermitencias, con momentos de gusto -tiene pinta de torero y eso también puntúa- y otros de carestía. Las
dudas sobre la concesión del
trofeo las disipó con un espadazo incontestable, como a su primero. La gente con los novilleros se la coge en papel de fumar. Es evidente que
el novillo fue de vuelta al ruedo; de ahí a ningunear al chaval va un
tramo muy largo.
Las exigencias también le privaron de dar una vuelta al ruedo con el segundo, de la otra línea de José y Rocío, un poco blandito, al que le
halló la templanza desde que lo recogió en los mismos medios con el capote a la verónica. Como en su labor posterior, se extendió en
metraje. Un consejo: los cierres de adorno conviene hacerlos con la espada de verdad, y más con una espada tan certera como la suya. Así en
cuanto se concluye, se cuadra al toro y se evitan tiempos muertos que enfrían. Tuvo que obtener un cómputo más amplio. Pero demos un voto de
confianza.
El que abrió el jardín de Yerbabuena fue destartalado, casi como su matador, el debutante Israel Lancho, con estatura de pivot. Lo toreó a
su altura, pues no humillaba. Lancho le echó más fibra con el bondadoso y algo soso cuarto y borró los borrones del anterior con el acero.
Estuvo muy variado en quites, el único problema es que nadie le ha dicho que con un metro noventa, o noventa y algo, necesitará una
escalera para bajar de las nubes y alcanzar su sueño.
Andrés González es pura voluntad, abundante voluntad. Un sobrero noble y a menos de El Cahoso y un sexto con calidades y motor por el pitón
derecho fueron su materia prima para perderse en un mar de derechazos robustos y concienzudos.
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