GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del Sábado, 21 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de Rejones

Ganadería Toros de Bohórquez. Bien presentados, mansos y descastados. 

Diestros: 

  • Fermín Bohórquez. Rejón bajo y trasero y un descabello (silencio); rejón trasero y bajo (pitos)
  • Hermoso de Mendoza. Pinchazo y rejón muy trasero (ovación); pinchazo, rejón trasero y un descabello (oreja).
  • Álvaro Montes. 2 pinchazos y rejón contrario (ovación); rejón atravesado (oreja).

Presidente: M. Muñoz Infante.

Entrada: lleno.

Tiempo: tarde entoldada y agradable temperatura.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla.


El País. ANTONIO LORCA. Desangelado rejoneo.

Es posible que el rejoneo viva una época dorada, pero cambian el toro o comenzará sin remedio una etapa de declive. Este espectáculo requiere un animal poderoso y encastado que persiga con brío a los caballos y supla con codicia el afeitado de sus pitones. Con el toro soso y parado como los que ayer se lidiaron, este festejo resulta soporífero. Si, además, quizás contagiados por el mal juego de sus oponentes, los caballeros no están acertados, este espectáculo amable para públicos complacientes se convierte en un sopor.

Muy desangelada resultó la tarde de ayer. Una gran responsabilidad hay que colocarla en el casillero del ganadero, que cosechó un sonoro fracaso con toros sosísimos y rajados que no contribuyeron en absoluto al éxito de los caballeros. Ya va siendo hora de que se busquen otros hierros que puedan ofrecer más garantías.

Hasta el quinto toro no se vivieron momentos de esa fácil emoción que despierta el toreo a caballo. Como suele ser habitual, el protagonista fue Hermoso de Mendoza, que dictó una lección magistral del temple a lomos de un animal. Se dejó llegar el toro muy cerca y con una técnica perfecta consiguió encandilar a los tendidos a pesar de la sosería de su oponente. Se precipitó al matar y un feo rejón trasero redujo el premio a una sola oreja.

Quizás Hermoso necesite más que nadie un toro encastado por la tremenda facilidad que imprime a su rejoneo. Ése es el gran mérito de este torero a caballo, quien, con una cuadra que raya la perfección, combina una depurada técnica con el rejoneo clásico.

Paró a su primero en el corto espacio de una baldosa y después de colocar un único rejón de castigo dibujó dos hondos derechazos. Banderilleó al quiebro, se esforzó en clavar al estribo y dio la impresión de torear en el patio de su casa. Ése puede ser el problema: poco toro más dominio total, igual a escasa emoción. Volvió a matar mal y lo ovacionaron con fuerza. Aunque pueda parecer insólito, hay gente que acude a la plaza con un pollo debajo del brazo y, por tercer año consecutivo en esta plaza se lo tiraron a Hermoso cuando daba la vuelta al ruedo tras la muerte del quinto.

No tuvo su tarde el hijo del ganadero. Fermín Bohórquez es un fiel representante del rejoneo clásico, sin concesión alguna a la galería; y así lo demostró al comienzo de la lidia a su primer toro con rejones y banderillas. Resultó atropellado cuando intentó colocar un par a dos manos y a punto estuvieron caballero y caballo de perder peligrosamente el equilibrio. Volvió a intentarlo y falló de nuevo.

No le gustó el cuarto o no se gustó él mismo, y quiso acabar cuanto antes con el compromiso. El primer rejón cayó en el costado del toro, muy frío y vulgar en banderillas, y tuvo la mala suerte de degollar al animal con el rejón de muerte, lo que provocó un abundante derrame de sangre que convirtió la agonía del toro en un espectáculo ciertamente desagradable.

No se le puede negar a Montes ardor juvenil. Es espectacular, abusa de la suerte del violín y su toreo se aleja de la ortodoxia. Muy bonita, eso sí, la suerte de la garrocha con la que recibió a su primero. Se esforzó con ese toro manso y divirtió al público en el sexto.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Hermoso de Mendoza y Montes consiguen un trofeo cada uno.

Una oreja cada uno cortaron Pablo Hermoso de Mendoza y Álvaro Montes en la corrida de rejones celebrada en Las Ventas, primera de las dos de la especialidad programadas en esta feria de San Isidro. Sin el tono festivo al uso en otras plazas y en ésta misma en otros tiempos, la corrida se desarrolló ajustándose a los principios de seriedad y rigurosidad de cualquier festejo de a pie. Lo que quiere decir que la oreja que cortó Hermoso de Mendoza en el quinto está respaldada por muchos merecimientos a pesar incluso de las dos veces que tuvo que atacar en la suerte suprema además del descabello final. 

Una oreja de ley, y dos más que perdió el navarro en esta suerte. Incluso el trofeo a Álvaro Montes en el sexto está también fundamentado en una actuación muy completa, y vale anotar otro apéndice que se dejó igualmente en el tercero por los dos pinchazos previos al rejón definitivo. Sólo dos orejas en un gran espectáculo en el que como era de esperar Pablo Hermoso de Mendoza fue la gran estrella. 

Posiblemente su faena al quinto haya sido la mejor de toda su carrera en esta plaza, exceptuando naturalmente el contratiempo al matar. Fue una lección de rejoneo en todos los órdenes, por el arrojo y torería de los caballos que montó y por la precisión en la ejecución de las suertes. Habría que subrayar los nombres de Chenel, un castaño oscuro que arriesgó una barbaridad en los cites en corto y quiebros ajustadísimos en banderillas, y no se diga del tordo Campogrande, valiente de más, por la forma de arriesgar y "meterse" en los terrenos del astado. La plaza fue un clamor continuo, apasionada entrega del 
público con el jinete, y éste a su vez junto con sus caballos con el toro. Dicho queda que si no es por ese pinchazo previo y descabello posterior al rejón de muerte, hubiera cortado las dos orejas. Pero no fue eso sólo la hazaña del navarro, ya que en el anterior rozó también un triunfo importante. En esta faena, dos caballos asimismo con nombre propio, Labrit por sus quiebros con el jinete sin arma, y Chicuelo por las piruetas a la salida de banderillas. Aquí también perdió un trofeo en la suerte suprema. 

Triunfador también el joven Álvaro Montes, se movió entre lo clásico y lo otro. Muy certero en todo exceptuando el rejón final. No fue fácil hacerse con el manso y distraído tercero, que de salida buscó la puerta para volver a irse. Y ahí lo aguantó Montes a punta de garrocha, en un pasaje y estilo espléndidamente campero. 

Mención especial para el caballo Upitu, hijo del mítico Opus que montara Álvaro Domecq, y con el que Montes cumplió un tramo final a base de espectaculares violines. 

Ya en el sexto, con galope a dos pistas sobre Chambao, y atacando de frente al clavar, Montes echó mano otra vez de los violinazos para acabar en un clima de auténtico frenesí. No estuvo muy ortodoxo al matar, pero fue inapelable la petición de oreja, con la plaza blanca por completo.

Bohórquez estuvo notable en el primero, aunque pasó más desapercibido quizás por la frialdad que impone abrir plaza, quizás por la suma elegancia, sin ruidos, del rejoneo que practicó. Galopadas en corto y mucho temple, de lo más exquisito. Un ligero tropiezo en un par a dos manos y la mala colocación del rejón final, no debieron influir tan negativamente para quitarle el trofeo. 

Ya en el cuarto estuvo más desigual, y con la mala suerte de que aún arriba el rejón produjo vómito, algo mal visto para el público habitual a esta especialidad.

 

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