GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del Martes, 17 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

GanaderíaToros de Garcigrande. Bien presentados, nobles, justos de fuerza y descastados. 

Diestros: 

  • César Jiménez. Pinchazo, estocada baja (palmas); pinchazo y estocada desprendida (ovación tras aviso).
  • Salvador Vega. Pinchazo, estocada baja (silencio); pinchazo y estocada atravesada (silencio).
  • Manzanares hijo, confirma alternativa. Meteysaca y estocada (silencio tras aviso); estocada casi entera. (silencio).

Entrada: Lleno.

Banderillero que saludó: Manuel Montoya y Jesús Arruga, en el 2º, de la cuadrilla de César Jiménez.

Presidente: José Manuel Sánchez

 

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


El País. ANTONIO LORCA. Suspenso en geometría.

Visto lo visto, parece que estos toreros jóvenes de ayer no fueron a clase el día que explicaron la geometría del toreo. Y suspendieron, claro. Pasaron al curso siguiente, pero tienen pendiente esa asignatura. Quizá, por eso, demuestran graves carencias en cuanto a colocación, porque creen que el toreo es en línea recta cuando es en redondo; se colocan a la altura del pitón que tienen más cerca, cuando las reglas aconsejan buscar el pitón contrario; dirigen la embestida del toro hacia fuera, cuando es hacia dentro, y no cargan la suerte, es decir, no invaden el terreno del toro. Para más delito, citan con la muleta retrasada cuando debe ser presentada por delante para alargar el muletazo, y utilizan el pico del engaño en lugar de la panza de la franela.

Geometría pura que hay que aprender, asimilar y ponerla en práctica. Tiene un problema, eso sí: el toreo así ejecutado entraña más riesgo, pero es más puro. El toreo con la suerte cargada, y con los pases ligados, largos y en redondo es oro puro. Se entiende así que ésta sea una profesión para elegidos. De ahí la importancia de la geometría en el toreo. Por eso, los que suspenden esta asignatura crucial dan muchos pases, pero torean poco, alargan las faenas y no dicen nada. El toreo sin geometría es de una vulgaridad insoportable.

Viene todo esto a cuento de la tarde que ofrecieron ayer Jiménez, Vega y Manzanares, tres toreros, se dice, con mucha proyección. Tuvieron delante una corrida elegida para triunfar, justa de fuerza y de casta y sobrada de nobleza. No se picó ningún toro, no molestaron a nadie y pecaron, eso sí, de sosería en la muleta. Ninguno de los tres toreros puso en práctica las normas geométricas y los tres pasaron inadvertidos entre el espeso silencio de este público que se cae de puro bueno. Por cierto, no sólo no torearon, sino que, además, mataron de bajonazos infames que dicen muy poco de estas figuras en ciernes.

Aplaudieron mucho a Jiménez a la muerte del quinto, pero sin motivo justificado. Es verdad que hubo un par de tandas de naturales de cierto empaque, pero su labor quedó deshilvanada y de poco peso. Había comenzado toreando de rodillas con la mano derecha, acabó con manoletinas y le hubieran concedido inmerecidamente una oreja si no mata de mala manera. Peor estuvo en su primero, ante el que evidenció que debe estudiar geometría con urgencia porque su toreo fue excesivamente superficial y anodino.

Los dos toros más inválidos le tocaron a Salvador Vega y en los dos comenzó en la muleta por bajo de manera incomprensible. Manejó el capote con gusto cuando las cortas embestidas se lo permitieron, y allí estuvo en labores de enfermero sin decir nada. Manzanares confirmó la alternativa con un toro noble ante el que quedó en evidencia. Serían los nervios, pero se mostró sin gracia, sin reposo y sin mando en una faena muy larga en la que no dijo nada. Un natural y un largo pase de pecho aislados fueron lo único destacable después de seis tandas, seis por ambos lados. El último era un inválido que no podía con su alma. Al final, quedó la impresión de que carecen de ilusión y fortaleza que son los atributos de la juventud. Si ellos son el futuro, que Dios nos coja confesados. Son tres jóvenes y parecen viejos.

 


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Toritos para toreritos.

Existe una tecla en el cerebro que activa la desmemoria, afortunadamente. Y luego hay toreros (itos) que poseen la virtud de activarla antes de que el aficionado abandone la plaza. De la corrida (ita) pocos recordaban algo antes de sumergirse en el Metro o meter las llaves en la puerta del coche. «¿Tú de qué te acuerdas, Manolo mío?». «De sus mulas y de mi suegro, amorrrr».

Confirmaba la alternativa José María Manzanares hijo, que el pasado año no se encontraba preparado para tal reto. Ni lo está. Para la ocasión se habían seleccionado toros (itos) de Garcigrande-Domingo Hernández, en los límites e incluso por debajo de ellos. Por la cara, léase si se quiere con doble sentido, habían aprobado algunos. El de la ratificación del doctorado guardaba las apariencias por delante, aun paliabierto y paletón, sin remate por detrás. Al piquero le cogió desprevenido y lo derribó por los pechos del caballo. Un accidente. César Jiménez se compuso muy solemne para hacer un quite por seudo navarras y tafalleras. Sin comentarios. La solemnidad la mantuvo en la ceremonia. De blanco inmaculado, Manzanares agarró los trastos y se dispuso a torear (¿?). Pronto le presentó la izquierda y el garcigrande le sorprendió con su castita. El atragantón le desconcertó y pasó a presentar batalla sobre la diestra. Pero las batallas no se desarrollan tan fuera de cacho. Además no había tal batalla, que el toro se prestaba a colaborar, con más soltura y más humillado al natural. Para llegar a este punto, transcurrieron tres tandas de derechazos de exquisita educación para no exponer un alamar. Llegado el momento sucedió que tampoco explotó la cuestión, que regresó al otro lado, que volvió otra vez a la zurda, que pasaron los minutos y no pasó absolutamente nada reseñable. Querer o poder, he ahí el dilema. ¿Manzanares júnior no quiere o no puede? Mala solución. No la hubo con el frenado sexto, que se fue al suelo en un tirón violento y nunca se desplazó. La rápida resolución con un espadazo evitó alargar el letargo de los tendidos. Por cierto, con lo de colocarse a la derecha del picador aquí no se camela.

A la corrida (ita) se le pueden adjudicar multitud de carencias, mas no la falta de bondad y nobleza. El cuarto aunó los defectos de presencia y poder y las cualidades del alma. César Jiménez no había calado ni en la epidermis de la plaza con el mansote segundo. No caló porque entre los paseos circunspectos, la colocación al hilo y los toques externos le llamaron al orden mientras se evaporaba la ocasión. Así que con el susodicho cuarto se concienció y se buscó en los orígenes. En los medios se clavó de rodillas y trazó redondos emotivos con la repetición de las arrancadas. Y el toro se iba allí lejos, con tranco. Jiménez entendió la distancia larga y siguió sobre la derecha provocando oles largos con muletazos cortos. Sería deshonesto negar que C.J. torea mejor, todo dentro de un orden, con la mano izquierda, y lo demostró en naturales que superaron a los ligeros derechazos en un trayecto más curvo, y que incluso aguantó alguna mirada. Y su impersonalidad es tal que en fogonazos de remates y entradas y salidas de la cara del toro uno cree estar viendo a su maestro Joselito. En las fuentes uno puede beber e inspirarse, pero suplantar una personalidad, si la hubiere, por otra acaba en empanada mental. Las manoletinas del broche fueron de línea pitiminí e insustancial. Si lo mata, cobra una oreja, no lo duden. Una de tres posibles suena a fracaso para el doble «campeón» de las temporadas anteriores. Y ninguna, pues para qué hablar.

Lo más torero corrió a cargo de Salvador Vega en un saludo de tres verónicas y media a pies juntos. Como Dios da pan a quien no tiene dientes, Vega no estrenó los suyos con un lote apagado, sin fuelle ni fuerza. Uno atacado de kilos y otro de la feria del boquerón.

 

Otros festejos de la temporada en Madrid