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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del Lunes, 16 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada con caballos
Ganadería: Novillos de
Fuente
Ymbro. Bien presentados, encastados, con movilidad y
juego desigual,
destacando el 3º y 4º, ovacionados en el arrastre.
Diestros:
- Gabriel
Picazo. Pinchazo, estocada desprendida y trasera (silencio);
estocada corta (silencio).
- Sergio
Marín. Bajonazo (silencio) ; estocada y descabello
(silencio).
-
Alberto Aguilar. Estocada trasera
(oreja); estocada corta (silencio).
Entrada: Casi lleno.
Banderillero que saludó: "El Madrileño", en
el 1º, de la cuadrilla de Gabriel Picazo.
Incidencias: se ha guardado un minuto de silencio tras
el paseíllo en memoria de Joselito El Gallo,
en el 85 aniversario de su muerte en la plaza de Talavera de la Reina.
Presidente: César Gómez.
Tiempo: tarde fría.
Crónicas de la prensa: El País, ABC.
El País.
ANTONIO
LORCA. Fuente Ymbro huele a bravo.
La ganadería de Fuente Ymbro huele a toro bravo y te reconcilia con esta maltratada fiesta. Los novillos de ayer, cuajados de defectos,
tuvieron una cualidad fundamental: la movilidad. Y cuando un toro se mueve la alerta cunde en el callejón; a veces, el desconcierto se
apodera de las cuadrillas y hay que tener mucho valor y técnica para dominar, templar y, a fin de cuentas, torear.
¿Dónde estará el misterio de este ganadero, empresario de la distribución de muebles, a mucha honra, que compró hace 14 años vacas y
sementales de Jandilla y está revolucionando la ganadería española? Decía él ayer que busca un toro con carácter, y a fe que lo ha
conseguido. Sus novillos estuvieron bien presentados, encastados todos, agresivos algunos, cumplidores en el caballo -bravos el 3º, 4º y 5º-
mansones otros, pero ninguno se cayó y todos se movieron en la muleta. Ninguno fue artista, pero todos, en mayor o menor medida, ofrecieron
espectáculo. Lo cierto es que no aburrió nadie, y la tarde, sin ser nada del otro mundo, estuvo cargada de interés.
Así las cosas, la Unión de Criadores debería organizar unos cursos presenciales para ganaderos en los que investigaran el misterio que
encierra este hierro sin historia, que está dando una auténtica lección de conocimiento a todos.
Y, ya de paso, se podrían reunir unos cuantos toreros veteranos y ofrecer lecciones para novilleros con posibilidades. Que los enseñen,
por ejemplo, a colocarse, a cruzarse, a cargar la suerte, a adelantar los engaños... En fin, que los enseñen a torear. Porque da la impresión
de que estos chavales vienen engañados. Aprenden sin toro, se gustan con el carretón y se foguean con novilletes sin alma. Después, los
traen a Las Ventas y los ponen delante de toros con carácter, con codicia y acometividad, y no saben qué hacer. Quizá, ellos, los
chavales sean los menos culpables, pero sí son las únicas víctimas. Y algunos de ellos, ojalá no sea así, pudo dejar ayer enterradas sus
ilusiones en la arena de Las Ventas.
Gabriel Picazo tiene maneras y las demostró en algunos naturales hondos en el quinto, largo de embestida, que lo desbordó en todo momento. A
merced estuvo del soso primero, con pocas ideas y muy despegado siempre.
Dificultoso era el segundo de la tarde; tanto, que Sergio Marín no pudo darle ni un pase, pero sí ofreció una imagen de lamentable falta de
recursos, lo que se acrecentó en el quinto, que lo atropelló y le hizo pasar un mal rato. Y Alberto Aguilar cortó una oreja al tercero por una
labor animosa y entregada a un excelente novillo que estuvo siempre por encima del torero; se justificó con valentía ante el sexto, el más
difícil del encierro.
Contento se marcharía el ganadero. Distinto era el caso Jesús María Saboya de la Fuente, ganadero de La Cardenilla, que estaba
profundamente indignado por un comentario, ciertamente desafortunado, que se deslizó en la crónica del pasado domingo. No estaba el ganadero,
como se ironizaba, "fumando un puro, todo ufano", sino, según sus palabras, "sufriendo en el burladero", como hombre cabal que se
considera. Asimismo achaca el mal comportamiento de sus toros a las contingencias veterinarias sufridas por los animales a causa de los
traslados a los que les ha obligado la normativa de la lengua azul.
ABC.
ZABALA
DE LA SERNA. Carta abierta a Ricardo Gallardo.
Querido Ricardo Gallardo: Una vez más ha sido grato encontrarnos en otra feria. En esta ocasión en Madrid. Todas las veces
en las que hemos tropezado en esta temporada no ha habido otro remedio que volcarse en elogios hacia su ganadería. Es un placer no tener otro
remedio. En Castellón, fundamentalmente en Valencia -¡qué espectáculo!, el más bello del mundo- y ahora aquí. Recuerdo un titular que firmé:
«Fuente Ymbro, manantial de bravura». Ya ha llovido, por lo menos varias temporadas. Pero el titular se mantiene vigente. Algunos
hicieron luego gracietas, que si fuentegenio o fuentecojones. De todo ha de existir cuando se apunta alto en la selección. Ayer dos joyas
esclarecieron términos, marcaron la diferencia y dictaron una lección
de lo que es la bravura. Y resaltaron más esos ejemplos en el contraste con otros hermanos que derivaron con peligro en genio. Las joyas, los
diamantes engarzados en oro de muchos quilates, fueron el tercero y el cuarto. Entre
ambos, aunque aquél fue completo, todavía me quedo con la clase de este último. ¡Qué manera de entregarse por el pitón izquierdo
en un vuelo que planeaba tras la muleta! Lo siento de veras por el chaval, Gabriel Picazo. Su comienzo de faena me marcó. El fallido
péndulo y el topetazo precipitaron una despavorida huida que no fui capaz de remontar ni con algunos estimables naturales. La estimación se
quedó corta para la esplendidez de la embestida con el hocico arando el ruedo como San Isidro, y además yo creo que nadie borraba de la memoria
el sprint de Picazo. Lo más torero, no sé usted cómo lo valoró, fue la perfecta labor de El Madrileño con el capote. ¡Cómo pasa el tiempo!
Cuando se desmonteró tras dos buenos pares de banderillas al primero y atisbé algunas canas en su pelo, me cayeron tres sacos de años sobre
las espaldas. Aquel novillero que bordó el toreo con las ilusiones de Miguel Flores empujando hoy peina una nevada cabellera. Su nombre sonó
entonces con fuerza, se disipó como tantos sueños y apuesto ahora a que va a volver a sonar en plata. Se lo deseo.
Este primer novillo marcó desde salida un juego incierto por el pitón izquierdo y franco por el derecho. Y en el mismo son continuó en la
muleta, un tanto aplomadete, pero con tres series suficientes para que Picazo se hubiese anotado una orejita o así. Puntuó como medio novillo,
como puntuó a medias que se acordasen de la muerte de Gallito una vez rotas las filas del paseíllo para
silenciar sesenta segundos.
Alberto Aguilar sí se anotó con su tercer utrero, don Ricardo, una oreja. El chaval es vivaz y tuvo desparpajo en las verónicas, en las
navarras, en las dobladas del prólogo, en el trincherazo. La bravura despuntó ya en el caballo y siguió por el pitón derecho en dos series
de largos muletazos y en una tercera ramplona que provocó una laguna importante en la faena. Laguna que continuó al natural hasta que tres
últimos zurdazos hallaron el temple. Tres que refrescaron tanto a la gente como el espadazo.
Me imagino que usted, señor Gallardo, lamentaría como yo que en la muleta de Sergio Marín, que sabe torear, cayese el lote peor y que
cerrase el sexteto uno muy peligroso en manos de Aguilar. De cualquier manera me despido con una enhorabuena y con la petición de que no se
suba a la parra de la vanidad, que, como dice un amigo, la procesión es larga. Un abrazo.
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