GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 12 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

Foto de El País

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

GanaderíaToros de Bohórquez.  Descastados, gordos, inválidos y deslucidos. Un sobrero (6º) de Corbacho Grande, deslucido y violento.


Diestros: 

  • Luis Francisco Esplá. Dos pinchazos y estocada 
    (silencio); pinchazo, estocada tendida y un descabello (silencio).
  • Fernando Cepeda. Bajonazo, un descabello (aviso), un descabello y el toro se echa (palmas); bajonazo (palmas).
  • Uceda Leal. Pinchazo y estocada (silencio); estocada (silencio).

Banderillero que saludó: El Chano, de la cuadrilla de Fernando Cepeda, en el 5º.

Entrada: Casi lleno

 

Crónicas de la prensa: El País, ABC, Diario de Sevilla


El País. ANTONIO LORCA. La ilusión de los veteranos.

A medida que pasan los años, la vida se ve de otra manera, y no digamos la profesión. A veces, muchas veces, se desvanecen las ilusiones, desaparece la voluntad de pelea y uno mismo puede llegar a verse como una sombra de lo que fue. Entonces, el profesional se queda a verlas venir, a la espera, sin apreturas, de que llegue el triunfo, pero sin el empeño necesario para alcanzarlo. Falta la fortaleza de la juventud, tal vez la necesidad, o, quizá, se es presa de la apatía y la comodidad que ofrece una carrera que hace tiempo que tocó techo. Sin ánimo de afirmaciones contundentes, esta impresión recorrió ayer la plaza de Las Ventas viendo torear a Esplá, Cepeda y Uceda Leal. Ya tienen una edad, sobre todo los dos primeros, y una carrera que, difícilmente, se va a modificar sustancialmente a estas alturas. Y es humano que la ilusión vuele y que las cosas importantes de la vida estén alejadas de los ruedos. Tan humano como que el que paga quiera divertirse y ver triunfar a sus toreros, y no admita que la veteranía sea un eximente para el esfuerzo y la búsqueda denodada del triunfo. Se puede no tener ilusión, pero, vestido el traje de luces, hay que ahuyentar la apatía.

La corrida de Bohórquez fue una mansada de bueyes, flojos y 
descastados, pero la nula condición de los toros no justifica la 
actitud de la terna. Nadie va a descubrir ahora a Esplá, un torero reconocido por todos y muy querido en esta plaza. Con la de ayer ha actuado 79 veces en Las Ventas, donde ha cosechado grandes triunfos. Pero, a excepción de los dos tercios de banderillas, que saldó con brillante eficacia y clavando siempre en la cara de los toros, se mostró como un torero frío, sin motivación y se limitó a cubrir el expediente. Corto de embestida fue su primero, y allí estuvo Esplá, muchos capotazos y sin estirarse en uno solo, y fácil en la muleta, pero sin emplearse nunca. Conoce bien los gestos que gustan a esta afición, pero no toreó y quedó vencido desde el primer momento. Tampoco se abrió de capote en el cuarto, el más inservible de todos, y como llegó rajado a la muleta, Esplá lo mandó al limbo tras dos o tres pases por la cara. Estuvo Esplá toda la tarde sin estar en él y pasó inadvertido.

De su sombra huía el primero de Cepeda, y no hubo, siquiera, intento de verónica. Cobarde era el animal y rajado, pero iba y venía en la muleta. Trazó Cepeda tres redondos y un par de naturales largos, pero a la faena le faltó unidad y ligazón. O, quizá, la confianza necesaria que se le debe exigir a alguien de su categoría. Hubo detalles de altura estética, pero, también, la sensación de que necesita un toro muy especial para sacar a flote el arte que Dios le ha dado y que él se resiste a mostrar. Esbozó la verónica en el quinto, aunque ningún lance alcanzó hondura. Muy parado ese toro, el diestro se limitó a matarlo 
feamente.

Y todo se pega en esta vida. Uceda es más joven y se le suponen temporadas por delante, pero también anduvo como un veterano sin ilusión. Aburrido, indeciso y vulgar en su primero, sólo se supo que era él cuando cobró un estoconazo espectacular. Le cambiaron el sexto y salió en su lugar un toro astifino y bravucón al que tampoco lanceó con el capote y, llegada la muleta, se las vio y se las deseó el torero para dibujar algún muletazo que mereciera la pena. Berreón el toro, de embestida violenta y deslucida, le faltó a Uceda el dominio necesario. No era fácil, pero él es figura y no justificó el prestigio de que goza.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Ni vencedores ni vencidos.

La tarde terminó con la paz que sembraron los  toros de Fermín Bohórquez. Claveles en las bocachas de los fusiles, sin revoluciones. Sin vencedores ni vencidos. Tranquilidad en las masas. No llovió como en la mañana. Ni siquiera llovió. González Ruano convirtió un día la lluvia en la noticia de su columna. César, un genio. Tampoco fluyó el toreo en ríos caudalosos. Momentos, instantes, fogonazos de Fernando Cepeda con un toro que manseó huidizo en los primeros tercios, cuando en algunos capotazos de brega anunció su buena condición para humillar con nobleza si se le sujetaba en la muleta. Como lo anunciaban sus hechuras, su construcción. Cepeda lo cosió en el tercio y lo bordó en los medios en un pase de la firma y un trincherazo monumental, para disparar los flashes de la memoria. En hacerle las cosas por abajo consistía la cuestión. Tres derechazos con sabor tuvieron una continuidad que luego se evaporaría; la siguiente serie se quedó a medias. Más corta otra al natural, por donde el murube viajaba menos. La cuesta abajo se había empinado sin freno. O sin acelerador para remontarla. La estocada baja todavía difuminó los hechos en el reconocimiento final.

No menos caído se le fue el punto de mira en el volapié a la hora de pasaportar al quinto, aplomado y sin recorrido alguno. Dos puyazos traseros para reseñar en lo negativo y un par enorme de El Chano -el primero más desprendido- para anotar en lo positivo. Sonó la ovación de la tarde, lo que dice mucho. Aunque las verónicas acompasadas de Cepeda volaron alto.

Las otras palmas intensas se las llevó Florito al meter a punta de chaquetilla al inválido sexto, que no alcanzó el nivel de fuerzas peladas de sus hermanos, justitos, justitos, de poder. El sobrero de Corbacho Grande apuntó condiciones estimables de salida. Y cambió de golpe y porrazo en el tercio de muerte, para sorpresa de Uceda Leal, que le había dibujado una trinchera y un cambio de mano genuflexo muy torero. Pero desde entonces los esquemas se le rompieron al matador, que se encontró con una aspereza de tornillazos no esperada. Cambió de mano, le tragó una serie de poderosos derechazos y desde ahí siguió tragando pero más amontonado, sin respiro, viniesen como viniesen las embestidas. Quiso intentarlo otra vez con la zurda y lo pasó verdaderamente mal. Hasta el final del contundente volapié con el sello de la casa.

Sin emoción

Otra historia había sido el bondadoso tercero, quizá demasiado bondadoso como para transmitir a los tendidos alguna emoción. Uceda prologó con gusto para dar paso a una primera parte de faena en la que no se halló. Le sorprendió mucho el toro en los inicios de las series diestras. Fue sobre la zurda cuando se vivió una segunda mitad de muletazos de buen trazo, a pies juntos en un epílogo menos forzado, más natural, que a veces Uceda de querer tanto se deja querer poco. No subió a los tendidos ni lo regular ni lo bueno por la insustancialidad del de Bohórquez. Un pinchazo arriba y la estocada que es el pan nuestro de sus días.

Luis Francisco Esplá se había enfundado un vestido «made in» sus conocimientos de la torería prehistórica, un grosella de diseño antiquísimo con pasamanería aframbuesada también. Seiscientos nueve kilos muy hondos y sin motor le sirvieron para que banderillease con facilidad al cuarteo -dos pares- y una tercera vez por los adentros, siempre por el pitón derecho. Que se lo dejase prácticamente sin picar ayudó poco en su marmórea embestida al paso y a media altura. No tocó el pitón izquierdo tampoco con la muleta. A la tercera encontró muerte.

Un manso muy manso, engatillado de pitones, le apretó hacia los adentros con los rehiletes, y Esplá, veterano de mil batallas, tras verse en situación apurada una vez, dijo tranquilos, colocadlo para que a la salida de cada par me coja cerquita el burladero. Todo lo que se desgastó el rajado animal fue en esas carreras hacia la querencia. No hubo manera de sacarlo de la raya hacia fuera en el tercio último. Aunque tampoco Luis Francisco, a estas alturas, pretendía mayores empeños, con la montera calada y la disposición a hacer faena decimonónica como su atuendo y como correspondía. Breve de veras el maestro de Alicante. Y aquí paz y después...


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Los 'bohórquez', descastados.

Ganadería. Cinco toros de Fermín Bohórquez, bien armados, de gran alzada, pero de escasa casta y blandos. Un sobrero, en sexto lugar, de Corbacho Grande, que se revolvía con celeridad por ambos pitones, especialmente por el izquierdo.El cartel de la segunda de abono era muy madrileño, compuesto por tres toreros del gusto del público de Las Ventas: Luis Francisco Esplá, Fernando Cepeda y José Ignacio Uceda Leal. Una tarde, a priori, interesante, que a la postre dejó escasa huella, por un pésimo encierro cinqueño de Fermín Bohórquez, completado con un sobrero de Corbacho 
Grande, que también dio mal juego. 

Luis Francisco Esplá, adorado en la plaza madrileña, tapó a su primer toro y se desentendió totalmente del otro. Al que abrió plaza, muy flojo, se le cuidó en el caballo. Esplá lidió con suficiencia con el capote. En banderillas, jugueteó y clavó con facilidad, asombrando con un tercer par por los adentros. Con la muleta en la mano, en las rayas y en las afueras, le buscó las vueltas, aunque sin mucha convicción, a un animal que se quedaba corto por ambos pitones.

A su segundo, con buen son de salida, lo recibió Esplá sentado en el estribo para estirarse luego a la verónica. El alicantino pareó de manera desigual. El diestro, ante un animal que apuntó mansedumbre, cortó por lo sano. 

Fernando Cepeda, el mejor capotero del momento, no tuvo opción a lucirse en el toreo de capa por las malas condiciones de sus dos oponentes. Únicamente esbozó un par de verónicas y una media con calidad a su segundo. Con la muleta brilló ante su primer oponente y no tuvo opción alguna con el otro. Toreó con sumo gusto a su primer toro, altísimo, tan alto como manso en el caballo. A la muleta llegó con nobleza. Cepeda, muy asentado, fijó de inmediato al toro con un trincherazo en un aperitivo muy pinturero. Luego, fundamentalmente con la diestra, esbozó pases de mucha calidad a un animal de escaso motor.

Cepeda se justificó ante el quinto toro, muy reservón y sin cuerda alguna. Lo más destacable en este acto y en el conjunto de la corrida fueron dos pares de banderillas que prendió con acierto El Chano.

Uceda Leal, que perdió el engaño en los lances de recibo al tercero, se esforzó con la muleta ante un toro noblote, pero muy soso.

El que cerró plaza, que salió derrengado, fue sustituido por un sobrero de una ganadería prácticamente desconocida, Corbacho Grande (procedencia Marqués de Domecq), protestón, que se revolvía muy rápido por ambos pitones, especialmente por el izquierdo. Uceda Leal, que intentó el lucimiento, resolvió con un buen trasteo sobre las piernas, 
tras un par de coladas impresionantes.

El festejo dio muy poco de sí. Sin duda, de la terna descolló Fernando Cepeda. El de Gines, con empaque y temple, dio los mejores muletazos de la tarde.

 

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