GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del jueves, 2 de junio de 2005
Crónicas del festejo

Foto ABC

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

GanaderíaToros de Adolfo Martín. Bien presentados, de diferente juego y complicaciones. Destacando el 3º en el tercio de varas, ovacionado en el arrastre.

Diestros: 

  • Luis Francisco Esplá. Media (silencio); pinchazo y estocada (pitos).
  • Pepín LiriaPinchazo, media estocada y descabello (pitos); pinchazo, media estocada y descabello (silencio).
  • Fernando Robleño. Pinchazo y estocada perpendicular (algunos pitos); dos pinchazos y bajonazo (silencio).

Presidente: M. Muñoz Infante.

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, Diario de Sevilla


El País. ANTONIO LORCA. El arte de picar.

Qué extraño suena eso de "el arte de picar", y al pronunciarlo parece una suerte perdida en la noche de los tiempos. Pues, sí, señor, picar es un arte, a pesar de tanto matarife suelto y tanta degradación como padece este tercio fundamental de la lidia de un toro.

Y el arte en esta fiesta es un gozo emocionante. Algo así como lo que ayer se vivió en Las Ventas en el tercero de la tarde, con un toro justo de trapío y fuerza, lavado de cara, que acudió con brío al piquero y apretó con fijeza en el primer puyazo. Tuvo Robleño la generosidad de colocarlo más allá de las rayas; el picador, Marcial Rodríguez, hizo la suerte con torería, moviendo el caballo, dejándose ver y llamando la atención de Madroñito levantando la vara. El animal fija su mirada en la cabalgadura, se arrancó como una exhalación mientras el picador acertaba a colocar la puya en el centro del morrillo. Espectacular la bravura del animal, que se crecía en el castigo, y emoción intensa en la plaza. El matador solicitó el cambio, y el público, encendido, exigía una tercera vara. Accedió el presidente y allá que colocaron a Madroñito muy cerca del centro del anillo. Rodríguez se sintió torero, lo citó con la montura por delante y el toro corrió a galope tendido y, una vez más, el encuentro fue emocionantísimo.

La plaza se puso en pie empujada por la vibración intensa de una suerte resucitada. El picador se quitó el castoreño y el recibió los honores reservados a los toreros en tardes de gloria. ¡Qué pena que un momento tan bello se haya perdido casi para siempre! Si esta suerte se repitiera unas cuantas veces a lo largo de una feria no tendría cabida el aburrimiento, volvería la exigente y lúcida afición y nadie se atrevería a poner en duda el futuro de la fiesta. Después, en la muleta el toro no respondió a las expectativas. No tuvo recorrido ni franqueza en su embestida y, a pesar de que Robleño se colocó bien, desarrolló agresividad hasta el punto de que el torero no encontró el camino para dominarlo y, mucho menos, para torearlo.

La verdad es que, aunque todo es opinable, especialmente en este espectáculo de sentimientos y miradas subjetivas, gran parte del público se mostró duro en exceso con los toreros y generoso con los toros. Pitaron a Esplá en el cuarto, que cumplió en el caballo y llegó muy deslucido a la muleta buscando el cuerpo del torero en cada embestida. Silenciaron, sin embargo, su labor en el primero, inválido, soso y noble, con el que estuvo sin confianza, a la defensiva y siempre mal colocado. El toro no valía gran cosa, pero el torero no mostró voluntad de pelea.

Pudo estar mejor Liria en el segundo, ante el que inició la faena doblándose por bajo con torería, como presagio de lo que parecía faena grande. Pero no fue así. Acelerado y sin acertar en la colocación, tardó un mundo en centrarse por el lado izquierdo para dibujar dos hondos naturales. Otros dos después y muchas tentativas frustradas. Áspero y muy brusco era el quinto, que embestía a tornillazos.

Terminó el festejo con un buen mozo que acudió al picador sin codicia y llegó al tercio final frenándose y con un alto sentido de la orientación. Robleño se fajó con él con valentía y le robó redondos que más lucieron por la osadía del matador que por su limpieza. La deslucida sosería del toro no permitía otra cosa.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La corrida de la demagogia.

Instalados en la España de ZP, la Ejpaña de Bono y la Espanya de Carod Rovira, cualquier cuento se puede esperar y enseguida se convierte en icono emblemático. Ensalzar la corrida de Adolfo Martín como icono emblemático de la bravura es un cuento muy gordo, un cuento chino para venderlo en los bazares de todo a cien que proliferan. Adolfo es icono ganadero de Madrid con una historia muy cortita, y en cuanto ha querido estirar la camada ha petardeado en templos de culto al toro como Pamplona o Bilbao o en las mismas Ventas del Espíritu Santo. Pero si el tendido «7» vote gui, la plaza entera vote gui, y así hoy España se ha quedado más sola que la una con la Constitución europea y Las Ventas se ha erigido como la única abanderada de la definición de bravura que enseñan los adolfos. Hasta tal punto que saludó el mayoral, y plas, plas, plas.

Sí es cierto que hubo un toro bravo en el caballo. Punto com. Como también lo es que Fernando Robleño jugó a la demagogia con desprendimiento y lo puso en largo en el peto como un niño que juega con cerillas. La suerte de varas, gracias a su generosidad, se convirtió en el espectáculo que debe ser. Además ejecutó muy bien Marcial Domínguez, a quien el mismo Robleño le hizo mover el jaco para dar pureza y caramelos a las gradas, como si las gradas se lo fueran luego a agradecer. El toro se arrancó con alegría, empujó, se lució en tres varas de antología. Y también se definió en banderillas, recortando por el pitón izquierdo y venciéndose sobre el derecho. Exactamente el mismo comportamiento que luego tendría en la muleta, con un torero ya arrepentido de sus actos, pues ni siquiera brindó al público. Fernando Robleño no estuvo bien, más a la retranca que al ataque, pero el toro no fue lo que el público quiso ver. Para bravo y bueno el toro de El Pilar que sumó sexto y que lidió Matías Tejela el 19 de mayo, desplazándose hasta donde le mandasen con el hocico por el suelo, hasta el final de la faena. Ayer, mejor el adolfo que el torero, que pagó la suerte de varas para que la cobrase su enemigo con una estruendosa ovación en el arrastre. Bravo sí, ¿pero cómo y hasta dónde? El sexto desigualó aún más una muy desigual corrida en hechuras dentro de una grave seriedad. Alto, sin humillar nunca, con la cara por encima del palillo, lo mejor que tuvo es que se desplazó y obedeció. La batalla para un derrotado Robleño ya estaba perdida con la demagogia sembrada en el gentío.

Luis Francisco Esplá apareció vestido con un traje naranja butano y pasamanería azul, a buen seguro sacado de algún museo, donde en breve pueden volver Esplá y el traje. Dicen que salió mermado de facultades y que por eso no banderilleó. Entonces, maestro, ¿no hubiera sido mejor taparse un poco en lugar de ataviarse como si fuese a hacer las suertes de la Tauromaquia de Goya? Flojo, flojo, su primero -con Adolfo no pasa nada, no se preocupen-, que embistió gazapón, adormilado, mosqueón a veces al natural, en el fácil oficio de Esplá, que abrevió con el infumable cuarto, un cabrón con pintas.

Pepín Liria cayó también en las fauces de los demagogos. Su principio de faena fue lo más torero de la tarde. Y el toro una raspa tapada por su descarada cabeza, que se movió con suavidad y nobleza pero sin ritmo y sin emoción. Liria fue fiel a su línea de colocarse al hilo. Sinceramente, su discreta obra no dio pie a los pitos que oyó y que siguieron con un quinto que a mitad de viaje echaba el freno de mano y se giraba con cabezazos de moruchote.

El mayoral se despidió saludando como ZP en un mitín de Fuenlabrada después de apoyar a Kerry.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. 'Madroñito', un bravo 'adolfo', da un gran espectáculo en varas.

La corrida de Adolfo Martín, de diferentes hechuras y juego, ofreció un abanico muy amplio en matices, con el denominador común de la dureza. Como es habitual en este encaste fueron casi imposibles para lucirse en el capote. Destacó por su bravura en el caballo el tercer toro, ovacionado en el arrastre. Fue un ejemplar magnífico en ese sentido y ofreció con su galope desde largo varias escenas de gran belleza y emoción. En la consumación de la suerte brilló Manuel Domínguez, que colocó tres excelentes puyazos en lo alto. En cualquier caso, el encierro, muy encastado, pecó de aspereza. 

Luis Francisco Esplá pasó sin pena ni gloria y sin colocar banderillas, su fuerte artístico, debido a una lesión de ligamentos que sufrió días antes en el campo. El primer toro, flojito, se entregó en el caballo, durmiéndose y metiendo la cabeza bajo el peto. En cuanto a la lidia, Esplá se limitó a un trasteo insulso junto a las rayas. Lo más llamativo del alicantino fue el color y confección de su traje de luces, de un horroroso color butano, con remates y banda de color añil; muy liviano, con las hombreras apenas recargadas y madroños en lugar de oro. Vamos, un trajecito de opereta. Esplá salió de la enfermería infiltrado para estoquear al cuarto, un toro con guasa que estuvo a punto de coger al alicantino en varias ocasiones. 

Pepín Liria dejó de nuevo su marchamo de pundonor. Poco más. A su primer toro, noble, pero gazapón, le realizó una faena a menos, inteligente y con detalles artísticos. Comenzó de manera muy torera. Luego, con la diestra esperó y tiró bien del animal. Con la izquierda, de uno en uno, sacó algunos muletazos con sabor. 

Liria apostó muy fuerte ante el cuarto. Sin probarlo, citó en los medios, saliendo todo muy embarullado. Luego, el toro, áspero, enganchó la tela en numerosas y excesivas ocasiones.

Fernando Robleño no estuvo afortunado. Tuvo en suerte o en desgracia el que le tocara un toro muy bravo del que se puso el público de su parte por un tercio de varas espectacular. De nombre Madroñito acudió con bravura desde lejos y metiendo los riñones. Extraordinario el picador Manuel Domínguez. Robleño, en los tercios, no consiguió imponerse a las serias embestidas del adolfo, que exigía mucho, muchísimo por su tremenda codicia. 

El sexto se dejó pegar en varas. Toro manejable y deslucido. Robleño, descentrado, no llegó a remontar.

En el conjunto de la tarde se impuso la imagen de los toros sobre los toreros. Pero no nos equivoquemos, por el juego de la corrida, no fue para que el mayoral saludara. Eso sí, el galope de Madroñito desde lejos en un tercio de varas espectacular ha sido uno de los pasajes más bellos y emotivos de la presente Feria de San Isidro.

 

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