GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del domingo, 30 de mayo de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

GanaderíaUn toro de María Olea (con peligro), uno de Conde de la Maza (2º, sobrero; difícil) y cuatro de Conde de la Corte (bien presentados, mansos y nobles. El 3º, encastado)

Diestros: 

Entrada: Lleno.

Baderillero que saludó: Gimeno Mora, en el tercero.

Tiempo: tarde calurosa.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, Diario de Sevilla

Foto de Claudio Álvarez. El País

El País. Antonio Lorca. Porte de torero

Sergio Martínez es, prácticamente, un desconocido. Nació en Albacete hace veinticinco años, y allí tomó la alternativa en 2001. Llegó a la Feria de San Isidro sin nada que perder y todo un mundo por ganar, y, encima, se encontró con el cartel de "no hay billetes" en una de esas extrañas paradojas de esta plaza.

Llegó sin historia y ha conseguido decir a todos que quiere ser torero. Es hombre de gesto serio, tranquilo, sereno y ceremonioso en las formas, tiene porte de torero y demostró que le sobran preparación, decisión y arrojo para afrontar el grave compromiso de Madrid. El toro que le tocó en primer lugar no era una mona. Por el contrario, tenía cuajo y lucía unas agujas de miedo. Lo ahormó con maestría el picador Manuel Montiel en dos varas precisas a las que el animal acudió con alegría, y persiguió, después, a Jimeno Mora, que colocó dos buenos pares de banderillas y fue obligado a saludar. Sergio Martínez cogió la muleta, se dirigió al centro del ruedo y brindó con parsimonia a la concurrencia. Con las mismas, citó al toro de lejos y lo embarcó en dos derechazos muy bien ligados con el de pecho. El toro, engallado y retador, respondía al cite del torero, y éste le mostró la panza de la muleta en una nueva tanda que inició derecho como una vela, y ligó con redondos de gran calidad. Cuando tomó la izquierda, ya había proclamado que está hambriento de triunfos. Volvió a citar de lejos, el toro le hizo un feo en su recorrido y el torero aguantó con pasmosa frialdad. En pura lógica, los naturales resultaron largos, templados y emocionantes. El toro se acabó y Martínez abrochó su faena con unos toreros ayudados por alto y una media estocada defectuosa de efectos fulminantes. Con la misma serenidad mostrada dio la vuelta al ruedo que se ganó por su enorme decisión y voluntad de triunfo.

No redondeó su tarde en el último, manso, noble y con recorrido. Quizás le pudo la responsabilidad, pero lo cierto es que tuvo en sus manos la Puerta Grande y no fue capaz de abrirla. La faena fue muy desigual, con naturales largos y bien trazados y tandas rápidas en las que se dejó enganchar la muleta. No le cogió el aire al toro y su gozo quedó en un pozo. Fue una lástima porque tiene planta de torero, valor y personalidad para salir del bache en el que se encuentra.

A Sánchez Vara tampoco se le conoce mucho. Es natural de Guadalajara, hace cuatro años que tomó la alternativa y anda a la búsqueda de un triunfo que le cambie la vida. Es torero animoso y bullidor, pone banderillas de manera desigual y maneja los engaños con soltura, pero con escaso temple. Se le nota que torea poco, y aunque hizo un esfuerzo por estar a la altura de las circunstancias, no consiguió su empeño. Valiente y decoroso en su deslucido primero, aguantó derrotes y miradas que presagiaban lo que, afortunadamente, no ocurrió. Más largo y encastado el quinto, dejó al descubierto sus carencias con la muleta, que la coloca muy retrasada y sus preferencias por el toreo de perfil y fuera de cacho. Así no dice nada, lo que es muy preocupante si quiere ser conocido en la profesión.

Más experimentado es el mexicano Zotoluco. Le tocó bailar con la más fea, un violento y deslucido primero que lanzaba derrotes por doquier y de los que se salvó con habilidad. Toreó, es un decir, al manso y encastado cuarto, pero sin confianza, sin dominio ni profundidad. Se justificó, que se dice, pero no más.


Diario de Sevilla. Grupo Joly. Luis Nieto. 'Condesos', con mucha leña, pero suavidad en las embestidas
La corrida de Conde de la Corte, con un sobrero de otro conde, el de la Maza, tenía leña como pasar sin apuros un par de inviernos en Laponia y otros dos en Siberia. Sin embargo, como en sus buenos tiempos, envió un buen encierro. Tres de ellos a más y de nota en la muleta: tercero, quinto y sexto. 

La terna, cada cual de una manera. Eulalio López Zotoluco, con oficio, sacó un aprobado y tanto a Sánchez Vara como a Sergio Martínez se les vio tiernos para acometer la siempre empresa difícil de triunfar en Madrid. 

No le faltaron ánimos a Zotoluco, que escuchó gritos de "¡Viva México!", que fueron coreados con ¡Viva! del resto de la plaza. Ni ánimos ni oficio. El mexicano salió a flote con un mal lote: uno complicado y otro mansote y sin chispa. 

Con el difícil primero, que se vencía por el pitón derecho y entraba rebrincado por el izquierdo. La prenda dio un susto a El Legionario, al que derribó. Hubo un quite oportunísimo de Sánchez Vara, que echó el capote a la cara al toro, tapándole la visión y evitando que corneara al caballo. La cornada se la llevó Zotoluco al entrar a matar. El toro le alcanzó son uno de sus afilados pitones y le rajó la muñeca izquierda.

El cuarto, muy alto, de enorme caja -¡637 kilos!-, tenía dos enormes petacos. En su juego fue mansote, aunque se dejó. Zotoluco entresacó una faena interesante por ambos pitones, aunque los muletazos fueron demasiados rápidos.

Sánchez Vara no consiguió sacar nota en una oportunidad trascendental. Su primero titular se lesionó de salida y fue sustituido por un tranvía, de Conde de la Maza, que no acabó de emplearse a lo largo de la lidia. El diestro de Guadalajara lo despachó de eficaz estocada tras un trasteo con más entrega que lucimiento.

Al quinto, Sánchez Vara lo lanceó con buen aire. Banderilleó con desigualdades. Y en la muleta no consiguió acoplarse con un toro que fue a más.

Sergio Martínez tuvo el lote más claro para bordar el toreo. Si en su primero apenas llegó a dar la talla, en el otro quedó muy por debajo. El tercero de la tarde hizo honor a la buena simiente de ésta ganadería condesa, madre de tantas y tantas ganaderías modernas. Lo picó bien Manuel Montiel y se lució en banderillas Gimeno Mora. Sergio Martínez, como mayor virtud, le dio mucho sitio al astado. En las afueras comenzó con la derecha, en una tanda corta para no atosigarle. Se gustó el torero en la siguiente en otra más larga con un buen pase de pecho. Por el izquierdo el animal hacía surcos y, de hecho, hocicó en un par de ocasiones. Por este pitón el manchego no le cogió el aire. La obra, que no pasó de correcta, la remató con una estocada corta desprendida. Fue premiado con un trofeo, quizás premio excesivo; aunque el torero, que apenas está placeado, apuntó muy detalles y algunos muletazos con clase.

Con el que cerró plaza, un toro que derrochó nobleza suavona para degustar el toreo caro, el manchego no consiguió acoplarse. Comenzó con estaturarios amanoletados, le dio sitio en los medios. Pero luego, no logró templar y, para colmo, remató la labor con un bajonazo.

La tarde alumbró el buen juego en la muleta de tres toros. En los condesos -¡vaya velas!- afloró esa nobleza maravillosa que les convirtió en simiente. Una nobleza que no fue totalmente aprovechada. 


El Mundo.  JAVIER VILLÁNEl duro oficio de lidiar toros

Ando en el duro deporte de vender cuadros, me dice López Canito en la sala policultural de Las Ventas, mientras se trabaja la confianza de unos coleccionistas. Es más duro vender un cuadro que pintarlo; es más duro ver un toro bien lidiado que criarlo.Y fácil, sin embargo, fue ayer la oreja que cortó Sergio Martínez, si bien es cierto que a él se deben los mejores muletazos de la tarde. Y es más fácil escribir un libro que venderlo. Aunque ignoro si Manuel Bermejo, tras las 1.000 páginas de su diccionario de frases y refranes taurinos pensará lo mismo. Ese tomazo de más de 1.000 páginas, más que un trabajo de Manuel Bermejo debe haber sido un trabajo de Hércules. Yo creo que cuando se afronta esa labor ciclópea, lo de menos es vender o no vender. La obra está hecha y al carajo el escaparate y la pasarela.

Todo lo contrario debía de pensar Sergio Martínez, al dar la vuelta al ruedo pausada y solemne, una vuelta al ruedo que es como la pasarela de los toreros. Sergio Martínez, que viene amenazando desde su época de novillero y ayer consumó su amenaza de arte y buen estilo en Madrid, aunque, en puridad, la oreja pudiera considerarse, en parte, dádiva tolerante en recuerdo de su gloriosa novillería. Para peso y exceso, la summa Fraseología taurina y su pícaro humor. Esa acumulación de historias y de datos conduce a varias moralejas que yo llamaría inmoralejas por la enseñanza psicalíptica que desprenden.

Así que todos andamos en el duro oficio de vivir y sobrevivir, en el puro destino de los trabajos y los días. Y los toreros Zotoluco, Sánchez Vara y Sergio Martínez, en el durísimo trance de lidiar los toros de Conde de la Corte. Y más todavía Zotoluco que, en el cuarto, llegó a correr bien la mano, en una emotiva labor por la derecha, con un toro sin demasiados brillos pero manejable.

Los pitones del primero, de María Olea, le llegaban a la frente a Zotoluco. Y, claro, con aquellos puñales delante de los ojos es imposible pensar ni reflexionar ni nada. El dilema era o bajarle la muleta, cosa que al animal le daba igual, pues seguía con la cabeza en las nubes, o subirle la muleta y volar, volar por los espacios infinitos. Lo primero resultó estéril y para lo segundo aún no ha nacido torero que levite o vuele. Así que el de María Olea se hizo el amo del cotarro.

Las dificultades del sobrero de Conde de la Maza resultaron insalvables para Sánchez Vara, curtido en batallas de plaza de segunda que no son, obviamente, las batallas de Las Ventas. Y algo parecido le ocurrió con el titular, quinto, de Conde de la Corte. Iba de blanco Sánchez Vara, mas parecía muy verde. Una primavera de verdes: verde oliva, verde mar, verde manzana, verde que te quiero verde.

Pero todo verde conduce a la esperanza, aunque sea ajena, y ésta se materializó en el tercero, un veleto noble y blando. Dos tandas de redondos de Sergio Martínez, trayéndose el toro de lejos y embarcado entusiasmaron al personal. Toreó muy bien Sergio Martínez y, aunque no pueda hablarse de obra redonda y consumada, su forma de estar en la cara del toro y su vocación de estilista lo definen como torero con expectativas. Con el toro ya muy postrado trazó excelentes naturales, inconclusos, pues el toro se caía a mitad del pase. La oreja, a mí, me parece blandita, aunque peores las he visto y las veré en esta plaza que dice ser y llamarse la primera del mundo. Nadie la protestó, ni siquiera los feroches insurgentes del 7. Así que este criterio equilibrado y piadoso no voy a discutirlo yo que, a veces, paso también por feroche sin méritos especiales.

No puede medirse por el mismo rasero a los mandones que vienen a Las Ventas con toros basura, que a un muchacho en sus comienzos que tiene que tragar lo que le echen. Valiente y torero Sergio Martínez, con cierta tendencia, últimamente más acusada, a la verticalidad y al hieratismo. Ojo con eso. Porque puede remitir a cierta escuela y encasillar su toreo encorsetándolo.

 

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