GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del sábado, 29 de mayo de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de rejones

GanaderíaToros de Luis Terrón (de diferente presentación y juego)

Caballeros rejoneadores: 

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC, Diario de Sevilla


El País. Antonio Lorca. Rejoneo de alta escuela

Fermín Bohórquez y Andy Cartagena salieron a hombros entre las aclamaciones del público, pero el que, de verdad, cruzó la Puerta Grande fue el rejoneo de alta escuela, el toreo clásico a caballo, el toreo de verdad.

Los dos triunfadores, junto a Luis Domecq, protagonizaron una extraordinaria sesión del rejoneo más ortodoxo. Se enfrentaron a una mansada de toros que no colaboró, pero ello no fue obstáculo para el triunfo incontestable de los caballeros, que supieron conjugar la técnica con la espectacularidad y, con la ayuda inestimable de caballos toreros, dictaron una lección magistral.

El público se entusiasmó cuando Cartagena colocó su primera banderilla al violín con la facilidad que le caracteriza. Pero para entonces ya se había hecho presente el rejoneo de altos vuelos de la mano de un magnífico torero llamado Fermín Bohórquez, que protagonizó una tarde completísima en la que destacaron la doma excelente de sus caballos, su pura concepción del rejoneo, su dominio de la suerte, su empeño en clavar siempre al estribo y sus derechazos largos y templados. Y todo ello, ante dos mansos refugiados en tablas que rehuyeron la pelea. Bohórquez trabajó de lo lindo, pero sin estridencias, con medida elegancia, y consiguió una actuación cercana a la perfección, en la que destacaron los pares de banderillas a dos manos. Su labor se vio empañada por una defectuosa forma de matar. El metisaca a su primero no fue el broche que merecía la faena.

Al rejoneo clásico, Cartagena añade una buena dosis de espectacularidad. También sus dos toros fueron mansos, pero ése no fue problema para un rejoneador muy completo que transmite ilusión, ganas de triunfo y, sobre todo, una extrema facilidad para el toreo a caballo. Expone mucho a las cabalgaduras, destaca por su buena técnica y resulta muy espectacular, especialmente en las banderillas al violín. Como el rejón trasero que recetó a su primero fue de efectos fulminantes, le concedieron las dos orejas. En el segundo mantuvo su nivel, espoleado por un público que vibró con él de principio a fin. La mansedumbre del toro fue, quizás, el mejor acicate para llegar con prontitud a los tendidos. Mató mal y las orejas, que tenía ganadas, se esfumaron.

Luis Domecq vio silenciada su labor porque falló a la hora de matar a sus dos toros. Y ya se sabe que para el festivo público de rejones una muerte rápida es condición fundamental para el éxito. Pero su labor no desentonó. Muy serio, sobrio, pero quizás algo frío, se atuvo a las normas del toreo clásico y brilló especialmente con las banderillas en su primer toro y en un par a dos manos en el segundo.

Fue una tarde muy completa de rejoneo del bueno. Tres rejoneadores destaparon el carro de las esencias, se olvidaron de las carreras e hicieron bien lo que bien saben: torear a caballo.


Diario de Sevilla. Grupo Joly. Luis Nieto. Bohórquez y Cartagena se ganan a un público populachero

El espectáculo de rejones continúa en alza. Acude en masa el público, con escasas nociones del toreo. Y aplauden a rabiar más los adornos que el toreo profundo. El castizo Madrid, con esas palmas monótonas que acompañaban a los toreros cuando se dirigían al toro, se convirtió ayer en un Madrid cateto. Orejas con metisacas caídos, con rejonazos mal colocados... Todo vale. Visto lo visto, a los matadores de a pie se les mide con un rasero injusto. Deberían querellarse contra el palco presidencial. Pero esto es lo que hay. Es otro espectáculo, muy distinto. Y como tal hay que aceptarlo. 

Fermín Bohórquez, en su primera actuación en Las Ventas tras su retorno de México, consiguió cotas altísimas. Sacó nota en la lidia con el manso que abrió plaza, ante el que expuso mucho. Clavó bien un par de rejones y en banderillas brilló con Sinfonía y con Nevado, sobre el que prendió un meritorio par a dos manos y una banderilla corta, en la que el astado tropezó a la cabalgadura. Aunque mató de un horrible metisaca caído, fue premiado con una oreja.

Ante el cuarto, Bohórquez volvió a entregarse en una buena actuación que no pudo rematar acertadamente en el primer envite. Pero el personal, enloquecido, solicitó un trofeo que le regalaron. Prevalecieron los alardes de alta escuela sobre el propio toreo, no exento de temple. En el rejón de castigo y dos banderillas no clavó correctamente. 

Luis Domecq, con su seriedad habitual, sin valerse de adornos ni de espectacularidad alguna, se mostró eficaz y correcto, tanto en rejones y banderillas. Pero no estuvo acertado a la hora de matar, algo que le sucede con demasiada frecuencia. Cumplió ante el segundo, mansote, noblón, pero con poco celo, así como ante el quinto, otro ejemplar manejable. El público popularechero no entendió en modo alguno su sobriedad y profundidad.

Andy Cartagena se entregó y caló en los tendidos con suma facilidad con el buen toro que lidió en primer lugar. En su primera faena, alegre y de gran riesgo, conquistó a la parroquia tanto con su toreo, como con su monta espectacular. Lo mejor, un par a dos manos muy ajustado; aunque fueron más aplaudidas las suertes al violín. El alicantino se lució en banderillas con Manili, con el que toreó muy bien a dos pistas y enceló al astado de manera maravillosa. Con Polvorilla puso más pólvora, más pimienta, en su entregada labor, que remató de rejonazo. Fue premiado con dos orejas.

Ante el deslucido sexto, Cartagena volvió a ganarse al público con una monta espectacular y con la suerte de violín, a lomos de Manili. Falló en la suerte suprema y no tuvo en esta ocasión premio. 


El Mundo.  VICENTE RUIZFrank Capra rodaría corridas de rejones

¡Qué alegría ver así la plaza de Las Ventas! Se le transmite a uno esa vitalidad, ese optimismo, esa actitud. Y es que la gente acude a los festejos de rejones a divertirse, a disfrutar, como pasa en cualquier otro espectáculo..., menos en las corridas de a pie venteñas, donde una corriente de amargura se apodera de los asistentes dando la sensación de estar asistiendo a un juicio exhaustivo a los tres matadores, que no pueden permitirse el más mínimo error porque siempre habrá un grito a tiempo que se lo recuerde. Y si el torero no comete un sólo fallo, como sucediera con Enrique Ponce el viernes en una magistral lección de sabiduría taurina, siempre habrá quien encuentre una coartada para manchar esa pulcritud con silbidos, voces increpantes y palmas de tango.

Las corridas de rejones son otra cosa. Son la buena conciencia del toreo, lo que Frank Capra fue al cine, ya que el final feliz está asegurado; el paréntesis necesario en la acritud diaria y el aburrimiento habitual de una larguísima Feria como la de San Isidro. Además, en muchas Ferias empiezan a convertirse en una tabla de salvación para las empresas, porque son un seguro de lleno en los tendidos. En Madrid, tres de tres. Tres de rejones y tres llenos de «No hay billetes». Falta ahora que se equiparen las remuneraciones de los rejoneadores con las de los diestros de a pie.

Once orejas se han cortado en las tres de rejones, por seis orejas en las 16 corridas de toros que llevamos. Un balance que debe llevar a la reflexión. Ayer mismo, dos caballeros abrieron la Puerta Grande: Fermín Bohórquez, que cortó dos orejas desde la gran elegancia de su monta; y Andy Cartagena, que obtuvo otras dos desde su arrolladoras maneras.

Andy Cartagena tiene el don de tener hilo directo con los tendidos, de llegar con gran facilidad a ellos. Ayer cortó las dos orejas de su primero, pero bien pudo obtener alguna más si hubiera acertado a matar al sexto. La labor a su primero tuvo su punto álgido en una banderilla al violín que terminó por poner la plaza en pie. Antes había entusiasmado su galope a dos pistas y su animosidad.Con el rajado sexto volvieron a aparecer las banderillas al violín y la espectacularidad como característica primordial, pero no acertó esta vez con el rejón de muerte.

Ante el mansito toro que abría plaza, Fermín Bohórquez destacó especialmente en banderillas con sinfonía, un bellísimo ejemplar dotado de muchísimo temple y de una elegancia fantástica. Un metisaca contrario dio paso al corte de su primera oreja. La segunda llegó tras una labor de algo menor peso al cuarto, pero que estuvo envuelta en unos clásicos y bellos pasajes previos y posteriores a cada encuentro.

Lo determinante del rejón muerte en el rejoneo hizo que Luis Domecq se fuese de vacío de la plaza. Sin embargo, estuvo muy torero toda la tarde, haciendo las cosas con mucha verdad, en su línea de clasicismo. En su primero tuvo momentos de mucha brillantez que se vieron emborronados por un traserísimo rejón de muerte, probablemente provocado por el pitonazo que sufrió en la pierna en el momento del encuentro. También ante el quinto hizo una faena muy completa, clavando siempre al estribo y con gran efectividad, pero volvió a fallar a la hora de matar.


ABCJOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES. Triunfaron Bohórquez y Cartagena

Fermín Bohórquez y Andy Cartagena traspasaron la Puerta Grande en una actuación lucida. Más sobria la del jerezano, pero, a pesar de buscar el espectáculo, no se puede negar la ortodoxia actual del caballero de Benidorm.

Bohórquez supo encauzar al que abrió plaza, que tenía tendencia a la huida. El jerezano supo llevar la embestida con tino, para colocar los hierros preliminares. Puso todas las banderillas en su sitio, toreando siempre con la cola de su montura y, a medida que transcurría su quehacer, se fue estrechando más, entre las palmas del gentío. El borrón fue un metisaca, que debió de caer bajo y que fulminó totalmente a su adversario. Por eso, el trofeo, unánimemente pedido, se podía cuestionar.

Fue a más Fermín en el cuarto. Volvió a torear de modo geométrico con la cola del equino. Caído el primer hierro, mantuvo siempre un buen tono en los encuentros restantes, con una banderilla en la mano. Una de ellas cayó baja, pero remontó el regular momento con un par a dos manos y una rosa. A pesar del pinchazo previo, no se puede regatear la justicia de la oreja.

Doble trofeo en el tercero para Andy Cartagena, que toreó de verdad para encelar a la res en los momentos previos. La única pega de su trabajo fue lo trasera que cayó la primera banderilla. Luego, todo marchó sobre ruedas. Siempre salió toreando con la grupa de la montura, y del mismo modo preparaba las reuniones. En los momentos últimos subió el diapasón con espectacularidades, pero sin desdeñar los buenos caminos. Siempre con buena monta, y certero el rejonazo final, que dio paso a los galardones. Puso los rejoncillos previos, de modo eficiente, al sexto. Subieron los ánimos al ejecutar, con las banderillas, el violín por dos veces, aunque en la última perdiese un palo. El conjunto acabó desigual por la poca pericia con las armas toricidas.

No tuvo suerte Luis Domecq. En el segundo, manso y flojo, tuvo que andar alrededor de él, para conseguir el objetivo con bien. Tras la segunda banderilla, el burel perdió las manos y flojeó más. Cumplió en nuevas intervenciones, pero puso el rejón postrero casi en el rabo y se disipó lo positivo. Su rival se echó y, al levantarse de nuevo, Luis tuvo que volver a intervenir.

Sobrio en el quinto, con estilo campero pero sin terminar de llegar al público. Un hacer que no pasó de aceptable. Levantó ovaciones con las banderillas, hubo un brindis a la espectacularidad, pero falló a la hora crucial de matar.

Otros festejos de la temporada en Madrid