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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 27 de mayo de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de la Prensa (fuera de abono)
  
Ganadería: Toros de
Núñez
del Cuvillo (1º),
Hermanos Lozano (2º, devuelto), Puerto
de San Lorenzo (3º y 5º), Montalvo
(4º),
y El
Pilar (6º). Sobrero de Albarreal. (muy flojos en
general, inválidos y nobles)
Diestros:
Incidencias: el Rey presidió honorariamente el festejo desde una barrera y recibió brindis de los tres espadas en sus primeros toros.
Entrada: lleno.
Tiempo: lluvioso y soleado posteriormente.
Crónicas de la prensa: El
País, El Mundo, ABC, Diario
de Sevilla
El
Rey Juan Carlos en la Corrida de la Prensa. El
Rey presidió la tradicional Corrida de la Prensa desde la barrera. Poco
tiempo después del Enlace Real, el Rey no quiso perderse uno de los mejores
carteles de la Feria. «Ya he descansado de la boda y hay que apoyar a la Fiesta»,
comentó el monarca, que añadió que «Letizia es muy aficionada». Más
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Serafín Marín
Diario
de Sevilla. Grupo Joly. Luis
Nieto. Abellán, Serafín Marín y Tejela ponen toda la carne en el asador
La expectación para la Corrida de la Prensa de Madrid estaba más que justificada. Tres toreros triunfadores del abono isidril: Miguel Abellán, Serafín Marín y Matías Tejela. La terna puso toda la carne en el asador y, en función de sus oponentes, triunfaron. Aunque faltó buen material bovino. Claro, que los toros los habían seleccionado en este caso los propios diestros o, mejor dicho, sus representantes, que pincharon en hueso. El espectáculo, interesante, lo emborronó un empecinado presidente -Juan Lamarca- al mantener al inválido que cerró plaza.
Miguel Abellán convenció nuevamente por su decisión sin límites. Al primero, de Núñez del Cuvillo, un castaño sin cuello, de escasa entrega, lo recibió con una larga de rodillas. Se esmeró en un quite por chicuelinas y deslumbró con unas gallosinas con crinolinas, como respuesta a unas gaoneras ceñidas de Serafín Marín. La faena fue un auténtico volcán. Zapatillas atornilladas y valor a raudales para hacer frente a un astado sin clase, con el que siempre se jugó la cornada, como en un pase de pecho con la izquierda, en el que el animal se revolvió y le prendió de la pierna derecha. El toro, con uno de sus cuchillos, le rajó la taleguilla, sin abrirle afortunadamente las carnes. Con la cara tintada de sangre -sangre del toro- continuó su valerosa labor. Además, le echó bemoles en un volapié en el que se volcó de verdad. A pesar de toda la verdad que se vivió, no hubo petición mayoritaria y el reconocimiento quedó en una vuelta al ruedo.
Nadie valoró lo que hizo Abellán al cuarto, de Montalvo, de malas condiciones. Flojo y distraído en los primeros compases, quedó sin gas en la muleta. El madrileño le perdió el respeto al toro en la suerte suprema y se echó de tal manera que el toro se lo llevó con la pala. De nuevo rondó la tragedia.
Serafín Marín sorprendió ayer a propios y extraños por un temple soberbio, que impuso en su faena al quinto toro. En su primero, de Albarreal, que sustituyó al titular de Hermanos Lozano, cumplió en una faena meritoria. El toro, con muchas transformaciones en la lidia, no acabó de romper. El barcelonés cuajó una serie al natural a cámara lenta y sufrió un hachazo peligroso en la siguiente, en la que el toro le metió el pitón entre las piernas. Pero marró en la suerte suprema.
El quinto, de Puerto de San Lorenzo, altote, justito de fuerzas y de motor, tuvo nobleza. El torero se gustó con la diestra y al natural dibujó dos series inmensas. En una de ellas, toreó de manera muy lenta, rematando detrás de la cadera, y en otra cinceló bellísimos pases. Tuvo la mala suerte de pinchar en el primer envite, por lo que perdió el trofeo, que lo había ganado a ley. La estocada en el segundo encuentro fue contundente.
Matías Tejela únicamente tuvo un cartucho: el tercero, pues el cuarto fue un inválido. Estuvo muy asentado con su primero, de Puerto de San Lorenzo, que se dejó. Con cabeza, en los medios, basó la faena por el lado derecho, el mejor del toro. Dibujó muy buenos muletazos en dos series auténticas y también trazó un par de pases de pecho muy largos. Quizás se precipitó a la hora de matar, al entrar en la suerte natural. Mató de estocada tras un pinchazo en el primer envite para recibir una fuerte ovación, que recogió desde el tercio.
El sexto, de El Pilar, un imponente colorado, demasiado alto para descolgar, impresionó en su salida, haciendo astillas parte de un portón, que atravesó de un pitonazo. Fue muy protestado en cuanto apuntó cierta debilidad. Pero el presidente lo mantuvo en el ruedo. Y a partir de ahí la plaza fue un clamor contra el presidente con gritos de "¡Fuera del palco!, ¡fuera del palco!", entre tanto el toro perdía las manos.
Con la falta de emoción, que había presidido los primeros compases de la corrida, se cerró un festejo entretenido, en el que la terna puso toda la carne en el asador. El respetable, en su veredicto, fue implacable al final: ovación para la terna y bronca para el presidente.
El
País. Antonio
Lorca. Hijos de su época
Son toreros jóvenes, valientes y triunfadores. Tienen toda una vida por delante y muchas posibilidades de alcanzar la vitola de figura. Poseen condiciones y a fe que lo demuestran cuando la ocasión lo requiere. Pero, no lo pueden remediar: son fieles hijos de su época.
Y la época del toreo que les ha tocado vivir está enferma de una desesperante degeneración. Está plagada de antitaurinos que viven del fraude y la manipulación, y están a punto de hacer desaparecer de la faz de la tierra al toro de lidia. Es la época del toro inválido y del torero mentiroso, cómodo y perfilero, que se hace el héroe ante el animal moribundo y se aflige ante el encastado. Es la época en la que los toreros no mandan ni en la plaza ni fuera de ella. Es la época de los taurinos de despacho que hacen y deshacen a su antojo, con el negocio en el punto de mira y el desprecio al torero.
Son toreros jóvenes, valientes y triunfadores. Y ayer dijeron a todos que no mandan nada, que están a lo que otros deciden, y que fracasan por su falta de carácter y personalidad. Un torero como Dios manda no viene a la Corrida de la Prensa de Madrid con el ganado que ayer salió al ruedo de Las Ventas. Un torero con la dignidad suficiente no permite, se pongan como se pongan el apoderado y la empresa, presentarse aquí con toros de tan feas hechuras y de hierros que tienen contrastada su manifiesta invalidez.
En el pecado, pues, llevan la penitencia. Son hijos de su época, obedientes, acomodaticios, a la espera de que salga el docilón que les permita cuatro posturas aflamencadas y ficticios olés.
No es eso, no es eso. Abellán, Marín y Tejela se equivocaron de pitón a rabo. Permitieron que les hicieran una encerrona, y si son valientes para ponerse delante de un toro, deben tener la necesaria vergüenza para impedir que vuelvan a engañarlos. A Madrid hay que venir con toros de verdad y no con caricaturas para el sonrojo de los taurinos y gran pena de los aficionados. Seis toros basura que no merecen el honor de morir en una plaza.
Dicho lo cual, la expectación se tornó en profunda decepción. Hubo, sin embargo, momentos emotivos. Abellán acabó hecho un ecce homo tras una tremenda voltereta al rematar la primera tanda con la derecha en el que abrió plaza, y ser atropellado al matar al cuarto. Entre golpe y golpe, un quite por vistosas chicuelinas, pases aislados de buena factura y una disposición encomiable en busca del triunfo.
Marín sigue siendo un torero valentísimo; se arrimó como un desesperado y toreó con buenas maneras a sus dos toros. También fue volteado sin consecuencias y consiguió sus mejores momentos en el quinto con varias tandas de hondos derechazos y dos largos naturales materialmente arrancados a su descastado oponente. Y la torería de Tejela se estrelló con la basura que le tocó en suerte. Detalles de buen gusto y gran bronca al presidente por no devolver al moribundo sexto. El torero, ajeno a las protestas, daba trapazos como si tal cosa.
Los máximos culpables son los toreros. Hora es ya de un gesto de rebeldía de quien se juega la vida y permite convertirse en marioneta de quienes mueven los hilos de la fiesta. Así, señores toreros, así no se viene a Madrid.
El
Mundo. JAVIER
VILLÁN. La Prensa, toreada y corrida
Se celebró la afamada Corrida de la Prensa. Y bien podría
decirse que ha sido una de las corridas peor presentadas en lo que va de
Feria. Y el palco presidencial, encabezado por el señor Lamarca, impertérrito
y a su bola. Hay que renovar el palco de Las Ventas: nuevos tiempos,
nuevos talantes. Los toros los eligieron ellos: los toreros, sus
apoderados o sus veedores. Sin trapío para no molestar; inválidos para
no crear problemas; cómodos de pitones para no asustar. Y, pese a todo,
los toreros las pasaron putas y por poco se llevan la cornada. Abellán,
por ejemplo. Una vez que el de Núñez volteó a Abellán se aflojó la
tensión de los tendidos. Aparece Miguel Abellán en el ruedo, y las
apuestas sobre cuando llegará el revolcón están servida. Tras la
voltereta, el cupo de amenazas de infarto estaba cubierto, pensaban
todos.Mas con Abellán nunca se sabe. Hubo escaramuzas con este toro en
las que Miguel Abellán sintió los pitones muy cerca de los alamares.
De los alamares habían saltado chispas en un quite por chicuelinas; de
los alamares de Serafín Marín, en un quite por gaoneras, también
saltaron centellas y rayos.
Se creía que aquí, en estos quites, la descarga de adrenalina había
purificado todos los espíritus. Todos menos el de Abellán, que tiene
el ánimo guerrero. Las aproximaciones de Abellán son temibles; pisa
terrenos imposibles y de ahí sólo puede salir el fuera de combate del
toro o la cornada del torero. Habitualmente gana el toro. No dio ayer
Abellán esos muletazos de ensueño que soñó el otro día cuando se le
fueron las orejas por la espada.Fue un cuerpo a cuerpo bronco, una pelea
abrupta buscando el fuera de combate más que la lidia.
Con el de Montalvo la tensión había desaparecido y la gente, que
estando Abellán en el ruedo siempre espera la emoción fuerte, estaba
un poco descorazonada, pues todo transcurría sin sobresaltos.Pero Abellán
es fiel a sí mismo y, al tirarse a matar, se llevó una voltereta
tremebunda. La espada, contraria, hacía guardia pero el topetazo, con
riesgo de puntazo cruento, fue más tremebundo.En el último segundo
cumplió las expectativas y otra vez una electrizante descarga de
adrenalina traspasó los tendidos.
Tampoco Serafín Marín toreó como se espera de él cada tarde, dada
la alta misión de Mesías Salvador que le ha atribuido una parte de la
plaza de Las Ventas y la intelectualidad jacobina.Contagiado quizá del
ardor guerrero de Abellán o confiado en la invalidez del toro, también
buscó el cuerpo a cuerpo. Y el sobrero de Albarreal casi lo caza tras
unos muletazos despaciosos y lentos, marcados más por la lentitud
moribunda del animal que por el pulso de la muleta catalana. El sobrero
no remataba la embestida, se paraba a la mitad del pase y entre morirse
o tirar la cornada, optaba por lo último. Con la espada, un sainete.
Puerto de San Lorenzo hizo doblete y, con el segundo de ese doble,
Marín dio los mejores muletazos de la tarde. Por la derecha.Todos. Se
apercibió muy tarde de que el toro tenía un pitón izquierdo y que hay
algo que se llama pase natural. Mas, aunque muchos pases concluían con
el toro de morros contra la arena, la gente estaba encantada. Vale;
quien paga puede administrar sus emociones como crea menester.
Se empeñaba Tejela en prolongar la embestida de un toro flojísimo y
de media arrancada. Lo consiguió, tras muchos ensayos y sinsabores, en
una espléndida tanda de redondos en la que halló el sitio y el pulso
exacto. El sexto fue peor: un bonito toro de El Pilar absolutamente inválido
que el señor Lamarca se empeñó en mantener en el ruedo mientras la
bronca estallaba en los tendidos. Si yo fuera Tejela exigiría
responsabilidades al palco presidencial por este atropello, por haberle
hurtado sin razón y sin argumentos la posibilidad de un triunfo.
Dicen que hay una conjura internacional judeomasónica orquestada por
el 7 contra el señor Lamarca. La conjura, de ser cierta, debiera
hacerse extensiva a todos los demás presidentes. Pero yo creo que ni
conjura ni leches. Que explique el señor Lamarca por qué mantuvo en el
ruedo, entre otros, al sexto. Aquí la única conjura es la de cada
tarde contra el aficionado pagano al que, encima de apoquinar, le
insultan y vilipendian. Hay que echar de Las Ventas no sólo al señor
Lamarca sino a todos los presidentes.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Toros de papel para la Prensa
Los toreros se trajeron para la Corrida de la Prensa toros de papel debajo del brazo, como los antiguos chicos voceros de periódicos con su gorrilla: «El ABC, lea hoy el ABC». Sólo que el ABC es más consistente que los toros de ayer con los ojos cerrados, al tacto. Y mejor presentado. La fórmula de incluir la Prensa dentro del ciclo isidril ha sido un acierto, pero el criterio de que los matadores escojan sus toros empieza a tocar a su fin. Porque ya se ha visto que no se responsabilizan ni se conciencian del trapío de Madrid ni de que pertenezcan a ganaderías que conjuguen poder con garantías serias para el espectáculo. Lo de Montalvo no se sostenía. Ni lo de El Pilar. Una corrida completa, como en Beneficencia, sería lo propio. O en el caso de un abanico abierto, que sea concurso, como en los tiempos del viejo Zabala, que consiguió en su despedida de la organización un «no hay billetes» un 19 de julio de 1982, fecha del indulto del victorino «Velador». Es una idea a la vista del coscorrón de ayer. Salvo que, como el pasado año con El Juli, taurinos y apoderados se dispongan a traer seis «tíos» de verdad.
Con semejante material, los toreros estuvieron los tres muy dispuestos, a pesar de que aquello requería más mimos y cuidados que otra cosa. Los seis se sostuvieron con alfileres, y alguno como el cuarto, que se moría en pie, o el sexto, ni eso. Con todo, hubo un toro de gran calidad: el quinto, de Puerto de San Lorenzo. Serafín Marín anduvo muy templado, toreando muy largo, sin violencias, que al enemigo no le hacían falta toques ni brusquedades. Los derechazos se sucedieron largos en tres series diestras. Tuvo que haber presentado antes la mano izquierda. Cuando lo hizo, el pupilo de los Fraile también respondió con calidad, ya un tanto agotado. La faena tuvo cuerpo y buen trazo. Si le mete la espada a la primera le corta la oreja, que el público comulgó con su interpretación serena y despaciosa. Se refugió en la timidez para no dar la vuelta al ruedo tras una mayoritaria y fuerte ovación.
No se cortó Miguel Abellán para pasear el anillo después de una obra breve y concisa con un toro de Núñez del Cuvillo. Abellán ha hecho una feria al alza, para regresar por los senderos de gloria del pasado. No ha perdonado nunca un quite, aunque haya abusado de las chicuelinas. Le respondió Marín por gaoneras y le contrarreplicó el madrileño por crinolinas vistosas y malabarísticas. Había un pulso íntimo por el puesto libre que queda en Beneficencia. O que quedaba. Porque al final del festejo se conoció que el catalán había entrado al obtener la Oreja de Oro de la Asociación. No hubiera chirriado el nombre de Miguel Abellán, importantísimo en la tarde anterior. El nuñezdelcuvillo, sin fuerza pero con su puntito de genio, sobre todo por el pitón izquierdo, lo volteó al rematar una serie de derechazos en las que ya al cuatreño le costó seguir la muleta. A M.A. le tropiezan mucho los toros. Otra vez, por fortuna, no le caló el asta. Ni tampoco con el desfondado ejemplar de Montalvo, que lo topó con fuerza al entrar a matar.
Tejela no terminó de concentrarse con otro de Puerto de San Lorenzo. Su labor tuvo altos y bajos, y el toro, nobleza por encima de cualquier otra condición. Surgieron momentos notables frente a otros de amontonamiento. El inválido de El Pilar no le dio opción.
Marín, con el sobrero de Albarreal, con b o v según cada día del programa, también osciló con irregularidad.
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