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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del martes, 25 de mayo de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
  
Ganadería: Toros
de Joaquín Núñez del Cuvillo
(de diferente presentación y juego, mansos y escasos de fuerzas en
general; el 3º, noble y enrazado; el 4º fue devuelto por un sobrero de
Los Recitales, mal
presentado, deslucido).
Diestros:
Incidencias: Esplá fue atendido en la enfermería tras estoquear al primer toro de "herida en la región axilar izquierda de cinco centímetros de extensión, de pronóstico leve".
Subalterno que destacó: Curro Molina, en la brega y en
banderillas, sobre todo en el 5º, y El Boni en el sexto.
Entrada: casi lleno.
Tiempo: nublado.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, El Mundo, ABC

Serafín Marín
El
País. Antonio
Lorca. El pundonor, el arrojo, la raza...
Quizá Serafín Marín no posea el tarro de las esencias del arte, pero tiene toda la pinta de convertirse en un torero. Nada más y nada menos. No es un exquisito con los engaños ni su toreo es de pellizco, pero emociona, arrebata y convence. Y triunfa de manera incontestable, sin trampa ni cartón.
Serafín Marín es la entrega, el pundonor, el arrojo, la raza... Se ve, se nota, se palpa y emociona a toda la plaza porque se coloca muy cerca de los toros, sus tandas son muy ceñidas, y los pases, hondos y verdaderos.
No es torero de espejo ni de posturas afectadas y ridículas. Es torero de verticalidad, de zapatillas hundidas en la arena y de mucho valor. Su estilo es, necesariamente, cálido y emocionado.
Emocionantes fueron las tres verónicas ganando terreno con las que recibió a su primero, y qué pena que se conformara con tan poco. El toro se quedó crudo en el caballo y llegó al final con las fuerzas que tuvo de salida, limitadísimas. A pesar de ello, comenzó con unos ligados estatuarios y continuó con unos redondos hondos y templados que abrochó con un largo pase de pecho. El toro no dio más de sí. Se sucedieron, entonces, los medios pases y dos naturales aceptables. Le concedieron una oreja tras matar de una estocada de efectos fulminantes y, quizá, su faena no mereció tal trofeo. Pero lo mereció, sin duda, su disposición, su saber estar y su afición.
No pudo redondear su triunfo en el sexto, con el que estuvo animoso y decidido porque el toro era tan sumamente inválido que imposibilitó cualquier atisbo de faena. Pero así fueron todos, en mayor o menor grado, y sólo se devolvió uno, con gran sorpresa para todos y vergüenza para la autoridad. Al menos se pudo paladear la raza de Marín.
Finito de Córdoba es el reverso de la moneda. Da pena verlo andar por la plaza, sin alegría, derrotado, sin ánimo, sin nada que se le parezca al torero que hace unos años emocionó a tantos con un toreo de muchos quilates. Pero el tiempo no pasa en balde y las ilusiones se desvanecen y, lo que es peor, que los toros siguen teniendo cuatro años. Pues si no se está, no se viene. Es mejor la ausencia que la ridícula presencia. Muy indeciso estuvo en su primero que, por más señas, llegó con buen son a la muleta, pero Finito no fue capaz de enjaretar una tanda de pases aceptables. Se enfadó a mitad de faena y robó unos redondos que fueron jaleados. Pero no está, mira hacia aquí y allá, y cuando se enfada y se dispone a torear, el enfado se le pasa muy rápido. Con el quinto, muy protestado por el público, intentó justificarse, pero los tendidos se mofaron de sus buenas intenciones. La verdad es que el animal era un muerto en vida que no merecía el presunto interés del torero.
Y el que no tiene ni frío ni calor es Luis Francisco Esplá. Mantiene intacto su cartel, aquí se le quiere y se le respeta, y él, que conoce a su público que tanto le estima, pone todo de su parte para corresponder al afecto. Su labor fue, sin embargo, muy desigual. Banderilleó con escaso brillo a sus dos toros y sólo destacó en dos pares por los adentros. Nada hizo de interés por el capote, y sus faenas de muleta no fueron lucidas. Los toros no le ayudaron, pero su toreo resultó muy movido y destemplado. En su primero, una tanda aceptable de redondos, y en el cuarto, unos pases por alto sentado en el estribo. Y ahí acabó su historia. Resultó herido leve por su primer toro en la región axilar izquierda de cinco centímetros de extensión y de pronóstico leve.
El
Mundo. JAVIER
VILLÁN. La extraña
asfixia de los toros inválidos
En cuestión de diluvios, si malas fueron las bodas, peores las tornabodas. Pero muchos taurinos se sienten relativamente felices al ser agraviados por la lluvia que agravió también a Letizia Ortiz, tras respetar servilmente a la crema de la intelectualidad y de la aristocracia. Puta lluvia. Se aproxima la hora de los timbales y los clarines y chaparrón al canto, cuando no catarata desmesurada, en Las Ventas o en otro punto de Madrid que engaña y desanima también a la concurrencia. Ayer la lluvia respetó Las Ventas y respetó a Esplá, Finito de Córdoba y Serafín Marín; anteayer, en cambio, inundó La Monumental y chafó las ilusiones de tres novilleros que venían a triunfar o a morir. Ni una cosa ni la otra: diluvio y regreso desesperado al hotel.
Esplá, Finito y Marín aprovecharon esta tregua de la lluvia de distinta manera, incluso algunos no lo aprovecharon. Talmente Finito y Esplá. Pese a estas analogías y metáforas pluviales, no está bien echarle la culpa de todo al agua: ni al fracaso de tantas corridas ni al fracaso de la realización de la Boda.Escrutar las nubes es más propio de agricultores de secano que de taurinos de regadío. Mientras esperaban en el portón de cuadrillas los toreros y los operarios plegaban las lonas protectoras de la arena, la terna miraba menos al cielo que empresarios, ganaderos y público en general.
Serafín Marín parecía tener seguro que a él no le estropeaba la tarde ni la lluvia ni la rara falta de resuello de los toros.A Marín el público ultramontano le considera el salvador de la Fiesta en Cataluña, la avanzadilla en terreno hostil. Sea el salvador o deje de serlo, lo cierto es que Marín toreó espléndidamente a la verónica, rematando la tanda de saludo con un torerísimo y ceñido recorte.
Abrió faena por estatuarios, resolvió un conato de colada con un pase de pecho y, a renglón seguido, un natural templado y largo. El pitón izquierdo del toro era muy bueno. Y por ahí brotó lo mejor de la faena: una tanda de naturales de muleta arrastrada.Después todo, como el toro, fue hacia abajo. Acabó Marín con manoletinas que, aun siendo ajustadas como lo fueron, son pases del todo prescindible. Las manoletinas son un muletazo emocional que predispone a la pañolada orejera. Sobre todo, si se mata como mató Serafín Marín.
Al primero Esplá, en terreno del 5, lo tomó en corto y ajustó el campo; todo lo contrario de lo que había hecho antes en banderillas, siempre a cabeza pasada. Tras una buena serie en redondo, lo sacó a los medios y allí el toro se mostró reacio por la derecha y obedeció un poco menos por la izquierda. Se acabaron enseguida sus fuerzas y empezó a pegar cabezazos sin ton ni son. Uno de ellos le pilló a Esplá de refilón. Por eso o por la lesión que viene arrastrando, el torero alicantino pareció en algunos momentos disminuido de facultades físicas. Eso se apreció, sobre todo, en el áspero y descastado sobrero de los Recitales.
Quienes vinieron a ver a Finito desde lejanas tierras, no lo vieron; bueno, vieron un Finito en estado puro de la apatía y el ventajismo, nunca al Juan Serrano que aparece esporádicamente algunas tardes de gloria. Trató de taparse en su primero con un arrebato final, y fue peor.
El quinto con pinta de novillo y debilidad de inválido, tiró al caballo del picador; no me atrevería a decir que derribó porque este verbo tiene mayor significación torera. Era una ruina que el señor Gutiérrez, nuevo en esta Feria, mantuvo en el ruedo contra toda lógica y raciocinio; y se volvió a armar. Sale este hombre a lío por corrida que preside, lo cual ya no es incompetencia o error, sino un don especialísimo. La única virtud que aportó la permanencia de este novillo inválido en el ruedo fue la posibilidad de ver a Curro Molina con los palos: superior como casi siempre.
Metidos ya en la cuestión de tirar (de latigazo) o derribar (metiendo los riñones), no es comprobable si la costalada del caballo en el sexto fue caída o derribo. Lo que sí se sabe es que el toro llegó a la muleta casi tan ruinoso como el anterior y tan asfixiado como el resto de la corrida. Es extraña esta asfixia, este agotamiento que aquejó a los nuñezdelcuvillo y que a veces se manifestaba con ligeros temblores en las patas; pero de estos temblores y de estas alferecías no tiene la culpa, seguramente, el señor Gutiérrez al que de verdad deseo suerte en esto si se aplica y aprende. Tampoco tuvo la culpa Serafín Marín que, consciente de las pocas fuerzas del bicho, empezó por alto algo que, inevitablemente, estaba condenado a irse por los suelos.
Diario
de Sevilla. Grupo Joly. Luis
Nieto. Serafín Marín, premiado con la propina
La Monumental de Las Ventas, pese a las amenazas constantes de lluvia, se llena un día sí y otro también. En el pálpito del gentío, parecía como si los latidos de ayer sintieran predilección de antemano por el espigado Serafín Marín, un barcelonés que ha caído muy bien en el coso venteño. En los malos tiempos que corren por su tierra, en los que algunos han comenzado una cruzada contra la Fiesta, el torero de Montcada i Reixac quiere seguir el camino de los grandes diestros catalanes, como Mario Cabré, que hacía de la verónica poesía, y del exquisito muletero Joaquín Bernadó, hoy en día profesor de la escuela taurina de Madrid. Marín también es torero de escuela, la de Barcelona, que está siendo vivero de una interesante cantera que crece a la vera del Mediterráneo de Serrat. Ayer, Madrid, pareció revestirse en una reivindicación para acoger de manera especial todo cuanto hizo el nuevo matador de toros barcelonés. Aplaudió todo lo suyo, fuera bueno o malo.
Serafín Marín, con el tercero, un animal muy noble, apenas si dibujó una verónica con buen son. En la faena, en las afueras, arrebatada y con exceso de enganchones, estuvo entonado con la diestra y no se asentó cuando manejó la zurda. Cerró con unas manoletinas eléctricas y antiestéticas. Para colmo, mató de estocada caída para ganar una oreja que pidió en su mayoría el público. Sin duda, un trofeo exagerado.
Con el sexto, al que le faltó poder, el barcelonés cumplió en una labor porfiona por ambos pitones. Mató mal.
Luis Francisco Esplá, al que cosieron en el taller de reparaciones la herida de un pitonazo en la axila izquierda, salió al ruedo mermado físicamente y se marchó con el mismo cariño que llegó. El alicantino, en cualquier caso, no alcanzó cotas interesantes en su toreo. No aprovechó al noble animal que abrió plaza, un precioso burraco, bajo, corniabierto y de grandes y afiladas agujas. Esplá perdió la capa en los lances de saludo y banderilleó sin sus habituales facultades, debido a un percance reciente. No sacó al animal a los medios y en las rayas todo se diluyó tras un par de tandas con la diestra. En el trasteo, insulso, el animal le asestó una puñalada en la axila izquierda en uno de los hachazos.
Esplá, con el sobrero de Los Recitales, mal hecho, cuesta arriba, volvió a pasar sin dejar huella. Pasó dificultades en el tercio de banderillas, especialmente en el último par, por los adentros, donde estuvo a punto de cogerle el astado, y se mostró anodino a la hora de manejar la franela en una labor que inició sentado en el estribo, con la montera calada y cerró con un feo espadazo.
Finito de Córdoba tuvo a la parroquia en contra, incluso antes de ponerse delante de sus oponentes, en una injusticia patente. El diestro cordobés se peleó lo justo con el reservón segundo, un colorado, bociblanco y ojo de perdiz que no terminó de romper.
El quinto fue protestado enormemente por su carencia de fuerzas. Lo mantuvo el presidente. Y el personal se echó encima para que el matador abreviara. El trasteo acabó en un esbozo de faena por ambos pitones, que remató sin fe alguna en la suerte suprema.
Muy poco de calidad ofreció la terna. Entre el claroscuro del festejo, Serafín Marín puso la voluntad, la entrega y la porfía con el mejor toro. Fue un esfuerzo notable y de agradecer. A la postre, cortó la única oreja. Se llevó un trofeo que no pasó de generosa propina en una tarde sin manjares deliciosos.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Serafín Marín cumple con las quinielas
Las amenazas de agua no se cumplieron, pero las quinielas sí: Serafín Marín no defraudó las expectativas y colocó un «1» en su casilla. Al fin y a la postre, el único trofeo de la tarde fue a parar a sus manos tras los momentos más lucidos, igualados con un espadazo contundente que rubricaba al alza una faena muy intermitente. Del catalán Marín -conviene resaltar lo de catalán con los vientos abolicionistas que soplan en Cataluña- se esperaba la decisión que demostró, las ganas de ser, cristalizadas en la manera de estar. O sea valiente y deseoso. Después las cosas salieron más o menos. Su interés por hacer las cosas a favor del toro debe puntuar, cuando todo el mundo parece en contra, con lidias terribles y tremebundos puyazos. S.F. no castigó al castaño tercero y se lo dejó crudo tras dos puyazos leves y unos lances a la verónica, de saludo, que se reflejan en positivo en su haber. El afán siguió en los estatuarios preliminares de la faena de muleta, con un pase del desprecio y otro de pecho de pitón a rabo. Marchó a los medios, fue generoso otra vez con el nuñezdelcuvillo en la distancia y cuajó la que sería la mejor tanda de la obra. En el resto no se le acabó de ver cómodo ni templado, con enganchones de más, que son como un exceso de tropezones en el gazpacho. A última hora, que ya queda dicho, igualó la obra con unas manoletinas muy, muy, ceñidas y abundantes y un estoconazo cabal. La gente, siempre con el torero, le respaldó con la petición y la oreja; el toro, ovacionado en el arrastre, mereció que redondease un poco más incluso para el trofeo.
El sexto era un viejo de casi seis años. No sé la multiplicación del tiempo en los toros como en los perros. Muy serio, algo basto, derribó con estrépito; Marín lo puso en el caballo las dos veces al relance, y ésas no son formas de colocar un toro en suerte. Había ánimos para izarlo a hombros, ánimos que no tuvo el vetusto morlaco. Y eso que César Pérez bregó perfecto. Lucieron a lo largo de la corrida los hombres de plata. El Boni derrochó valentía en los medios con este mismo toro, en la escuela de Paco Honrubia de citar muy con la hombrera; Curro Molina firmó los pares de la Feria con el quinto, cuando Montiel hizo de su capote una pura suavidad.
Pues el sexto se vino abajo a plomo, poniendo a las gentes la miel en los labios, y al propio matador. Tal era su estado que parecía que iba a morirse en pie, y poco le faltó. Cayó en picado igual que sucedió con la corrida de Joaquín Núñez del Cuvillo, justa de fuerzas, algunos muy por debajo de los límites. Más allá del poder, había despertado ilusiones con los tres primeros toros. De hecho, el burraquito que rompió plaza desarrolló un tranco notable y se empleó en el peto, especialmente en el segundo encuentro. Tal vez por ello, por los minutos que permaneció empleándose en son de bravo, luego no duró. Luis Francisco Esplá, fácil con los palos, siempre por el pitón derecho, que sólo se lo exigíamos a El Juli cuando banderilleaba, planteó la faena en los terrenos del «6». La muleta retrasada y una cierta sensación de desfondamiento tanto en el veterano alicantino como en el toro, que se apagó, no sin antes evidenciar una condición peor y menos humillada por el pitón izquierdo, con su guasa. En una de las ocasiones que le puso los pitones en la pechera le alcanzó en la axila, donde necesitó cuatro puntos de sutura en la enfermería. Le bastó un pinchazo hondo y un golpe de descabello. La sensación de que Esplá no se encontraba en plenitud quedó más patente con el sobrero de Los Recitales. Andaba como cojo o lastrado de facultades, como resentido de su reciente percance. Entró dos veces por dentro con los rehiletes con más voluntad que acierto, y con la franela resolvió ligero ante los instintos malévolos del toro a derechas, que se revolvía con intenciones hirientes. Tampoco al natural se complicó la vida a pesar de que respondía algo mejor.
Finito de Córdoba pagó su concepto lineal y a la pala con un tratamiento persecutorio y duro. No le dejaron ni a sol sin a sombra las voces recriminatorias, cargadas de razones con las protestas del inválido quinto, que terminó encogido y moribundo como otros hermanos. Al segundo le costaba un mundo descolgar y desplazarse, y aunque Finito apretó el acelerador en dos series no se disiparon las dudas ni sobre uno si sobre otro.
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