GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del sábado, 22 de mayo de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de rejones

GanaderíaCorrida de rejones. Toros de Julio de la Puerta y Castro (desiguales de presentación, descastados)

Caballeros rejoneadores: 

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC


El País. Antonio Lorca. Espectáculo circense

El público se lo pasó bien, lo cual es importante, pero el espectáculo dejó mucho que desear, que no es algo baladí. Los toros, mal presentados y desmochados más que despuntados. No se duda de que un caballo es un animal valioso, pero este es un espectáculo de riesgo que no debe ser desnaturalizado hasta extremos que ronden la caricatura. Además, toros mansos hasta el punto de huir de su propia sombra, lo que deslució sobremanera el espectáculo. Hora es de que las empresas se planteen cambiar las ganaderías para rejones a la vista de los resultados de algunas. La de ayer fue una mansada espectacular. En consecuencia, los caballeros tuvieron que trabajar de lo lindo en tarde incómoda y no se encontraron ni con el temple ni el reposo necesarios.

Hubo espectáculo, eso sí, pero poco toreo si por éste se entiende el dominio, el temple, la suavidad y la ortodoxia a la hora de reunión, que obliga a clavar al estribo y no a la grupa. Hubo cabriolas y carreras variadas, pero fallos, también, con los rejones y banderillas y demasiadas pasadas en falso.

El maduro y eficaz Leonardo Hernández vivió una tarde desigual. Poco afortunado en su primero, dominado, quizá, por la responsabilidad, se le vio atropellado y exagerado en las formas, aunque se lució en un par de banderillas a dos manos que, a la postre, fue lo mejor de su actuación. Solicitó poner banderillas cortas cuando los clarines habían anunciado la muerte del toro y el presidente se lo negó. Simuló la suerte, quizá enfadado, y sólo consiguió mancharse las manos de sangre. Mucho más centrado y dominador se mostró en el cuarto, manso como los demás, con el que brilló a más altura en el tercio de banderillas, que las colocó con sobriedad, y se lució, especialmente, con un excelente par a dos manos. Mató de manera fulminante y paseó una oreja.

Manso de libro era el primer toro de Álvaro Montes, y le obligó a emplearse a fondo para poder clavar rejones y banderillas. Pero Montes es un rejoneador joven y le va la marcha. Recibió al toro con la garrocha y el animal no le hizo caso. Se refugió en tablas y al rejoneador le costó un mundo alcanzar el lucimiento. Sus cabriolas calaron hondo en los tendidos y no le concedieron la oreja porque hubo más gritos que pañuelos. Más seguro y firme en el quinto, entusiasmó a los espectadores con un rejoneo quizá poco ortodoxo, pero muy vistoso. Las palmas le acompañaron durante su actuación y paseó en triunfo las dos orejas.

No le anduvo a la zaga Sergio Galán, espectacular donde los haya que trabajó a destajo con su manso primero. Cortó una oreja porque el rejón caído fue de efectos fulminantes y porque fue más efectivo que sus compañeros. Cuando salió el sexto, la plaza estaba hecha al aplauso y a Galán le aplaudieron hasta un rejón de castigo que cayó en los costillares. El toro fue el único que persiguió con codicia a los caballos, pero Galán tardó en cogerle el aire. Pasó en falso varias veces, se dejó tocar las cabalgaduras, pero no cesaron los aplausos, que se desbordaron en el tercio de banderillas. Al final, el público se divirtió de lo lindo, pero eso no es lo único importante.


El Mundo.  JAVIER VILLÁNTarde triunfal en el día de la boda

Las reseñas de los fastos matrimoniales de la Monarquía española hablan de grandes fiestas taurinas. Aquí, en el feliz día de los desposorios entre don Felipe de Borbón y la Princesa Letizia no ha habido corrida nupcial y, bien mirado, tampoco hacía falta. No era cosa de llevarse a todos los invitados extranjeros a la plaza de Las Ventas para que se horrorizaran con la sangre de los toros y la barbarie del público, como aquel jerarca nazi que, teniendo en su nariz el olor de los hornos crematorios, salió espantado de la plaza.

No es necesario que la Princesa Letizia se convierta en una princesa castiza, porque ella es pueblo llano; su casticismo es genuino y no artificial como suele ser el de la realeza de peineta y olé. Llovió por la mañana y escampó por la tarde. Las nubes no respetaron el triunfal paseo de la novia desde el Palacio Real hasta la catedral de La Almudena, por la pasarela de la alfombra roja; y tuvo que hacerlo en coche blindado. Pero por la tarde sí respetaron a los caballeros Leonardo Hernández, Alvaro Montes y Sergio Galán. Todos triunfaron, unos más que otros, y Alvaro Montes y Sergio Galán hicieron diabluras espectaculares dentro de su tendencia al clasicismo. Y eso, me consta, sin que sus apoderados tuvieran que llevar cestas de huevos frescos a las clarisas.

No valieron de nada los huevos que en las monjas de santa Clara querían propiciar la pertinaz sequía para la principesca boda.Se mojó la novia y eso, según parece, es señal de fecundidad; en mi pueblo de Palencia, donde llueve poco y mal y, a la hora de expresarse, no se andan por las ramas, con esa idea fecundante que tienen del agua, dicen «novia mojada, novia preñada». Júbilo, pues, en el reino por esa promesa de descendencia que, en definitiva, y supuesto el amor entre Don Felipe y la Princesa Letizia, es el objetivo real de la Monarquía: la continuidad hereditaria.

Día pues completo para el pueblo madrileño y para los transeúntes que vinieron a ver los fastos nupciales y los toros isidriles.Por la mañana, gran ceremonia y boato; y por la tarde corrida de caballos en Las Ventas con un veterano consolidado, Leonardo Hernández, y con dos jovenes figuras en las que puede estar el futuro del arte de rejoneo: Sergio Galán y Alvaro Montes, que triunfó en toda regla en el segundo después de una actuación espectacular, precisa y torera en todos los terrenos. El presente siempre lleva al pasado. Recordaba yo en Las Ventas, sobre todo después de contemplar a Montes y a Galán, viejas hazañas de figuras pretéritas: Lupi, Vidrié, Moura El Niño. Esos recuerdos quedaron en parte empañados por Alvaro Montes y Sergio Galán que dieron una auténtica lección de torería luchando contra la mansedumbre de los toros.

Leonardo Hernández mejoró mucho en el segundo, cosa nada difícil pues en el primero había estado desastroso. A Alvaro Montes se le pidió la oreja en su primero con más ruidos que pañuelos y el señor Lamarca hizo bien en no concederla; las voces, para jalear y para los olés; los pañuelos, para pedir trofeos. En el quinto, la demostración torera de Montes y la unanimidad de la petición fueron tales, que el señor Lamarca no tuvo la más mínima duda en sacar dos veces el pañuelo.

El presente, decía, siempre lleva al pasado y lo mismo que algunos lances de la tarde me llevaron a hazañas pretéritas, la realización de la ceremonia matinal me recordó a Pilar Miró, que cuidaba la retransmisión de las bodas de las Infantas con la misma maestría artística y la precisión narrativa de sus mejores películas.Pilar murió y la recuerdo dolorosamente dos días antes de su muerte, explicándome por qué estaba orgullosa de sus transmisiones y por qué un poder político que la había fascinado al principio intentó crucificarla después.

Y metidos en recuerdos, no ha sido necesario que los Bohórquez y los Domecq rejonearan en burro como quería Alfonso Guerra para que llegara la democracia. Basta con que hayan irrumpido en los ruedos una generación ajena a la burguesía terrateniente. Ha tenido que llegar una nueva generación, pero antes Vidrié, que era criado de los Domecq, y Hermoso de Mendoza sobre todo y sobre todos. Ha sido la rebelión de las clases medias y, si se me apura, la rebelión del proletariado lo que ha trastocado esto de los caballos. Eso es lo que vinieron a demostrar ayer Sergio Galán y Alvaro Montes y, en menor medida aunque no desdeñable, Leonardo Hernández. Glorioso Montes y glorioso Galán, cada día más asolerado, en la doble salida a hombros por la Puerta Grande.


ABCJOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES La juventud, por la Puerta Grande en una buena tarde de rejoneo

Se arregló la tarde después de una fuerte tormenta antes de empezar el festejo. Un festejo francamente entretenido, en un día histórico para España por la Boda Real.

Leonardo Hernández no consiguió triunfar en el primero, seguramente porque en el trance final descordó a su enemigo y se enfriaron los ánimos. Labor irregular con la nota positiva de encauzar bien la embestida con la cola del caballo, y la negativa de un rejoncillo trasero y varias pasadas en falso en los hierros preliminares. Una banderilla casi en el rabo fue replicada por tres nuevas en su sitio y un par a dos manos excelente.

Consiguió cortar la oreja al cuarto, a fuerza de llegarlo, pues el bovino se aplomó desde los primeros compases. Lucido en los rejoncillos primeros, fue a más en las cuatro farpas posteriores, y un par a dos manos hizo que las palmas echaran humo. Como mató de forma certera, la oreja fue muy merecida.

Álvaro Montes recibió a su primero garrocha en mano, sin poder lucirse. Una suerte que hicieron antes Salvador Guardiola Domínguez y Javier Buendía. Tropezó con un toro huido y manso y, por esta circunstancia, tardó en clavar el primer hierro. Por las condiciones del toro hubo pasadas en falso, pues éste encima flojeaba. Pero, a base de consentirlo, colocó dos banderillas en lo alto del morrillo, mantuvo un tono espectacular, especialmente en un par al violín con las largas y dos con las cortas. Aunque un punto efectista supo atemperar a un manso. La petición no fue mayoritaria, pero el público le desagravió con dos vueltas.

El quinto fue un dechado de alegría y de bravura. Montes le pegó a la cola de su caballo en una emocionante carrera por el ruedo. Supo mantener el lucimiento, con el lunar de un violín fallido. La vibrante obra la terminó con un rejonazo que desató los entusiasmos y dio paso al doble premio.

Sergio Galán se hizo con un trofeo en cada toro. A su primero, quedado y que se defendía, lo supo llevar por el buen camino a base de meterle las ancas del caballo como muleta. Así llegó una labor pura, clásica y ortodoxa. También mató con rapidez y vino el primer galardón. Francamente bien en el sexto, tanto en la monta como al crear espectáculo. Intercaló momentos de buen toreo, aunque hubiera una pasada en falso y una banderilla al relance, pero el conjunto fue bueno y el trofeo final merecido.

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