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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del miércoles, 19 de mayo de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de El Ventorrillo (bien presentados,
aunque blandos y mansurrones. Algunos nobles. Los mejores, 3º y 6º;
1º y 2º, justos de fuerza)
Diestros:
Incidencias: en la enfermería fue atendido "El Fandi"
de "un puntazo en el glúteo derecho y contusión en la rodilla
izquierda, de pronóstico leve".
Entrada: lleno.
Tiempo: tarde agradable.
Crónicas de la prensa: EFE,
El
País, Diario de Sevilla, El Mundo,
ABC
  
El
Mundo. JAVIER
VILLÁN. Muchas orejas y un presidente inepto
Casi todos los toros del Ventorrillo murieron tristes y apesadumbrados; menos el sexto, cuya alegría después de ser desorejado, era casi tan grande como la de su desorejador Matías Tejela. Matías Tejela cortó dos orejas excesivas gracias a una excelente tanda de naturales, dos tandas de redondos y una gran estocada. Después de lo que había pasado con la oreja de verbena con que se premió a El Fandi, darle sólo una a Tejela hubiese sido un agravio imponente.
Los toros de El Ventorrillo, nobilísimos, parecían blandos aunque no lo eran; en el fondo eran animales necesitados de cariño y se ponían tristes porque ningún torero se lo daba, hasta que llegó el sexto y Matías Tejela reconsideró su actuación anterior y estuvo, más o menos, a la altura del noble y enrazado animal.Los toros sólo querían que los diestros los acariciasen con la muleta como a un gato mimoso y esquivo, mismamente mi gata Blanki.Sabían los animales, estas cosas se conocen o se barruntan, que su destino era la muerte; pero eso no les importaba con tal de que ésta les llegase con torería y, a ser posible, con cierta grandeza; lo que ocurrió, en parte, en el sexto con Matías Tejela.Lo que de verdad sentían los toros, especialmente el segundo y el tercero, era la mala suerte de ser toros maltoreados. Y lo que deseaban, desde lo hondo de su alma, era que se respetase su forma de ser y de pensar. Y que no los machacasen a mantazos tralleros.
Tras moler a derechazos al primero, Juan Diego lo molió a izquierdazos.Al cuarto ni siquiera pudo molerlo porque salió ya molido. Ninguno de sus muletazos ha quedado impreso en la memoria emocional de los aficionados; y menos en la memoria de sus toros, esa memoria espectral de sombras y de nieblas en que se convierten los toros que mueren a destiempo y de mala manera.
Tampoco llevaban amor ni comprensión los capotazos de El Fandi, chicuelinas al paso, o las navarras que fueron los lances más vistosos. Y las banderillas, ¿qué? Hay que ser un atleta consumado para dar ese salto olímpico que da El Fandi para clavar desde las alturas: como si lo hubiera aprendido de Ferrera. Se la jugó El Fandi en el tercer par al quinto en una vertiginosa carrera hacia atrás y, al cuadrar en la cara, fue derribado por el toro que le había ganado el terreno. De sus dudosas virtudes muleteras poco puede decirse que no se haya dicho ya y no precisamente como elogio. Yo lo vi torear una lejana tarde al natural, tan despacio que parecía un sueño; nunca más lo he vuelto a ver así.He llegado a pensar si aquella tarde existió o fue evanescencia de mi imaginación.
Los toros, como les ocurre a tantas personas inadaptadas, lo que quieren es que los acepten como son, con sus virtudes y sus defectos, y que no les lleven la contraria de forma inmoderada como hicieron El Fandi y Tejela al segundo y al tercero respectivamente, que pedían ser toreados como nobles y lo fueron como mansos.Venía Matías Tejela con la aureola de una buena tarde en Sevilla y esa aureola la recuperó en el sexto. Los naturales de Tejela en su primero fueron naturales al pico, que es suerte o modalidad muy celebrada por el público.
Lo verdaderamente digno de celebración fue una tanda, ya aludida, en el sexto, al que, en algunos momentos, Matías Tejela cogió la velocidad y lo buscó las vueltas toreras. Faena intermitente, con altibajos, mas, a la postre, lo mejor de la tarde y lo que encandiló al personal. Aquí, más que llevar la contraria al toro, Tejela lo condujo por la buena senda que concluyó con unos ayudados torerísimos antes del estoconazo.
Llevar la contraria a los toros no es malo, que ya lo dijo El Guerra: «Torear es llevar al toro por donde no quiere ir»; acaso lo dijera Belmonte o El Gallo, que en esto de la Biblia taurina las fuentes acaban siempre reducidas a tres: El Guerra, El Gallo o El Pasmo de Triana; los tres pilares de la sabiduría. Todo lo que se dice sobre toros lo dijeron estos tres sabios, que son mucho más que el comité de sabios televidentes que le va a arreglar a Zapatero la TVE para siempre; cosa difícil y más todavía para un comité de sabios y filósofos. En TVE, como en el toreo, lo que se necesita no son teóricos sino matadores que se crucen, y subalternos que breguen como Dios manda.
Tejela, pues, alegró la tarde, resucitó el entusiasmo facilón de Las Ventas y se quedó con el santo y la limosna. No se tomó al pie de la letra eso de llevarle la contraria al sexto, como había hecho antes en consonancia con sus compañeros de terna, y triunfó. El presidente también se lo tomó por la tremenda y le dio una oreja a El Fandi, vaya usted a saber por qué; acaso fuera por el revolcón en banderillas. Todo parece indicar que el señor Gutiérrez no está capacitado para presidir el palco de Las Ventas. Lo de ayer (la oreja a El Fandi y posiblemente la segunda de Tejela) fue un contradiós que suscitó las iras de una parte de la plaza. ¿Quién le habrá mandado al señor Gutiérrez meterse en estos berenjenales?
Por todo esto, por las orejas no cortadas y por las cortadas a destiempo, algunos toros morían infinitamente tristes, salvo el sexto al que desorejó Matías Tejela en el último suspiro de la tarde. El presidente de la corrida, señor Gutiérrez, podrá parapetarse en los pañuelos que solicitaron premio para El Fandi.Yo creo que fue más el ruido y el griterío que las nueces y los pañuelos. Respecto a la segunda oreja de Matías Tejela, que le abría la Puerta Grande de Las Ventas, circunstancia que se produce por primera vez en esta Feria, el señor presidente de la corrida tiene otro tipo de responsabilidad. Esa oreja es de su entera potestad.
El
País. Antonio
Lorca. Matías Tejela, por la puerta grande
Matías Tejela cortó las dos orejas al sexto de la tarde y se lo llevaron a hombros entre el delirio de la concurrencia. La verdad es que el chaval se la jugó sin cuento ante el manso, muy encastado y noble toro que llevaba un cortijo en sus pitones. Era un toro de triunfo o de olvido, y Tejela prefirió lo primero. No fue la suya, sin embargo, una faena maciza, conjuntada y sublime; por el contrario, pecó de precipitación, sufrió un desarme y algún que otro enganchón, pero el torero asentó las zapatillas y toreó con enorme templanza. Sedujo, primero, por el lado derecho, pero lo mejor, sin duda, lo hizo con la zurda; dibujó naturales largos, algunos aislados, pero todos profundos y muy bellos que llevaron la emoción a los tendidos. Al final, unos ayudados por bajo muy toreros y una buena estocada de efectos fulminantes le empujaron por la calle de Alcalá. Borró así la pésima impresión que había dejado en el noble tercero, muy por encima del torero, y ante el que se comportó como una muy preocupante sombra de sí mismo.
De todos modos, la gran triunfadora de la tarde fue la corrida de El Ventorrillo. No es que fuera un corridón, pero hubo toros y no sucedáneos, lo que no es poco para los tiempos que corren. Toros bien hechos, sin ser aparatosos, que cumplieron en varas desigualmente, se vinieron arriba en banderillas casi todos y se dejaron torear en la muleta con embestidas largas y crecientes.
Pudo ser una tarde auténticamente triunfal. Una tarde para la reconciliación con la fiesta si hubiera habido toreros. Nada más y nada menos. Con la excepción reseñada de Tejela, hubo señores vestidos de luces que dieron miles de pasos, mejor llamados trapazos, pero toreros, lo que se dice señores expertos en el arte de parar, templar y mandar, esos brillaron por su ausencia.
Entre Juan Diego, El Fandi y Tejela en su primer toro darían no menos de mil pases, sin ánimo alguno de exageración. Y esos sólo con la muleta, y en el recuerdo sólo quedan un par de pases de pecho del más joven de la terna. Unos quinientos con el capote y sólo sobresalieron dos verónicas de Juan Diego y tres, magníficas, del más joven.
Las faenas de muleta fueron larguísimas, aburridísimas e insufribles. Parece mentira que diestros tan maduros sean capaces de tales desafueros.
Juan Diego tiene buena planta y fama de torero artista, pero ayer se mostró como un sonámbulo, sin ideas y sin ilusión. Se cansó de dar pases en sus dos toros, pero no toreó. Siempre mal colocado, de perfil, con la muleta retrasada y abusando del pico no es posible la emoción.
La emoción en forma de polémica llegó con El Fandi, al que se le concedió una oreja en el quinto que fue ruidosamente protestada. Ni la petición fue mayoritaria ni el torero hizo méritos para tal premio. Demostró, eso sí, que cuenta con un poderío físico único, y así se vio en los tercios de banderillas. En el tercero del segundo toro resultó volteado espectacularmente, aunque sin consecuencias. El momento fue emocionante por la intensa carrera del torero y la aparatosidad de la cogida; después, su toreo careció de hondura. Peor, sin embargo, fue su labor en el segundo, un toro de largo recorrido y casta con el que el torero construyó todo un monumento a la vulgaridad. Como un pegapases cualquiera, sin temple ni orden, dejó escapar una oportunidad de oro.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Tejela rompe en Madrid con mucha verdad y su izquierda por bandera
La corrida de El Ventorrillo no merecía otro final, y Matías Tejela tampoco. Tejela rompió, por fin, en Madrid con mucha verdad y su mano izquierda por bandera. Un por fin relativo en alguien que apenas ha cumplido año y tres meses desde que tomó la alternativa un par de Fallas atrás. Pero la Fiesta ahora mismo necesita inyecciones de urgencia y electro shocks que la reaviven. O varios tejelas. No valen medias tintas. A nadie. El primero que necesitaba semejante aldabonazo era el propio matador alcalaíno, la consolidación que venía apuntando desde novillero, cuando ya conoció la Puerta Grande venteña. Quizá su aventajada condición como novillero, sus caros apuntes de faena en dos ferias de Sevilla consecutivas, con una izquierda que vale un potosí, levantara demasiadas y presurosas expectativas en los aficionados que esperan mesías nuevos ante el vacío actual.
Sonaron los clarines del sexto, con el runrún de la pasión que había despertado la oreja de El Fandi, la polémica rediviva, la que divide una plaza, positiva siempre. Manseó el toro en el caballo, quedó crudito, suelto, entero. Matías sabía que aquello era un cara o cruz, y se plantó firme, con la muleta siempre puesta a las embestidas repetidas, dispuesto a torear desde un principio. Y a ligar, y a rebozarse con muchísima autenticidad, trazando los muletazos hacia adentro, sin tirar líneas, con un desarme que enseguida superó. Tres series, tres, de redondos, una remontada con una espaldina de fe y valor; Matías Tejela, dato fundamental, se creyó sus posibilidades, se puso y tragó con los pitones astifinos de un enemigo con los pistones de la casta bombeando y machacando la gasolina de su sangre.
Presentó la izquierda, una tanda por detrás de lo que yo la hubiese planteado, porque la izquierda es su arma conquistadora de dominios como la Maestranza, fiel tizona contra moriscos y beréberes contrarios, de fortalezas y fuertes. ¡Qué largos los naturales! Rematada la conjunción, el toro amagaba ya con rajarse, como que luego se rajó, un punto acobardado, pero todavía habría más, sobre todo uno sublime empalmado con el soberano de pecho, de pitón a rabo. Y las dobladas últimas, una torerísima, rodilla en tierra. La faena, trepidante, necesitaba el espadazo que llegó, las dos orejas que cayeron, la Puerta Grande que se abrió como un foco a su proyección de luz y futuro, más pura que los rayos horteras que bañan este Madrid nupcial y nocturno de fucsias y lilas, nazarenos y morados a falta de rojos y gualdas.
Indiscutible el premio, y más aún después del concedido a El Fandi, que dio lo que puede dar, que hizo lo que sabe hacer, que no es otra cosa que banderillear y correr hacia atrás concediendo todas las ventajas al toro; se jugó la vida sin trampa ni cartón con aquel cinqueño quinto al que mató de una estocada. A buena parte del público le pareció poco el mérito, a otra, mucho. Que reformen el Reglamento y lo eximan de coger la muleta y todos en paz.
«También Jesús Arruga se juega con las banderillas la vida y no le dan orejas», decía Ignacio Ruiz Quintano con el sarcasmo irónico que le caracteriza. Había apurado tanto Fandila el tercer par, que lo arrolló el toro. Fue un tercio espectacular, con otra reunión en la puerta de toriles, clavando en la cara, valentísimo. ¿Suficiente o no para Madrid, un poblachón de La Mancha al fin y al cabo? Quedóse mucho el burel en la voluntariosa y tosca muleta, y murió de volapié con el engaño perdido en el embroque, tan heterodoxo como su tercio de rehiletes, como el trofeo definitivo. El Fandi despertó con «lo suyo» Las Ventas, con un quite también en el que sacó al toro del caballo con un farol y un galleo, ¿qué le vamos a pedir a El Fandi? ¿Exigirías a Makelele que jugase como Laudrup, Ignacio? Quien da lo que tiene... ¿Que su «arte» de recortador navarro no es lo nuestro? Pues no. ¿Que en Madrid hace falta más? Pues también. Y ya sólo falta que la crónica la firme Rajoy.
El que no dio nada fue Juan Diego, excesivamente perfilero y en la trinchera de una ortodoxia aburridísima y adocenada, tanto con el bondadoso primero como con el acochinado y más parado cuarto. No necesitó aquel castigo en varas, como tampoco el noble segundo; el tercero les superó en nota, encastado. Pero Tejela, técnicamente correcto, no caló. Faltó algo en un ambiente frío que no descongeló y que sólo derritió El Fandi antes del lío gordo.
Diario
de Sevilla. Grupo Joly. Luis
Nieto. Matías Tejela apasiona al natural
Matías Tejela -al que le quedan otras dos tardes en este San Isidro- se está consolidado como uno de los toreros jóvenes con mayor proyección. Con sólo un año de alternativa y la cátedra exigiéndole al máximo, consiguió ayer una nota altísima en una corrida encastada y con nobleza de El Ventorrillo. Su toreo al natural: auténtico oro molido. La faena al sexto fue un derroche de valor, oficio, serenidad, quietud y temple. Todo ello envuelto en la ligazón, que fue el detonante para que el público asumiera una obra exquisita en la que descolló con la zurda y en los pases de pecho. En las afueras le dictó al toro con la derecha su primer aviso de mando. Otras dos tandas, asentado. Y en la siguiente hasta improvisó un fallero por la espalda para evitar una peligrosa colada. Pero el cante grande llegó con la izquierda. Tres naturales inmensos y el de pecho hicieron estallar de alegría a los tendidos. Luego, otra serie en la que un par de naturales barrieron la arena fueron pura ambrosía. Incluso con el toro ya rajado llegaron algunos muletazos sueltos de bellísima factura. El epílogo, con doblones en los que primó la estética, con algunos adornos, como un señorial pase del desprecio, fueron canela fina. El toro, por si mismo, quedó cuadrado. Pidió la muerte. Y Tejela consumó esa suerte, la suprema, de manera limpia y contundente. Un estoconazo. La plaza nívea. Y el presidente concedió las dos orejas como pasaporte de una Puerta Grande ganada a ley.
Tejela aprobó también en su primer acto con un toro encastado. Jugó bien los brazos a la verónica y con la muleta sacó buenos muletazos con ambas manos. Aún así el público se puso de parte del toro.
El Fandi sufrió también con la dureza del público. Convenció en su segundo, ante el que se jugó la vida. El toro, cinqueño, pidió el carnet. Y ahí estuvo el granadino para mostrarlo. Lo recibió con una larga de rodillas en los tercios y cumplió a la verónica. El tercio de banderillas fue soberbio. Si clavó ajustado en el primer par, al violín, en el segundo, de la misma guisa, jugueteó y prendió en la misma cara. En el tercero, de manera inverosimil, entró y dio una pirueta por los adentros y cuando corría hacia atrás, a punto de perder pie, perdió un segundo, y al girar en la salida, el toro, que le perseguía como un sprinter consumado, moviendo la cabeza a un lado y a otro, le hirió en el glúteo. El torero se consiguió zafar con unas facultades portentosas de una cogida de mayores consecuencias e incluso en la carrera se adornó tocando el testuz del animal. Luego, con vergüenza torera, continuó en el ruedo para cumplir con creces en una faena interesante. Con la franela, sacó varios muletazos estimables con la diestra. El cornúpeta se apagó pronto, justo cuando se echó la muleta a la izquierda. Y el espada enterró el acero de manera certera para cobrar el merecido trofeo, que un sector intransigente de la plaza le protestó. Con anterioridad, El Fandi falló ante las exigencias del segundo. Discreto con capote y banderillas, no acertó en la faena de muleta.
Juan Diego dejó una pobre impresión. Desaprovechó la movilidad del primero y se estrelló con el soso cuarto; al que mató pésimamente.
La tarde quedó grabada con un toreo al natural de muchos quilates que firmó un artista de Alcalá de Henares: Matías Tejela.
EFE.
Tejela, a hombros por naturales.
La corrida iba camino de irse "sin torear", según frase al uso del polémico tendido "siete" de Las Ventas, que sentencia así las malas actuaciones de los toreros cuando ha habido toros para el triunfo.
Se iba sin torear hasta el quinto de la tarde, hay que recalcar, pese a la oreja que paseó "El Fandi" de este toro, más bien no llegó a pasearla pues ante los abucheos de la mayoría tuvo que entregársela a uno de sus peones nada más iniciar la vuelta al ruedo.
Una oreja más que discutida, la más "barata" que se haya dado en Madrid y que iba a tener muy en cuenta para calibrar la faena posterior de Matías Tejela. Fue precisamente en el último donde tomó categoría la tarde. Faena de muy altos vuelos, por el toro y por el torero. Toro muy completo en los tres tercios, aunque en el epílogo hiciera amagos de "rajarse". Y categoría en las formas y en el fondo de la obra de Tejela.
Las series al natural merecen tratamiento de usía, haciendo el cite con el medio pecho, adelantando la muleta y trayéndoselo muy ajustado y limpio, la mano muy baja y atrás, muy atrás. Una, dos... hasta cinco y seis veces. Los de pecho, muy obligados, después de dar la sensación de que allí no cabía más. Hubo, hay que reconocer, algún altibajo en el primer tramo de la faena por un par de enganchones. Y a punto estuvo de notarse también la negativa del toro en el epílogo cuando miró hasta tres veces a tablas para irse.
Ahí estuvo Tejela sujetándolo y recreándose otra vez en su fuerte, los naturales más puros. La plaza era un manicomio de olés cuando agarró una estupenda estocada, de efecto fulminante. Las dos orejas, esta vez por absoluta unanimidad.
En el anterior, sin embargo, Tejela no había estado bien. Quizás le vino grande la bravura y la "transmisión" del toro.
"El Fandi", que se había dejado ir ya al primero de su lote, con muchos pases sin fundamento, en una faena larga, mecánica y sin ritmo, en el quinto hizo todavía menos. El toro, muy apagado por las carreras que llevó en banderillas, prácticamente no colaboró con el torero.
De la actuación del granadino hay que destacar, no obstante, la consabida "fiesta" con las banderillas. Fácil, seguro y, sobre todo, espectacular. En el último de los seis pares que puso, uno de la moviola, muy ajustado, tras clavar salió cogido y después de estar entre las patas del toro se levantó en la misma cara para terminar acariciando la testuz.
El hecho de que tras la estocada -por cierto muy buena de ejecución aunque perdiendo la muleta-, le dieran la oreja, es uno de los despropósitos más grandes que se han cometido en esta plaza.
Hubo enfado general en el tendido, con especial énfasis en el "siete". Esta vez "los ultras" tenían toda la razón. Una oreja sin faena es muy gordo. El presidente, que este año hace su primera Feria de San Isidro, José Gutiérrez, es el único culpable. Está claro que no tiene talante ni talento para estar en "el palco" de la plaza más importante del mundo.
Tarde aciaga para Juan Diego, que cumplió una actuación sin pena ni gloria, algo que en su situación no deja de ser un fracaso. Cuando todos están esperando el despegue del salmantino, que apunta cosas muy notables para encuadrarle en el privilegiado grupo de los artistas, sin embargo, no termina de dar la talla.
Tuvo dos toros bonancibles, y la única dificultad podía ser que había que tener mucha clase para estar delante de ellos. Y eso lamentablemente fue lo que le faltó a Juan Diego. Nada peor para un artista que estar anodino, en este caso absolutamente frío y gris. Su primero, algo rebrincado por la falta de fuerzas, se tragó más de treinta pases con mucha nobleza, viaje largo y repetición.
En el cuarto, un toro más paradito, tampoco se decidió él a dar el paso para poner la "chispa" de la faena.
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