GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del martes, 18 de mayo de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: dos toros de El Torreón -cuatro fueron rechazados en el reconocimiento-, 1º y 3º, -este último devuelto-; y cuatro de Moisés Fraile -el 6º, devuelto-. Todos bien presentados y absolutamente inválidos. Primer sobrero de Los Recitales, inválido; segundo sobrero del Conde de la Maza, devuelto por inválido total, y tercer sobrero de Ramón Flores, manso y descastado.

Diestros:

Entrada: casi lleno.

Tiempo: caluroso.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, Diario de Sevilla, ABC

Foto de Miguel Gener. El País
Leandro Marcos confirmó su alternativa


El País. Antonio Lorca. ¡Qué pena de fiesta!

Avisos para navegantes. El primero, para la empresa: la plaza no se llenó a pesar de que en el cartel figuraban dos triunfadores. Ésa es la consecuencia del trabajo fino de los antitaurinos. Tanto se engaña a la gente, que ésta deserta. El segundo, para el ganadero titular y matador de toros César Rincón. De los toros presentados sólo le aprobaron dos. Si no se tienen toros para Madrid, la dignidad aconseja a un buen ganadero que ni se anuncie en los carteles. Pero la vanidad rompe el saco y los dos ejemplares fueron una auténtica vergüenza por su invalidez y falta de casta. También fracasaron Moisés Fraile y los dueños de los tres sobreros. Y aviso para la autoridad. ¿Por qué se permite el fraude diario de toros inválidos y se mantienen en el ruedo? ¿Qué forma es ésta de defender la pureza de la fiesta y los derechos de los espectadores?

¡Qué pena de fiesta, señoras y señores! Ayer, en Las Ventas, se vivió uno más, pero uno de los más bochornosos espectáculos de los últimos años. Toros bien presentados, pero podridos, moribundos, que pedían a gritos una muerte rápida para evitar mayor sufrimiento; toros agotados desde su salida al ruedo, toros hundidos en la más absoluta miseria de la podredumbre.

Lo más grave es que dicen que ésta es la primera plaza del mundo. Pues si es así, esto no lo remedia ni Pedro Romero que resucitara. Porque será la primera plaza, pero no la mejor afición, si es que existe en alguna parte de este planeta; ni la mejor empresa, ni los mejores ganaderos, ni la mejor autoridad... Lo de ayer fue el máximo exponente de la ordinariez taurina.

Resulta inconcebible, por ejemplo, contemplar cómo la mayoría del público asiste impertérrita, y parece que divertida, a un espectáculo tan lamentable. Es imperdonable que la plaza jaleara con olés la buena intención de Cortés ante un inválido total como si la faena tuviera mérito alguno. Lamentabilísimo. La fiesta, por los suelos. Porque no hubo toros -por llamarle de alguna forma incorrecta- ni hubo fiesta ni vergüenza...

El primero no podía con su alma, pero las quejas no hicieron mella en el presidente. Salió del caballo completamente borracho, o es que ya lo estaba, vaya usted a saber, y llegó a la muleta agotado. Marcos se preocupó mucho de componer la figura y poco de torear. Tiene clase, pero no lo demostró porque no se cruzó y desaprovechó los cuatro o cinco muletazos que tenía el toro. A la hora de matar, puso rumbo a Valladolid, que es su ciudad, y dio un mitin. El sexto era un novillo que se frenaba en los engaños y embestía de manera incierta. No es Marcos torero de batallas y se afligió pronto. Montó la espada y se desvió tanto que hizo el ridículo.

El segundo mordió el polvo tras el caballo, en banderillas y en la muleta. Un pleno. Estaba de pie, pero muerto. El único que no se enteró fue Uceda Leal, que le dio pases y más pases y ni uno de la más mínima calidad. No eran pases, evidentemente, sino trapazos infames. Pero él no se dio cuenta de nada, y siguió y siguió con un deplorable sentido de la medida. Más enfermo estaba el cuarto, y abrevió. En el tercero, Cortés derrochó voluntad, pero no había nada que hacer. Además, fue volteado de forma espeluznante tras cobrar un bajonazo. Salió para matar el sobrero, inválido también, ante el que sólo pudo demostrar decisión.


Diario de Sevilla. Grupo Joly. Luis Nieto. De un cartel bien recompuesto a un nefasto baile de corrales

Retirado temporalmente Morante y caído en acto de servicio Salvador Vega en Zaragoza -todavía no recuperado de una grave cornada en el muslo derecho-, el cartel se recompuso con buenos mimbres para la confirmación de Leandro Marcos. Como padrino, Uceda Leal y como testigo Antón Cortés, dos recientes triunfadores en Las Ventas. Hasta ahí bien. Pero luego vino el trago amargo de un baile de corrales. Se cargaron en los reconocimientos parte de la corrida de El Torreón y se completó con una olla podrida de astados de Moisés Fraile, desigual en hechuras, floja y falta de casta. Para colmo, la pésima brega -con decenas de capotazos sin sentido- ayudó lo suyo y no digamos los puyazos infames que dieron a la mayoría de los astados. En definitiva, nueve toros. Y un espectáculo horrible, que alcanzó las dos horas y media.

El comienzo no fue prometedor. Leandro Marcos, con el de su efeméride, quedó inédito. Toro bien conformado, con tanta nobleza como flojedad, fue muy mal picado, con un puyazo bajo y oto trasero. Marcos, que únicamente brilló en un par de lances a la verónica, en lugar de sacarlo, lo lidió en las rayas. Aplomado el animal, la falta de ligazón y emoción ensombreció la primera tanda prometedora con la diestra. Con la tarde cuesta abajo y sin frenos, se devolvieron al sexto y al sexto bis. Con el tris, un marmolillo con peligro, del hierro de Ramón Flores, el vallisoletano no tuvo opción al lucimiento. Además, mató muy mal y con desconfianza a su lote.

Uceda Leal no tuvo opción alguna para repetir su éxito del pasado 2 de mayo. Se esforzó en mantener en pie al inválido segundo, un animal de buenas hechuras y bondad, que no se tenía en pie y que el público protestó en vano. Y como segundo cartucho, otro animal que estaba podrido por dentro y con el que abrevió ante la desesperación del público.

Antón Cortés, muy dispuesto, fue cogido de manera espeluznante. Con un sobrero de Fraile, grandote, y sin clase, le había instrumentado una faena entonada por el pitón derecho. Tras matar de una estocada caída se resbaló y quedó en la misma cara del toro, que le lanzó varios hachazos hasta levantarle en uno de ellos por la faja, pasándoselo de pitón a pitón como un pelele. El torero, que acusó la tremenda paliza, fue llevado por las asistencias a la enfermería.

El diestro gitano salió, en medio de una gran ovación, para porfiar inútilmente con el descastado quinto, que calamocheó en la muleta.

Nos las prometíamos felices. Pero la ilusión estalló como un globo. En dos horas y media se pasó de un cartel bien recompuesto a un nefasto baile de corrales. 


El Mundo.  JAVIER VILLÁNPeor que intolerable: ridículo y absurdo

Lo de ayer fue algo peor que intolerable; fue ridículo y absurdo.Hemos sobrepasado el límite. La tarde fue un desfile de inválidos, de toros sin trapío, sin fuerzas y sin casta y, encima hubo un simulacro de cornada que nos alarmó a todos. Fue un bajonazo inmenso e innoble; pero más bajo y, posiblemente, más innoble fue el puntazo que le infirió el inválido de Moisés Fraile a Antón Cortés en salva sea la parte y allí donde la espalda pierde su honesto nombre.

El quinto toro de Fraile, remiendo del de El Torreón y sobrero de un hermano inválido, por haber corrido turno, le pegó un susto a Antón Cortés que se quedó en la cara tras infame bajonazo.No quiero establecer una relación de causa efecto porque eso sería literatura y, además, literatura mala. Lo cierto es que el gitano que conmovió a Las Ventas el otro día con un toreo de sonidos negros, como el mejor flamenco, la conmovió también ayer tras ese percance; y, sobre todo, con su salida de la enfermería en el quinto cuando todos creíamos que llevaba la cornada puesta.

Tarde infame de toros anovillados, de toros blandos e inválidos, toros basura que no debieron pasar el reconocimiento, igual que no lo habían pasado los toros de El Torreón. ¿Cómo serían los rechazados visto lo que saltó al ruedo? Si después del baile de corrales, ustedes advierten alguna inexactitud en la ficha, pasen página y miren para otro lado; lo que vale es esto: toros impropios de Las Ventas y de cualquier plaza que tenga el mínimo de respeto a sí misma. Saltaba el sobrero de Los Recitales al ruedo, allá sobre las 20.30 horas, y presuroso y gallardo, corría por el callejón, saliendo de la enfermería, Antón Cortés. Para lo que le esperaba, acaso hubiera sido mejor quedarse en la enfermería.

La verdad es que, tras la legítima escabechina que los veterinarios de Las Ventas habían hecho en el reconocimiento, poco se podía esperar del tópicamente llamado baile de corrales. En principio, la escabechina tenía que haberse hecho también extensiva a los toros, por llamarlos de alguna manera, de Moisés Fraile y al sobrero de Ramón Flores. Se rechazaron cuatro toros de El Torreón y los dos que sobrevivieron podían haberse ido también para la dehesa. De hecho, uno se fue a chiqueros y el otro carecía de remate aunque tuviera cabeza. Y los dos carecían de fuerzas.

Malas vibraciones, pues, en toros y en toreros en una tarde calurosa y apacible. No se llenó la plaza, y eso que en el cartel, sustituyendo a Morante de la Puebla en las garras de la depresión, estaba Uceda Leal en estado de gracia. Ayer este estado se quedó en el infierno o, por lo menos, en el purgatorio. A Salvador Vega le sustituía Antón Cortés, que se llevó al personal de calle el otro día aunque, después de torear tan bien pegase el petardo con los aceros.

Uceda Leal está, por supuesto, en estado de gracia, aunque sus toros estaban en estado comatoso y no está demostrado que circunstancias tan contradictorias puedan armonizarse ni conducir a nada bueno.Quiso hacer el toreo el elegante y refinado Uceda, quiso dibujar su arte sublime, mas la verdad es que, entre las caídas del toro y su propio ensimismamiento, el arte no apareció por ningún lado.Acaso porque el arte, para que sea de verdad, tiene que materializarse con un toro, a ser posible, en pie. No es mucho pedir, aunque eso sea casi cosa de milagro. Mal lo tenemos los que no creemos en milagros, sino en el respeto al toro de lidia desterrado incluso en la que dice ser y llamarse primera plaza del mundo.

¿Para confirmar alternativa con estos novillos impresentables tiene que venir a Madrid Leandro Marcos? Simulacro, burocracia.Espectáculo impresentable y más que impresentable ridículo y absurdo.

Y de esto, naturalmente, no pretendo responsabilizar a Leandro Marcos que es un torero de corte clásico y excelentes maneras que decimos los cronistas taurinos cuando casi nada nos queda por decir. Pese al petardo de esta tarde yo sigo confiando en el Leandro Marcos que vi en Sevilla últimamente. Y confío, por supuesto, en la torería de Uceda Leal y en el gitanismo hondo y sin folclore de Antón Cortés. En lo que no confío es en estos simulacros de toros, en estos novillejos que la empresa de Las Ventas nos cuela a precio de toro bravo. Novillos y, además, inválidos. Hay algo en lo que acaso no reparen los responsables, mismamente Toresma o la Comunidad, de la plaza de Las Ventas: que la gente empieza a estar hasta las pelotas. La gente entiende insuficiencias, deficiencias y errores. Pero lo que la gente no acaba de entender es que les den gato por liebre. En España, para bien o para mal, la gente traga más con el fraude político que con el fraude taurino. ¡Ojo al parche!


ABCZABALA DE LA SERNA.  Confirmación del caos

Venía a confirmar alternativa Leandro Marcos, y aquí lo único que se ha confirmado es un caos monumental. Poco se salva del tótum revolútum de ayer. Habían hecho malabarismos los Lozano para recomponer un cartel atractivo que se había quebrado con las ausencias de Morante y Salvador Vega, y lo habían logrado al colocar a Uceda Leal y a Antón Cortés; hicieron funambulismo para remendar una corrida que tal vez no había de El Torreón y al final se precipitaron al vacío sin red, contra la lona por donde penaban los toros de Moisés Fraile. Una chapuza finalmente.

Nada salió al derecho, todo salió al revés. Hubo un cruce de cables generalizado. El de las cuadrillas viene siendo habitual: aquello fue la antilidia, un sindiós de capotazos y torpezas, invalideces aparte. Los matadores tampoco lucieron por su despeje mental. Había empanada en las cabezas, boinas en las seseras, nubes en los cerebros, y eso en un día tan despejado. Desde el mismo momento en que Uceda Leal se fue a la presidencia a solicitar permiso antes de confirmar el doctorado a Marcos -salvo ignorancia, yo nunca había visto semejante gesto (o despiste)- comprendí que había temporal en las cumbres neuronales; luego cuando el toricantano le devolvió los trastos a Uceda, se le olvidaba a éste ir bajo la presidencia a cumplimentar, hasta que alguien se lo sopló. Después no estuvo mal con su lote, queriendo cumplir con su corte caro con un imposible, incluso un punto insistente de más, que la espada hay que agarrarla antes de que la gente te lo suplique por favor. Sobre todo cuando se es dueño de un acero tan solvente como el suyo, como demostró una vez más.

El usía no se salvó del desconcierto, y devolvió el tercer toro, de El Torreón, con una sola buena verónica encima: tras haber aguantado a los anteriores sacó el pañuelo verde justo con el que mejor tranco tenía, tal vez el que menos dobló las manos, ¿quizá porque ya tocaba? Se corrió turno, y apareció el que nunca fue quinto, de Moisés Fraile, que arrastraba los cuartos traseros, pero que se recuperó en el tercio de muerte. A Antón Cortés le pesó la responsabilidad después de haber dejado el listón muy alto en su tarde anterior; esa tensión se tradujo en un principio de mano excesivamente baja para las condiciones del toro, que se iría afianzando, rajadito y abriéndose mucho en cada muletazo, con nobleza. Entre las aperturas de uno y las holguras del otro, faltó ceñimiento, aunque los derechazos seguían un curso largo, y a veces más rebozado. La faena se sostuvo con la expectación puesta en atisbos de sus maneras y sobre los recuerdos del pasado día, donde abundó la pureza, donde no hubo la tensión que transmitió ayer a su muleta, más brusca que templada en esta ocasión. Quiso asegurar la estocada y entró decidido y ligero a la vez; atinó en la zona más blanda y salió trompicado, como quien va a apoyarse en una mesa y no encuentra mesa, perdiendo pie en la cara del toro, que hizo hilo con él mientras caía; en el suelo lo prendió para partirlo por la mitad, levantándolo por la faja a la altura de los riñones. A Cortés le debió dar vueltas el mundo alrededor, y cayó mareado lejos de la zona del percance, con el susto a cuestas, desmadejado en manos de las asistencias que lo llevaron a la enfermería: cosas de príncipe gitano también. De ahí salió para matar al quinto, de Los Recitales, un toro en el que Leandro Marcos perdonó su turno de quite, un detalle que marca su nivel de ambición. Se ajustó más Cortés con éste, que duró poco.

Marcos se ha tomado al pie de la letra el quinto mandamiento. Con el toro de su confirmación, sin gas pero con calidad, a menos siempre, se entretuvo en colocaciones y recolocaciones, sin aprovechar lo poco que el de El Torreón le ofrecía; el sexto, de Fraile, por anatomía era pura armonía, construido para adelante, bajito, con mucho cuello. Nunca debió lidiarlo tan rematadamente mal ni permitir tanto mantazo en manos de los subalternos y tanta vuelta en el caballo, que hay que ver las vueltas que les están dando a los toros con la carioca permanentemente. El sobrero del Conde de la Maza no se sostenía en pie; la guinda ya del caos fue el sobrero último de Ramón Flores que anunció la tablilla con un hierro diferente... No sirvió, con peligro y guasa, y Marcos se mantuvo a la defensiva. Tarde para pasar hoja.

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