GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del jueves, 13 de mayo de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

GanaderíaUn toro de González Sánchez-Dalp, dos de San Miguel, dos de Manolo González y uno de Conde de la Maza (flojos, descastados en general).  

Diestros: 

Entrada: más de tres cuartos.

Tiempo: lluvioso.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC


El País. Antonio Lorca. Una nueva desvergüenza

Más pronto que tarde, los taurinos -incluida la autoridad- acaban sin remedio con esta fiesta. Ayer, en Las Ventas, se escribió otra página negra de la desvergüenza y de la decadencia galopante que impera en este negocio.

Pasen y vean: la empresa compra una corrida a una ganadería que tiene tres dueños y responde a González Sánchez-Dalp, Manolo González y San Miguel. Tres hierros distintos y un solo encaste verdadero. ¿Por qué este misterio? Por cuestiones de herencia, se supone. Se divide la ganadería en tantas partes y cada beneficiado la pone a su nombre. También son ganas de confundir al personal, mire usted. Tres hierros con idénticos defectos, como después se comprobó.

La empresa compra esa corrida a sabiendas de que no es el tipo de toro requerido para Las Ventas. Pero ¿y si cuela? Pues coló. La autoridad se puso el antifaz y aprobó seis toros impresentables, anovillados e impropios de una plaza de primera categoría. Es una bonita manera de no tener problemas. Además, los toros salen al ruedo y no se protestan. Este público conformista, festivalero y nada exigente se convierte en el mejor aliado de los dos responsables anteriores.

Pero no acaba ahí la cosa: los toros estaban podridos, inválidos hasta la desesperación, quizá enfermos o borrachos, vaya usted a saber. ¿Qué han comido estos toros? ¿Los habrá visto un veterinario? ¿Habrá ordenado la autoridad que se analicen sus vísceras? ¿Estarán preocupados los tres dueños o dormitarán tranquilos una vez que han resuelto las cuestiones fiscales? ¿Se preocupará alguien de averiguar qué les ocurría a estos toros, que se mostraron moribundos, amorfos, mustios, noqueados y, sobre todo, embajadores de la más baja escoria ganadera de nuestro país?

Con este material de desecho, la lidia se transformó en una farsa, en una grotesca caricatura que nada tiene que ver con esta fiesta de arte y valor. No hubo tercio de varas porque los toros no aguantaban ni la presión de un alfiler. Todos salieron derrengados de su encuentro con el picador. Todos besaron la arena una y otra vez y llegaron a la muleta sin hálito de vida. El único que se mantuvo en pie fue el segundo sobrero, que empujó desigualmente al caballo. No hubo, pues, toreo de muleta.

A pesar de estos novillos que más que toros parecían gatos, a pesar de su vida mortecina, hubo momentos de cierto interés, aunque de tono menor, por la disposición de Ferrera y Abellán en el manejo del capote. Lo mejor, sin duda, fue el competido tercio de quites que ambos protagonizaron en el cuarto de la tarde. Comenzó Abellán con unas rápidas verónicas, siguió Ferrera con chicuelinas con las manos bajas, le replicó su compañero con chicuelinas rodillas en tierra de las que resultó atropellado, y volvió a responderle Ferrera otra vez por chicuelinas. Finalmente, invitó a participar al toricantano, que se justificó con dos verónicas muy movidas. No hubo toreo del bueno, pero sí la satisfacción de asistir a una competencia que se perdió hace tiempo. Abellán se lució en su lote con un capoteo variado que, a la postre, fue lo mejor de su actuación. Voluntarioso siempre, nada pudo hacer ante su moribundo primero, y no se confió con el complicado sobrero, cuyo principal defecto es que lucía dos perchas astifinas.

Tampoco fue tarde triunfal para Ferrera, que está en horas bajas, pero tiene la suerte de cara. Hizo un quite al primero de la tarde que se lo echó a los lomos de mala manera, y antes de que cayera al suelo lo enganchó por la taleguilla y lo zarandeó dramáticamente. Cuando parecía que había recibido un cornadón de campeonato, se levantó maltrecho, pero, afortunadamente, ileso. Puso banderillas a toro pasado y no tuvo toros para lucirse con la muleta.

Aún quedaba otra sorpresa: estaba anunciado Salvador Vega, pero resultó herido en Zaragoza el pasado 23 de abril. La empresa ha tenido la feliz ocurrencia de sustituirlo por un inexperto novillero al que le ha ofrecido la alternativa. Sin duda, otra tomadura de pelo que habrá supuesto un buen ahorro económico para los empresarios, y aquí paz y después gloria. Andrés Revuelta no está para alternativa y menos en San Isidro. Está muy verde y la corrida le vino grande. Aun así, estuvo entonado en la verónica al recibir al sexto y en un quite posterior.

Más pronto que tarde, los taurinos -incluida la autoridad- acaban sin remedio con esta fiesta. Ayer, en Las Ventas, se escribió otra página negra de la desvergüenza y de la decadencia galopante que impera en este negocio.

Pasen y vean: la empresa compra una corrida a una ganadería que tiene tres dueños y responde a González Sánchez-Dalp, Manolo González y San Miguel. Tres hierros distintos y un solo encaste verdadero. ¿Por qué este misterio? Por cuestiones de herencia, se supone. Se divide la ganadería en tantas partes y cada beneficiado la pone a su nombre. También son ganas de confundir al personal, mire usted. Tres hierros con idénticos defectos, como después se comprobó.

La empresa compra esa corrida a sabiendas de que no es el tipo de toro requerido para Las Ventas. Pero ¿y si cuela? Pues coló. La autoridad se puso el antifaz y aprobó seis toros impresentables, anovillados e impropios de una plaza de primera categoría. Es una bonita manera de no tener problemas. Además, los toros salen al ruedo y no se protestan. Este público conformista, festivalero y nada exigente se convierte en el mejor aliado de los dos responsables anteriores.

Pero no acaba ahí la cosa: los toros estaban podridos, inválidos hasta la desesperación, quizá enfermos o borrachos, vaya usted a saber. ¿Qué han comido estos toros? ¿Los habrá visto un veterinario? ¿Habrá ordenado la autoridad que se analicen sus vísceras? ¿Estarán preocupados los tres dueños o dormitarán tranquilos una vez que han resuelto las cuestiones fiscales? ¿Se preocupará alguien de averiguar qué les ocurría a estos toros, que se mostraron moribundos, amorfos, mustios, noqueados y, sobre todo, embajadores de la más baja escoria ganadera de nuestro país?

Con este material de desecho, la lidia se transformó en una farsa, en una grotesca caricatura que nada tiene que ver con esta fiesta de arte y valor. No hubo tercio de varas porque los toros no aguantaban ni la presión de un alfiler. Todos salieron derrengados de su encuentro con el picador. Todos besaron la arena una y otra vez y llegaron a la muleta sin hálito de vida. El único que se mantuvo en pie fue el segundo sobrero, que empujó desigualmente al caballo. No hubo, pues, toreo de muleta.

A pesar de estos novillos que más que toros parecían gatos, a pesar de su vida mortecina, hubo momentos de cierto interés, aunque de tono menor, por la disposición de Ferrera y Abellán en el manejo del capote. Lo mejor, sin duda, fue el competido tercio de quites que ambos protagonizaron en el cuarto de la tarde. Comenzó Abellán con unas rápidas verónicas, siguió Ferrera con chicuelinas con las manos bajas, le replicó su compañero con chicuelinas rodillas en tierra de las que resultó atropellado, y volvió a responderle Ferrera otra vez por chicuelinas. Finalmente, invitó a participar al toricantano, que se justificó con dos verónicas muy movidas. No hubo toreo del bueno, pero sí la satisfacción de asistir a una competencia que se perdió hace tiempo. Abellán se lució en su lote con un capoteo variado que, a la postre, fue lo mejor de su actuación. Voluntarioso siempre, nada pudo hacer ante su moribundo primero, y no se confió con el complicado sobrero, cuyo principal defecto es que lucía dos perchas astifinas.

Tampoco fue tarde triunfal para Ferrera, que está en horas bajas, pero tiene la suerte de cara. Hizo un quite al primero de la tarde que se lo echó a los lomos de mala manera, y antes de que cayera al suelo lo enganchó por la taleguilla y lo zarandeó dramáticamente. Cuando parecía que había recibido un cornadón de campeonato, se levantó maltrecho, pero, afortunadamente, ileso. Puso banderillas a toro pasado y no tuvo toros para lucirse con la muleta.

Aún quedaba otra sorpresa: estaba anunciado Salvador Vega, pero resultó herido en Zaragoza el pasado 23 de abril. La empresa ha tenido la feliz ocurrencia de sustituirlo por un inexperto novillero al que le ha ofrecido la alternativa. Sin duda, otra tomadura de pelo que habrá supuesto un buen ahorro económico para los empresarios, y aquí paz y después gloria. Andrés Revuelta no está para alternativa y menos en San Isidro. Está muy verde y la corrida le vino grande. Aun así, estuvo entonado en la verónica al recibir al sexto y en un quite posterior.

¿Acaban o no acaban con esta fiesta? Se admiten apuestas.


El Mundo.  JAVIER VILLÁNToros de saldo y quites chapuceros

El momento en que más aplaudió y vibró la gente, un chapucero tercio de quites en el cuarto en el que intervinieron los tres matadores, a cual peor, no fue el momento cumbre de la tarde.El más emocionante del festejo ocurrió justamente al inicio, en el primer toro, al iniciar Antonio Ferrera un lance. La indiferencia ante los posibles destrozos de su anatomía dicen que es indicio cierto de valor en los toreros. Si eso es verdad, y debe serlo, el valor de Antonio Ferrera puede calificarse, sin hipérboles, de supremo.

La cogida fue espeluznante y al toro de Sánchez Dalp, maligno por naturaleza, se le habían agriado los resabios en un confuso y tumultuoso derribo que inquietó y tornó precavida a la tropa de a pie y de a caballo. La cogida, al primer capotazo, o quizá al segundo, fue espeluznante y la incertidumbre y la angustia larguísimas. Voló Antonio Ferrera de pitón a pitón y pendía del asta, por fortuna poco afilada, desprendiendo una sensación de cornada y de abismo. Segundos interminables, soledad de espanto.Ligeros desperfectos en la taleguilla cuando parecía que le había partido la madre; pero el ánimo intacto. Sólo se lavó la sangre y se recompuso los desperfectos cuando llegó el momento de darle la alternativa a Andrés Revuelta.

Maldita suerte; el día esperado por todo novillero, la ceremonia que va a dar sentido a su vida, acaso para siempre, y le sale un marrajo con instintos criminales. Andrés Revuelta salvó el pellejo. Y el honor torero con una buena estocada.

El otro momento considerado memorable por buena parte de la concurrencia y también por los toreros, según su gallarda y desafiante actitud, fue el ya aludido tercio de quites. Hizo Abellán el quite reglamentario que empezó con un desarme y medio concluyó creo que por navarras; réplica de Antonio Ferrera por violentas chicuelinas, contrarréplica de Miguel Abellán, de rodillas y por los suelos en el primer lance; lo mejor de Abellán fue el prodigioso quite continuado que se hizo desde el suelo mientras llegaban las cuadrillas.Y de nuevo réplica de Antonio Ferrera que, tras moler a su toro otra vez a chicuelinas, invitó a participar a Andrés Revuelta: una cortesía. Pero un despropósito también, pues ni los quites habían sido nada del otro mundo, más bien habían sido chapuza tras chapuza, ni el toro daba para tanto. Pero así están las cosas y el personal aplaudió a rabiar y los toreros se abrazaron emocionados y satisfechos.

Hasta el momento, la verdad, no había habido muchos motivos para el regocijo, aunque Ferrera había puesto a la plaza en pie en su primero, tras un par de banderillas por los adentros. No creo que fuera por lo afectado del mismo o por ese espectacular salto, tan poco torero, que da al clavar; yo creo que fue por la crispada danza, corriendo hacia atrás, que improvisó en la cara del toro.Por la contundencia del atlético salto, por la danza entre guerrera y lasciva o porque era de natural decrepitud, el toro llegó agotado y en escombros a la muleta. El insólito tercio de quites fue lo más reseñable en el cuarto.

El quinto se lo devolvieron por inválido a Miguel Abellán, que había estado bullicioso y omnipresente toda la tarde. Se anunció Abellán en una elegante larga con que remató unas chicuelinas de tralla en el primer toro de Ferrera. Y después de anunciarse como manda la buena educación, se hizo presente en el toro propio con buenos lances rodilla en tierra y con más largas, algunas de ellas de nítida torería.

Variadísimo en el capote: más chicuelinas, galleo por rogerinas, tafalleras de aleatoria definición y como remate vistosas serpentinas.Ayudados por alto, trincheras y pases de izquierda para abrir al toro; no sé si era el terreno adecuado, por la movilidad del viento y por la inmovilidad del toro; lo cierto es que todo quedó en nada. El sobrero de Conde de la Maza resultó tan inválido como el titular y también se fue a los corrales. Y el segundo sobrero del mismo hierro salió manso, cariavacado y espectacular y feo de pitones. Y además mansísimo y con el alma negra.

Parar cuatro toros una tarde no es plato de gusto para ningún torero. Y Miguel Abellán tuvo que pasar por ese mal trago en Las Ventas. Amargo trago agravado por los imponentes pitones del segundo sobrero de Conde de la Maza, un animal sin clase que se le iba al pecho o le buscaba la femoral según pluguiera a sus insanos instintos. Acabó violentísimo, y Abellán, desarmado y jugándose la cornada ante circunstancias insuperables y adversas.

El sexto toro del variado e impresentable saldo que echaron ayer a Las Ventas, la que dice ser y llamarse la primera plaza del mundo, estaba también inválido y era ligeramente impresentable.Lo procedente hubiera sido devolverlo; pero el presidente de la corrida tuvo el buen criterio de mantenerlo en el ruedo. ¿Qué podía haber en chiqueros que no fuese una bazofia de parecido signo?

Con semejante especimen, lo mejor que pudo hacer Revuelta era pasaportarlo sin más en vez de ponerse pesadísimo y tostón. Pero esta insistencia, en un neófito, es más disculpable que el imperdonable criterio veterinario que dio paso a estos adefesios; impropios no sólo de la que dice ser y llamarse primera plaza del mundo, sino de cualquier plaza de segunda. Nada que reprochar a Revuelta y sólo desearle menos infortunio en otras ocasiones.


ABCZABALA DE LA SERNA. El sol se llevó los toros

Salió el sol, trajo el viento y se llevó los toros, que no el frío, como un tiro de mulillas. Bajo la lluvia de anteayer aparecieron hermosos ejemplares del toro de lidia; bajo los rayos crepusculares del astro rey desapareció su presencia. Volvimos a la realidad de la mano de una tarde surrealista y amorfa, hueca como la Monumental de Las Ventas, que bajo sus tendidos apila escombreras de trastos y naves vacías. Así eran los toros de los diferentes hierros de Manolo González, deshabitados de bravura, impresentables después de un baile de corrales que acabó en un tocomocho para público y afición. Gato por liebre, o gato por toro. Lo que mal empieza mal termina.Tanta repesca y tanto remiendo para formar al final un saldete que podía haber predicho el gabinete de videncia del profesor Karamba, que se anuncia en los periódicos con su rostro negro zaino y «42 años de experiencia». Lo peor es que siempre pagan los mismos primos, y que las taquillas de la plaza se empiezan a parecer al despacho del tal Karamba, que al menos da facilidades de pago.

La jornada venía preñada de mal bajío, y ya el volteretón que sufrió Antonio Ferrera en un quite al primer toro lo confirmó. Se le venció en un delantal por el pitón derecho, por donde quería siempre coger, y lo elevó a las alturas para campanearlo durante angustiosos segundos. Incluso se vio perfectamente como el pitón se introducía por la taleguilla del torero, acertando sólo con los bordados y no con la carne, afortunadamente. Si llega a ser astifino como alguno de los de Astolfi o los del Puerto, lo taladra. Ferrera se levantó con la cara ensangrentada del porrazo sobre el morrillo ya picado. Horrible material para que Andrés Revuelta se doctorase. Resolvió con dignidad de un espadazo tras intentar una valerosa e imposible faena. Después, el sexto, un torete sin alma ni cuerpo, se le adormiló en la muleta con una sobredosis de descastamiento de UVI. Revuelta solo pudo dejar una media verónica como apunte de su imprevista alternativa, pues sustituía a Salvador Vega, que de buena se salvó.

Fue Miguel Abellán el hombre que infundió ánimos a la corrida, sin dar un quite por perdido. Su afán por desplegar un abanico de quites desató la competencia en el cuarto con Antonio Ferrera. Abellán, por navarras, fue respondido por el extremeño con chicuelinas de mano baja, contrarreplicadas por otras chicuelinas de rodillas del madrileño, que se hizo un autoquite desde el suelo. Fue un tercio sin fin, porque A.F. regresó por más chicuelinas antes de invitar a Andrés Revuelta a participar, un detallazo que no resultó brillante.

El atracón de entremeses, a los que siempre se le agradece la variedad aunque no vaya emparejada de la calidad —apenas un minuto después nadie se acuerda si ha saboreado una rodaja de mortadela o de butifarra—, dejó al toro de mala leche y mareado para que todavía el matador lo banderillease con enormes saltos y un quiebro voluntarioso; en la muleta sacó su peor estilo, bronco y pendenciero, igual hasta la cerviz de tanta vuelta con los capotes. Yo me pongo en su lugar. Un sufrimiento.

El anterior de Ferrera carecía del trapío mínimo de Madrid. Pese a todos los cuidados en el caballo, las carreras con los palos acabaron con su nulo potencial, y en la muleta no hizo más que derrumbarse.
El principio de faena de Miguel Abellán con el tercero, más toro por delante que sus hermanos, con algunos pases del desprecio, junto a más variedad, más chicuelinas, solas y con tafalleras, sus ganas de agradar y un volapié contundente fueron correspondidos por una ovación en el tercio.

El presidente César Gómez, no contento con haber colado al respetable un trágala de órdago, devolvió al quinto, que andaba sonámbulo por el ruedo pero sin caerse. Esos arrebatos, por la mañana mejor. El sobrero del Conde de la Maza —parece que los Lozano han comprado media camada— sí que rodaba cual pelota, y ahora el usía sí que desenfundó el pañuelo con razón. Un destartalado compañero de corrales del anterior completó el cuadro surrealista. No humillaba con unas embestidas híbridas, deslucidas, sin maldad, con el respeto que imponía su velamen. Abellán resolvió con el oficio de los años, sin exponer más de lo justo. A él, al menos, le debe el público el ánimo que infundió a la tarde.

 

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