GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del domingo, 11 de julio de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

Ganadería: Toros de Alonso Moreno (flojos en conjunto, mansos y peligrosos).

Diestros: 

Entrada: Un cuarto de plaza.

Crónicas de la prensa: Diario de Sevilla, El Mundo, ABC


Diario de Sevilla. JORGE LAVERÓN. Rafael González malogra con la espada una buena faena

Una buena faena al tercero de la tarde, a cargo de Rafael González, pero malograda con la espada, fue lo más destacable de la corrida de Madrid. Corrida difícil la de Alonso Moreno a la que se enfrentaron tres toreros que estuvieron valientes y dignos, tanto que fueron despedidos de la plaza con aplausos. De los tres destacó Rafael González que a punto estuvo de cortar una oreja de peso, pero la espada se lo impidió.

José Ignacio Ramos, que abrió plaza, tuvo un primer toro justo de trapío y de fuerza al que recibió con unos aceptables lances a la verónica y banderilleó después con más voluntad que acierto. Con la muleta inició faena con un par de poderosas trincheras para salirse a los medios, pero el viento no le dejó estar a gusto. Aun así, el torero sacó todo el partido posible del animal por los dos pitones.

En el cuarto, el burgalés toreó con clase y hondura a la verónica en los medios, destacando un bellísimo remate de una media. Pero el toro, que salió inválido, fue devuelto. El que lidió como sobrero fue un auténtico marrajo que le permitió menor lucimiento. Además Ramos estuvo desafortunado en banderillas y con la muleta anduvo valiente y lidiador.

Rodolfo Núñez, que ahora se anuncia como Carpetano, recibió al segundo de la tarde con buenos lances a la verónica. El toro, un precioso colorao, fue manso en varas y estuvo muy justo de fuerzas, por lo que el torero, que también estuvo molestado por el viento, no acabó de acoplarse con el astado, que se defendió mucho en la muleta dando cabezazos.

En el quinto cumplió con el capote y la muleta en una faena digna, entregada y solvente frente a un toro difícil y peligroso al que trasteó por los dos pitones y mató a la primera.

Rafael González es torero de los pies a la cabeza. Torea muy poco, casi nada, pero rezuma torería y afición.

A su primer astado, un toro con las fuerzas muy justas, lo saludó con hondas verónicas en las que ganó terreno hasta los medios. Manuel Montiel picó al toro con sabiduría.

La faena tuvo enjundia, González toreó con valor y temple con la derecha y al natural, también hubo hondura en los pases de pecho y belleza en los adornos por alto y por bajo. Lástima que se le fuera la espada a los bajos, porque ahí perdió la oreja que tenía más que ganada.

En el sexto, manso y difícil, González no pudo esta vez lucirse con el capote. Luego el animal, manso en varas, llegó a la muleta con la cara por las nubes, midiendo mucho al torero, con peligro cantado. El torero se lo quitó de encima con valor y oficio.


El Mundo. VICENTE RUIZ. La antítesis de una corrida de toros

Se anuncian como festejo taurino o más rimbombantemente como «Gran Corrida de Toros», pero no tiene nada que ver con el verdadero toreo, con su esencia y su realidad. Los festejos dominicales del estío venteño han derivado en una mera estación turística -además mal promocionada por la poca gente que suele acudir- desvirtuada por el desconocimiento de la mayoría de los espectadores que convierten cada domingo en un suplicio para el aficionado que apenas reconoce en lo que ve aquello que tanto le gusta.

Y es que nada de lo que pasa en estas corridas o novilladas tiene semejanza con el auténtico toreo. Ni el toro que salta a la plaza -las hechuras de los de Alonso Moreno de ayer eran un insulto al toro de lidia-, ni las reacciones desde el tendido se corresponden en absoluto con la realidad. En el tendido se juntan dos tendencias de resultados nefastos: por un lado una mayoría de analfabetos taúricos que tan pronto ovacionan un desarme como se ponen en pie para aplaudir al algüacilillo; y por otro los exasperantes reglamentistas de siempre que rompen el ritmo de la lidia con sus muchas veces absurdas reclamaciones. En estas circunstancias, encontrar joyas aisladas como las verónicas o los naturales de Cepeda de hace una semana es como la búsqueda de agua en pleno Sáhara.

La infumable corrida de Alonso Moreno se llevó por delante a los tres diestros de ayer, como suele pasar cada año. No obstante, no se preocupen, que al año que viene volverán.

Con este fondo se encontró José Ignacio Ramos, que lo intentó ante el que abría plaza, brillando con los palos. Sin embargo, a la hora de coger la muleta, el manso no valía un duro. Sí pudo lucir en un bello saludo a la verónica al cuarto, pero el animal que más condiciones insinuaba terminó siguiendo a los bueyes comandados por Florito para regocijo del tendido. El sobrero, por su parte, no se tragaba uno y sólo tenía arrancadas para llevarse por delante al torero. Bastante hizo Ramos con quitárselo de enmedio y salvar el pellejo.

Para Rafael González se abrió el único claro del encierro con la salida del tercero, el único potable. Y salió con decoro del trago, dejando alguna verónica meritoria y varias series sobre ambas manos aprovechando bien la condición del animal. Se le fue la mano abajo y perdió un posible trofeo. Con la alimaña que cerraba plaza, macheteo y puerta.

Carpetano, antes Rodolfo Núñez, dejó como momento más destacable un quite por verónicas al tercero, después de ser incapaz de templar al bronco segundo, que embestía a cabezazos, y nada pudo hacer con el quinto, que no tuvo ni un muletazo.


ABC. JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANESLos toros de Alonso Moreno no se acordaron de su pasado

Los toros de Alonso Moreno no se acordaron del excelente pasado que tienen en Madrid. Recordamos aquellos triunfos -hace 34 años- de Andrés Vázquez, Tinín y Antonio Lomelín, de una gran tarde de Antonio José Galán que le catapultó al estrellato y de muchas figuras matando sus productos durante todos los setenta y parte de los ochenta. Hace tiempo que se circunscriben al estío venteño. En esta ocasión no han hecho posible el lucimiento de los diestros. Toreros que han destacado con la espada: José Ignacio Ramos en los dos, igual que Rafael González Amigo, y Rodolfo Núñez -ahora anunciado como Carpetano- en el quinto. Por otra parte, hay que poner en sitio de honor unas verónicas de Rodolfo en su turno de quites al tercero.

Fue en este toro en el que se vieron las cosas más positivas de la tarde. Rafael González hizo cosas de gusto, tanto al lancear como con la franela. Pases de buen tono por los dos lados, aunque tardara en encontrar la entente con la izquierda y sólo lograra la conjunción zurda al final. Destacó algún ayudado por bajo de buen gusto. Alargó su labor en demasía y, por eso, se perdió el cómputo de su actuación para que más espectadores hubieran pedido un trofeo.

Tan sólo con deseos en el sexto, pero sin ningún brillo. Ya hemos dicho que mató a ambos con acierto.

Lo mejor que hizo José Ignacio Ramos fue el modo de torear a la verónica -rematando con torera media- al que iba para cuarto. Pero el sobrero fue muy mal lidiado, tanto en el primer tercio como en el de banderillas, suerte en la que el burgalés las pasó moradas. Tuvo que aguantar, en el breve trasteo, fuertes embestidas y aunque mató con su habitual pericia el astado tardó en doblar, pues lo levantó el que hacía las veces de puntillero.

Anteriormente se había encontrado con un rival que huía de su sombra y que recorría el ruedo de parte a parte. Se lució en el tercero de los pares de banderillas, tras pasar borroso en los anteriores. Bonito prólogo muleteril, por bajo y sacándose al bovino para las afueras, y con el remate de un excelente pase de pecho. Después se coló la res por el izquierdo y, aunque acabó haciéndose con ella, no pudo pasar de un tono opaco.

Rodolfo Núñez se encontró con un lote nada colaborador. Su primero pegó una voltereta en el tercio de varas, quedándose parado. El ahora Carpetano no pudo hacer otra cosa que intentar dar todas las probaturas posibles y pensar en el lógico aliño. Perdió la muleta al ejecutar un natural.

El quinto tenía muchos problemas. La faena resultó simplemente burocrática. No cabía más.

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