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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del lunes, 10 de mayo de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de novillos
  
Ganadería: Novillos de La Quinta (bien presentados, de buen juego)
Diestros:
Incidencias: al finalizar el festejo el mayoral de la ganadería
titular, Tomás Rodríguez Rosa, dio la vuelta al ruedo.
Entrada: menos de tres cuartos.
Tiempo: tarde nublada, con viento, lluvia.
Crónicas de la prensa: El
País, El Mundo, ABC, DiarioDirecto.com
El
País. Antonio
Lorca. Jugar a la
lotería
Los tres novilleros dieron motivos para ponerlos
verdes. Se podría decir que no tienen perdón de Dios porque
estuvieron muy por debajo de la encastada y noble novillada de La
Quinta. Pero no sería justo resumir tan drásticamente una tarde
crucial para ellos, mil veces soñada y, a partir de ahora,
convertida en un mal sueño. Quizás lo más adecuado es que ellos
mismos reflexionen sobre su futuro porque tienen la edad oportuna
para tomar otros derroteros en la vida. Lo triste es que la
novillada se fue con las orejas colgando y los chavales, con las
orejas gachas. Todos los novillos fueron aplaudidos, y los
novilleros, pitados con mayor o menor intensidad.
Pero, quizá, ellos son sólo culpables de sus escasas
aptitudes para el toreo. También son víctimas de su época, y están
contaminados de todos los defectos de la tauromaquia impuesta por
las actuales figuras. No dice el programa oficial si han sido
alumnos de escuela alguna, pero los tres están cortados por el
patrón de la modernidad. Manejan el capote como si fuera una sábana;
las chicuelinas, las tafalleras y las verónicas pierden todo su
sentido en tan inexpertas manos. Con la muleta mostraron un
desconocimiento lamentable: sin orden, sin mando, con todas las
ventajas y olvido total de la ortodoxia. ¿Quién ha enseñado a estos
chavales a torear? ¿En qué espejo se miran? ¿Habrán visto cómo
toreaba Curro a la verónica? ¿O cómo por chicuelinas Paco Camino?
¿Se habrán deleitado alguna vez con el toreo al natural del Emilio
Muñoz de sus mejores tardes? Eso es el toreo; ésas son algunas de
las fuentes en las que hay que beber y no en los manuales de los que
ultrajan el toreo eterno.
Alguien se habrá empeñado, además, en que los tres
novilleros sean toreros y les habrán contado milongas sobre un
futuro de éxito y riqueza. Sus poderdantes habrán movido cielo y
tierra para ponerlos en Madrid por si la flauta suena y les toca la
lotería de un triunfo que los lance en la profesión. Y se encuentran
-privilegiados ellos- en la Feria de San Isidro con una novillada
que no es la que hubieran querido y con la que se estrellan como
jamás se hubieran imaginado.
El problema es que la novillada era de otra época.
Nada de toritos artistas: nada de novillos de peluche, sino novillos
de trapío justo, como corresponde a los santacolomas, blandos
pero encastados, codiciosos y picantes, que cumplieron en los
caballos con desigual fortuna y llegaron a la muleta con sosería,
con la cara alta en ocasiones, pero con acometividad y noble
recorrido.
Y para ese tipo de toros no hay toreros. Ni
novilleros ni matadores, que quede claro. Pero, al parecer, tampoco
hay vídeos para aprender, que quién sabe si los aspirantes manejan
mejor la playstation que los engaños.
Lo cierto es que fue una tarde de nubarrones negros,
de lluvia intermitente, que no presagia nada bueno sobre el futuro
de estos jóvenes.
Los tres novilleros dieron motivos para ponerlos
verdes. Se podría decir que no tienen perdón de Dios porque
estuvieron muy por debajo de la encastada y noble novillada de La
Quinta. Pero no sería justo resumir tan drásticamente una tarde
crucial para ellos, mil veces soñada y, a partir de ahora,
convertida en un mal sueño. Quizás lo más adecuado es que ellos
mismos reflexionen sobre su futuro porque tienen la edad oportuna
para tomar otros derroteros en la vida. Lo triste es que la
novillada se fue con las orejas colgando y los chavales, con las
orejas gachas. Todos los novillos fueron aplaudidos, y los
novilleros, pitados con mayor o menor intensidad.
Pero, quizá, ellos son sólo culpables de sus escasas
aptitudes para el toreo. También son víctimas de su época, y están
contaminados de todos los defectos de la tauromaquia impuesta por
las actuales figuras. No dice el programa oficial si han sido
alumnos de escuela alguna, pero los tres están cortados por el
patrón de la modernidad. Manejan el capote como si fuera una sábana;
las chicuelinas, las tafalleras y las verónicas pierden todo su
sentido en tan inexpertas manos. Con la muleta mostraron un
desconocimiento lamentable: sin orden, sin mando, con todas las
ventajas y olvido total de la ortodoxia. ¿Quién ha enseñado a estos
chavales a torear? ¿En qué espejo se miran? ¿Habrán visto cómo
toreaba Curro a la verónica? ¿O cómo por chicuelinas Paco Camino?
¿Se habrán deleitado alguna vez con el toreo al natural del Emilio
Muñoz de sus mejores tardes? Eso es el toreo; ésas son algunas de
las fuentes en las que hay que beber y no en los manuales de los que
ultrajan el toreo eterno.
Alguien se habrá empeñado, además, en que los tres
novilleros sean toreros y les habrán contado milongas sobre un
futuro de éxito y riqueza. Sus poderdantes habrán movido cielo y
tierra para ponerlos en Madrid por si la flauta suena y les toca la
lotería de un triunfo que los lance en la profesión. Y se encuentran
-privilegiados ellos- en la Feria de San Isidro con una novillada
que no es la que hubieran querido y con la que se estrellan como
jamás se hubieran imaginado.
El problema es que la novillada era de otra época.
Nada de toritos artistas: nada de novillos de peluche, sino novillos
de trapío justo, como corresponde a los santacolomas, blandos
pero encastados, codiciosos y picantes, que cumplieron en los
caballos con desigual fortuna y llegaron a la muleta con sosería,
con la cara alta en ocasiones, pero con acometividad y noble
recorrido.
Y para ese tipo de toros no hay toreros. Ni
novilleros ni matadores, que quede claro. Pero, al parecer, tampoco
hay vídeos para aprender, que quién sabe si los aspirantes manejan
mejor la playstation que los engaños.
Lo cierto es que fue una tarde de nubarrones negros,
de lluvia intermitente, que no presagia nada bueno sobre el futuro
de estos jóvenes.
Palazón se vio desbordado por su lote, más complicado el primero
que el cuarto, que desarrolló nobleza, pero en ninguno dijo nada
emocionante. Siempre al hilo del pitón, sin mando y preso de un
aburrido hieratismo, es difícil torear. Solís alarga el brazo, pero
se le nota la desconfianza y rectifica los terrenos. En el quinto,
lo peor fue el mitin con el descabello. Y Roberto Galán, con el
mejor lote, pasó un mal rato. Sencillamente, no sabe. El encastado
tercero lo volvió loco, y el noble sexto lo ridiculizó. Una pena muy
grande debe ser jugar a la lotería de tu vida profesional y perder.
Aún están a tiempo de cambiar. Se impone la
reflexión.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA.La Quinta, la verdad de
Santa Coloma
Después de la mentira de Hernández Pla, de vendernos santacolomas
en envase monstruoso de dos litros, la verdad del hermoso encaste de
Santa Coloma resplandeció bajo la lluvia: novillos en hechuras,
finos de cabos, elegantes, recogidos de cuerpo y cuerna, en tipo,
bajos de aguja, tremendamente bellos. ¡Qué bonita novillada! Por
fuera y por dentro. Brava y noble. Con fijeza y obediencia. Después
de las lecciones amoruchadas de las jornadas anteriores, Martínez
Conradi marcó la diferencia. Una clase práctica para discernir la
casta buena, de la mala, la casta, del genio. Sobresaliente en
presentación y juego. ¿Algún día se echará algún toro para atrás por
estar fuera de la línea madre de su sangre? Si se le quiere poner
alguna falta, por buscar las cosquillas, ya habrá quien añore más
carbón en las calderas o más complicaciones. Los utreros de La
Quinta fueron un dechado de virtudes para el buen aficionado y para
los buenos toreros. La gente disfrutó del lujo, y es posible que
incluso por esta senda de contrastes se reconduzca la educación
taurina. Quién cree que por mucho que se dé de comer a los novillos
de ayer, en cinco, seis o siete meses, cuando cumplirían los cuatro
años, se pondrían como los mostrencos de anteayer, por cara, por
alzada, por volumen...
Las aberraciones, como las
imprudencias, se pagan. Aunque si es cierto que no hay mal que por
bien no venga, bienvenida sea la diferencia entre los hernandezplá y
los quintos: ¿hermanos de sangre? Ni por asomo.
Por nota, el
tercero destacó. Precisamente al que le gritaron algo de «¡once
veterinarios, once!», por su apariencia terciada, casi felina. No
importa, también chillaron en su día al mítico «Bastonito» de
Baltasar Ibán en los tercios previos. Claro que después vienen los
lamentos de que si sacan los toros de tipo y así. Se puso a embestir
el utrero y no paraba. Por abajo, con especial calidad por el pitón
izquierdo, cumbre. Había incluso en los tendidos alguna discusión
sobre por cuál iba mejor. Faltó mando a derechas o tal vez fuese
algo más pegajoso. Pero al natural no había ninguna enmienda: toro
de dos orejas clarísimo.
El cuarto, por este orden se
establece su importancia en el conjunto, de nombre «Almendro»,
estaba en flor. Además se desplazaba muchísimo tras las telas, con
infinita bondad, pero sin tontería. Su matador obtuvo breves
pasajes. Para una fotografía de recuerdo. Simplemente.
El
sexto completó el lote de la tarde, algo más hecho, más ancho de
pechos. Su embestida era más seria, sin la alegría de los de su
edad, como correspondía a su apariencia, lo cual no es malo. Pesaba
más en la muleta. Dos del anterior y dos de éste suman cuatro
orejas.
Otro que puntuó fue el segundo, por el pitón derecho
sobre todo, aunque duró menos que sus compañeros. Humillaba a
izquierdas en menor medida. Con todo, que no es nada, una oreja
llevaba colgando.
El que abrió plaza iba y venía, dejándose
aunque sin descolgar como es debido. Sirvió, que se dice. Sin más.
Pero para haber tenido delante un chaval de más corazón y no tanta
frialdad. Sin duda.
El de peor calificación fue el quinto,
horriblemente lidiado, a mantazo limpio, sin pegarle uno de verdad.
Luego fue tobillero, y se quedaba más por debajo, muy
incómodo.
Todos cumplieron sobradamente en el caballo y
aguantaron el castigo con entereza, pese a la desproporción que
existe en su pelea con los muros de picar, las tanquetas del
castoreño. Esa desigualdad todavía crece con la aparente fragilidad
de los utreros santacolomeños, y aunque hubiesen sido cuatreños
daría lo mismo. Y aun hubo alguno que romaneó. ¡Que volviese el
caballo español y ya hablaríamos!
De los tres espadas más
vale no entrar en detalles. Bastante llevan. Y encima dos con la
alternativa en ciernes. Crucen los nombres de la ficha con las
descripciones de cada uno de sus enemigos, y añadan adjetivos como
gélidos, desangelados, aburridos, mecánicos, conformistas. Todos son
intercambiables. Como suele pasar en uno y otro escalafón.
El
Mundo. JAVIER
VILLÁN. La Quinta triunfa antes de salir a la plaza
Debo ser un bicho raro en este mundo de los toros (al menos en el mundo taurino de Las Ventas) porque suelo discernir la mayoría de veces del comportamiento de esta plaza. Ayer, sin ir más lejos.Según avanzaba la novillada de La Quinta (en tipo, nada que ver con los santacolomas de un día antes) y la gente más se entusiasmaba con su juego, menos entendía yo nada. Con movilidad y nobleza en general, sólo el cuarto se empleó con bravura en las
suertes. El resto, sin ninguna clase, se movió sin perseguir nunca las telas por abajo, saliendo siempre con la cara a media altura y sin empujar con bravura en el caballo.
Y los toreros, sin brillantez pero mucho más dignos de lo que las fichas de la corrida pueden hacer pensar. Y es que resulta muy complicado torear cuando la gente ya ha tomado partido por alguien, en este caso por los toros. Es como intentar cambiar el voto de un afiliado de cualquier partido político por muy mal que lo hagan sus líderes. Eso debió pensar Roberto Galán cuando algún buen muletazo al sexto era respondido desde el tendido con pitos.
No es que el madrileño bordara el toreo, pero dio la cara ante su segundo enemigo, especialmente en una iniciática serie de buenos naturales y el de pecho, ligados sobre la base de la
quietud. Aunque se embarulló en la siguiente, volvió a ofrecer muletazos meritorios que fueron correspondidos por pitos o indiferencia; toda una losa para el torero, que a buen seguro acabaría
hundido. Un limpio circular al final de la labor desató más aún las iras de la gente.
Peor estuvo con el tercero, un novillo andarín que no obedecía a los toques la mayor parte de las veces y para el que se pidió la vuelta al ruedo. Influiría el tercio de varas, un nuevo homenaje de Madrid a los tentaderos, una bella labor... de campo, no para una plaza de toros. Soy partidario de que la suerte de varas se realice y cumpla con su esencial función pero no que haya que perder el tiempo constantemente cuando la ganadería anunciada sea de determinados hierros porque los astados tengan que ir al caballo desde larga distancia. El de La Quinta se arrancó con buen galope pero no empujó con bravura. Galán, en su afán de bajar mucho la mano, se dejó enganchar, cuando no pisar, la muleta demasiadas veces, provocando un mayor cabreo en el público.
Francisco José Palazón, próximo a recibir una alternativa de lujo, no aprovechó en su plenitud al mejor novillo, el
cuarto. Ligó una buena serie por el pitón izquierdo pero las siguientes resultaron desiguales y deslucidas. También el novillo fue a menos. Su primero, siempre con la cara a media altura, sólo le permitió lucir en algún natural aislado ya que por el pitón derecho el utrero nunca metía la cara. Antes, cuando toreaba por verónicas, se hizo un quite milagroso desde el suelo a modo de larga cambiada cuando el novillo le enfilaba.
Javier Solís se despedía del escalafón de novilleros y demostró mucho oficio aunque también evidenció una facilidad
excesiva. Mostró un buen tono con el capote: tanto en las verónicas de recibo al quinto como en dos quites a los dos primeros. Sin embargo, terminó pitado tras sus dos labores debido a esa toma de posiciones que los aficionados habían tomado desde el inicio del festejo.
Ante el segundo, Solís se centró y templó en la segunda serie, acoplándose inteligentemente a las embestidas sin profundidad tan santacolomeñas del novillo. El acople duró poco y al matar a Solís se le fue la mano abajo. Con el que hacía quinto, que no ofreció ninguna posibilidad de triunfo, Solís realizó una faena de aliño antes de pegar el mitin con el descabello. Pero, sorprendentemente, la gente también ovacionó a este
novillo. Quiero pensar que esta ovación tuvo más parte de mala leche hacia el torero que de premio al peor novillo de un encierro con movilidad, al que faltó siempre un tranco final y que no fue ninguna ganga para los chavales.
DiarioDirecto.com.
IGNACIO
DE COSSÍO. La Quinta del pastel
Monumental de las Ventas. Lunes, 10 de mayo de 2004. Tercera festejo,
primera novillada. En de entrada, se lidiaron seis novillos de la
Quinta, intachables de presentación y de buen juego en la muleta.
Destacaron 3º, 4º,6º Y 2º. Fueron ovacionados en el arrastre, 2º, 3º,4º
y 6º.
La novillada del ganadero Álvaro Martínez Conradi que se lidió ayer en La Ventas fue de verdadero dulce, como dicen los taurinos. Todos los que conocen su encaste satacolomeño se esperaban más picante y mayores dificultades en la lidia de estos novillos, que saltaron a la arena con una bondad, nobleza y clase extraordinaria. Quitando el primero de nombre Avellanito y el quinto, Morisquito, uno por falta de continuidad en la embestida y el otro por la escasez de fuerza, la novillada fue de calidad insuperable. La guinda del pastel fue el tercero de nombre Cubano, sin duda era de lío gordo. El novillo parecía que llevaba la quinta metida, ¡Qué manera de repetir y de humillar! La clase del novillo quedó patente en todos los tercios. Con la brega demostró una gran codicia, el novillo iba de largo, metía la cara y enseguida se revolvía a por más. El viento molestó en exceso y Galán no pudo contener ambas cosas. En el caballo se deja pegar dos puyazos de
órdago, sobre todo el primero y sigue embistiendo. Pese al dichoso y repentino viento el novillo era de los de consagración y desgraciadamente el novillero del barrio de la Paz, Roberto Galán, no lo vio ni se acopló nunca a él. Es una pena que un joven novillero como este, con tantas ganas de triunfo se le fuera vivo un novillo de estas características. Bien es cierto que al novillo le faltó un poquito de humillar, pero
toreándolo a media altura hubiera sido de triunfo seguro en sólo tres, de las cinco o seis series que le pegó el novillero madrileño.
Adiós Cubano, tu fuiste el ron de la novillada, repito, la guinda del pastel. Porque vaya pastel de novillada, señor Martínez Conradi.
El segundo novillo aguantó menos, pero al menos tuvo cuatro series de premio y eso que apenas le probaron por el pitón izquierdo que si no, otro gallo nos cantaría. En definitiva sobre el platillo sobrevoló otro novillo soñado y otra puerta grande que se esfumaron para siempre entre las nubes de Madrid. El joven novillero extremeño, Javier Solís no daba la sensación de estar a gusto y tardó mucho en entender y coger la distancia del novillo. Demasiada gasolina para el muchacho, pensaría el ganadero y todos con él. El cuarto de la tarde
respondía por Almendro, y este parecía que salió cargado de almendras porque dio la sensación, en un principio, de salir lastimado de la suerte de varas, aunque aquello resultó ser tan sólo un espejismo. En la muleta desarrolló temple, casta y de nuevo codicia. Esa pócima mágica que sólo fabrica don Álvaro en la rica dehesa cordobesa de Fuen La
Higuera. El novillero alicantino Francisco José Palazón, desconocedor del antídoto, lo entendió en parte y le faltó ligazón, recetó muchos pases pero ninguno enganchado. Los muletazos se suceden uno tras otro, el público se duerme, el novillo se desborda y le gana la partida. Hay que indicar en honor al toreo clásico de Palazón que todos sus muletazos resultaron pulcros y templados aunque faltó amarrarlos un poco más.
El sexto fue un novillo cumplidor en el caballo pero importante también en la muleta, que por desgracia tuvo por delante al menos experimentado de los novilleros. De nuevo muletazos sueltos de calidad, pero sin continuidad. Uno tras otro, como gotas de agua, caen en la plaza. El novillo es muy toreable y Galán no sabe por donde cogerlo. ¡Qué derroche de clase, casta y nobleza! Qué gran novillada señor ganadero la de ayer en Madrid, a ver si el próximo domingo en Sevilla nos da otra alegría con su Quinta Sinfonía de Santa Coloma sino tendré que ponerle como a los novilleros de ayer un suspenso general y hasta septiembre sin rechistar. La receta del pastel: avellanas, almendras y ron cubano con el toque del Chef Martínez Conradi ¡Qué manjar el de la Quinta de ayer, así da gusto escribir de toros!. Mañana haber si escribimos de los toreros.
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