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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 8 de mayo de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
  
Ganadería: Toros de José Escolar (desiguales de presentación, peligrosos en
el juego)
Diestros:
Entrada:
Crónicas de la prensa: El
País, El Mundo, ABC, DiarioDirecto.com
El País.
Antonio Lorca. Alimañas
Seguro que el ganadero piensa que cría toros bravos. Pues está
equivocado; lo que tiene en el campo son alimañas a las que sólo les
falta dar bocados y arañar con las pezuñas. Muy guapas, eso sí;
serias, con cuajo y de astifinas defensas, salían de los chiqueros a
galope tendido, desafiantes y arrolladoras, y provocaban el asombro
general. Pero la alegría les duraba poco. No admitían un capotazo y
buscaban los tobillos en los primeros compases; engañaron y mansearon
en los caballos, y aunque alguno acudió de lejos, ninguno hizo pelea de
bravo, antes bien cabecearon, se repucharon y blandearon en exceso.
Pero fue en la muleta donde dejaron ver sus aviesas intenciones.
Sencillamente intoreables, parados, y de embestida incierta y probona,
se mostraron ásperos, violentos y peligrosísimos. Seis toros, seis
regalos envueltos en bonito papel de celofán. Una corrida, en suma,
complicadísima, impropia de éste y de cualquier otro tiempo.
El primero le arreó un gañafón de tal calibre a José Luis Moreno
que le quitó limpiamente la muleta y a punto estuvo de cortarle el
corbatín. El torero le arrancó algún muletazo estimable, pero tuvo
que dedicar toda su atención a sortear los derrotes de su oponente. Se
confió algo más con el cuarto, que fue el más noble, tanto que en los
primeros compases le rajó la taleguilla y le dejó medio trasero al
aire. Aguantó con gallardía la mala casta e, incluso, trazó unos
largos y hondos naturales.
El segundo salió como un tren y se encontró a Rafaelillo de
rodillas casi en el centro del ruedo. Le pasó por encima y sólo le robó
la montera. El torero, muy decidido, consiguió torear por redondos,
pero el animal se empeñó una y otra vez en cogerlo y no consiguió su
propósito de milagro. Volvió a esperar al quinto de rodillas y se tuvo
que tirar en plancha para evitar ser atropellado. Muy valiente, una vez
más, no pudo sacar el toreo de donde no había más que mala casta.
Arriesgó el físico y superó de la mejor manera las muchas
dificultades de su mal llamado toro.
El tercero lucía unas perchas impresionantes. Era un toro de fachada
impecable, pero todo en él era un dechado de defectos. Buscó al torero
con saña hasta que consiguió voltear con espectacularidad a López
Chaves, aunque sin consecuencias. Valentísimo estuvo el diestro con el
sexto, otra alimaña, a la que aguantó lo inaguantable por ambas manos.
En el tercio de banderillas, alcanzó al subalterno Manolo Rubio, de la
cuadrilla de Moreno, y lo hirió leve en el muslo derecho.
Y para terminar, respeto, un profundo respeto para los tres toreros,
que estuvieron muy dignos y valerosos, sin desertar nunca de la pelea,
muy dignos en una meritísima labor que de nada les servirá en sus
carreras. Así de dura e injusta es esta profesión. Se les pueden poner
peros a su actuación, pero habría que ver a las figuras delante de
estas alimañas que el ganadero confunde con los toros bravos.
El Mundo. JAVIER
VILLÁN. Los toros
mueren y no son felices
Ha muerto El Pere, un banderillero ejemplar, y la plaza de Las
Ventas le dedicó un minuto de silencio funeral. Ha muerto El Pere no de
cornada, sino de un accidente de coche. Lo encontraron en coma y agonía
en una cuneta, solo como un perro; lejos de los ruedos y los trajes de
luces; una muerte tan perra como todas las demás. No hay grandeza en la
muerte. Clarines y timbales, pasodobles, palmas y ovaciones son
literatura barata.
No hay muertes grandes ni pequeñas; las hay apacibles o
desesperadas.El Pere, casi muerto en una cuneta, tres días agonizando.
Y solo.Eso tiene que ser muy jodido. No hay grandeza en la muerte, sino
en la vida y no siempre. La hay en la vida de los subalternos.José Luis
Miranda entendió esa grandeza e hizo protagonista de su mejor obra de
teatro a Ramírez, un banderillero. A Ramírez le tocaba la lotería y
se arruinaba organizando en La Maestranza por todo lo alto una corrida
para su gusto y placer. Olé. Eso es grandeza.
Tardeó en varas el primer toro de la Feria y había estado áspero y
agresivo en el primer tercio; en la muleta se puso peor. Calamocheaba,
probaba y tiraba derrotes y tornillazos. Alguien escribió que el
sufrimiento puede hacer de los seres vivos, seres nobles o hijosdeputa.
El dolor de las banderillas y la sangría de la puya no hizo noble a
Cuidadoso, el primer toro de la Feria, un discreto ejemplar; dolor de
toro, naturalmente, que no es el dolor humano; hijoputismo de toro que
tampoco es, obviamente, maldad de humano que suele ser, todavía, más
perversa. Como decía otra celebridad, cuanto más conozco a los hombres
más prefiero los toros resabiados.
José Luis Moreno estuvo bien, esquivando la cornada y, a veces,
obligando y aguantando mucho; sobre todo en una tanda de derechas.Y una
tanda de izquierda fue lo mejor de un torero de indudable clase en el
cuarto, un hermoso toro ovacionado de salida y en el arrastre al que
machacaron en la primera vara. Al segundo muletazo dejó a Moreno con el
culo al aire. Literalmente. Eso no fue lo peor. Lo peor fue que, pese a
su clase y su valor, Moreno no resolvió los problemas que traía el
animal.
El segundo toro de la Feria se llamaba Malagueño y salió inválido
y cojitranco. Y fuese por la impericia de Rafaelillo, fuese por la mala
leche que suele atribuirse a los cojos, el de albaserrada acabó
imposible y navajero. Se revolvía y buscaba los tobillos del torero.
Este toro estaba escuchimizado y plano, además de inválido y sin trapío.
Es de esperar que toros así no vuelvan a salir en esta Feria. Valentísimo
Rafaelillo que mató como un cañón.
Todo lo contrario del cuarto, uno de los toros menos turbulentos de
la tarde, al que Rafaelillo atizó un sartenazo que en nada se parecía
a la estocada de antes. Por segunda vez Rafael Rubio, Rafaelillo, se había
ido frente a toriles, de rodillas y en los medios, para trazar la larga
cambiada. Y por segunda vez, al llegar el toro a jurisdicción,
Rafaelillo echó cuerpo a tierra.El piquero agarró al de Escolar, gordo
y blandito, a la mitad del espinazo y se ganó la primera gran bronca de
la Feria. Posiblemente muchos espectadores descargaron en el sanguinario
picador las iras que debían haber soltado contra la flojera y el trapío
de algunos de los toros de José Escolar.
El tercer toro de la Feria tenía la cabeza feísima y descomunal;
entre los pitones playeros cabía un autobús y parecía imposible
ponerse ante aquella cara sin ser arrollado o prendido. López Chávez
se puso, con la misma decisión que se puso en el sexto, y fue prendido
por el maligno albaserrada. Sin consecuencias malas y a salvo su corazón
torero. Corazón torero, a cuyo pulso ardiente brotó una superior tanda
de redondos en el que cerraba plaza y, entre huida y huida, muchos
muletazos tormentosos y de valiente. Esa tanda de redondos, unida a los
naturales de José Luis Moreno y una estocada de Rafaelillo, fue lo
mejor de una tarde de sobresaltos sin grandeza; a no ser que se
considere como tal el puntazo que le pegó en los glúteos a Aguilar
Granada el sexto y que le mandó, por su propio pie, a la enfermería.
Quedamos pues en que en la muerte no hay grandeza. Lo cual no impide
recordar con pesadumbre y cierto sentimiento de injusticia a El Pere.
Los hombres mueren y no son felices, escribió Albert Camus. Los toros
mueren y yo creo que tampoco son felices. O eso parecían los
albaserradas en el arrastre inexorable.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. De aperitivo, una corrida
áspera, dura y correosa como un mal jamón
De aperitivo, una de jamón duro y correoso, ni para bocadillo. Una
corrida mala, áspera como una alpargata. Tiesa y desagradecida. Con
entrantes así, alguno no pedirá ni el primer plato. Cada año que
arranca San Isidro es como adentrarse en un mundo diferente. El público,
la mentalidad, el escenario, la presión: la primera plaza del
mundo. «¿Pero cómo dices eso con los churretes de óxido que se
deslizan por las blancas columnas de las andanadas», me comenta un
buen amigo. No importa. Apenas ha habido invierno, y ya se sabe la
cantidad de trabajo que se le acumula a Pedro Gómez-Ballesteros, de
coloquio en coloquio, de peña en peña. Ah, y las obras de
mantenimiento, «¿Y en la primera plaza del mundo también tragáis
con toros tan feos como el segundo o destartalados como el tercero y
encima los aplaudís de salida?». No pasa nada. Es que eran de don
José Escolar, que tiene mucho predicamento entre la afición. ¿O
acaso no viste que cuando blandeaban o perdían las manos los
habituales de la protesta miraban hacia otro lado, silbaban o hacían
como si no fuese con ellos? Aunque luego es cierto que se
recuperaban, con mala fe, pero se recuperaban, y medían, y se
revolvían, y querían coger en la misma medida que nunca se
empleaban tras los engaños, siempre con una bala en la recámara
que disparaban una vez sí y otra también. «Pero apenas los
pitaron en el arrastre». Ya, son cosas de Madrid, lo entenderás
conforme vaya avanzando la feria: hay ganaderos que cuentan con
bula. También la presentación de otros como el primero o el
quinto, muy serios, o de los restantes, salvo los dos mencionados,
que estaban muy bien colocados de pitones y superaban los aires
moruchos de sus hermanos, basculaba a favor.
Rafaelillo se mostró muy dispuesto toda la tarde, como se vio ya en
su primero cuando lo esperó a portagayola, un buen susto. Porque el
toro no obedeció el capote y lo arrolló. O casi. Lo mismo ocurriría
con el segundo de su lote: si no hace el cuerpo a tierra lo arrasa.
Acarnerado y escurrido aquél, el torero de Murcia le buscó las
vueltas con idéntica listeza de su enemigo, y le ganaba la acción,
que era la clave para sacarle los pases que le sacó. Valiente, muy
valiente este Rafael Rubio, que dio la cara y planteó batalla, con
los pitones lamiendo a veces la taleguilla. Lo mató por derecho,
con rectitud, para cobrar una estocada delantera y efectiva que le
significó una ovación en el tercio, merecidísima. Después al
quinto, muy puesto, un tío, lo castigó mucho en el caballo
-horriblemente picado, por cierto- y en un principio por bajo
demasiado poderoso y rompedor, tanto que se apagó la bestia. Se
puso bastante encima en otra labor valerosa y larga esta vez.
Otra historia había parecido el hermoso toro que rompió plaza en
los capotes. Pero, a partir de banderillas, esperó mucho y ya no
hizo más que defenderse con cabezazos y un mal estilo que José
Luis Moreno encajó regular; al cuarto, le tomó bien el aire sobre
la mano izquierda, después de que en el prólogo le rajase como con
una navaja la taleguilla, por donde Cela sorbía una palangana de
agua. En los naturales lo llevó muy empapado, templado, por
momentos recordando a aquel rubio chaval que toreaba como los ángeles
en sus inicios. A derechas había el doble de guasa. No caló su
esfuerzo en la gente, que prefirió el toro, amigo, que ya te dije
que pertenecía a José Escolar. Se demoró con el descabello y se
silenció lo suyo.
López Chaves voló en un volteretón con el imposible segundo, un
monstrenco de plaza de talanqueras, malo, malo, como de medio pelo.
Todavía le hizo sudar para matarlo, tapándole la salida. Echó el
resto el salmantino con el sexto, al que aguantó su lento e
incierto caminar para tomar la muleta. Ya había mandado para la
enfermería al peón Manolo Rubio al que le buscó tras las telas.
Si por el pitón derecho admitió que le corriese la mano, por el
lado contrario pegaba queos y regates con un peligro patente.
Domingo L.Chaves no se arredró y resolvió. «¿Y tú crees que la
mayoría se enteró del quinario de los chavales?» No, pero ya irás
comprendiendo Madrid.
Parte facultativo: El banderillero Manolo Rubio fue atentido en la
enfermería por el equipo del doctor Máximo García Padrós, que
calificó la herida de leve.
DiarioDirecto.com.
IGNACIO
DE COSSÍO. ¡Cuerpo a tierra, ha comenzado San Isidro!
Ha comenzado San Isidro! El sábado saltaba al ruedo una mansa y dura corrida de José Escolar que llenó de sobresaltos los tendidos. Algunos aficionados podrán decir que tuvo casta y bravura, pero la realidad es que sólo desarrolló mucho genio y peligro. Había que estar muy preparado para torear estos toros que pedían la documentación a todos los que se ponían delante. Pero claro, no todos los nóveles toreros la llevaban encima.
Muy profesional fue la actuación de José Luis Moreno ante su primero, un toro que embestía a cabezazos, siempre probando al torero y desarrollando sentido. El joven torero cordobés, bien es cierto, también le faltó algo de acoplamiento, temple y quedarse algo más quieto en la cara del toro. Pero claro el descastado animal, como decíamos no era precisamente para el lucimiento. En el cuarto, el toro más serio y peligroso del encierro, nada pudo hacer salvo muletazos sueltos para afuera que no emocionaron a nadie. Finalmente el diestro tras sufrir un roce con un pitón del asaltillado y guasón toro mientras toreaba al natural, decidió ponerle el punto y final a su actuación.
Quién también estuvo muy valeroso y merecedor de una posible repetición fue el murciano Rafaelillo ante el segundo de la tarde, que a punto estuvo de colgarle como una percha en las tablas del cielo. Qué suerte tuvo el torero y que mala sangre tenía el toro. Rafael se coloca frente a la puerta de chiqueros a portagayola a recibir al toro. El de Escolar nada más verlo se frena, le mira y salta sobre él. ¡Cuerpo a tierra, gritaría el murciano!. Pues ni por esas se libró del manotazo que le endosó en el vientre el correoso animal, que a punto también estuvo de arrancarle la hombrera izquierda con su pitón izquierdo. ¡Malhaya sea Malagueño, el torillo traicionero!
Rafaelillo estuvo muy dispuesto y no se amedrentó ante ese toro que parecía rebañarle la cara en cada muletazo. Gran honestidad, valor y entrega la de este torero ante un toro manso y peligroso.
Con el quinto Rafael no parece haber aprendido la lección y vuelve a portagayola. De nuevo al suelo, toro y torero. Gracias a Dios no ha sido nada, Rafael se levanta y le
ejecuta dos verónicas y una media muy movidas, menos mal. El toro empuja en el caballo por un solo pitón y sale manseando, otro que tal baila. En banderillas reina el desconcierto y la suerte quedó muy deslucida. El diestro comienza su faena por bajo
obligándole en exceso al toro. El pitón del toro es el derecho y parece que embiste con nobleza y todo. Rafael templa bien, lo vuelve a citar para efectuarle otra serie y
adiós, el toro se rinde, pierde gas y termina la partida. Rafael falla con los aceros pero queda evidencia de su toreo lleno de arrojo y verdad.
La tarde parece transcurrir de sobresalto en sobresalto. Domingo López
Chávez, torea al tercero de la tarde, un toro amplio de sienes que da un susto al miedo. El
salmantino comienza su faena con doblones por abajo para ahormar también al toro. Pero el animal no se confía, anda gazapón y con destellos de peligrosidad por el pitón derecho. ¡Qué corrida más dura y qué mérito la de éstos toreros! Domingo comienza al natural y el toro le engancha la pantorrilla izquierda y lo voltea. Cae el torero salmantino a merced del toro que lo pisotea y le pega un puntazo superficial en la cara sin consecuencias. Domingo López Cháves sin mirarse vuelve a la cara del toro y le da otra serie por el mismo pitón, el asaltillado se rinde ante el valor y la hombría del toreo charro. En el sexto, un toro largo y cuesta arriba, Domingo con una arrebatadora tranquilidad le arranca una gran serie por la derecha y otra por la izquierda tragándole mucho, ligando los muletazos y quedándose muy quieto en el sitio. ¡Así se viene a Madrid! El toro finalmente se orienta y dice que no traga ni una más. Domingo se unió al carro de la profesionalidad, de José Luis, al valor de Rafaelillo, pero aportó el de la importancia y la profundidad ante un encierro de infarto.
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