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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 6 de junio de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de novillos
Ganadería: Cinco novillos de El
Ventorrillo, desigualmente presentados -1º y 2º, muy chicos-, mansos, blandos y muy nobles. El 6º, de Alejandro
Vázquez, manso y deslucido.
Diestros:
- Miguel Ángel Perera, que debutaba (dos orejas y oreja, debutó en Las Ventas)
- Morenito de Aranda, que debutaba (ovación con saludos y vuelta al ruedo,
debutó en Las Ventas)
-
Ismael López (ovación con saludos y aplausos)
Entrada: Tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, El Mundo, ABC

ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Miguel Ángel Perera desembarca en la arena de Madrid por la Puerta Grande
Miguel Ángel Perera desembarcó en la arena de Madrid por la Puerta Grande. No fue un desembarco como el de Normandía hace sesenta años, sino más bien un paseo triunfal de un torero hecho, derecho y cuajado. Perera, a falta de unos días para convertirse en matador, demostró que ya lo es, que necesita el toro, pues se sobra de facilidad con el novillo. Valor sereno el suyo, perfección técnica y capacidad estoqueadora. La novillada de El Ventorrillo, bonita y buena, no esperaba como los nidos de ametralladoras nazis en Omaha Beach. De entrada, la conquista de la primera loma fue templada, de menos a más la faena, principiada con algunos enganchones por el pitón derecho, superados en la siguiente tanda con tacto y culminada por unas series de naturales exquisitos de largura y trazo, ligadas y en el sitio. Sólo la siguiente bajó el tono «in crescendo» de la obra, que recobró el vuelo con unas bernadinas de empaque en el mismo platillo, donde moriría el utrero de una estocada por arriba.
Ni un pero, salvo que esa abrumadora superioridad de Miguel Ángel Perera tal vez transmita una sensación a veces un tanto fría, como si estuviese en un tentadero. Con el toro cobrará más importancia. Paseó las dos orejas.
Por si alguien sostenía alguna duda sobre la salida a hombros, la anuló con un tercer trofeo del cuarto, al que se pasó muy, muy cerca, sin mover un músculo aun cuando las embestidas fueron más cortas o cuando se le vencieron en un ceñidísimo quite por gaoneras. Interpretó los tiempos entre las series con sentido, muy espaciadas -a veces un poco excesivas las pausas-, andando por la plaza con peso específico. Ahora cerró por manoletinas, la versión originaria de las bernadinas y a la vez posterior a las laserninas. Otro fulminante espadazo ratificó su proyección, a seguir muy de cerca.
La Puerta Grande cancelaba la Feria de San Isidro 2004, que ni mucho menos ha sido una mala feria como pregonan algunas voces. No se han encadenado éxitos pero tampoco fracasos. Muchos nombres propios se han escrito con mayúscula en este mayo ya ido y lluvioso: Matías Tejela con la única Puerta Grande entre los matadores; El Cid, autor de la mejor faena, Miguel Abellán o Antón Cortés la perdieron con la espada; Serafín Marín, Luis Miguel Encabo, Uceda Leal, el más cabal de los estoqueadores del momento, o Enrique Ponce con un toro imposible a los ojos del común de los mortales; los rejoneadores Hermoso, Galán, Montes, Cartagena y Bohórquez, felices y a hombros; Eduardo Gallo deslumbró entre la novillería, que concluía ayer su presencia con un Perera maduro, un Morenito de Aranda que hace cosas buenas y un Ismael López aún muy nuevo y poco placeado. Los tres dieron una tarde amena e interesante, sin perdonar un quite. El novillo de Morenito se apagó mucho tras romperse en el caballo; el quinto fue sensacional. El agitanado torero de Aranda le dibujó pinceladas y adornos con torería. En el toreo fundamental quedaron más incógnitas que el tiempo resolverá.
López a punto estuvo de haber cortado una oreja. Torea muy encajado en los riñones y con largura. Se dejó el ventorrillo incluso cuando se rajó al natural. Faltó poco para que cortase la oreja. Las deficiencias de la bisoñez las sacó más a la luz un manso y geniudo novillo de Alejandro Vázquez, un mal trago.
El
País. Antonio
Lorca. Perera, por la puerta grande
Miguel Ángel Perera, un novillero extremeño que se presentaba ayer en Las Ventas, salió a hombros por la puerta grande después de cortar tres orejas en una actuación torerísima ante dos novillos muy nobles y de escasa codicia que le permitieron desarrollar su sentimiento de artista, y le impidieron que se hiciera presente la soñada apoteosis.
Perera ha sido la gran sorpresa novilleril del final de la Feria de San Isidro. De porte tranquilo, conocedor de la técnica y muy valiente, posee una concepción muy ortodoxa del toreo, y la ejecuta de forma muy natural, sin forzar la figura y sin aspavientos. A pesar de la falta de acometividad de sus novillos, brilló su toreo porque es muy puro y muy de verdad.
Lo primero que llamó la atención fue el magnífico quite por chicuelinas que hizo a su primer novillo, que llegó a la muleta con las fuerzas muy justas, pero nobilísimo y docilón, ideal para un novillero de las maneras de Perera, como después se comprobó. Primero, dos estatuarios y unos ayudados por bajo, trazados con gusto y empaque. A continuación, los redondos brotaron largos y mandones. Mejoró en el toreo por la izquierda con naturales muy profundos, trazados con superior elegancia. Y así prosiguió con otra tanda muy ligada con el de pecho, con el toro embebido y sin enmendarse. Abrochó la faena con unas bernardinas y le concedieron las dos orejas. El premio fue excesivo, ciertamente, porque si bien su toreo es de muchos quilates, la estocada cayó muy baja, lo que debe ser causa suficiente para el recato presidencial. Más soso fue el cuarto, pero volvió a demostrar que sus maneras no eran fruto de la casualidad. Bien colocado, muy cruzado, enganchó al novillo por ambos lados y corrió la mano con soltura y maestría. Fue, quizá, una labor más enjundiosa que la primera.
Nobilísimos y flojos fueron los cuatro novillos restantes, y artistas los otros integrantes del cartel. Morenito de Aranda atesora una buena concepción del toreo, y lo dejó claro cuando se estiró a la verónica con las manos bajas y gracia torera. Su primero llegó muy agotado a la muleta después de un fuerte tercio de varas que lo dejó sin aliento. Confirmó las buenas expectativas en el quinto, que le permitió correr la mano con estimable sabor y con hondura en redondos y naturales templados y mandones. Superó la docilidad de su oponente con un toreo pleno de elegancia. Mató mal y se tuvo que conformar con una vuelta al ruedo.
Ismael López no quiso ser convidado de piedra y también se presentó como un novillero que sabe torear muy bien con capote y muleta. Su primero era noble como una ovejita y lo pasó de manera excelente por la izquierda y largos pases de pecho. Manso, bronco y áspero fue el sexto, que se empeñó en enviarlo a la enfermería. Embistió con la cara alta, sin clase, y el novillero no se descompuso, que ya es bastante.
El
Mundo. JAVIER
VILLÁN. Perera, el triunfo de una figura en ciernes
No siempre se asiste a una revelación casi mágica como la que ayer tuvo lugar en Las Ventas. El toreo (y más en San Isidro) tiende a crear mitos ficticios, héroes de barro que se deshacen con la marea del resto de ferias. Sin embargo, hay veces que la evidencia es tal que no admite discusión. Miguel Angel Perera se convirtió ayer en la gran noticia de la temporada para quienes no le habían visto y en la confirmación de un gran torero en ciernes para quienes sí.
Se puede decir que es un novillero y que habrá que verle con el toro a partir del 23 de junio, cuando tome la alternativa en Badajoz. Sin embargo, se da la paradoja de que el toro le va a venir bien, va a servir para que los públicos den más importancia a lo que hace, debido a su corpulencia.
Ayer, en el cierre de San Isidro, este joven diestro dio toda una lección de toreo y se erigió en un valor seguro para el futuro porque torea como pocos, le funciona la cabeza como a casi nadie y tiene tanto valor como el que más. Pero valor del que sirve para cortar orejas, para colocarse en ese difícil sitio en el que embisten los toros, para consentir a los animales complejos hasta que rompan a perseguir sus telas. Ayer, Miguel Angel Perera conmocionó a Madrid. Una pena que su dimensión de torero grande no vaya a ser contrastada con el reconocimiento de algunos importantes premios isidriles que han adelantado sus fallos de manera incomprensible.
Perera cortó las dos orejas de su gran primer novillo en una faena redonda de principio a fin. Insinuó alguna verónica de buen trazo y quitó por chicuelinas de perfecta factura. El inicio de faena por alto dio paso a una breve y buena serie sobre la diestra. A partir de ahí, la labor fue creciendo irremisiblemente en series de mano muy baja, de temple exquisito. Los naturales fueron excelsos, solapándose unos a otros con gran elegancia, con sutileza cirujana. Cuando al astado se le acabó el fuelle, perdiendo las manos, se entregó en unas bernadinas escalofriantes que dieron paso a una gran estocada ejecutada a cámara lenta.Dos orejas incuestionables.
Además tiene una gran ambición y, a pesar de las dos orejas, siguió toda la tarde como si no hubiese pasado nada en el primero.El cuarto desarrolló muchas más complicaciones y el torero pacense demostró su capacidad y verdadera dimensión. Volvió a quitar cortando la respiración en el tendido, en unas gaoneras ajustadísimas.Dos pases cambiados por la espalda sirvieron para enganchar al que no se hubiera acabado la merienda. Sobre la mano izquierda fue sometiendo al novillo, citando con mucha suavidad, llevándolo enganchado a su muleta gracias a esos imperceptibles e hipnóticos toques que practica. Ganó la partida al burel porque no dudó en ningún momento y porque tiene un valor a prueba de bombas que le permite tragar lo indecible. ¡Qué cerca se pasa los toros! En el final de faena volvió a asustar, esta vez en unas manoletinas.Volvió a matar bien y se ganó una oreja más. Torero para seguir y perseguir por las plazas.
Después de algo así, cuesta apreciar todo lo demás. Porque si no hubiesen tenido por delante a Perera, posiblemente Morenito de Aranda e Ismael López hubieran cortado orejas y hoy se hablaría de dos novilleros interesantes, como de hecho lo son. Morenito de Aranda toreó bien a la verónica a su primero, pero no se acopló del todo con un noble animal que llegó justito a la muleta por un salvaje primer puyazo. Pudo cortar una oreja a su segundo, pero le faltó una estocada como la que recetó al anterior. La labor de muleta a otro nobilísimo utrero se vio salpicada por buenos muletazos por ambas manos, pero la sombra de Perera siempre sobrevoló sus series. Bien los adornos finales antes de pichar en dos ocasiones.
Ismael López gustó mucho en la despedida de la temporada venteña del pasado año. Ayer, realizó una faena desigual a su noble primero, ligando muletazos de buen corte pero forzando demasiado la figura.Destacaron los largos pases de pecho. Además se pasó de faena.Menos suerte tuvo con el peligroso sexto, que siempre le quiso coger. En definitiva, San Isidro se cerró ayer con dos buenos novilleros y una figura del toreo en ciernes.
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