|
|
|
Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 4 de julio de 2004
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Cuatro toros de Fermín
Bohórquez, uno de Conde
de la Maza y uno de Ramón Flores (desiguales de presentación,
correctos en el juego; justos de fuerza)
Diestros:
-
Frascuelo (saludos tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso)
-
Fernando
Cepeda (silencio y vuelta al ruedo tras aviso)
-
José
Manuel Prieto (silencio y silencio, confirmó alternativa)
Entrada: Un cuarto de plaza.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, El Mundo
Diario
de Sevilla. EFE. Vueltas
para un magnífico Cepeda y un mimado Frascuelo
Dos vueltas al ruedo en Madrid, una para premiar el arte
inconmensurable de Fernando Cepeda, en tanto la otra fue de una absoluta
condescendencia para tratar de dar vida a la carrera en el ocaso de
Frascuelo, mimado por un sector muy notorio de Las Ventas.
Indudablemente que Madrid tiene sus preferencias. Filias y fobias que no
disimula. Frascuelo es uno de esos toreros preferidos por la afición más
crítica y recalcitrante de Las Ventas. Así que cuando viene a esta
plaza juega claramente con ventaja. Tanto es así que después de haber
desaprovechado dos toros de triunfo, en uno le sacaron a saludar y en el
otro nada menos que le obligaron a dar una vuelta al ruedo.
Lo cierto es que Frascuelo tuvo una actuación entonada, pero muy por
debajo de las buenas condiciones de sus dos toros. Frente a su noble
primero, al que lanceó muy bien a la verónica con remate de dos muy
buenas medias, sin embargo, en la muleta no pasó de los detalles,
siempre al hilo del pitón y sin bajarle la mano. El toro, aunque le
costaba humillar, iba y venía, y desde luego sirvió mucho más que
para los simples detalles en los que estuvo el diestro. Algo parecido en
el cuarto, con el que le costó mucho templarse. Despegado y toreando
hacia afuera en los comienzos de faena, hasta que alguien se lo censuró
desde el tendido con un arrimate, lo que provocó una reacción airada
de sus partidarios. El caso es que Frascuelo tomó debida nota y a
partir de ahí empezó a pasarselo más cerca, incluso a bajarle la
mano. Aunque a esas alturas el toro se había venido a menos. Era tarde
porque definitivamente el toro se le fue. Y lo que son las cosas, después
incluso de estar mal con la espada, hubo aplausos suficientes para que
diera una vuelta al ruedo. La vuelta de la inminente vuelta de Frascuelo
a Las Ventas. Y si no al tiempo.
Otro torero muy querido en Madrid, pero éste con verdadero fundamento,
Fernando Cepeda, vino a poner las cosas en su sitio. Muy lucido con el
capote en un quite al segundo de la tarde, en los lances de recibo al
primero de su lote y quite a la verónica en este mismo, además de otro
quite al cuarto. Pero donde brilló sobremanera fue en el recibo al
quinto toro, antes de que éste fuera devuelto. Cepeda toreó como los
mismos ángeles, o quizás mejor. El compás abierto, la pata alante,
dormidas las muñecas, mecida la cintura y completamente abandonado el
resto del cuerpo. Así hasta cinco y seis veces, saliéndose hacia
afuera, con la plaza enloquecida de olés. El toro fue devuelto y salió
en su lugar un sobrero del Conde de la Maza, abanto, que arrollaba y no
quería caballo. Manso y huido en el comienzo de faena, Cepeda se dio
cuenta que atacándole muy encima podía responder, y así fue. Primero
se metió por bajo, doblándose, poderoso y torero. Y luego por la
derecha, siempre puesta la muleta en la cara, surgieron las tandas
perfectamente hilvanadas, limpias y profundas, de un aroma muy especial.
Los remates de trinchera, o los obligados de pecho, auténticos carteles
de toros. Cepeda toreó en la primera parte en redondo, con una increíble
despaciosidad. Pero habría más al cambiar de mano. Naturales, aunque
de uno en uno, largos en el tiempo y el espacio. Toreo inmenso en tres
tandas de igual guisa. En San Isidro hubiera sido definitivo para
relanzar la carrera del sevillano. A primeros de julio, con un pinchazo
previo a la estocada, y aunque hubo pañuelos suficientes para que le
dieran la oreja, servirá también solo para que vuelva pronto a Madrid.
Pero a Cepeda, que porfió sin respuesta en el manso y complicado
tercero, ahora se le espera con mucha ilusión.
El confirmante Prieto no hizo mal papel, valiente y muy templado en el
toreo por la derecha con el noble primero, en el que sin embargo no se
acopló en el toreo al natural. En el último estuvo también muy
dispuesto, a pesar de equivocar las distancias, colocándose demasiado
encima. Fue una pena que cuando vino a cogerle el aire al toro, éste se
había acabado.
El
Mundo. VICENTE RUIZ. Distintas
formas de vencer
Hay muchas formas de vencer en cualquier disciplina. Sirvan como
ejemplo los opuestos estilos de juego de los finalistas de la Eurocopa
de Portugal: la anfitriona y Grecia. Se puede ganar desde la pelea y la
entrega cuando no se tienen cualidades para brillar, como han hecho los
helenos en el torneo futbolero o como muchísimos toreros que
protagonizaron grandes carreras sin el don de la clase; o se puede
vencer desde la belleza del mejor toreo o del mejor fútbol como el que
han exhibido el pasado mes los checos e incluso Portugal en algunos
momentos. Ayer en Madrid triunfaron dos toreros como Fernando Cepeda y
Frascuelo -una vuelta en Madrid así debe considerarse- desde el buen
gusto, porque poseen esa calidad necesaria para arrebatar a los
aficionados, mientras que José Manuel Prieto trató de vencer desde el
arrojo.
Una corriente favorable se apodera de Las Ventas cuando Frascuelo
sale a escena. Algo habitual en una plaza tan caprichosa como injusta
muchas veces. Ayer a Frascuelo se le escapó el buen pitón derecho de
su primero y nadie gritó: «¡Hay que torear!». Me alegro. Hay que
tener respeto a quien se juega la vida. Pero a todos los que lo hacen.
Sin embargo, sí salió desde ese tendido de sabios ese mismo grito
durante la faena de confirmación de Prieto a un mulo con fachada de
toro. Cosas que tiene esta plaza. Pero si bueno había sido su primero,
el que le correspondió a Frascuelo en cuarto lugar resultó
extraordinario. Entonces sí aparecieron buenos muletazos, con el torero
relajado y sintiéndose, pero debió incidir más en el pitón
izquierdo.
Lo mejor de la tarde corrió a cargo de Fernando Cepeda, que
protagonizó momentos muy emotivos con el capote, de belleza casi
olvidada pero felizmente recuperada. Sin poder hacer nada ante su
primero, con la muleta le costó entenderse con el quinto, pero cuando
lo hizo dejó dos grandes series de naturales de bellísimos muletazos y
excelsos remates. ¡Qué gran torero! José Manuel Prieto sólo pudo
dejar constancia de su valor ya que su primero estaba hueco y con el
sexto se trabó demasiado.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. La tarde se
recreó en el toreo de Frascuelo y de un excepcional Cepeda
La tarde adquirió un ritmo perezoso, como si sestease debajo de
una encina. A las ocho y veinticinco saltaba al ruedo el cuarto -ah,
el cuarto- de la corrida de Fermín Bohórquez, que se había
contagiado del caminar de caracol de las agujas del reloj hasta ese
momento. El universo se había emperezado, aun lejos del aburrimiento,
no confundir, con un calor agradable y seco, y el capote de Fernando
Cepeda se durmió en unas verónicas tan templadas como el aire cálido,
como unas nanas en cuyas notas se acunó el tercero de don Fermín,
que ya en la muleta no quiso más. Tan a gusto se había sentido en
los vuelos mágicos de seda del percal.
Miraba «Abreojos» a José Manuel Prieto como miraba hace unas mañanas
a don Fermín con la fresquita de Jerez cuando pasea a caballo por los
polvorientos campos del verano. «Buenos días, don Fermín». «Buenos
días, «Abreojos»». «Qué, el domingo a Madrid». «A Madrid
vamos, «Abreojos». A ver qué haces». «Se hará lo que se pueda,
don Fermín, con estos kilos...» Bien sabía «Abreojos» su destino
de la mano de Florito. Pero su hermano «Deleitoso», el mencionado
cuarto de las ocho y veinticinco, restituyó el honor de la casa con
enorme calidad. O sea que la cosa más allá de la báscula es cuestión
de fondo, del misterio de la bravura. «Deleitoso» descolgó con la
clase de la vieja estirpe murubeña, y Frascuelo toreó con aroma,
sabor y color, como un café de categoría. Crecido en el empaque de
sus 56 años, en la seguridad ya de la buena respuesta del toro, se
descaró con el «7» o con alguno del «7» que llevaba cerca de dos
horas dando la matraca y órdenes, como si las Ventas fuese su cortijo
o una placita de tientas de su propiedad. Y entonces Frascuelo me gustó
más todavía, porque calló al voceras no sólo con su desplante de
torero, sino con los derechazos despaciosos, ligados a una trinchera
anteriormente, que nos reconciliaban con el toreo. Cuando presentó la
izquierda, «Deleitoso» se había apagado un tanto o no embestía
igual, así que abrochó con unos medios redondos con media muleta, más
erguido ahora que despatarrado. La parroquia lo gozó y le obligó a
pasear el anillo, ya que un pinchazo, una media y un descabello
guardaron los pañuelos, que tampoco asomaron con el primero de su
lote, que dio lo justo de sí, más bien poco y sin humillar, para que
Frascuelo dibujase una media verónica de escándalo y detalles.
Cepeda todavía se superó a la verónica en tempo y compás en el
saludo al flojísimo quinto. Ya han llovido ferias desde marzo para
ver torear del tal manera con el capote a rastras, elegante. Y todavía
voló el matador de Gines más alto, con la muleta ahora, con el
sobrero que lo reemplazó, un manso por el que nadie daba un duro.
Hasta que en una doblada F.C. descubrió posibilidades y se fue a los
medios, más decidido, diría, que en cualquiera otra época joven,
corriendo la mano. Y cuando a punto estuvo de volver el Cepeda
conformista tras una única tanda de naturales caros, se rebeló para
seguir por ese pitón y deleitarnos. Un puñetero pinchazo no debió
ser impedimento para la oreja. Pero lo fue. Loas a un torero para
recuperar la fe.
Prieto, que confirmaba alternativa, evidenció firmeza, que debió de
ser la virtud por la que ganó el certamen de novilladas que con tanto
acierto organiza la televisión manchega. Y tragó con el sobrero de
Flores que hizo sexto y que moría a las diez menos cinco de una tarde
que se recreó hasta la noche con el toreo de Frascuelo y Cepeda.
Otros
festejos de la temporada en Madrid
|
|