GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del viernes, 4 de junio de 2004
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Corrida de toros

GanaderíaToros de Adolfo Martín (serios de presentación y distinto juego: los tres primeros mansos, los demás bravos y encastado)

Diestros: 

Incidencias: Liria fue operado de "cornada en el tercio medio posterior del muslo izquierdo, con trayectoria ascendente de 15 centímetros, sin afectación neurológica ciática. Contusiones y erosiones múltiples. Pronóstico menos grave". Encabo fue operado de "una cornada en el tercio medio cara posterior del muslo derecho, con una trayectoria hacia adentro que contornea el fémur de 20 centímetros, de pronóstico menos grave". Ambos fueron trasladados a la clínica de La Fraternidad. 

Entrada: Lleno.

Tiempo: calor.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, Diario de Sevilla, ABC

Pepín Liria. Foto de Miguel Gener. El País  Luis Miguel Encabo. Foto de Miguel Gener. El País

El País. Antonio Lorca. Cogidas de Liria y Encabo

La emoción llegó cuando la corrida se había precipitado por la pendiente del aburrimiento. La emoción y la sangre que derramaron Pepín Liria y Luis Miguel Encabo ante dos toros que embistieron en la muleta, pero que desarrollaron el sentido necesario para no permitir la menor confianza. Ambos diestros afrontaron el reto con pundonor y los dos se ganaron el reconocimiento de la afición, aunque no consiguieron el triunfo deseado. Los tres primeros toros de Adolfo Martín, blandos y descastados; encastados los otros tres, pero todos difíciles, de los que engrandecen la entrega de cualquier torero.

No es un descubrimiento que Liria es un bravo torero que se crece ante las dificultades. Se justificó ante el peligroso primero y salió a jugársela en el otro, un toro blando, con casta y con intenciones poco claras. El comienzo de faena fue espectacular: ayudados por bajo muy largos y dos extraordinarios pases de la firma. Muy entregado, lo toreó por la derecha en dos tandas aceleradas y emocionantes por la velocidad del toro. Más quedado por la izquierda, le robó unos naturales, y cuando intentaba cerrar la última tanda resultó volteado y herido en el muslo izquierdo. A pesar de ello, quiso matar al toro y lo pinchó tres veces en todo lo alto antes de cobrar una estocada. Quizá no fue una faena redonda, quizá supo a poco si se recuerda al Liria de años atrás, pero se le debe reconocer su valentía y entrega ante un toro que exigía los cinco sentidos para estar delante. Liria estuvo con un pundonor y una torería admirables.

A Encabo le pasó algo parecido. Antes de seguir hay que reseñar que toreó de maravilla a la verónica al primero de Liria y a los dos suyos. Después, no fue el torero poderoso que exigía su primero, y allí estuvo al hilo del pitón, con medios pases, sin aparente intención de jugarse el tipo. Encastado fue el quinto y lo brindó al público en señal de esperanza. En los primeros derechazos ya estaba volando por los aires. Después, el torero se relajó mientras la sangre le corría taleguilla abajo, tomó la izquierda y trazó dos reposadas tandas de naturales de mucha calidad. Una trincherilla, unos ayudados por bajo, y una gran ovación para el toro y otra para el torero. Es decir, una faena a medias, aunque justificado estaba el torero por la cornada recibida, a pesar de la cual siguió toreando.

Valverde se libró de la quema de milagro porque sus oponentes lo buscaron una y otra vez con intenciones de que visitara la enfermería. Muy encimista y valiente con su agotado primero, al que mató de una excelente estocada, se encontró después con un toro encastado y repetidor al que no acabó de entender.

No debe ser nada fácil coger el aire y las distancias a estos toros que tan rápidamente aprenden lo malo, pero quizá por eso un éxito ante ellos adquiere un relieve especial. Valverde no le perdió la cara, lo enceló bien en dos buenos naturales, pero quedó la impresión de que el toro resultó vencedor en la pelea, de que no había quedado poso de toreo de calidad. De hecho, lo mató rápidamente y la emoción del público no tuvo fuerza ni para que diera la vuelta al ruedo.


El Mundo.  JAVIER VILLÁNLos toros hieren y los taxis también

Hoy pensaba empezar la crónica con una evocación a mi amigo Anciones, muerto hace dos años. Pero es inevitable empezarla con un abrazo a otro amigo, Miguel Angel Cuadrado, casi muerto, ahora mismo, en accidente de tráfico. Los taxis también matan y no sólo los toros. Hoy pensaba empezar la crónica con Anciones y con una alusión a las mujeres presidentas y la empiezo con un requiescat in pace. Lloro la extrema gravedad del colega de El País y reflejo la sugerencia de Rafa acerca de las presidentas, aunque conociendo el mundo y el submundo taurino hay que pensárselo y mucho.

En vista de que el señor Sánchez esta tarde no lo ha hecho mal, dejo la cuestión de la presidenta para otro día. Lo de una mujer presidenta en Las Ventas sería más traumático que la Revolución Francesa o la Revolución de Octubre, por citar dos hitos de la civilización. A mi amiga Julia, la boticaria de Almazán, la pusieron de presidenta en su pueblo una Feria y puso firme y en primer tiempo de saludo a todo el escalafón.

Evoco hoy en plena euforia venteña de los adolfomartín la voz ronca, de cazalla y madrugada, de mi amigo Onésimo. Onésimo, Anciones, pese al nombre, nada tenía que ver por talante ni por pensamiento con el otro Onésimo, Redondo, el caudillo del fascismo agrario castellano. La Asociación Internacional de Periodistas, o algo así, le rinde homenaje y prepara exposición de sus cuadros en Valladolid. ¿Irá algún apunte de esas cabezas, de esos trapíos, que Anciones dibujaba en Las Ventas? ¿Aparecerá alguna cabeza parecida a la del primer adolfomartín de la tarde?

Cada San Isidro, desde hace algunos años, falta el juicio certero de Joaquín y, al lado, la tinta de un gran pintor: Onésimo Anciones.Y a mí me hubiera gustado ver hoy esa cabeza espectacular del primer adolfomartín, dibujada por Anciones, que con la bravura del tercero, la cogida de Pepín Liria y la cogida de Encabo, fue lo más espectacular de la tarde. Esta cabeza, al igual que la del otro día de un samuel, era también lo más hermoso que ha parido vaca. Le quitó los pies del suelo el adolfomartín al curtido Pepín Liria y pareció profecía, pues el cuarto acabó mandándole a la enfermería.

La segunda cabeza era menos espectacular, incluso podría decirse que era bastante pobre y que el toro era blando y opaco, flojito y sin clase. Ser toro de lidia no debe de ser fácil, mas se le notaba a disgusto; no era feliz consigo mismo y a los toros les pasa igual que a las personas: se entiende a los demás y se los quiere en la media en que somos capaces de entendernos y querernos a nosotros mismos. Amén. Luis Miguel Encabo tampoco estuvo muy a gusto aunque ello se le notara menos que al toro. No embistió ni el toro ni el torero.

Se conoce que Encabo se reservaba para el sexto, con mejores virtudes para su condición de valiente. El tercero, embestir lo que se dice embestir, no embistió demasiado. Y no le ayudó mucho Valverde, ésa es la verdad; aunque lo cortés no quita lo valverde como demostró el torero castellano en el sexto, en el que estuvo mucho más que cortés: valiente y en el sitio.

Pero a partir de ahí, de esos tres toros sin demasiados brillos y con más sombras que luces, el chorro de la casta, el peligro de la casta, la emoción de la casta, inundó Las Ventas: y llevó a la enfermería a Pepín y a Encabo.

Un toro, el cuarto, valió más que las docenas de toros de este San Isidro. Embistió con codicia y bravura el adolfo, y Pepín Liria, aunque lejos de sus tiempos gloriosos, salió acreditado por un puntazo fuerte y por algunas tandas de redondos, verdaderamente serios. Y muy serio estuvo Encabo, sin ceder un centímetro del espacio conquistado, que sólo cedió cuando la casta del adolfo le pegó el revolcón; tan serio y dominador como estuvo en el sobrero Valverde. A base de una muleta firme y una decisión implacable, Valverde ha expresado por fin en Las Ventas su dimensión de torero honrado y cabal.


Diario de Sevilla. Grupo Joly. Luis Nieto. Sangre hasta la zapatilla

Les corría la sangre a Liria y a Encabo por la pierna hasta la zapatilla, como les corría la sangre a sus toros hasta el corvejón. Y ahí estaban, sin mover un músculo, sin quejarse, cojos, toreando. Y con una hombría sin límites entrando a matar a sus toros. Las rácanas ovaciones que les propinaron eran como lastimosas limosnas ¡Qué público! Que levante el dedo quien entiende al actual público de Las Ventas. Liria, el guerrero de Cehegín, no fue recibido con honores. Es un legionario de vuelta, que nunca llegó al cuadro de mandos, pero que está a punto de retirarse. Es el legía auténtico, ese que lleva con orgullo a la cabra a su lado -aunque en su vida ha disfrutado de una cabra en la plaza, sino de auténticas fieras a lo largo de su carrera-, ese que alcanza el puesto inexpugnable del enemigo. Encabo es un enciclopedista, ahijado del renacentista Esplá, que también reivindicó torería heroica, al mantenerse con otra cornada. A los dos les chorreaba la sangre hasta la zapatilla. Como a los dos se les derramaron las lágrimas al pinchar en la suerte suprema. Ambos fueron premiados con el hule, con anestesias, porque en la arena, en esa arena de Las Ventas que se ha convertido en un circo romano, recibieron tan sólo sendas ovaciones.

La corrida de Adolfo Martín -el sobrino de Victorino tiene ahora los encastados victorinos de los sesenta- fue muy seria en trapío y en comportamiento. Los astados de la segunda parte, con nobleza; aunque nada tontos. Todos los toros eran para llevarlos siempre tapados la cara. Dos ligeros despistes... y dos cornadas de consideración.

¿Quién ha dicho que el trapío son únicamente kilos? El primero, ovacionado de salida, pesaba 514 kilos. Nada que ver con los mastodontes. Y no es que tuviera plaza, es que aquellas dos arboladuras no cabían en la plaza y estaba más fuerte que Tyson. Cumplió en varas. No quiso nada por el pitón derecho y por el izquierdo lo justo. Liria, que se estiró en los lances de recibo, se echó la muleta a la de los bylletes sin pensarlo dos veces. En un desplante, dudó y el toro, muy serio, no perdonó y le prendió con su afilado pitón izquierdo de la corva. Todo quedó en la rotura de la taleguilla y, afortunadamente, en el susto. No hubo más.

El quinto, muy musculado y enmorrillado, se empleó en un primer puyazo, tras el que dio una tremenda voltereta. El de Cehegín lo toreó bien a la verónica. Y toreó muy bien con la diestra. Cuando manejaba la zurda, casi al término de la faena, el toro se revolvió en un pase de pecho y le metió el pitón derecho en el muslo izquierdo. Se levantó. La sangre comenzaba a manar y le empapaba la taleguilla. Liria pidió la espada. Se tiró encima del toro, pero... uno, dos, tres pinchazos en hueso. Por fin la estocada. Con el honor de un guerrero, el guerrero de Cehegín recibió una ovación y pasó a la enfemería para ser operado. 

El segundo toro, bien hecho y serio, también cumplió en los dos primeros tercios, como cumplió Luis Miguel Encabo en los lances de recibo. En la muleta había que tratarle de usted -no permitía lo más mínimo- y Encabo, en profesional, realizó un trasteo lidiador meritorio, al que el personal no echó cuentas.

El quinto, otro tío, hirió a Encabo, que no le había tapado la cara en unos entonados muletazos con la diestra. El toro le lanzó por los aires y en el aire le metió el pitón derecho en el muslo derecho. Aguantó el madrileño. La sangre le chorreaba por la pierna hasta empapar la zapatilla. Un pinchazo, una estocada y un descabello... ovación al toro y ovación al torero, que ingresó en la enfermería. 

Valverde estuvo muy correcto, destacando al natural en algunos muletazos largos y muy templados con el tercero, un toro noble, pero muy soso que en el tercio de varas derribó con estrépito. Mató de una gran estocada, que era de premio. Únicamente le dieron una ovación. Ya en el sexto, era el único superviviente. El toro titular fue devuelto al doblar las manos. En su lugar, un sobrero del mismo hierro. Valverde no pecó de primo. Le tapó la cara cuanto pudo y entretejió una interesante y meritoria faena en la que destacó una hermosa serie con la izquierda. Mató de un estocada que era para premio. Pero el personal... el personal debió pensar que tenía billete para un circo romano. 

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